(ABI).- El periodista boliviano Luis Eduardo Ted Córdova Claure, uno de los más reputados en la esfera internacional, falleció el martes en Estados Unidos a los 75 años por causas naturales, confirmó a la ABI vía electrónica su hijo Martín Córdova.En el día del periodista boliviano, la muerte emboscó a Córdova 16 años después de sufrir un accidente vásculo cerebral en La Paz, donde dirigió los periódicos Ultima Hora y La Quinta en el primer lustro de la década de los años 90.

Nieto de emigrante británico avecindado en Bolivia en las primeras décadas del siglo XX, Córdova nació en abril de 1936 en el distrito minero de Catavi. En su juventud temprana vivió en propia piel la resistencia minera a los regímenes de facto en Bolivia, de donde partió para estudiar periodismo y economía en la Universidad de Chile, para cuya plantilla de primera división de fútbol jugó a finales de la década de los 50.

Políglota, al final de ese decenio embarcado ya en la aventura de su vida, el periodismo, fundó, junto al periodista argentino Jorge Ricardo Masseti y entre otros al nobel colombiano de literatura, Gabriel García Márquez, la Agencia Prensa Latina, en 1959, para la que trabajó como corresponsal acreditado en Naciones Unidas. En medio, escribió para el diario argentino Opinión, una leyenda en el periodismo de ese país.

Durante su dilatada carrera periodística escribió para El nacional y El Diario de Venezuela, la Semana de Bogotá, y también prestó colaboraciones para Cambio 16, de Madrid y el Excelsior de México. También colaboró con las agencias ANSA, de Italia, e Inter Press Service, de Estados Unidos, además de Asociated Press.

Antes de volver a Bolivia, Córdova pergeñó su primera novela Cita Tierra Coraje, en base de sus remembranzas del andino yacimiento minero de Catavi. También escribió Al filo de la Revolución, Testigo de la Crisis, ¿Chile Si, Chile No?, Adiós al Sibaritismo, España, el Destape y, entre otras, Nuevo Desorden Mundial.

Córdova volvió Bolivia a principios de la década de los años 60 y al amanecer del decenio siguiente colaboró en el equipo de prensa del presidente Juan José Torres hasta el 21 de agosto de 1971, cuando el militar progresista fue derrocado en medio de un cruento golpe de Estado que encabezó su camarada Hugo Banzer.

Con heridas por bala en el cuerpo, Córdova alcanzó, junto a otros bolivianos perseguidos por sus ideas políticas, la Embajada de Venezuela en La Paz, cuyas autoridades le franquearon salida de la entonces convulsa sede del gobierno boliviano.

En Caracas echó raíces y procreó a dos de sus tres hijos, Eduardo, también periodista, y Martín, informático. En la capital venezolana escribió su obra periodística, Testigo de la Crisis, sobre el comienzo de los 7 años del gobierno de mano de hierro de Banzer.

Su gusto por la buena mesa lo puso en el primer trance de su vida, una embolia que en el eclipse de la década de los 70 disparó su propensión a la presión arterial alta. Tras recuperarse por completo de la enfermedad, escribió un libro atípico en un corresponsal de prensa internacional consumado, Adiós al Sibaritismo.

De vuelta otra vez en Bolivia, al principiar los 90, contactado por el empresario minero Mario Mercado Vaca Guzmán, dirigió el matutino Ultima Hora y fundó el vespertino La Quinta, un diario desenfadado que inauguró una nueva era en el periodismo boliviano que nadaba a contracorriente en las aguas de una sociedad pacata.

En La Paz no dejó de editar Orbita VIP, una cartilla de análisis de la política internacional, materia en la que se convirtió en experto. Producto de sus reflexiones resultó su libro El Nuevo Desorden Mundial.

Hacia setiembre de 1995, poco después de fundar la revista Noticias, un ataque de presión arterial lo sorprendió en su casa de Ovejuyo, donde vivía con su esposa irlandesa Mary Boiland e hija Fionna, que este martes le vio morir en Nueva York.

Autor del mito periodístico la ‘Venganza del Che‘, o la suerte trágica que corrieron después del 8 de octubre de 1967 los que dieron muerte y mandaron a matar al comandante rebelde argentino cubano, Córdova no dejó el país sin antes hacer una de las suyas.

En una entrevista al coronel boliviano Mario Vargas Salinas, a mediados de 1995, obtuvo el dato del lugar donde los restos del Che Guevara fueron enterrados furtivamente entre el 9 y 10 de octubre de 1967 en el aeródromo de Vallegrande, sudeste boliviano.

En julio de 1997 antropólogos cubanos y argentinos encontraron, en base de la pista proporcionada por Córdova, la tumba del Che en medio de la pista de aterrizaje y los despojos mortales del ‘guerrillero heroico‘ fueron depositados en el mausoleo cubano de Santa Clara, donde reposan hoy mismo.

En busca de rehabilitación y tierras bajas para contrarrestar la hipertensión que sufría, Córdova se radicó en Carolina del Norte, donde se sometió a una larga fisioterapia y paralelamente se mantuvo activo en la tecla.

Córdova, el periodista boliviano más conocido en la órbita internacional en la segunda mitad del siglo XX se inició en el oficio como periodista deportivo, en las audiciones del programa La Verdad desde la Cancha que, en cabeza del Mario Cucho Vargas, relató una de las mayores epopeyas del deporte boliviano, la conquista de la Copa América de fútbol en 1963.