La Raza Cósmica es el mestizaje latinoamericano. Es la mayor contribución filosófica de América Latina (AL) a la humanidad desde su propia originalidad. Es la matriz de una nueva era civilizadora y esperanza de acabar con guerras fratricidas, razón por la que debería convertirse en el deber ser de los seres humanos. Es la raza síntesis o raza integral, hecha con el genio y la sangre de todos los pueblos.

Es fusión y puente de razas más sólido que todas las razas anteriores. José Vasconcelos, autor del libro “La Raza Cósmica” (1925), llevó a la práctica sus ideas al convocar, en su calidad de Ministro de Educación de México, al primer congreso mundial de estudiantes de 1921, al que asistieron también estudiantes chinos. En la oportunidad, se puntualizó que los latinoamericanos debemos ser tratados como iguales, pero exigiendo el mismo trato para todos los países y culturas. Con relación a los pueblos indígenas, se opinó que el patriotismo que no esté arraigado en Coauthemoc y Atahuallpa carecerá de sostén, pero, al mismo tiempo, es necesario relacionarlo con su fuente hispana. La visión de Raza Cósmica abarca lo económico, ya que las naciones deben disfrutar de sus propias riquezas.

“La Raza Cósmica” se publicó cuando estaban en boga las ideas del Conde de Gabineau, para quien la historia es la lucha entre razas superiores e inferiores. Gobineau, al igual que el también francés Gustavo Le Bon, afirma que peor que las razas inferiores es la mezcla racial, fomentada por la Iglesia Católica, dice, la que supuestamente provoca degeneraciones. Como es obvio, Gobineau es uno de los inspiradores del nazismo. Por tanto, la única esperanza del mundo está en el mestizaje de sangre y de culturas, por lo que debe lucharse contra la exclusión y el avasallamiento del capital financiero, especialmente anglosajón.

Vasconcelos fue parte de la “generación del 900” (precedida por el venezolano Simón Rodríguez y el cubano José Martí), junto al uruguayo José Enrique Rodó, al argentino Manuel Ugarte, al peruano Francisco García Calderón, al mexicano Carlos Pereyra y al venezolano Rufino Blanco Bombona, entre otros, para quienes AL no es un conjunto de naciones, sino una nación deshecha que debemos reconstruir. Así se transita de una visión nacionalista a una latinoamericanista, de las patrias chicas a la Patria Grande, de los Estados desunidos del Sur, a los Estados Unidos del Sur. La “generación del 900” incluyó a Brasil en la nación sudamericana. Por ello Ugarte insiste en que Ibero América pertenece a los iberoamericanos y Rodó anota que todo lo que nos divide es germen de males. Las ideas de Vasconcelos fueron ampliadas en años posteriores por el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, el chileno Felipe Herrera, el argentino Abelardo Ramos, el brasileño Helio Jaguaribe y el uruguayo Alberto Methol Ferré.

Muchos de los conceptos citados forman parte del libro “El Latino americanismo Educativo en la Perspectiva de la Integración Regional” del académico argentino Miguel Angel Barrios (Editorial Biblos, Buenos Aires, 2011), quien propone, dentro de la cosmovisión mestiza, que la educación sea la herramienta de la construcción del Estado continental sudamericano. El libro emerge, dice Barrios, en momentos que se ha iniciado la desoccidentalización del mundo, ya que, después de cinco siglos, la riqueza fluye de EEUU y Europa Occidental a potencias emergentes como Rusia, China, la India y Brasil (el BRIC). En consecuencia, es el momento de educar a fin de elegir correctamente entre el MERCOSUR y los Tratados de Libre Comercio que imponen las potencias y de soñar con la utopía del mestizaje global, previa consolidación de los Estados Continente del Siglo XXI, a fin de frustrar a los ideólogos del imperialismo, como Samuel Huntington, que exigen nuevas guerras entre civilizaciones, al igual que en Irak y Afganistán. En ese contexto, ¿cuál es la contribución de Bolivia a la Patria Grande luego del reconocimiento constitucional a 36 inexistentes naciones indígenas?