El Gobierno chileno exhibió su rostro más agresivo en boca de su ministro de Defensa, que apeló nuevamente al “poder disuasorio” de su Ejército para oponerse a la decisión del Gobierno boliviano de “multilateralizar” nuevamente el tema marítimo acudiendo a la OEA. Ya lo hizo en 1979 y obtuvo una declaración de apoyo mayoritario de los países miembros, pero un congresista chileno dijo que esa “maniobra” era “más vieja que el hilo negro”.

En realidad, más viejas que el hilo negro son tanto la estrategia dieciochesca del Estado chileno en sus relaciones con Sudamérica, como el viejo enfoque boliviano acerca de la reivindicación marítima. Por el lado de Chile, la política de abrirse a las relaciones allende el océano y de vivir culo con culo con los países del continente no ha cambiado desde el gobierno de Diego Portales, pero, al parecer, lo que se está quebrando es la unanimidad de la ciudadanía chilena en torno al tema del mar para Bolivia. Así lo afirma un analista argentino del diario Página 12: “La ciudadanía en general –a través de las redes sociales, principalmente– rechazó estos dichos, asegurando que las frases del titular de Defensa, apuntan justamente a subir la imagen de Piñera y del gobierno en las encuestas, debido a que en la actualidad exhiben porcentajes menores al 50 por ciento. Algunos analistas en Chile apoyaron esa hipótesis y otros advirtieron del serio riesgo de llevar el conflicto a ese escenario (el del enfrentamiento).”

Pero, por el lado boliviano, hace falta un enfoque nuevo, que ya comenzó a darse en el pasado inmediato, cuando el Perú nos concedió una franja de cinco kilómetros en el mar de Ilo, porque el Gobierno de entonces tenía la conciencia clara de que Chile no nos iba a conceder nada si no lo presionaba el acercamiento a otro país.

A esto quiero referirme con una propuesta en la que vengo insistiendo hace tiempo: un nuevo enfoque del tema marítimo tiene que considerar el interés del Brasil por acceder al Océano Pacífico a través de la ruta más corta, que pasa por Bolivia y, paralelamente, el interés de Chile por acceder al Océano Atlántico. Lo que no soluciona la política lo soluciona la economía, y lo que no soluciona la historia lo soluciona la geografía. Me explico: Bolivia tiene una ubicación geográfica inmejorable como eje y pivote entre ambos océanos. ¿Por qué entonces no negociamos un tratado tri o multilateral que garantice la implementación de un corredor biocéanico moderno, con libre tránsito y libre acceso de nuestro país a ambos océanos?

Alguna vez escuchó esta tesis un sostenedor del desarrollo endógeno y replicó que esa sería la peor vía de enganche de nuestra economía al mundo globalizado; pero argüí que no se trata de ligar nuestra economía al libre juego del mercado, en especial la tierra, el territorio y los recursos naturales, que deben permanecer como riqueza soberana de los bolivianos, sino simplemente de garantizar el libre tránsito de océano a océano y obtener las ventajas correspondientes. ¿Cómo? Liquidando la aduana.

Los bolivianos somos un país de contrabandistas y cómplices de los contrabandistas. Esto no ocurre por alguna tara moral o religiosa, que nos hace odiar al demonio aduanero, sino porque estamos enclavados justo en el paso del vendaval que llega de China y otros países asiáticos, que choca en la costa chilena y que pugna por llegar a la costa atlántica. Es tan fuerte esta presión, que ha cambiado el curso del comercio en nuestras fronteras, pues en los extensos límites con el Brasil, nosotros vendemos productos asiáticos a los ciudadanos de Brasil y no a la inversa. ¿Por qué, entonces, no legalizar a todos los contrabandistas bolivianos liquidando la aduana? Esos ingresos podrían multiplicarse con el comercio y los servicios que generaría el corredor biocéanico, que legalizaría a los contrabandistas y daría empleo a muchos de ellos. Un corredor significa una cadena inmensa de hoteles, almacenes, silos, restaurantes y oferta turística, que bien podría compensar los ingresos aduaneros.

Más sobre el corredor biocéanico

Un amigo chileno me envió el link de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, en cuyo portal ciudadano hay una encuesta sobre el corredor biocéanico, que muestra la voluntad de aproximación de varios diputados y senadores chilenos al tema plasmado en un acuerdo entre los presidentes de Brasil, Bolivia y Chile en 2008, para hacer realidad la construcción de una carretera pavimentada de 4.700 kilómetros a un costo de mil millones de dólares entre el puerto brasileño de Santos, en el Océano Atlántico, pasando por Santa Cruz, Cochabamba, Oruro y La Paz, en Bolivia, hasta llegar a los puertos de Arica e Iquique, en el Pacífico, por la cual se transportaría dos millones de toneladas de bienes por año.

La nota chilena dice que Bolivia ya tiene un 75% del total dela vía en plenas condiciones de funcionamiento y que faltaría invertir unos 78 millones de dólarespara la conexión vial Pisiga-Oruro, y un crédito en trámite de US$ 260 millones para construir el tramo San Matías-Concepción, en el departamento de Santa Cruz. A Chile le correspondería invertir US$ 36,9 millones para mejorar la carretera de 192 kilómetros entre Arica yTambo Quemado, y otros 56,3 millones para los 216 kilómetros entre Iquique y Pisiga. Por su parte, Brasildeberá disponerde US$ 132,8 millones para mejorar dos ramales de 2.525 kilómetros entre el puerto de Santos, Puerto Suárez y San Matías.

Los Representantes consultados pertenecen a las comisiones de Relaciones Exteriores del Senado y la Cámara Baja, y se les hizo tres preguntas: 1) ¿Cuál es su opinión general sobre el reciente acuerdo de integración física firmado entre Chile, Brasil y Bolivia? 2) ¿Cree usted que esto se va a concretar en la realidad o va a quedar como otra expresión de deseos, como las manifestadas en ocasiones anteriores por los Gobiernos de Chile y Brasil desde comienzos de la década del 90? Y 3) ¿Cómo afecta a este tipo de iniciativas la inestabilidad política que vive Bolivia, país central en el proyecto, y que ahora se expresa incluso en demandas de autonomías por parte de regiones cuya participación es crucial en esta materia?

Uno de dichos Representantes califica el corredor biocéanico como “una iniciativa de inmensas repercusiones económicas para laregión”. Dice que no es un tema nuevo, pues desde los 70s se insiste en el tema y que los dirigentes sociales y gremiales de Iquique insisten en que el corredor no debe afectar de ninguna manera el régimen especial de la Zona Franca de Iquique y Arica. Sin embargo, coinciden en que las ventajas son mayores que las desventajas y califican el proyecto de “absolutamente trascendente”, “un proyecto muy beneficioso… que le puede dar un gran impulso a las provincias del norte, en especial a las zonas portuarias.” Otra respuesta dice que “Brasil siempre ha querido tener una puerta de proyección hacia el Pacífico”. Veamos algunas más: “El corredor bioceánico significa potenciar todos los aspectos comerciales y turísticos de los tres países. Pero, además, esta iniciativa termina parcialmente con el problema de mediterraneidad de Bolivia”. Otro Representante celebra que se discuta “una agenda abierta, sin exclusiones ni condiciones previas”; y destaca la conformación de la Liga Parlamentaria por la Amistad, con dos declaraciones: una en La Paz y otra en Valparaíso”. En fin, expresan su satisfacción por la “red de contactos a todo nivel” y las “políticas de Estado”, que trascienden el interés político del momento.