El golpe político militar perpetrado el 28 de junio de 2009 visibilizó la resistencia dormida del subyugado pueblo hondureño. Multitudes de gente, se volcaron a las calles de manera espontánea y simultanea y se mantuvieron en movilización permanente por varios meses, desafiantes a la represión militar.

Pero, como las multitudes no podían permanecer indefinidamente en las calles, éstas se organizaron bajo una estructura básica, y volvieron a sus aldeas, municipios y departamentos, para desde allí seguir en resistencia. Así nació el movimiento del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) en el que actualmente se aglutinan más de medio centenar de organizaciones campesinas, obreras, políticas, indígenas, juveniles, femeninas, lésbicas, gremiales, artísticas, etc., unidas por el sueño de la refundación de Honduras mediante un proceso constituyente.

A dos años del nacimiento de este inédito movimiento social, es necesario realizar un análisis general aproximativo considerando sus logros y oportunidades. Es importante indicar que el Frente es un movimiento megadiverso tanto a nivel cultural, conciencia política, aspiraciones, etc.

¿Qué motivó el surgimiento de este movimiento?

Ante esta pregunta, la respuesta inmediata es: “El golpe de Estado activó la resistencia dormida del pueblo hondureño”. Pero, ¿es del todo cierta esta afirmación? No. La historia hondureña está empedrada de infinidad de lápidas de golpes de Estado que jamás activaron la rebeldía popular como el último golpe.

Y es más. Las grandes mayorías que se volcaron a las calles por la expulsión de Manuel Zelaya, el 28 de junio del 2009, sobrevivieron y sobreviven, por cerca de dos siglos, sin Estado. En el mejor de los casos, del Estado sólo conocen su carácter represor.

¿Qué defendían las multitudes en las calles después del 28 de junio del 2009, la restitución del Estado de Derecho o a Manuel Zelaya? Si para las grandes mayorías en Honduras el Estado aún es desconocido, ¿se podría argumentar la existencia de un golpe de Estado en el imaginario colectivo de las y los excluidos?

Las grandes mayorías se movilizaron en Honduras en defensa del discurso y de los derechos conculcados de Manuel Zelaya Rosales. Mas no así en defensa de la restauración del ilusorio Estado de Derecho, o de la democracia de los patrones ricos. Zelaya, con su mística, encarnaba para las y los ninguneados la realización de los sueños postergados, incluso en contra de la legalidad institucional.

En otras palabras, el movimiento de la resistencia popular surgió más en gratitud a Zelaya y en defensa de las esperanzas truncadas. Existe un porcentaje, dentro del Frente, que apuesta por procesos de transformaciones estructurales, incluso sin Zelaya. Pero, una gran mayoría sigue ciegamente a Zelaya, dispuesta incluso a “ir al infierno si Mel tomara esta determinación”.

¿Y la demanda central?

Los sueños de transformaciones que encarnaba Zelaya, antes de su expulsión de la presidencia, se materializaban en la demanda de una Asamblea Constituyente para la refundación del país. Pero no todos las y los seguidores de Zelaya tenían la capacidad para comprender la naturaleza y las implicancias de un proceso constituyente refundacional. Por eso, en estos casi dos años del FNRP y del exilio de Zelaya, la dirigencia nacional prácticamente no hizo nada para impulsar el proceso constituyente. A nivel de la dirigencia nacional, la demanda de la Asamblea Constituyente continúa como hace dos años atrás: sólo como una consigna, sin propuestas de fondo, ni de forma.

A tal grado llega la ignorancia sobre el proceso constituyente en la dirigencia nacional del FNRP que en el camino terminaron confundiendo la demanda principal del movimiento con cuestiones secundarias. Por momentos se habló de la Asamblea Constituyente como la demanda aglutinadora del Frente, luego fue el retorno al país del líder nacional Manuel Zelaya, luego, la toma del poder. La confusión llegó a tal grado en la dirigencia nacional que terminaron, por momentos, “estigmatizando” a las organizaciones refundacionales dentro del mismo FNRP.

Algunos dirán, ¿acaso estas tres demandas no se complementan entre sí? Por supuesto que sí. Pero la demanda de la toma del poder, obviando el objetivo de la refundación del país, suena más a una oportunista venganza política partidocrática. Así como la demanda del retorno de Manuel Zelaya Rosales, silenciando la Constituyente para la refundación, no es más que la reiteración del caudillismo históricamente lacerante en Honduras.

Ahora que Zelaya volvió al país, la Asamblea Constituyente para la refundación del país es prácticamente inexistente en el discurso del líder nacional de la resistencia popular. Manuel Zelaya está más centrado en posicionar la figura política de su esposa como la Presidenta de Honduras para el 2013.

¿Hubo logros en el FNRP?

El principal logro de esta organización es la permanencia por dos años como un movimiento social en resistencia frente al régimen anterior y al actual. No logró revertir el régimen del terror instaurado, pero se constituyó en la principal fuerza opositora a nivel nacional.

Otro logro es la constitución de espacios y colectivos de resistencia permanente en algunas aldeas, municipios y departamentos del país. Estos espacios se constituyen en núcleos de formación política e información permanente para la creciente conciencia de insubordinación política en el país. Estos núcleos surgen y se mantienen de manera espontanea e independiente de la dirigencia nacional.

Algunos colectivos están construyendo propuestas para la Asamblea Constituyente, tanto a nivel local (Santa Rosa de Copán), como departamental (Lempira) y sectorial (caso de los pueblos indígenas). Pero, al igual que en el anterior punto, la dirigencia nacional del frente no impulsa, ni se involucra en estos esfuerzos.

Otro logro, no menos importante, es la acumulación de más de millón trescientas mil firmas de adherentes demandando la Asamblea Constituyente en el país. Pero este logro fue opacado porque la dirigencia nacional no tuvo la capacidad de gestionar esta acumulación de voluntades para impulsar el proceso constituyente con creatividad.

El retorno a Honduras del coordinador general del FNRP no necesariamente fue un logro del movimiento, puesto que la resistencia no participó en las negociaciones, mucho menos en la firma del acuerdo de Cartagena de Indias que terminó reconociendo al régimen actual (que la resistencia se negaba en reconocer como gobierno) y legitimando/legalizando la impunidad de la violación de los derechos humanos en Honduras.

¿Cuáles son las dificultades en el FNRP?

Euforia multitudinaria seguida de una indiferencia cultural. La perseverancia no necesariamente es la virtud compartida por toda la resistencia, tanto para organizarse, formarse y movilizarse. Los ímpetus esporádicos multitudinarios casi siempre terminan siendo consumidos por la cultura arraigada de la resignación y la indiferencia. Son todavía muy pocos las y los que asumen compromisos voluntarios y permanentes en la tarea por la refundación. El Frente es aún una multitud esporádica y emotiva, más que un movimiento articulado, formado y militante por una causa trascendental.

Caudillismo galopante en una sociedad providencialista. La actitud de la euforia y de la resignación colectiva inevitablemente termina engendrando caudillos mesiánicos en el imaginario colectivo. Zelaya es caudillo no porque él quiere, sino porque la multitud, con actitud providencialista busca un mesías redentor en él. Esto explica el porqué la propuesta de la Asamblea Constituyente (sugerido por Zelaya) no ha germinado lo suficiente en el imaginario colectivo de la resistencia, pero el añorado retorno de Zelaya sí mueve apoteósicas masas humanas.

Pobreza intelectual y rescatismo ideológico. Mientras el resto de los actuales movimientos sociales de la región aspiran por cambiar el sistema-mundo-occidental, el FNRP aún sueña con las ilusorias promesas de la modernidad. La dirigencia se encuentra atrapada en la dinámica de la lucha de clases (etnocéntrica, patriarcal y androcéntrica). La actitud asamblearia y comunitaria (emergente a nivel local), prácticamente es anulada por la imposición vertical de la representación individual y jerárquica a nivel nacional.

Esta pobreza intelectual en la dirigencia se refleja en la “novedosa” propuesta ideológica (del siglo XIX) de “liberal socialista” que plantea Manuel Zelaya para el FNRP. Estas involuciones ideológicas no solo expresan incoherencias teóricas, sino manifiestan las serias dificultades intelectuales del movimiento.

Oportunismo político y ausencia de una visión integral de país. Por la ausencia de mecanismos de control social y depuración dirigencial en el movimiento, varios espacios de las estructuras del FNRP han sido copados por deteriorados dirigentes del pasado siglo. Situación que no sólo niega el necesario relevo género-generacional del liderazgo, sino que sacrifica la emergencia de una nueva visión integral y actualizada del país. Dinosaurios políticos fracasados se cuelan en el FNRP, con el argumento de la tolerancia política.

La bipartidocracia y la ignorancia histórica. En Honduras, la adhesión a uno de los dos partidos políticos (Liberal y Nacional) fue y es cultural, mas no político. El hijo o el nieto son liberales porque el padre y el abuelo fueron o son liberales. Pero la historia muestra que uno de los principales instrumentos de dominación y saqueo del país fue la dinámica del bipartidismo.

Así, por ejemplo, el mayor logro ideológico-político del partido Liberal fue convertir a Honduras en República Bananera y porta tropas de los EEUU para agredir a los países vecinos. A pesar de esta nefasta historia del bipartidismo, muchos hondureños en resistencia se resisten a renunciar al color político tradicional, comenzando por Manuel Zelaya que se obstina como liberal en resistencia.

Desafíos y oportunidades del FNRP

Construir una ideología para la refundación. La demanda del retorno de Zelaya a Honduras y la Asamblea Constituyente, en buena medida, fueron elementos aglutinadores para las diferentes organizaciones y personas en el FNRP. Ahora, con Manuel Zelaya como liberal pro socialista en Honduras, y ante el silencio de la dirigencia sobre la demanda de la Asamblea Constituyente, el Frente podría fragmentarse, quedando sólo en su seno las organizaciones políticas con aspiraciones electorales para el 2013.

Frente a esta amenaza real, y ante el tedio de la resistencia popular, es urgente la construcción de una nueva ideología política para la refundación del país, en base a las necesidades y aspiraciones cotidianas y trascendentales de la población excluida. Aspiraciones como: la descolonización, la soberanía, la dignidad nacional, la interculturalidad, la dimensión tierra, etc. son esenciales en la nueva apuesta ideológica para la refundación de Honduras. Urge impulsar el proceso constituyente participativo como la demanda aglutinadora del pueblo hondureño en resistencia.

Reorientar la lógica centralista de la dirigencia. Existe malestar en los colectivos del interior del país por las definiciones verticales desde Tegucigalpa. Los colectivos y organizaciones que impulsan la constituyente aspiran por una refundación verdadera, comenzando desde las mismas estructuras del Frente. En este sentido, demandan una dirigencia que los guíe obedeciendo a las asambleas directas. La resistencia popular organizada ya no está más dispuesta a subordinarse a las determinaciones verticales, porque “estos tiempos ya no son más de dirigentes, sino de portavoces obedientes a las asambleas”, afirman en el interior del país.

Convertir la mayoría demográfica del FNRP en una mayoría política. Nunca antes en la historia reciente de Honduras, un movimiento social aglutinó a ingentes multitudes como el FNRP. Tampoco existen registros inmediatos de un carismático dirigente con la capacidad de convocatoria que tiene Manuel Zelaya Rosales. Esta mayoría demográfica sin precedentes, tiene que ser convertida en una hegemónica mayoría política apabullante para emprender la refundación de Honduras, de abajo hacia arriba, con la participación decisiva de todas y todos. Para ello es imprescindible constituir un instrumento político (subordinado al movimiento social del FNRP), con una metodología asamblearia y con control social, para impulsar la Asamblea Constituyente.

Derrotar intelectual y políticamente a la oligarquía. La gran fortaleza del movimiento del FNRP no es sólo su mayoría demográfica, sino, ante todo, el agotamiento (fracaso) intelectual y moral de la oligarquía hondureña, y la legitimidad del Frente para plantear inéditas transformaciones estructurales mediante la Asamblea Constituyente.

Las élites que desgobiernan el Estado fallido de Honduras no tienen nada nuevo que proponerle al país. ¿Qué propuestas nuevas planteará al país la oligarquía en la próxima Asamblea Constituyente? ¿Seguirán proponiendo más neoliberalismo, más libre mercado, más democracia representativa, más transferencia de los bienes comunes a los interese privados? Estos modelos han fracasado en el globo. El FNRP es una novedad en el país. Pero esta novedad tiene que argumentarse con propuestas de transformaciones estructurales en lo económico, lo político, lo cultural, lo religioso, etc. Después de todo, el adagio bíblico es claro al decir: “por sus frutos lo conocerán”, y no hay mayor ciego que quien no quiera ver las secuelas de la oligarquía hondureña con sus dos colores políticos.

Los movimientos sociales y los partidos políticos

Toda la historia de la humanidad está dinamizada por la insurgencia de diferentes movimientos sociales. Dos mil años antes de Cristo los hebreos esclavos se organizaron y movilizaron para su liberación de la dominación egipcia. Jesús de Nazaret organizó todo un movimiento social buscando la liberación integral del pueblo judío de la dominación romana y de la cúpula religiosa. Y así, la historia humana está tejida de sistemas de dominación y procesos de liberación.

La industrialización (siglo XIX y parte del siglo XX) despertó movimientos sociales de obreros/as en diferentes partes del mundo. El fracaso de la civilización occidental moderna (segunda mitad del siglo XX) activó movimientos sociales de ecologistas, de mujeres, de pueblos indígenas, de los sin tierras, etc. que exigieron y exigen la satisfacción de sus derechos fundamentales y el respeto de la Madre Tierra.

En la actualidad, emerge una diversidad de movimientos sociales, en los cinco continentes del planeta, demandando otro sistema-mundo sostenible. El común denominador de las y los integrantes de estos movimientos sociales son la vulnerabilidad integral, exclusión e indignación ante un sistema-mundo-capitalista que ha instaurado la civilización del saqueo y muerte en todo el planeta.

Una de las interrogantes generalizadas en medio de estos movimientos es: ¿cómo lograr ese añorado otro-sistema-mundo-sostenible? A esta pregunta, la gran mayoría de activistas pragmáticos responde: ¡Mediante la toma del poder! Esto significa convertir el movimiento social en una organización política (partido político), para ganar las elecciones, llegar al poder y realizar las transformaciones. ¿Será que las y los árabes movilizados, las y los indignados de España, los estudiantes de Chile o la resistencia consciente hondureña sueñan en convertirse en un partido político?

Además, ¿será que el poder o la soberanía, en estos tiempos, radica en los sillones presidenciales o curules congresales? ¿Acaso no son las apátridas corporaciones transnacionales las que imponen el saqueo y la muerte en todos los rincones del mundo?

Los partidos políticos nacieron, en el siglo XVI, con el surgimiento del Estado nación y de la democracia representativa. El objetivo de un partido político es llegar a ser gobierno para implementar sus aspiraciones ideológicas. Pero, la historia muestra que todos los partidos políticos, una vez llegado al poder, por su estructura vertical e intereses grupales, se corrompen y, en el mejor de los casos, se convierten en negocios de empleo fácil para sus adeptos. Esta amarga experiencia de siglos es conocida por muchas de las y los integrantes de los movimientos sociales actuales, por ello, se resisten a convertirse en partidos políticos. Además, los partidos políticos están en proceso de desaparición, y no pasarán del siglo XXI. Esa misma suerte corren el Estado nación y la democracia representativa.

Entonces, ¿qué camino le queda a los movimientos sociales para actuar políticamente? Los movimientos sociales buscan la globalización de la civilización de la vida sobre la cultura de la muerte y de saqueo vigentes. Para ello, la apuesta es, ante todo, la transformación integral personal y colectiva para el Buen Vivir. Un movimiento social no se desespera por la “toma del poder” (como si el poder político fuese un helado). Busca, sobre todo, empoderar a las y los excluidos para que sean actores auténticos de su propio destino y emprendan procesos de emancipación colectiva e integral.

Un movimiento social no deshecha la posibilidad de actuar en contienda electoral para acceder al poder, mediante un instrumento político subordinado a sus asambleas directas, y así implementar propuestas de refundación construidas de manera participativa. Pero esta determinación tiene que ser producto de una construcción colectiva, de abajo hacia arriba. Esto debe ser producto de un proceso, mas no una imposición de caudillos y/o iluminados desesperados por la toma del poder.

Si un movimiento social se convierte en un partido político, deja de ser movimiento social. Los casos de Bolivia, Ecuador, Venezuela y otros, indican que un movimiento social, por más que tenga a sus representantes en el poder, no dejan de actuar como organización social, incluso desafiando al gobierno de sus propias entrañas cuando éste titubea ante la civilización de la muerte.