La Habana, (SEMlac).- Como víctimas, seres exóticos, portadoras de un erotismo salvaje o desde la mirada etnográfica, tienden a representar los medios de comunicación globales a las mujeres del hemisferio sur. Estas imágenes estereotipadas las exponen muchas veces como receptoras pasivas, arquetipos de sufrimiento u objetos del deseo masculino. 

Por otra parte, predomina un canon único de belleza femenina que niega la diversidad humana, con un modelo de cuerpo muchas veces retocado o transformado de manera artificial, mientras se sigue vendiendo una femineidad todo el tiempo erotizada para el otro y en actitud de seducción.

Así lo acentuó la periodista Isabel Moya Richard, especialista en género y comunicación, durante una disertación el viernes 27de mayo en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), en la capital cubana, como parte de un ciclo impulsado desde la Oficina de Creación Artística del ICAIC y la Muestra de Cine Joven, los últimos viernes de cada mes.

La postura excluyente en los medios, según Moya, responde a la ideología del poder hegemónico patriarcal, cuyas representaciones e imaginarios sociales sobre lo femenino y lo masculino se legitiman a través de los discursos de la comunicación masiva.

“Los medios van a establecer una especie de eje de matrices culturales a partir de las cuales las personas interpretan su realidad y se relacionan con los demás”, explicó la estudiosa. De estas, las que responden al poder hegemónico tienen, por lo general, mejores plataformas para socializarse, cuentan con más recursos para su realización y resultan atractivas para las audiencias.

De esta forma, se ha instaurado en los discursos mediáticos un patrón de erotismo que expropia a las mujeres de su placer, en tanto las presenta desde y para la mirada masculina. Según la realizadora cubana Marina Ochoa, en la actualidad existe una confusión entre lo que es erotismo y pornografía, entre el arte y la vulgaridad. Al respecto, Moya aclaró que no se trata de atacar el desnudo, pues una de las principales demandas del feminismo ha sido la posibilidad de que las mujeres puedan decidir sobre su cuerpo y su placer.

Lo nocivo aparece cuando son desprovistas de su condición de humanidad para convertirse en objetos sexuales. “Un hecho biológico no puede ser razón para discriminar a nadie”, defendió la directora de la Editorial de la Mujer.

En otro orden, el documentalista Ernesto Pérez Zambrano advirtió sobre el peligro de que el enfoque de género sea desprovisto de sus sentidos políticos cuando es metabolizado en ciertos audiovisuales que no profundizan en las verdaderas reivindicaciones del feminismo.

Con él coincidió Moya, quien opinó que, aunque el tema de género pareciera estar de moda, es un error pensar que si una mujer o grupo de mujeres protagoniza un documental existe perspectiva de género. “Sexo biológico no es lo mismo que mirar desde el género los procesos”, agregó.

Faltan entonces trabajos en los cuales se problematicen las expresiones de subordinación e invisibilización de las mujeres que se dan en la cotidianidad, al tiempo que abunda la representación de la “supermujer” sin evaluar los costos sociales e individuales que implica convertirse en una mujer empoderada.

Hay también victimización, no solo en el caso de las mujeres, sino de las masculinidades no hegemónicas, y “cuando a un sujeto social se le presenta solo como víctima, en el imaginario se refuerza que no es capaz de salir de ese círculo sin el otro y, por tanto, el otro es superior”, expuso Moya.

Reivindicar la mirada feminista en la sociedad y el arte es, según la crítica cinematográfica Danae C. Diéguez, uno los factores necesarios para problematizar la mirada de los medios y el arte en sentido general.

Asimismo, articular fortalezas por parte de las personas comprometidas con estos temas y trabajar en sinergia, puede ser, en opinión de la profesora del Instituto Superior de Arte, una manera de ir poniendo sobre la agenda de discusión del país los temas de género.

Por su parte, la periodista Isabel Moya abogó por representaciones de hombres y mujeres desde su pluralidad, pues “debemos comprender que todas las identidades deben ser narradas y aparecer en las diferentes plataformas discursivas de la sociedad”.