Ni ese frío húmedo, intenso y que cala los huesos tan típico del invierno porteño, ni los tonos grises de un cielo lluvioso que la tarde del miércoles 20 amenazaba con mojar de plano a los cientos de transeúntes de la plaza Miserere y que teñían de melancolía el ambiente de un edificio de por sí frígido, lograron detener la alegría y la fuerza de una de las principales fiestas populares de Bolivia que tuvo un pequeño anticipo en el auditorio del Consulado General de Bolivia en Buenos Aires.

Es que la Alcaldesa de Quillacollo –Cochabamba, Bolivia– Carla Lorena Pinto enfrenta la cruzada de promocionar la Fiesta de la milagrosa Virgen de Urcupiña a nivel internacional y, su primer destino fue Buenos Aires. Así es que, con la colaboración del Cónsul General de Bolivia en Argentina Ramiro Tapia, y acompañada por el Presidente de su Honorable Concejo Municipal Gilmar Terrazas, el representante del Arzobispado de Cochabamba Fernando Carrillo, y de simpáticas peregrinas de las danzas de la morenada y los thinkus que ataviadas de su colorido vestuario típico hicieron una emotiva demostración, invitó a la población porteña a visitar Quillacolo para la tradicional fiesta de la Virgen que se realiza entre el 14 y 16 de agosto de este año.

El emotivo acto de presentación de la fiesta se realizó en los ambientes del Consulado General de Bolivia en Buenos Aires ubicado en plaza Miserere –Once– .

Argentina fue elegida para este lanzamiento internacional en reconocimiento a la gran cantidad de devotos que viven en este país. El año pasado más de 3.000 peregrinos, la mayor parte residentes bolivianos en Buenos Aires, viajaron a Quillacollo para participar de la fiesta; de Salta y Jujuy, por ejemplo, una caravana de 60 buses transportó a los devotos que regresaron a la patria para renovar su fe.

La alcaldesa Pinto resaltó los lazos de hermandad entre bolivianos y argentinos y presentó la imagen de la Virgen de Urcupiña como símbolo de integración, “es un estandarte de unidad, hermandad y fraternidad latinoamericana. Los esperamos en Quillacollo con los brazos abiertos”, dijo.

El Cónsul Tapia destacó la actividad de los devotos de la Virgen de Urcupiña que rotulan con su nombre a sus cooperativas, negocios y otras actividades y que como miembros de la colectividad boliviana aportan, con la bendición de su patrona, a la economía argentina con trabajo honrado, dedicado y sacrificado. “Donde estemos, debemos sentirnos orgullosos de ser bolivianos, para que con el tiempo los argentinos estén orgullosos de su comunidad boliviana –dijo– Los latinoamericanos debemos unirnos porque hemos sido bendecidos por Dios y nuestra virgencita”.

La Fiesta

La vida de los quillacolleños entre julio y agosto de cada año está determinada por la fiesta de la Virgen de Urcupiña. Sus actividades conjuncionan la tradición indígena con la solemnidad de los ritos católicos y constituyen una gran muestra de nuestra variedad folklórica.

La peregrinación de miles de devotos de la Virgen, en la Fastuosa Entrada Folklórica que se realiza el 14 de Agosto, se inicia “a primera hora”, por la mañana; sin embargo, los últimos conjuntos hacen su presentación recién en la madrugada del día siguiente. Las fraternidades que interpretan danzas tradicionales como los caporales, la morenada, la cullaguada, el tinku o la diablada tienen cientos de integrantes que, vestidos con el colorido de los trajes y máscaras que manda la tradición, danzan con movimientos y coreografías típicas y preparadas “al detalle” en meses de ensayos rigurosos, acompañados por impecables bandas de música.

Al día siguiente, se celebra una misa solemne en la Iglesia de San Idelfonso que finaliza con la procesión de la imagen de la Virgen de Urcupiña por calles del centro de la ciudad; luego, la Entrada Folklórica del día anterior se repite.

La fiesta termina el 16, con una romería popular de 16 kilómetros que se inicia en la ciudad de Cochabamba y dirige su rumbo al municipio de Quillacollo, hacia el cerro Quta –calvario– donde, según la tradición, apareció la Virgen. La visita de los peregrinos al calvario se caracteriza por una serie de ritos, como la extracción de pedazos de roca del cerro en señal de préstamo de bienes espirituales y materiales que deben ser plasmados sobre la realidad en el transcurso del año, la roca extraída debe ser ch’allada y devuelta en la siguiente visita.

Más de medio millón de personas entre peregrinos, visitantes y turistas nacionales e extranjeros visitan Quillacollo y participan de la fiesta, cada año.