Me acabo de enterar hermanito, es un decir cochabambino, la verdad es que yo me enteré hace algunas semanas. Te van a demoler, van a poner tu historia allá donde la historia se siente bien, en el pasado. Me han dicho que te harán lago así como moderna, de tiempos nuevos, Seguro que serás tan bella como has sido siempre. Seguro que tu esquina será la de siempre. Será la que todavía guarde en tu tierra, en tus muros idos, esos bellos momentos, esa vida que muchos, muchos, muchísimos vivimos.

Casa de la plazuela, entre la Colón y la Quintanilla con tu puerta eternamente abierta, con guardianes y fieles, dos perros a veces tres, que dejaban pasar sin gruñido, un mono gritón mal genio y de cuando en cuando un loro o algún animal novedoso del Chapare que hacía estancia temporal o permanente.

Casa que en tus paredes escondías misterios de vida y muerte, de amor y esperanza. Casa que jamás te cerraste. El odio no tenía cabida, el amor abierto y la esperanza de par en par. Casa que abrías tu alma a todo el que golpeaba tu puerta o aparecía sin golpear.

Casa que me diste el cobijo de patria. Me acomodaste entre tus esquinas; me hiciste ver la vida desde el ángulo de la fe y de la esperanza. Entre tus muros escribíamos secretos milenarios deseos de justicia, lucha clandestina de héroes y heroínas.

Discusiones marcaban tus desayunos almuerzos y cenas, los sé todos porque yo estaba en todos tus momentos. Casa, como en tus ladrillos el musgo, me aparecía para despertarte y recordarte del compromiso de vivir con los pobres. Casa que no permitías nada más que el amor en tus paredes. Los ingenuos se espabilaban, los valientes aprendían el miedo, los orgullosos la humildad. Casa, casa de esa esquina que aunque caída seguirás siendo la esquina de la libertad y el amor.

Entre tus muros escondido, ojala no lo encuentren nunca está escrito el amor, el despido el desencuentro y el encuentro. Tus paredes tienen el sudor de tardes estivales y de frías noches el calor de amor.

Tus habitantes no solo vivían, hacían vivir. Casa has visto todo, nacer, morir, amar y desamar, has visto los llantos contenidos y los llantos abiertos, has visto hacer pan en tu cocina y has hecho miel de caña en tu jardín. Casa de la esquina de la plazuela, cuantos no querían culparte de misteriosas desapariciones y de lutos, y al entrar en ti, casa, se encontraban con la sonrisa de tu ama que deshacía al más aguerrido tirano o con la distancia afectuosa de tu amo. Casa, si puedes guarda en tus cimiento, como sea o como tu veas conveniente, pero guarda, casa, las letras de las canciones que te dedicamos en noches interminables de amor “La Cautiva” suena en tus muros como el sonar de tu añeja madera.

Casa, si en Sucre hubo la casa de la libertad en Cochabamba estás tú, tu esquina es testigo de los mas valerosos hombres y mujeres, tu esquina ha escondido de la mano tirana a su luchadores. Has abrazado, casa, a generaciones que hemos vuelto a verte. Has cobijado a mis hijos y a los hijos de los que te vimos joven.

Tengo en días 60 años, casa, y apareces ahora en mis sueños con tus ventanas cerradas con visillos para ser abiertos desde dentro con una mano amante, para dejar pasar y seguir buscando contigo casa, la justicia.

Así el martillo derrumbe tu muro firme casa recuerda, que en cada corazón vives. En cada memoria que ha pasado por tu puerta estás por siempre casa. Una placa te dedico casa: “Aquí vivió el amor la fe y la vida” casa para ti en mi pupila el trocito de ladrillo añejo.