El espejismo de progreso en el que vivía Perú se ha roto, al menos parcialmente, con los resultados de la segunda vuelta electoral del pasado 5 de junio y la victoria electoral del ex militar y candidato nacionalista Ollanta Humala frente a la candidata de la derecha más reaccionaria encarnada en Keiko Fujimori, la hija del ex presidente encarcelado por delitos de lesa humanidad Alberto Fujimori.Los tres puntos de diferencia a favor de Humala en el resultado final de los comicios necesitan de una lectura más amplia en varios niveles de análisis.

Lo territorial y el modelo económico

Una lectura de los resultados desde un punto de vista territorial, por provincias, nos permite ver que Keiko Fujimori tan solo gana en 7 de los 25 departamentos del Perú, especialmente en el norte, además de la capital metropolitana Lima, que por su densidad de población y debido a los quince puntos porcentuales de diferencia, permiten acercar el resultado final.

Sin embargo, Ollanta Humala gana 18 departamentos del país. Se impone en toda la Amazonia, con un 85% en el departamento de Madre de Dios donde hay varios conflictos petroleros o de tierras debido a la construcción de la interoceánica sur, pieza clave en uno de los ejes IIRSA, y también gana en zonas tradicionalmente mineras del norte como Cajamarca, centro como Pasco o Sur como Tacna, donde llega al 73% de votación popular. Asimismo arrasa con porcentajes que superan el 75% en zonas de fuerte extracción indígena como Cusco o Puno. Es de destacar también el 66% de apoyo en Arequipa, doblando la votación de Keiko Fujimori.

Es importante también el porcentaje de apoyo en torno al 70% en las provincias de la sierra central, como Ayacucho y Apurímac, que es donde más se sufrieron los años de guerra interna y de guerra sucia estatal, y que configuran un claro rechazo a la posibilidad de regreso del fujimorismo.

Probablemente también ha tenido incidencia en la victoria de la coalición Gana Perú el apoyo en la segunda vuelta del ex presidente Alejandro Toledo, siendo también responsable de algún punto porcentual en la victoria final.

Además de lo territorial, es importante un análisis de los resultados en clave socio económica. Perú tiene unas tasas de crecimiento más o menos estables en los últimos años de en torno al 7%, sin embargo ese crecimiento, basado en modelo de explotación de los recursos naturales y exportación minera, junto a la firma de tratados de libre comercio con Estado Unidos y Europa, no ha llevado aparejada una redistribución de la riqueza, con inversiones ínfimas que no se corresponden con el PIB en salud y educación.

Pensando Perú desde la geopolítica latinoamericana

Analizar en clave geopolítica esta victoria electoral de Gana Perú, la coalición impulsada por el Partido Nacionalista peruano de Ollanta se convierte en un elemento fundamental para el análisis electoral.

En primer lugar, se rompe la iniciativa impulsada por Estados Unidos del “Acuerdo del Pacifico” firmado por México, Colombia, Perú y Chile, para impulsar unas serie de acuerdos de libre comercio y a favor del mercado capitalista. En segundo lugar esta victoria probablemente favorezca la integración regional de Perú, con una participación más activa en UNASUR, y un acercamiento a los bloques regionales de integración económica como Mercosur o ALBA. En tercer lugar puede favorecer un primer acercamiento a la conformación de un eje interesante desde el punto geopolítico como sería el de Ecuador-Perú-Bolivia, con gobiernos progresistas, procesos constituyentes y una mayor participación de los movimientos sociales y pueblos indígenas que son responsables también del ascenso al poder de sus respectivos gobiernos. Un cuarto elemento de análisis en lo que se refiere a las relaciones bilaterales sería el más que probable acercamiento a Brasil y un intento de copiar el modelo socio económico implementado por Lula, economía de mercado en fuerte crecimiento con importantes subsidios sociales. Además es importante analizar la victoria de Ollanta Humala en lo que supone respecto al control territorial y geopolítico de la Amazonía, el control de los recursos naturales y el comercio con Asia, China especialmente.

¿Y ahora qué?

En estos momentos Ollanta Humala y la coalición Gana Perú se debaten entre el pragmatismo impuesto por las alianzas realizadas para ganar las elecciones, incluida algunos sectores de la derecha encarnadas en el apoyo dado por el reaccionario Mario Vargas Llosa, que lo mejor que podría pasar es nombrarlo embajador en España tal y como se rumorea, y por otro lado el horizonte nacionalista y con perspectiva de izquierdas que recoge el imaginario del Partido Nacionalista.

En un Estado sociológicamente reaccionario y conservador como es el peruano, con una izquierda y un movimiento indígena y campesino no articulado en torno a un proyecto político común, sin olvidar al partido de extrema derecha Fuerza 2011 de Keiko Fujimori como segunda fuerza parlamentaria, es de suponer que Gana Perú se moverá dentro de un estricto pragmatismo político durante los próximos meses.

Podemos intuir tres líneas de acción en cuanto a las políticas socio económicas, comenzando por una recuperación de la renta minera y gasífera, con tasas que graven a las transnacionales mineras, aquellas que se están beneficiando de los recursos naturales de Perú que la Constitución fujimorista de 1993 prácticamente regala en beneficio del modelo extractivista capitalista neoliberal. Todo ello debería venir además de la mano de una cierta desprivatización de los servicios públicos (electricidad y telefonía) y una fuerte inversión en políticas sociales, fundamentalmente centrada en las áreas rurales, dando prioridad a las áreas de salud y educación. Además y de manera complementaria es de prever un impulso a la lucha contra la corrupción estructural que han dejado instalada los gobiernos anteriores. Se calcula que Telefónica adeuda al SUNAT (Superintendencia Nacional de Administración Tributaria) unos 2 mil millones de soles, y la Contraloría General de la República estima en alrededor del 15% del presupuesto público el monto que se extravía por efectos de la corrupción (cuatro veces la inversión en educación). Todo esto no se puede desligar de lo que supuso la creación por parte del fujimorismo de toda una estructura mafiosa asentada en la administración del Estado, de la justicia y en la propia estructura militar y que será necesario también desmontar en beneficio de la soberanía nacional también en lo referente a la seguridad.

En cuanto a los horizontes, en la propuesta del Partido Nacionalista “Afirmar la Nación, fortalecer el Estado”, presentada hace pocos meses como parte de la plataforma programática de cara a las elecciones presidencias, se coloca como primer punto la necesidad de una nueva Constitución (vía mayoría parlamentaria que declare la nulidad de la Constitución de 1993 dejando de nuevo en vigencia la de 1979) que considere los derechos sociales y culturales como derechos fundamentales, que diseñe una verdadera democracia representativa y participativa, que plantee un régimen económico plural que recupere la autoridad pública y tenga como objetivo la justicia social y por último que siente las bases para una descentralización viable del estado peruano. Además plantea una Economía Nacional de Mercado, recuperación de la jornada laboral de 8 horas, pensiones dignas, un combate al narcotráfico, reparación integral de la totalidad de las víctimas del conflicto armado, y la soberanía plena tanto en el control de los recursos naturales como en lo referente a una política exterior.

Gana Perú tiene en estos momentos la necesidad de consolidar el movimiento, bajo la dirección del Partido Nacionalista, pero incorporando a los diferentes sectores de la izquierda, izquierda que fue duramente golpeada y desarticulada por el fujimorismo, junto a sectores indígenas y campesinos, con la posibilidad en el horizonte de construir una hegemonía nacional popular, que consolide una transformación estatal hacia un nuevo modelo económico y apuntando a un modelo estatal plurinacional a semejanza de sus vecinos Ecuador y Bolivia.