1. Se habla del ventriloquismo de la izquierda boliviana no solo a la pulsión por repetir fórmulas autoritarias que han fracasado en los países del “socialismo real”, hoy encarnada en el iluminismo estalinista de nuestros gobernantes, sino también, dada su estructura organizativa caudillista y centralista, a la práctica de la militancia izquierdista de acatar las órdenes y repetir los juicios y prejuicios de sus jefes.

Una de esta semana de don Feliciano Vegamonte, alto dirigente del MAS departamental de Cochabamba. En un debate televisivo con Pablo Rojas, miembro de la Campaña en Defensa del TIPNIS, refiriéndose a la represión contra miembros de la Campaña que intentaron ingresar a la gobernación para entregar un mensaje y flores en señal de paz, despectivamente hizo referencia a su escaso número incluyendo a “tres locas que estaban gritando”, Rojas le respondió inmediatamente “una de esas locas era mi madre y usted es un malcriado”. Hay una ideología machista, sexista detrás del nacional-indigenismo masita, del cual nuestro presidente es un digno representante y sus dirigentes discípulos diligentes.

2. Durante la Rusia estalinista cada vez que el Gran Hermano decidía deshacerse de sus enemigos o resolver una crisis interna, el fantasma de la contrarrevolución y conspiración zarista emergía como justificación para el asesinato, encarcelamiento y prisión en los campos de concentración. En los últimos días ha aparecido Juan Ramón Quintana exigiendo la expulsión de USAID por manipular a los indígenas, financiar sus movilizaciones, corromperles con proyectos mercantilistas de la naturaleza. En Bolivia el fantasma de USAID aparece cada vez que el gobierno enfrenta disidencias y crisis internas, hoy como dispositivo para deslegitimar la marcha indígena y justificar una futura represión al movimiento, en nombre de su postura “antiimperialista” y anticapitalista”.

En el mundo real USAID hace buenos negocios con el gobierno; solo un ejemplo actual. Un proyecto de USAID es el “Proyecto Integrado de Seguridad Alimentaria” (http://www.ifsproject.org/); en ese marco, el año 2010 nueve municipios, todos bajo dominio del MAS, suscribieron convenios marco de cooperación interinstitucional con el proyecto. Porque no se investiga este proyecto? Uno de los municipios involucrados es Toro Toro, como se sabe zona de un parque nacional, ¿se los expulsará? ¿O es que para el gobierno “antiimperialista” de Evo Morales existen financiamientos gringos “buenos” y “malos”?

3. Un mito entre ciertos desencantados del proceso Evo Morales es afirmar que el líder cocalero ha cambiado, ya no es el otrora defensor de la madre tierra. Como dirigente cocalero, Evo Morales nunca cuestionó el enfoque desarrollista del programa de USAID de desarrollo alternativo como tal, la crítica radicaba en estar vinculado a la estrategia represiva antidroga. El presidente apostaba ya desde esa época, junto con la economía de la coca, por industrializar el trópico, introducir ganadería, especies exóticas y variedades mejoradas de productos agrícolas con una perspectiva de exportación, todo ello en una región cuya vocación no es apta para tales fines, y por el contrario tiene importancia estratégica como regulador bioclimático y hábitat de pueblos y culturas autónomas, aspectos que en su momento a USAID ni al entonces sindicalista cocalero les interesó.

4. En los debates del TIPNIS está ausente el alcance de la autonomía indígena. Muchos disidentes del MAS señalan que Evo está traicionando la CPE al vulnerar la autonomía indígena, constitucionalizado por el actual proceso, principalmente en el derecho de consulta. Por el contrario, considero que la autonomía indígena fue seriamente dañada desde la Constitución misma, pues esta es reconocida solo en la medida que se subordine al Estado y sus intereses estratégicos. Bajo esa lógica y respaldada en la misma constitución, si el estado considera estratégico explotar hidrocarburos en parques nacionales y construir carreteras a través de territorios indígenas, está facultado a hacerlo pues por encima de la autonomía indígena está el interés del estado.

Esto me lleva a recuperar la visión anarquista de la autonomía, fuera o más allá del horizonte estatal. Para los pueblos indígenas del TIPNIS la lucha contra la carretera es parte de una larga lucha contra el estado y los poderes dominantes por defensa su autonomía como sociedad y cultura, su capacidad de tener dominio de sus interacciones. Y esto supera el horizonte estadocéntrico de la misma constitución del estado plurinacional de Bolivia. De ahí la batalla final por el TIPNIS.

* Activistas de la Campaña en Defensa del TIPNIS, Cochabamba, 25 agosto del 2011.