Al conmemorar el Bicentenario de la revolución de emancipación del Alto Perú, hoy Bolivia (1809-1825) actualizamos el análisis que habíamos presentado sobre la influencia filosófica de la Revolución francesa y de la Independencia de Norte América en la Declaración de Independencia del Alto Perú, su primera versión fue un trabajo de investigación que se presentó como una ponencia en el Congreso Mundial de la “Imagen de la Revolución Francesa” en la Sorbona de París (6-12 de julio de 1989). 

Este análisis fue acompañado de la traducción, al francés, del Preámbulo y de la Declaración de Independencia del Alto Perú, del 6 de agosto de 1825. Igualmente se presentaron algunos extractos del Acta de Independencia de los Estados Unidos de Norte América, del 4 de julio de 1776 y de la Declaración de los Derechos Humanos y del Ciudadano de la Revolución francesa de 1789 y esto, con la finalidad de demostrar cuales han sido las influencias filosófico políticas de éstos dos acontecimientos históricos en el movimiento de independencia y en la redacción del Acta de Independencia del Alto Perú..

I.- Contexto geográfico e histórico

Una vez conquistado el inmenso Imperio de los Incas, fue necesario establecer un sistema administrativo, económico y político que acatara las disposiciones del Rey de España y que pudiera representarlo en esas lejanas tierras. En teoría, el Virrey nombrado directamente por el Soberano ibérico ejercía un poder gubernamental absoluto sobre toda la colonia; Pero en realidad esta idea se reveló, inmediatamente, inaplicable por razones geográficas a las que debían hacer frente los primeros virreyes. Un territorio gigantesco que abarcaba desde Quito hasta más abajo de Buenos Aires y del Pacífico hasta el Atlántico en el Sureste y hasta la selva amazónica al este, un territorio cuyo centro político, administrativo, jurídico y económico debía ser la ciudad de Lima, centralizada de hecho, en la Costa del Pacífico, al Oeste de la Colonia.

El Virrey no podía ejercer su dominio en ésta geografía aberrante, ni en esos miles de kilómetros cuadrados. Desde 1561, el Rey de España debió redistribuir los poderes; creando las Audiencias de Charcas (en Chuquisaca), y de Quito (en Ecuador), encargadas de todos los poderes administrativos y judiciarios en el plan local y dominadas por el Virrey, que quedaba el órgano supremo de la Colonia y el representante privilegiado del soberano español. La preeminencia del Virrey sobre las Audiencias y Capitanías hacia que las leyes dictadas por su autoridad, se imponían a todos éstos territorios. El Virrey, podía también tomar en manos todos los asuntos que él considerase grave o tuviera una particular importancia. En realidad las audiencias, sobre todo la Charcas, se emanciparon de ésas obligaciones muy rápidamente. La Audiencia de Charcas, institución colegial dirigida por un presidente (elegido por cooptación) administraba un extenso y rico territorio, aislado de Lima por las cadenas de la Cordillera Andina. Ella representaba la autoridad judicial, política e incluso militar, a la que se dirigían los potentados mineros de Potosí y de Oruro, así como también los encomenderos de Cochabamba, Sucre, Tarija… Cabe recalcar que la Audiencia administró durante más de tres siglos, una vasta región llamada “El Alto Perú”.

II.- Contexto social e histórico

La llegada de los españoles a esta parte de América, en 1535, puso fin al Imperio de los Incas, tomando como punto culminante la ejecución del Inca Atahuallapa. Esta dominación ha durado hasta 1825. Hubo entonces cerca de tres siglos de dominación colonial española en el Alto Perú. Desde la llegada de algunos centenares de soldados y religiosos a mediados del siglo XVI, hasta las magníficas ciudades, pobladas de ricas familias frecuentando la Universidad de Chuquisaca y la Corte de Lima a comienzos del siglo XIX. La organización de la sociedad colonial del siglo XVIII estaba basada, a la vez; de aquella que los indígenas habían heredado de los Incas, y sobre todo de aquella que los españoles y mestizos copiaban del modelo europeo. Se debe notar la importancia social determinante del factor étnico.

La organización social de los indígenas estaba basada sobre los principios de la antigua sociedad incaica, con la única diferencia, que el Inca fue remplazado por el Virrey de España, nombrado directamente por el monarca español y establecido en Lima, en medio de una corte fastuosa. Las otras clases sociales estaban estructuradas según el origen. En la cúspide se encontraban los españoles llegados de la península Ibérica. Ellos monopolizaban el poder judicial, administrativo, político y militar. Les seguían los criollos – hijos de españoles nacidos en América – Por ser americanos de nacimiento no podían gozar de los privilegios y monopolios reservados únicamente a los peninsulares. Ellos no tenían acceso a los altos cargos, a la administración de la Colonia, ni a la explotación de las minas. Pero el poder financiero y económico de los criollos era muy grande, puesto que ellos proveían a la Colonia, principalmente, con productos agrícolas. Explotaban como encomenderos a miles de poblaciones indígenas agrícolas.

Más abajo de la escala social se encontraban los mestizos, hijos de padres de orígenes diferentes – españoles e indígenas – Estos buscaban participar en la vida económica aparentándose lo más posible, pero inútilmente, a los criollos y españoles. Finalmente, en la parte más baja de la cúspide social se encontraban los mulatos, los indígenas, los negros, los zambos. Eran las clases más sometidas y las más explotadas. Ellos fueron los que soportaron la esclavitud durante tres largos siglos, luchando por su libertad, desde la llegada misma de los españoles y durante toda la época colonial. Estos movimientos libertarios fueron denominados, peyorativamente, como «sublevaciones o levantamientos indígenas». Uno de los movimientos libertarios más importantes es el «Levantamiento de los hermanos Katari» que sitiaron la ciudad de La Paz en 1781, siendo uno de los primeros movimientos que lucharon por la libertad. También podemos citar los movimientos de la hacienda Real de la Corona de Potosí (1612), El levantamiento de Filinco, en La Paz (1ero. de enero de 1661), el movimiento de Alejo Calatayud, en Cochabamaba (29 de enero de 1730), el movimiento indígena de Oruro, encabezado por Juan Vela de Córdova, el cual redacto un manifiesto de agravios en 1739, y muchos otros movimientos libertarios en todo el Sur y el Centro del Continente Americano.

Los criollos, descontentos de no poder asumir los altos cargos públicos, y aprovechando la inestabilidad provocada por el ejército napoleónico en España así como también el movimiento de lucha libertaria iniciado por los indígenas; se inspiraron de los movimientos revolucionarios francés y norteamericano y comenzaron a buscar la independencia del Alto Perú. El 25 de mayo de 1809 empezó la lucha por la independencia en la ciudad de Chuquisaca. Fue igualmente en esta ciudad que 16 años más tarde fue firmada la Declaración de Independencia, poniendo fin a la existencia del poder español en el Cono sur de América latina. A la cabeza de la nueva República Boliviana se encontraron los criollos, con un minima proporción de mestizos. En cuanto a los indígenas quedaron en peores condiciones, y lejos de haber obtenido su libertad, se encontraron bajo la dependencia de sus nuevos dueños.

III.- Referencias de los redactores de la Declaración de Independencia y de su preámbulo

Todos o casi todos los redactores, que vengan de La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba, Santa Cruz, Chuquisaca… presentan las mismas características: Todos ellos son criollos, representan grandes familias adineradas y en particular frecuentaron una de las universidades más reputadas del continente, aquella que goza, por ordenanza del Rey de España, los mismos privilegios y la misma fama que la de Salamanca, es la Universidad San Francisco Javier de Chuquisaca (universidad de primer orden sobre todo en derecho y en teología). Casi todos los redactores del preámbulo y de la Declaración de Independencia son juristas que abrazaron la carrera de abogados. Algunos diputados son miembros del Alto Clérigo (arzobispos). Todos esos hombres están unidos por su origen étnico, social, económico, su educación e incluso por su profesión.

IV.- Análisis, interpretación y comentarios del Preámbulo a la Declaratoria de Independencia del Alto Perú (Bolivia)

El preámbulo busca justificar el deseo del Alto Perú de erigirse en Estado independiente y muestra la legitimidad de su reivindicación. Primeramente hace una breve síntesis de la historia latinoamericana: la conquista y la explotación de las tierras conquistadas por la fuerza y bajo el dominio de España personificada como el león (emblema del estandarte real español de la época). Luego comienza a culpabilizar a los colonizadores de todos los males que se han abatido sobre América del Sur: El continente ha sido “despedazado” (repartido en virreinatos por la fuerza del invasor) y España se ha nutrido de las entrañas de este continente. Muy rápidamente, el panorama se reduce, para no evocar más que al Alto Perú. Se desgrana todos los sufrimientos de esta región y de sus poblaciones: incendios, masacres, robos y saqueos, etc. Para luego glorificar el coraje que los habitantes del Alto Perú, quienes, a pesar de tantos ataques, resistieron y combatieron victoriosamente a los españoles. Se tiene la impresión que los redactores quisieron crear un interesante contraste entre las fechorías cometidas por los conquistadores, por una parte (…imposible soportar y al mismo tiempo, la expresión del dominio total de los españoles sobre la colonia) y por otra parte, los pocos medio y la ayuda con la cual los revolucionarios pudieron contar, este contraste muestra a la vez más grande, más increíble de audacia y de fe en sí, y hasta cierto punto una locura, ése combate al cual se lanzaron un puñado de hombres el 25 de mayo de 1809.

¿Quien podía haber previsto, 16 años atrás, que ellos ganarían el combate final?

Este juego constante de oposiciones y de contrastes se construye en varios niveles, los redactores muestran los esfuerzos valerosos de los habitantes del Alto Perú, cuya lucha ha sido primordial para todas las que se llevaron a cabo en América del Sur contra España. Pero esas hazañas parecen epopeyas más gloriosas al saber que los rebeldes revolucionarios “replegados en el corazón del continente”, desprovistos de armas y de todo material de guerra y finalmente, no pudiendo contar con la ayuda de las naciones de ultramar (en relación con los apoyos exteriores que beneficiaron algunas regiones). Sin embargo, hay otro contraste; Se evoca los combates victoriosos y decisivos de aquellos a quienes se los describe, dos líneas antes, como los más desprovistos de armas y de todo material de guerra. La lista de los atropellos más ignominiosos cometidos por los españoles, no tiene otro objetivo que la de exaltar, como punto culminante, su indomable coraje y su deseo inquebrantable por obtener «la libertad». El resto del preámbulo da lugar a otro contraste de ideas, y si bien los anteriores tienden a glorificar a los «patriotas» rebeldes mostrando los peores abusos de los españoles, en esta última parte se desarrolla la idea que pudiera resumirse en “vean el infierno que hicieron de lo que tenía que haber sido el paraíso” Se insiste sobre las riquezas vegetales, animales y minerales del país, sobre su numerosa población, para la época (El Alto Perú contaba con una población superior a la que tenía Argentina y Chile); Se invoca incluso a los antiguos imperios indígenas, desmantelados por los colonizadores. De todo esto, ellos hicieron “el símbolo de la ignorancia, del fanatismo, de la esclavitud”, “una agricultura moribunda guiada únicamente por la rutina”, etc… Los redactores evocan inclusive la miserable situación en la que se encuentran los indígenas. El último párrafo acaba justificando, el deseo firme y claro que tiene el Alto Perú, de tomar solo su destino en manos y de no asociarse a la República de Argentina o a la del Perú, tal como se había propuesto a sus diputados.

¿Por qué lucharon los habitantes del Alto Perú?

La pregunta puede plantearse si se toma en cuenta la composición étnica y social de la población a comienzos del siglo XIX: Efectivamente, a la cabeza se encuentran los criollos, blancos, ricos y letrados, que gozan de una gran libertad y que están sometidos únicamente a una discriminación en el ejercicio del poder; en la medida en que su acceso a ciertos sectores de la economía (las minas) y las funciones administrativas y judiciales les queda cerradas. La aspiración a la independencia es la base de la revolución de los criollos del Alto Perú. Ahora bien, ellos asocian muy frecuentemente al tema de la libertad. Pero ya vimos anteriormente, que su situación es la de «hombres libres», que no sufren más que de algunas exclusiones con relación a los españoles peninsulares. Ellos reivindican los mismos derechos que tienen los españoles peninsulares, pero ellos quieren aún más; ellos desean tomar el lugar de aquellos, a quienes envidian y de los cuales se sienten sus iguales, dejando aparte a las otras clases sociales y grupos étnicos que forman el Alto Perú. Es por este motivo, que la revolución criolla no reivindica la igualdad entre todos. El principio de «Igualdad» no figura en Preámbulo del Acta de Independencia del Alto Perú.

¿Pero quiénes son los otros habitantes del Alto Perú?

Los mestizos y los indígenas y un pequeño porcentaje de mulatos, negros, zambos. Los criollos se sienten, sin duda alguna, mucho más próximos de los españoles que de los mestizos a quienes menosprecian. En cuanto a los indígenas, ellos no tienen ningún derecho. Prácticamente, están bajo un estatuto de esclavos al cual están asignados: trabajo forzado en las minas o en los campos. También, “Ellos están sujetos a imposiciones y a toda clase de trabajos a merced” tales como los siervos de la Edad media. Ellos deben pagar impuestos a sus señores «encomenderos» que son los criollos principalmente, al clérigo y a la Administración Colonial. Son precisamente ellos y hasta cierto punto los mestizos, que podrían revindicar su libertad, mucho antes que reclamar la independencia del Alto Perú. Ahora vemos, porque la frontera no es nada clara, entre la lucha por la libertad y la lucha por la independencia en la Declaración de Independencia del Alto Perú.

Los criollos ponen ante todo su deseo y de toda la clase social a la que pertenecen, pero como tampoco no podían dejar en silencio las aspiraciones de las clases populares mestizas e indígenas. Decidieron que resultaría mejor aún para los criollos utilizar los movimientos libertarios de los indígenas en favor de la independencia, canalizándola: “la furor guerrera de los más desamparados” Así como los criollos supieron empujarlos a combatir en sus filas contra los españoles, ganando muchas victorias gracias a ellos. Los criollos tienen “el descaro” de evocar las desgracias de los indígenas, haciendo recaer toda la responsabilidad sobre los españoles, ensombreciendo aún más la situación. Olvidando que ellos mismos participaron en la explotación de las poblaciones indígenas y que sus fortunas también se debían a esa explotación inhumana, inescrupulosa que ellos mismos rechazan y condenan en el Preámbulo y la Declaración de Independencia del Alto Perú.Los criollos sabían muy bien, que tendrían el apoyo de las masas indígenas y de los mestizos, si añadían en su reivindicación la aspiración de éstos por la Libertad, de donde resulta la confusión entre el movimiento por la libertad y el movimiento por la independencia.

En efecto, en el Preámbulo de la Independencia podemos observar, desde el segundo párrafo, que las dos nociones coexisten y se confunden «Gritos de la libertad», al comienzo de la revolución y la revolución final que toma modelo y por objetivo la independencia obtenida por las otras ex colonias de España. En el párrafo siguiente; los revolucionarios se designan, ellos mismos, como «aquellos que quieren la Libertad», después como «hombres libres», lo cual ya no concuerda, puesto que ellos “son o no son libres… y luchan por esa causa”. Lo que ellos sobrentienden con esta distinción, es la diferencia de estatuto entre “los que buscan la libertad”, es decir, los indígenas, y aquellos que anteriormente “ya eran hombres libres”, los criollos. Podemos convencernos de esta oposición notando que “la sangre que se derramo por primera vez” (de aquellos que buscaban la libertad), históricamente es la de los indígenas, puesto que las primeras sublevaciones o levantamientos (como quiera calificárselos) comienza desde la llegada de los españoles.

Los movimientos libertarios de los indígenas de mayor amplitud, fueron a mediados del siglo XVIII (los hermanos Katari), entre otros movimientos libertarios de América colonial. Sin embargo, los personajes de primer plano siguen siendo los criollos, a pesar que su revolución llegaba mucho más tarde: 25 de mayo de 1809, es la fecha que toman como punto de partida de su lucha contra los españoles «Primer grito libertario», «La campana de la Libertad», «Después de 16 años que América se volvió un campo de batalla…» y todo el resto del párrafo no trata mas que de la revolución criolla y jamás de «las sublevaciones»o movimientos indígenas.Los criollos no se denominan acaso, ellos mismos, como «Americanos» (los indígenas jamás se designaron con este término).No cabe la menor duda que el Preámbulo y la Declaración de Independencia, fueron redactados por los ricos criollos en defensa de sus únicos intereses. Posteriormente, la historia de la nueva República de Bolivar no aportará, lastimosamente, ningún desmentido a ese oscuro presagio de afirmar que los indígenas cambiaron simplemente de dueños (de mitayos se convirtieron en pongos).Esto nos permite abordar la influencia de otros movimientos revolucionarios y en particular de la Revolución Francesa de 1789, sobre la Revolución Altoperuana de 1809 y el Preámbulo de la Declaración de Independencia. Cómo no recordar que en Francia, también, la revolución benefició sobre todo a una clase social, la más privilegiada económicamente, la más envidiosa de los privilegios de los nobles, una clase que era libre, pero que injustamente era tratada de inferior por la nobleza. La burguesía francesa sirvió de modelo a los criollos americanos y en particular a los criollos altoperuanos.

Las influencias de otros movimientos revolucionarios sobre la Revolución Altoperuana

En particular la Revolución Francesa de 1789 y sus textos posteriores hasta comienzos del siglo XIX (que con toda seguridad fueron conocidos y discutidos por los criollos letrados, los doctores y estudiantes de la Universidad de San Francisco Javier de Chuquisaca).El otro movimiento que influenció decisivamente en la Independencia Altoperuana fue, lógicamente, la Revolución de Independencia Norteamericana de 1776.

Estudio comparativo de textos:

El contraste de los textos es sorprendente, entre el estilo decidido, afirmativo y confiado de la Declaración de los Derechos Humanos y del Ciudadano, del 26 de agosto de 1789, y los esfuerzos constantes de explicación y justificación del Preámbulo de la Declaración de Independencia del Alto Perú, del 6 de agosto de 1825.El estilo francés es más directo, casi lapidario: “los representantes del pueblo francés constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los Derechos Humanos, son las únicas causas de las desgracias públicas… resolvieron exponer en una declaración solemne, los Derechos naturales, inalienables y sagrados del Humano… En consecuencia, la Asamblea Nacional reconoce y declara… los siguientes Derechos Humanos y del Ciudadano…”.

Las frases son simples, se siente una rebúsqueda de los términos exactos, y del lugar que deben ocupar en su contexto. En consecuencia, se desprende de ese texto un sentimiento de unidad, de claridad, y sin embargo, una simple y grande solemnidad. El texto altoperuano, por el contrario, desprende una impresión de pesadez, las frases son mucho más largas, los términos más enfáticos y constantemente caricaturales (aunque esto se debe también en parte a la sintaxis y al estilo propio del castellano). Presenta un sentimiento de confusión y el resultado no es tan convincente como el texto francés.Es necesario, sin embargo, recalcar que el texto de análisis Altoperuano es un preámbulo a una declaratoria de independencia, mientras que la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano tiene un objetivo distinto; aquel de enunciar los derechos que los revolucionarios franceses reconocen a todo hombre que vive en la tierra.

Entonces, por una parte, el objetivo es diferente: Proclamar su independencia para el Alto Perú, problema que no confronta Francia, y por otra parte la perspectiva filosófica es igualmente distinta, nacionalista para el Alto Perú y universalista para la Declaración de los Derechos Humanos y del Ciudadano, de 1789.La presentación material del texto, dividida en artículos y muy estructurada en el caso francés y más narrativa, con mucho énfasis, en el caso altoperuano. En cuanto concierne el fondo, acentúan las diferencias anteriormente enumeradas. De este punto de vista, se puede notar que el parecido es más grande entre el texto altoperuano y la Declaración de Independencia de Norteamérica, del 4 de julio de 1776, en ambos casos, efectivamente, la situación es similar, puesto que los redactores de los dos textos representan las colonias de los Estados europeos (Inglaterra y España), que dejan de ser explotadas y dominadas, deseando tomar su destino en manos propias y liberarse de ese yugo para ser independientes.Los dos textos presentan grandes parecidos, tanto en el fondo como en la forma, y es seguro que los redactores de la Declaración de Independencia del Alto Perú, tuvieron entre las manos el texto norteamericano, del cual se inspiraron ampliamente.

En la forma, ninguno de los dos textos adopta la división por artículos que figura en la declaración francesa de 1789. El estilo es narrativo, seguido y ligado: se puede notar simplemente que el texto norteamericano es más conciso (aquí se debe tener en cuenta una vez más, en los caracteres propios de los idiomas, tan opuestos que son el inglés y el castellano).En cuanto al fondo, aparecen grandes convergencias entre los dos textos: en particular, el deseo de justificarse hacia el resto del mundo, el levantamiento armado que los llevó a la declaratoria de independencia. De hecho, se trata de demostrar a todos los demás pueblos que podrían, a primera vista, desaprobar tales actos,… «Cuando, pues, nos llega la vez de declarar nuestra independencia de España, y decretar nuestro futuro destino de un modo decoroso, legal y solemne, creemos llenar nuestro deber de respeto a las naciones extranjeras, y de información consiguiente de las razones poderosas, y justos fundamentos impulsores de nuestra conducta; reproduciendo cuanto han publicado los manifiestos de los otros Estados de América con respecto a la crueldad, injusticia, opresión y ninguna protección con que han sido tratados por el Gobierno Español».

En un primer tiempo se debía justificar en el plan moral y de derecho, el levantamiento armado que intervino. Hay que recordar, en efecto, que en esa época, se admitía de manera natural que hubiesen guerras de conquista, de colonización, y que ciertos países se encontrasen bajo la autoridad de “potencias superiores” que pudieran explotarlas y gobernarlas por el derecho que ellas detenían sobre las colonias sometidas. Derecho fundado del resultado victorioso de los conflictos o de la primicia del descubrimiento, el caso de las colonias del Nuevo Mundo. Los pasos siguientes en el Preámbulo de la declaratoria de Alto Perú, constituyen una descripción larga y minuciosa de “los sufrimientos”, “suplicios atroces”, “imposiciones”, “exacciones arbitrarias e inhumanasde parte de un sistema inquisitorial, atroz, salvaje” de la España colonial.Cuando se trata de describir la actitud de los revolucionarios, al contrario, se evoca en el texto altoperuano, el deseo de libertad, el respeto a las leyes y al derecho, pero esto expresa igualmente su respeto por la ley – fuente de felicidad para el pueblo- si la ley es buena. Este sentimiento esta igualmente presente en la declaratoria del los Derechos Humanos de 1789 (por ejemplo: los artículos 4, 5 y 6 principalmente).

Se puede citar las fuentes exactas de algunos pasajes del texto altoperuano. La evocación “del deber de la Santa insurrección” parece haber sido extraído del artículo 35 de la Constitución francesa del 24 de junio de 1793: “Cuando el Gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo y para cada parte del pueblo, el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes”. La búsqueda de la felicidad gracias a un buen gobierno es el objetivo declarado de los redactores franceses de 1789 y altoperuanos de 1825. El texto francés quiere codificar los derechos del ciudadano, con el fin de que las reclamaciones de los ciudadanos sean fundamentales bajo principios al mantenimiento de la constitución y a la felicidad de todos; “decidir de lo que mejor conduzca a nuestra felicidad y gobierno”, es el objetivo de los redactores altoperuanos.

Finalmente, como signo de estilo de la época, los tres textos toman a Dios, como testigo de sus actos bien constituidos: «El Ser Supremo», para el texto francés; “El Juez Supremo”, para el texto norteamericano; y “El Gran Padre del Universo”, para el texto altoperuano. No hacen más que uno y sirve para el mismo propósito; hacer intervenir, en favor de los revolucionarios, la Justicia divina.A pesar de la influencia del texto francés sobre el altoperuano, es notable la ausencia de dos principios fundamentales en el segundo texto: “la Fraternidad” y sobre todo “la Igualdad”. Esto se explica por la composición “multiracial” o más propiamente dicho “multiétnica” de la sociedad altoperuana, y por el rechazo absoluto de los criollos, en reconocer a sus vecinos mestizos y sobre todo indígenas y negros como sus similares o como sus hermanos.No hay que olvidar, la organización social y étnica muy estructurada que existía desde hace varios siglos en las colonias y que habían modelado las mentalidades. Los criollos se consideraban superiores a los mestizos y éstos a su vez se consideraban superiores a los indígenas y a los negros.

Este criterio estaba generalizado en la época, puesto que los mismos revolucionarios franceses no decidieron la abolición de la esclavitud en sus colonias. A pesar de la Declaración de los Derechos Humanos y del Ciudadano de 1789, durante el periodo napoleónico, se redacto “un código para los negros”. Prueba máxima que todos los hombres no eran libres, ni tenían igualdad en derecho, ni tampoco eran protegidos por las leyes que amparaban a los blancos. La abolición de la esclavitud en Francia se decidió muchísimo más tarde, mediante el decreto de Victor Shoëlcher, el 27 de abril de 1848. Igualmente fue necesaria una guerra civil y se debió esperar hasta 1865, en los Estados Unidos de Norteamérica, para abolir la esclavitud.Como ya lo señalamos anteriormente, el principio de “la Igualdad”, muy importante en los principales movimientos revolucionarios de la época, pero, lastimosamente, quedó ausente en el texto altoperuano y en el vocabulario político de la República de Bolivia. A fines del siglo XIX podía leerse en un periódico de la ciudad de La Paz, lo siguiente: El pongo (indígena, trabajador agrícola en una hacienda) “Es el ser más parecido al hombre, es casi una persona, pero hace raramente oficio, en general, es una cosa, el pongo camina sobre dos pies porque no se le ordenó caminar a cuatro patas; habla, rie, come, sobre todo obedece, y no estoy seguro que piensa… Pongo es sinónimo de obediencia, es el más activo, el más miserable, el más sucio y el más glotón de todos los animales de la creación…”.

Conclusión

De este análisis podemos sacar las siguientes conclusiones: La historia oficial se identifica y se reclama de la influencia de los filósofos franceses y de la Revolución francesa en la Independencia del Alto Perú; sin embargo, hemos podido constatar la ausencia de los principios fundamentales de la Revolución Francesa de 1789-1799, tales como la «Igualdad» y la «Fraternidad» (una sola mención en la Declaración de 1825). Esto se debe a la utilización que tenía el Estado y sus instituciones elitistas y conservadoras, antes del 2006, de los acontecimientos del pasado. Estos deben servir exclusivamente a reforzar la tesis del criollismo nacionalista boliviano. La recuperación arbitraria de la historia e incluso de la prehistoria de los primeros habitantes de la región y de las civilizaciones indígenas, tiene por única finalidad exaltar el pasado de la República de Bolivar de 1825.

En efecto, la idealización y la mistificación del pasado precolonial en la historia oficial es completamente contradictoria con relación a la actitud despreciativa hacia los descendientes de las comunidades indígenas de esas grandes civilizaciones: “Los antepasados Quechuas y Aymaras son legendarios y los Quechuas y Aymaras de la nueva República de Bolivar son los parias (pongos)».La revolución criolla de la Independencia se transformó en una revolución nacionalista de corte elitista, con el único objetivo de salvaguardar los intereses económico-políticos regionales de los criollos. Esta tesis era contraria a toda idea de federación o confederación. Podemos decir que el nacionalismo boliviano nació con la independencia del Alto Perú de 1809-1825.

En el interés que tenían los criollos de precipitar la Independencia nacional, cometieron una serie de graves errores que costaron muy caro a las futuras generaciones. Los problemas de fronteras por ejemplo. La presentación geográfica de la nueva república, que los redactores declaran en el acta de nacimiento de 1825, es tan abstracta y grotesca «les mostraremos un territorio con más de trescientas leguas de extensión de norte a sur y casi otras tantas de este a oeste», que causaron varios conflictos y guerras con los países vecinos.

Bolivia, hoy en día vive una época de cambios bajo la forma de una “Revolución democrática y cultural”, se encamina a una nueva refundación de país, con una nueva Constitución Política del Estado a través de una Asamblea Constituyente que elaboró y aprobó su texto constitucional, muy difícilmente debido a una oposición minoritaria pero muy conservadora que busca únicamente preservar sus privilegios “de casta señorial”, sus latifundios y sus riquezas acumuladas.

* Doctor en historia y Diplomado en Estudios Profundizados de etnología. Universidad de París VII – Francia.