El modelo de desarrollo en el que nos hemos embarcado, nunca mete la mano al propio bolsillo; cobra la cuenta a sus víctimas; a los recursos naturales; al medio ambiente; a los más empobrecidos que dependen de ellos, para sobrevivir, para alimentarse, para recrearse: Privatiza las ganancias y socializa las pérdidas. Este modelo; esta visión de espaldas a las capacidades de re-producción de los ecosistemas, ya se cobró una víctima en nuestras narices: el río Piraí.

En pleno proceso de “autonomía al andar”, y de “derechos de la madre Tierra” que son hermanos gemelos en su concepción de la tierra únicamente como recurso y no como el espacio de convivencia del que dependemos todos el Piraí se muere; no por muerte natural; y aquí no se deben diluir las responsabilidades.

Hace ya más de una década que la Diputada Betty Tejada Soruco, llegó con su Ley de Piraí -Patrimonio Cultural, como un regalo de 24 de septiembre a los cruceños y cruceñas; a esa iniciativa se plegaron muchos, pero quienes se rasgan las vestiduras esgrimiendo orígenes, purezas raciales y naciones nada hicieron ni desde las instituciones estatales, cívicas o ambientalistas. Actividades de “capacitación”; domesticas; “small y beatifull”, reemplazaron a las políticas y decisiones ambientales que exigían reglamentar y aplicar esa Ley.

Los gobiernos municipales en lo que les compete dejaron abandonado al Piraí; convertido en basurero, en objeto de prebenda política con los áridos; estas graciosas omisiones ya nos cobraron la cuenta: El piraí se muere. El gobierno nacional continúa lejos y no voy a incurrir en la comodidad de no mirarnos a nosotros primero.

El informe de la Contraloría sobre la situación del Piraí, quizá pase desapercibido para muchos; otros haremos nuestro mea culpa generacional. Sin embargo dice más sobre este modelo de desarrollo extractivista-minero que se está imponiendo en Santa Cruz; un modelo al que solo le interesa extraer para luego abandonar campamentos sin vida; de ello teníamos que habernos alejado; de ese estañado poder que adeuda toda la pobreza de las regiones en las que ocurrió.

Será catastrófico para los cruceños no detenernos ante la enorme seriedad que conlleva la auditoría ambiental de la Contraloría. Será irreversible la pérdida de esta cuenca y de muchas otras si los llamados por ley a proteger continúan invirtiendo millones, en estudios, diagnósticos e informes que ya se habían realizado, desde el primer desastre que cobró una millonaria (si queremos ser economicistas) mortandad de peces en los 90. Entonces se les dio cinco años a las empresas contaminantes para que se adecuen a la ley 1333. Ninguna lo ha hecho.

Con un mínimo de responsabilidad las “autoridades” de todos los niveles debieran declarar pausa ecológica en toda la cuenca del río Piraí. El Píraí se está secando, además de sus altos niveles de contaminación, y no le sirven nuestras serenatas ni nuestros arrebatos de amor.