Brasil y Estados Unidos tienen muchas similitudes siendo las dos principales potencias en cada una de las dos Américas. Brasil tiene alrededor de la mitad del territorio y de la población de Suramérica en tanto que EEUU tiene a la gran mayoría de la población de Norteamérica, aunque a nivel de área tenga menos de la mitad de ésta.

Los dos son los únicos colosos americanos que se han ido expandiendo hacia el oeste y que también han ido anexando territorios en su respectivo vecindario hispanoamericano. Los EEUU capturaron todo el norte mexicano, Puerto Rico y Cuba (de la cual hoy solo conservan Guantánamo) y han llegado a ocupar casi todos los países hispanos de América Central y el Caribe.

Brasil les ha quitado territorios a todos sus 10 vecinos hispanos. También invadió Uruguay (cuya independencia se peleó contra Brasil) y exterminó a casi todos los varones adultos en Paraguay (en la más sanguinaria guerra inter-americana que haya existido).

Ambos gigantes se asientan en medio de las dos mayores cuencas fluviales de ambas Américas (el Misisipi y el Amazonas), en las cuales se desarrollaron sofisticadas civilizaciones amerindias, las cuales sucumbieron por las plagas que viajaron más rápido que los europeos que las trajeron y que asesinaron al grueso de sus habitantes.

Mientras España se asentó en la infraestructura de antiguos imperios mesoamericanos o andinos y dio paso a un mestizaje entre europeos e indígenas, en los territorios que los portugueses y los británicos colonizaron encima o al costado de Hispanoamérica la población indígena, que no era mucha, fue arrinconada y el territorio fue repoblado por europeos o africanos.

Si hoy EEUU tiene la mayor población de origen europeo del mundo y también negra del hemisferio norte, Brasil tiene a la segunda población negra del mundo fuera de Nigeria y la mayor de origen europeo en el hemisferio sur.

Mientras en EEUU la esclavitud fue abolida tras una guerra civil y hoy solo uno de cada ocho estadounidenses son de piel de ébano, Brasil mantuvo la esclavitud varias décadas después que el resto de las Américas y hoy la mitad de sus habitantes tienen raíces africanas.

La descolonización de la América hispana continental se dio con cruentas guerras civiles que la fragmentaron en casi dos decenas de repúblicas. EE.UU. y Brasil escaparon ese destino manteniendo y expandiendo sus originales territorios y sofocando todo secesionismo.

Brasil fue la sede de la única monarquía que tenía colonias en todo el globo (la de los Braganza), mientras que EEUU se convirtió en la primera gran república imperial.

En 1889 Brasil dejó de ser una monarquía detentada por una rama de la familia que desarrolló el imperio portugués para convertirse en una república federativa, la cual hasta 1968 se llamaba los Estados Unidos del Brasil.

A diferencia de EEUU, Brasil llegó tarde a la industrialización y al capitalismo y no devino en una potencia mundial. Se conformó con ser el principal aliado panamericanista de EEUU tanto en las dos guerras mundiales como en la guerra fría.

Sin embargo, después que esta última se acabó, Brasil ha empezado a marcar ciertas distancias frente a EEUU y a pasar a querer perfilarse como una potencia emergente.

Lula el lila y Blanco el rojo

Hace un tercio de siglo emergieron las actuales izquierdas de Perú y Brasil en medio de huelgas anti-dictatoriales. Las principales figuras electorales que encabezaron a éstas en ambos países fueron Hugo Blanco y“Lula” da Silva.

En esta nota queremos compararcómomientras el primero ha dejado de ser una figura muy relevante en su propio país, el segundo se ha convertido en el ex presidente vivo suramericano más popular en su nación y el mundo.

Blanco nació en 1934enCuzco cerca de donde nace el Amazonas y el segundo en 1945 en Pernambuco cerca de donde termina dicho río. Ambos conocieron una gran pobreza y se hicieron famosos organizando sindicatos (Blanco a los de los campesinos de La Convención y Lula a la de los metalúrgicos del ABC de Sao Paulo).

A fines de los setentas los dos se transformaron en los caudillos electorales del “clasismo” suramericano. Ambos personajes de tupidas barbas hablaban en lenguaje sencillo y popular llamando a los “trabajadores” a votar por ellos mismos, a unirse contra los “patrones” y a crear sus propios partidos.

En 1978, cuando la junta de Morales Bermúdez convocó a las primeras elecciones tras una década de dictadura militar, Blanco sorprendió sacando la tercera mayor votación y quedando como el más popular de una izquierda que bordeaba el 30% de los sufragios.

Blanco nunca dejó de reclamarse como trotskista, cosa que no veía bien el resto de una izquierda influida por los remanentes de Stalin, la cual acabó marginalizando a su corriente.

En cambio Lula, si bien nunca dejó de rodearse de trotskistas, fue un pragmático que sabía adaptarse a donde soplase el viento. Su Partido de los Trabajadores, en vez de mantenerse dentro del clasismo, fue influido por la iglesia y la socialdemocracia y devino en el centro que ha unificado desde 1990 a todas las izquierdas del continente en el Foro de Sao Paulo.

Mientras Blanco, quien nunca dejó su radicalismo consecuente, dejó de ser una figura electoral tras la segunda vez que candidateó (en 1980), Lula fue creciendo poco a poco desde que candidateó por primera vez en 1982 y luego compitió en todas las presidenciales que se dieron hasta la del 2010.

Tras perder en 1989, 1994 y 1998 se fue “moderando” hasta ganarlas en su cuarto intento (2002). De allí en adelante ha vencido en todas las elecciones generales (en 2006 cuando él fue re-electo y en el 2010 cuando logró que su delfina Dilma lesubstituyeraen la presidencia).

Blanco se ha mantenido en su pureza roja. Eso no le ha resultado en réditos personales, pero a sus partidarios les reconforta el que él no haya “claudicado” y se mantengan a la espera de una “ola revolucionaria”.

Lula, en cambio, pasó de rojo a lila. A cambio de haber sacrificado sus credenciales revolucionarias, se ha convertido en la principal figura política de su subcontinente.

Mientras Blanco morirá como un “anticapitalista”, Lula se ha convertido en un héroe para muchos capitalistas quienes saludan su capacidad de lograr consensos sociales que favorezcan a sus inversiones.