La Habana, (PL).- El imperio colonial de Alemania en África fue el de menor duración entre todos los creados por las potencias europeas tras la desaparición del sistema esclavista. Portugal creó un imperio integrado por cinco territorios con una superficie aproximada de dos millones de kilómetros cuadrados.

El imperio alemán incluyó seis territorios situados en las regiones occidental, suroccidental y oriental del vasto continente. Tampoco fue el que controló mayores extensiones territoriales, superado ampliamente por Reino Unido y Francia, aunque ligeramente superior al de Portugal y Bélgica, y mucho mayor que el de Italia y España.

La presencia germana en África se inició en 1884, cuando el canciller Otto Von Bismarck decidió variar su política de que la colonización en África constituía una pérdida de hombres, fuerzas y recursos, y cedió a presiones de misioneros, comerciantes y marinos para contrarrestar la influencia de otras metrópolis.

En 1884 se inició en Berlín una Conferencia en que las potencias europeas se repartieron el continente en zonas de influencia con el fin de impedir las guerras de rapiña intercolonialistas. Sin embargo, esa distribución arbitraria -que no tuvo en cuenta los intereses y aspiraciones de las poblaciones autóctonas- no evitó que continuaran las pugnas por apoderarse de nuevos territorios.

África alemana

El imperio teutón lo constituyeron Togo y Camerún en la región occidental, África del Sudoeste- nombre de Namibia en la época- y Tanzania, Ruanda y Witulandia en la zona oriental. Esos territorios en su conjunto eran alrededor de ocho veces superiores al de la metrópoli.

Los alemanes tienen la reputación de haber estado entre los más brutales colonizadores en África, pero historiadores e investigadores lo ubican en el mismo nivel que sus rivales europeos, cuyo fin era robar las riquezas naturales, desconocer los derechos de los nativos y reprimirlos a la menor protesta.

El Estado de Togo fue creado para llenar el vacío entre Alto Volta (hoy Burkina Faso), y Dahomey (actual Benin), y su formación estuvo relacionada con acuerdos británico-alemanes referidos a la distribución de territorios entre esas naciones.

En la etapa esclavista, el intenso tráfico humano por esa zona hacia las colonias de América le proporcionó la triste denominación de Costa de los Esclavos; los artesanos de la conquista de Togo fueron comerciantes que se beneficiaron del trabajo realizado por misioneros y marinos.

George Nightingale, cónsul de Alemania en Túnez, fue encargado por el gobierno imperial de ocuparse de los intereses germanos sobre la costa occidental africana y el primero en firmar un tratado de protectorado con autoridades autóctonas. Por primera vez se utilizó el nombre de Togo para el territorio.

En Camerún, la oposición de los nativos obligó a Alemania, apoyada por los británicos, a utilizar sus flotas de guerra para bombardear las costas con el propósito de salvar sus factorías y explotaciones forestales, donde la mayor parte de los africanos moría de hambre a consecuencia de las pésimas condiciones de trabajo a que eran sometidos.

Para el dominio del interior del país, fueron necesarias 60 expediciones alemanas y finalmente, mediante la firma de un tratado con el sultán Adamada, pudieron someterlo. Además de las riquezas forestales, en Camerún era abundante el caucho y se cultivaba una gran variedad de productos agrícolas destinados a la metrópoli.

Fue África del Sudoeste la mayor posesión en esa zona continental; su territorio era superior al del imperio. Quizá como en ninguna otra de sus colonias dejó Alemania una huella tan permanente. Esa fue la estrecha franja de Caprivi al norte, que la separa de Angola. Su nombre se le otorgó al territorio en honor al conde von Caprivi, quien fue el máximo representante del imperio alemán en esa colonia.

África del Sudoeste resultó también la posesión que albergaba en su subsuelo las mayores riquezas mineras e incluso una de las más importantes del continente, aunque en la época alemana no explotó todo su potencial.

África oriental alemana

Desde mediados del siglo XIX, los alemanes comenzaron a reconocer las costas orientales del continente, especialmente la zona de la que ulteriormente devendría la República Unida de Tanzania, el país del Kilimanjaro, el monte más alto de África. Tangañika y Zanzíbar eran territorios separados antes de la unificación en 1964, después de la independencia.

Los colonialistas alemanes concertaron un pacto con el sultán de Zanzíbar y se adueñaron de la isla de Mafia y del territorio continental de Tangañika. Tal decisión de Berlín intranquilizó a los británicos y franceses, interesados también en el dominio de la zona. La ocupación alemana encontró una tenaz resistencia en la población, que dio muestras contundentes de inconformidad.

Un hito importante en la historia de Tanzania fue la rebelión de los maji-maji en 1905, que dejó un saldo de 120 mil africanos muertos a causa de la represión. En 1890 las tropas de Alemania se establecieron en Usumbura (Burundi), que se convirtió en la principal ciudad del país; desde el siglo XVI y hasta 1959, Ruanda compartió su historia con Burundi.

Partiendo de Usumbura, las fuerzas germanas ocuparon todo el territorio del país, ubicado en la región de los Grandes Lagos, pero en 1903 las autoridades imperiales decidieron incorporarlo al África Oriental Alemana. El territorio carecía de las riquezas naturales de otras áreas controladas por Alemania, aunque esa carencia de notables recursos no fue un obstáculo para la metrópoli, que como sus rivales ambicionaba nuevos territorios.

Eso se evidenció en la diminuta Witulandia, actualmente en territorio de Kenya, con una extensión territorial de aproximadamente 25 kilómetros cuadrados. El 27 de mayo de 1885 se fundó el protectorado alemán de Witulandia; unos pocos soldados teutones fueron estacionados en la zona para establecer la soberanía germana.

La derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) marcó el fin de su imperio colonial en África, que duró apenas 32 años, de 1884 a 1916. Todas sus posesiones pasaron al poder de Reino Unido y Francia, sus dos grandes rivales.

Portugal: El ocaso de un imperio

Los navegantes de Portugal fueron los primeros europeos en pisar las playas africanas en el siglo XV y, con el tiempo, esa nación creó un imperio colonial integrado por cinco territorios con una superficie aproximada de dos millones de kilómetros cuadrados.

Los lusitanos fueron también los primeros en desarrollar la trata de esclavos destinados a la colonia de Brasil en Suramérica, adonde habían arribado sus compatriotas igualmente en el siglo XV, aunque ese comercio adquirió gran auge a partir de la centuria siguiente.

Angola fue la mayor de sus posesiones en África, con un millón 246 mil kilómetros cuadrados, unas 13 veces superior a la metrópoli ibérica, y asimismo la que poseía mayores riquezas naturales. Las inmensas posibilidades del país fueron constatadas por Diego Cao, quien comandó en 1482 al primer grupo de portugueses que llegó a la futura colonia. El visitante marchó de inmediato a Lisboa para informar al rey sobre las riquezas que albergaba el territorio.

Cao regresó dos años más tarde, en 1484, y comenzó esta vez los trabajos de colonización; posteriormente los comerciantes portugueses desembarcaron en el puerto de Mpinda, cercano a la desembocadura del río Congo. El comercio se basó fundamentalmente en el trueque de artículos manufacturados por esclavos.

Si en cierta medida los colonizadores recibieron ayuda de algunos nativos, sobre todo los convertidos a la religión católica, tuvieron también que luchar contra la resistencia de grupos autóctonos que desde un principio les presentaron beligerancia.

Mantuvo la población africana una permanente oposición a la presencia colonial extranjera que se caracterizó por los abusos, el desprecio de los derechos de los nativos y el robo de los abundantes recursos naturales.

Mozambique seguía en importancia a la colonia angolana; ubicada en el África Suroriental, era la única de las posesiones en esa región pues todas las demás estaban en el occidente continental.

Los contactos entre Portugal y partes de lo que hoy es conocido como Mozambique se iniciaron con la llegada del navegante Vasco de Gama en 1498. El rey lusitano estaba interesado en la apertura de una ruta comercial más segura hacia la India, por lo cual financió el proyecto del navegante.

A la llegada de los europeos, los africanos tenían constituidas organizaciones que alcanzaron un notable desarrollo material y cultural, como la denominada Federación de Makalanga, cuyos miembros rechazaron la presencia de los conquistadores extranjeros.

El soberano portugués dio órdenes de esclavizar además de a los africanos, a los mercaderes musulmanes que hacían negocios con ellos. Los lusitanos estaban empeñados en controlar el comercio de oro procedente de las famosas minas de Monomatapa, las cuales se creía formaban parte de las minas del rey Salomón.

Ls autoridades de Lisboa trataron de unir los territorios de Angola en el oeste con el de Mozambique en el este, pero tuvieron que desestimar la idea por la interposición de las colonias de Zambia y Zimbabwe, bajo el dominio de la corona británica.

Guinea Bissau

Antes de la llegada de la colonización europea, el territorio estuvo ocupado por mandingos y fulas; en el siglo XV, había un grupo de pueblos establecidos en las zonas costeras y sometidos en parte a los estados mandingos del interior.

En 1446 el navegante Nuno Tristao descubrió Guinea Bissau, tercera colonia en importancia de Portugal. Descubrir el territorio es un término puramente occidental pues antes estaba habitado por los grupos nativos.

Veintitrés años después Fernando Gomes tenía el control absoluto del comercio. En el siglo XV funcionaba la Compañía Portuguesa de Guinea, autorizada en 1697 por la iglesia para introducir miles de esclavos africanos en América.

El monopolio del comercio esclavo estuvo en manos de Portugal hasta el primer tercio del siglo XVI y después participaron también otras naciones europeas.

El navegante Diego Gomes descubrió las Islas de Cabo Verde en 1456, sin embargo, algunas fuentes históricas afirmaron que lo antecedieron otros alrededor de 1445, poco después del viaje de Nuno Tristao por la desembocadura del río Senegal.

Ciertos investigadores señalan que en las islas existieron algunos grupos africanos denominados lebous y felupes, establecidos mucho antes de la llegada de los colonizadores, atraídos por la riqueza pesquera y las salinas.

La inclemencia del clima y la necesidad de establecer un amplio sistema de plantaciones con mano de obra abundante y barata hicieron que los portugueses mantuvieran el mercado de esclavos en las costas africanas.

Los primeros esclavos fueron llevados a Cabo Verde a fines del siglo XV y eran casi todos representantes de las distintas etnias existentes en Guinea.

Santo Tomé y Príncipe fue la más pequeña de las posesiones con apenas mil kilómetros cuadrados, colonizada en 1471, utilizada durante siglos como depósito de esclavos y punto de partida para el embarque por parte de los traficantes lusitanos, quienes trasladaban desde las costas de Angola, Congo y Guinea a miles de seres humanos que vendían a plantadores de América.

Ese comercio motivó actos de heroísmo por parte de los saotomanos, que se oponían a la trata y al dominio extranjero.

El imperio creado por Portugal fue el primero en establecerse en África y el último en marcharse después de casi cinco siglos de opresión y saqueo de las cinco colonias.

* Periodista cubano especializado en política internacional, ha sido corresponsal en varios países africanos y es colaborador de Prensa Latina.