El TIPNIS es un territorio indígena y a la vez un Parque Nacional; ese es el contexto con el que debemos debatir los impactos de construir una carretera que atraviese esta área protegida. Los impactos sociales, económicos y culturales en la zona sur del TIPNIS, que ya ha sufrido transformaciones drásticas en los últimos 20 años, son indicadores de lo que podría ocurrir con los bosques, los acuíferos y la biodiversidad de las otras tres zonas de ese territorio indígena.

El TIPNIS es un territorio indígena y a la vez un Parque Nacional. En el primer caso lo más importante que debe garantizar es la posibilidad de vida social, económica y cultural de los pueblos indígenas que habitan en él. Ciertamente, parece muy importante recordar esta idea porque con ese principio los pueblos indígenas del TIPNIS marcharon el año 90 y con ese principio se consensuó la incorporación del territorio indígena en la ley INRA de 1996.

En segundo lugar, el TIPNIS, al ser un Parque Nacional, es un área protegida y el Estado boliviano, desde la década de los 90, ha desarrollado un conjunto de normas ambientales que hacen pensar que tenemos un Estado también comprometido con los bosques, la naturaleza y el medio ambiente.

En los últimos 20 años el TIPNIS ha estado presionado por varias dinámicas socioeconómicas que han impactado de manera diferenciada los ecosistemas que encontramos dentro. Por ello, cuando hablamos de la carretera y su impacto, debemos antes precisar regiones dentro el territorio que nos muestran impactos distintos de una iniciativa como la carretera.

En la región sur del TIPNIS, en las nacientes del río Isiboro, del río Moleto y también del rio Ichoa, tenemos una parte del territorio que ha sido impactado fuertemente por la colonización de productores de hoja de coca, justamente en los alrededores de un camino que fue abierto por la Sheel en la década del 60 para la prospección petrolera. Alrededor de este camino se produjo la colonización, siendo la década del 80 y sus últimos años, los más dinámicos en cuanto a ocupación del territorio.

Ambientalmente hablando, la región sur caracterizada por ser un pie de monte que sigue al subandino (serranía con bosque), ha sufrido transformaciones drásticas en los últimos 20 años que han afectado la condición del bosque, la recarga de acuíferos que es muy importante para el curso de los ríos que se dirigen al Mamoré y la reproducción de la vida silvestre que existía en la zona.

Tenemos una región centro en el TIPNIS que se caracteriza por la presencia dominante de yomomales y curichis (como se los nomina en el lugar); la cuenca del río Ichoa (en su parte baja) está profundamente comprometida con esta región, más arroyos como el Lojojuta, el Chajmuta, la laguna Bolivia, forman parte de esta inmensa formación de aguas que garantizan la reproducción de un ecosistema conformado por sabanas, yomomos, curichis y un bosque de galería inundable que sigue el curso de los ríos y los arroyos.

Ambientalmente hablando es un ecosistema que garantiza la vida silvestre de saurios, tortugas, una gran cantidad de peces, aves y por la presencia considerable de sabanas inundadas, el sirvo de pantano; una especie que se reproduce en muy pocos lugares de Bolivia. La región centro ha sufrido pocas modificaciones, es muy rica en biodiversidad de peces, aves y saurios y la presencia de comunidades indígenas, es dominante. Se puede afirmar que es una zona manejada y sostenida por comunidades indígenas que han desarrollado un sistema de adaptación cultural que aprovecha al máximo el potencial y las condiciones de la zona.

Tenemos otra región conformada por la parte baja de los ríos Sécure e Isiboro, caracterizada por importantes bosques de galería que se desarrollan siguiendo el curso de ambos ríos, junto con una presencia considerable de sabanas que ofrecen la reproducción de una diversidad muy grande de gramíneas silvestres (pastos naturales) y la presencia de lagunas con gran cantidad de peces. La región brinda condiciones para la reproducción de una vida silvestre que habita en los bosques de galería y que atraviesa la sabana en una itinerancia que vincula situaciones de recarga entre los bosques de galería del Isiboro con los del Sécure. Es además una región que garantiza la reproducción de tortugas acuáticas por la característica de playas arenosas que conforman sus ríos y también la reproducción de peces, puesto que la comunicación que hay entre los ríos y las lagunas de la sabana, mediante arroyos, permiten que éstos se resguarden cuando las aguas de ambos ríos están saturadas.

La región está impactada por la actividad ganadera, una ganadería pequeña y en menor medida mediana (30/50 cabezas hasta 300/600 cabezas) que es desarrollada por las comunidades indígenas y ganaderos, siendo ambas iniciativas una actividad que no ha afectado la capacidad de recarga del ecosistema. Como en la anterior región, es posible afirmar que estamos ante un sistema dominantemente manejado por comunidades indígenas.

Finalmente, existe una cuarta región conformada por la cuenca del alto Sécure junto con los ríos del Plantouta y el Tayouta, que se encuentra pegada a la serranía, entre los ríos Ichoa y Sécure. Estamos hablando de un subandino y un pie de monte habitado, usado y aprovechado exclusivamente por las comunidades indígenas, bajo un sistema de adaptación cultural que caracteriza a los pueblos originarios de la selva. Las condiciones de conservación son las más óptimas y por ello se constituye la zona núcleo del área protegida. Haciendo un balance comparativo, es posible afirmar que estamos hablando de la región de pie de monte y subandino mejor conservada en la formación yungeña de América del Sur. Es un área de recarga de acuíferos que no ha sido afectada, pero también es un área de recarga de vida silvestre, tanto del bosque como del agua, que garantiza la biodiversidad de todo el TIPNIS.

Ahora sí se puede responder con más precisión a la pregunta de ¿cómo afectará una carretera en el TIPNIS? En la región sur no producirá un impacto ambiental muy grande porque la colonización ya afectó el área. Eso sí, el subandino y pie de monte que componen la región sur, con todos los cambios que tuvieron, siguen siendo áreas de recarga de acuíferos. Una carretera convencional que vaya por el pie de monte, siguiendo el camino que fue trazado por la Sheel, es una plataforma que afectará la vinculación necesaria que tiene que haber entre la región donde se recargan los acuíferos y el curso de los ríos en su parte baja.

En la región central el impacto ambiental puede ser significativo porque las fuentes de agua compuestas por yomomos, curichis, arroyos, dependen de la recarga de acuíferos, estamos hablando de un ecosistema muy frágil que se caracteriza por poseer fuentes de agua todo el año. Es más, la humedad de las sábanas que garantizan la producción de gramíneas locales, depende de las fuentes de agua, sobre todo en los meses secos que van de agosto a noviembre; sin ellas, la sábana puede convertirse en un lugar calcinado. En ese contexto, la vida silvestre de la zona tiene pocas probabilidades de sobrevivir. Nuevamente, la plataforma de una carretera convencional puede afectar la relación entre la zona de recarga de acuíferos y el ecosistema de la región centro que se basa en las fuentes de agua.

En la región de confluencia entre los ríos Isiboro y Sécure el impacto ambiental de la carretera se suma al argumento anterior; esto es, una plataforma que afecta la relación entre la zona donde se recargan los acuíferos y el curso de los ríos en su parte baja. Las comunidades de esta región ya han identificado que el río viene con mucho sedimento, muy turbio, en buena medida por el camino que hizo la Shell y que abrió condiciones para la colonización de la zona sur del TIPNIS. A ello debemos sumar la relación que hay de la vida silvestre con la zona de recarga. No solo el subandino y el pie de monte son zonas de recarga de acuíferos, sino también de vida silvestre. Los peces arriban hasta las cachuelas (río con piedra) para desovar, la diversidad genética de las manadas de chanchos, monos y otros animales se desarrolla en ciclos de itinerancia entre los bosques de galería inundables que caracterizan la confluencia de los ríos Isiboro y Sécure, con los bosques que están en el pie de monte y el subandino. Una plataforma de carretera, rompe estos circuitos.

Finalmente, ¿cuál el impacto ambiental de una carretera para la región del alto Sécure? Acá el impacto ambiental de una carretera será muy significativo porque partirá en dos la zona núcleo, y atravesará la región yungeña de mayor conservación en Sudamérica. Si el tramo carretero se hace por el pie de monte u orillando el pie de monte (los bosques inundables y las sabanas no son las mejores condiciones geológicas para una carretera), en cualquiera de los casos, la plataforma de carretera romperá con los ciclos biológicos que hay entre el subandino, el pie de monte, los bosques inundables y la sábana moxeña; todos estos ecosistemas componen el TIPNIS.

Actualmente la región sostiene uno de los niveles más altos de recarga de acuíferos por la cantidad de vegetación que alberga, por los significativos bosques que se encuentran, así como una diversidad de especies piscícolas que ya no se hallan en las otras regiones del TIPNIS (el Dorado) y que arriban a la zona para desovar. En esta región el Jukumari (oso andino en extinción) posee sus circuitos de reproducción. Las comunidades indígenas dicen “es una zona con mucho salitral”, eso supone la presencia muchos animales que vienen a comer tierra con minerales, muchos animales silvestres que encuentran en la región del alto Sécure sus posibilidades de intercambio genético.

¿Cuáles serían los impactos de la carretera por el TIPNIS desde el punto de vista social, económico y cultural?

El impacto social, económico y cultural de una carretera que atraviese el TIPNIS debe reflexionarse en función a las regiones mencionadas. Hablamos de un impacto para las comunidades indígenas. En la zona sur ya hay un impacto social, económico y cultural en las comunidades indígenas, que conviven con la colonización, en muchos casos se han sindicalizado para producir hoja de coca y forman parte de la economía de hoja de coca.

Es muy importante evaluar la zona sur porque nos refleja tendencias de lo que podría presentarse con una carretera que no contemple la dinámica socioeconómica de la producción de hoja de coca. La economía étnica de los pueblos originarios de la selva ha cambiado grandemente en la región, la articulación compleja entre una esfera que moviliza bienes familiares con otra esfera que moviliza bienes colectivos, está quebrada en la zona; los bienes del bosque ya no pueden ser familiares y colectivos. Al parcelarse y dotarse tierra, las lógicas indígenas no tiene cómo realizarse, los circuitos de casería que requieren la condición de un bosque colectivo, no pueden ser posibles en la región, así como la obtención de otros bienes del bosque que se los adquiere mediante la recolección y la pesca.

Esta es una de las razones por las que en los últimos 20 años las comunidades indígenas se han desplazado hacia la producción de hoja de coca. Si en los años 90 las comunidades indígenas de frontera trabajaban cosechando hoja de coca en algunos momentos de carestía, hoy día las comunidades indígenas trabajan cosechando coca pero también la producen, están inscritas en el circuito de economía regional. En su mayoría, las comunidades indígenas de frontera conforman la organización CONISUR.

En estas condiciones una carretera puede verse como un beneficio, en primera instancia para los productores de hoja de coca y, en segunda instancia, para las comunidades indígenas que están involucradas en la producción de hoja de coca. No obstante lo anotado, es muy necesario evaluar el siguiente aspecto. He mencionado que los territorios indígenas tienen una finalidad: garantizar la reproducción de la vida social, económica y cultural de los pueblos indígenas. Las comunidades indígenas que se encuentran en la región sur han perdido el horizonte cultural, se encuentran profundamente desesctructuradas en su sistema de vida, la cacería, tan importante para construir formatos de masculinidad, se encuentra profundamente debilitada, los intercambios familiares y clánicos que caracterizan a los pueblos originarios de la selva, acompañados por tomadas de chicha de yuca que definen sentidos de feminidad, se encuentran desestructurados en la lógica de la sindicalización. En algunos casos, son comunidades que una buena parte de su vida cotidiana viven alcoholizadas.

Ciertamente, los elementos mencionados no pueden dejar de ser evaluados a la hora de pensarse en una carretera. La región sur del TIPNIS posee una dinámica que amerita ser pensada y reflexionada para que ello no se traslade a la región de pie de monte que se encuentra en el alto Sécure; el área núcleo del TIPNIS. Lo que encontramos en la región sur, en las dinámicas sociales y culturales de las comunidades indígenas de frontera, poco se acerca al “desarrollo” y hay mucho elemento para decir que la proximidad de la desaparición cultural que se viene desatando hace más de 20 años, se acerca al genocidio.

Reflexionar las dinámicas económicas, sociales y culturales de la región sur, a la luz de una carretera, supone dimensionar la economía de hoja de coca que se ha instaurado en la región y vincularla a una dinámica económica que tiene que ver con el meganegocio de los estupefacientes. Este es un tema que va más allá del gobierno y del Estado boliviano.

Si el trazo de la carretera atravesará el pie de monte o irá bordeando el pie de monte del TIPNIS, el impacto económico, social y cultural para la región centro y la región de confluencia de los ríos Isiboro y Sécure, tendrá varios rostros. Un primer impacto vendrá a mediano plazo, afectando directamente el sistema de adaptación cultural que han logrado las comunidades indígenas y que reproduce los ejes básicos de la economía étnica; esto es, agricultura, caza, pesca recolección. Los ritmos de pesca, recolección y caza, están en relación con la disponibilidad de dichos recursos en ambas regiones, así como, la disponibilidad de estos bienes están en relación con la posibilidad de recarga que tienen con la zona núcleo del TIPNIS. La disponibilidad de bienes como animales de caza, recolección forestal, recolección de huevos de tortuga y gaviota, junto con la pesca, serán bienes afectados en su disponibilidad y ello desestabilizará la economía étnica.

Por otro lado, las comunidades indígenas que se encuentran habitando ambas regiones han iniciado un ciclo de economía combinada que integra la economía étnica con actividades comerciales en algunos rubros. Es el caso del cacao, venta de cueros de saurios y la actividad ganadera. Podríamos pensar que para dichas actividades la carretera es una oportunidad de vinculación comercial, facilitaría el traslado de productos. Sin embargo, si la carretera pasa por el pie de monte u orillando el pie de monte del TIPNIS, las comunidades de ambas regiones no tendrían ningún beneficio porque ésta se encontraría distante de sus asentamientos.

Ni las actividades agroforestales del chocolate, ni el aprovechamiento de saurios, ni la ganadería pueden ser actividades susceptibles de trasladarse a la zona de la carretera. Una carretera en el pie de monte o en sus márgenes supondría un cambio en la ocupación espacial del TIPNIS porque se volvería un incentivo para que todas las comunidades indígenas de ambas regiones, se concentren en el tramo de la carretera. Acá es muy importante mencionar algo, la mayoría de las comunidades indígenas se encuentran habitando ambas regiones y el chocolate, el aprovechamiento de saurios y la ganadería forman parte de sus iniciativas de desarrollo. Son comunidades que están integradas a la Subcentral TIPNIS.

Finalmente, el impacto social, económico y cultural de una carretera en la región del Alto Sécure, si es que ésta atraviesa por el pie de monte u orillando el pie de monte del TIPNIS, será muy grande para las comunidades indígenas. Siendo el Alto Sécure la región de mayor conservación biofísica, es a su vez la región donde la matriz cultural de los pueblos originarios de la selva se realiza con mayor vigor.

La economía étnica compuesta por la relación compleja que vincula esferas que movilizan bienes familiares con esferas que movilizan bienes colectivos, estableciendo articulaciones diversas entre la agricultura, la cacería, la recolección y la pesca, será afectada drásticamente si la carretera supone un traslado de la dinámica de producción de hoja de coca que se da en la región sur del TIPNIS, o si la dinámica de aprovechamiento forestal de la parte sur de Bosque de Chimanes, empieza a influenciar la dinámica de obtención de los bienes del bosque entre las comunidades indígenas.

El Alto Sécure muestra claramente una gobernabilidad indígena, un sistema económico y cultural que responde a las expectativas indígenas, contiene formatos de intercambio familiar y clánico que reproducen socialmente la lógica de los pueblos originarios de la selva, expresiones religiosas de profetismo que vinculan la región al Maniqui, a Bosque de Chimanes, al Pilón Lajas. Un circuito de interacción interéntica amazónica que ha sido quebrado en la mayoría de las regiones de pie de monte y subandino de Bolivia y que el Alto Sécure debe ser una de sus últimas expresiones. Estas comunidades están integradas a la Subcentral del Sécure.

Para cerrar esta reflexión, considero que es muy importante mirar el tramo I y el tramo III aprobados por las instancias de gobierno, que naturalmente se extienden hacia el pie de monte del TIPNIS. Llevar la carretera por otro tramo que no afecte la zona núcleo del TIPNIS implica re discutir los tramos I y III que han sido aprobados.

* Socióloga boliviana con doctorado en Antropología social, CIESAS, México.