La justicia norteamericana ha demostrado que su fortaleza institucional no es tal, al comprobarse estos días su grado de vulnerabilidad ante las influencias políticas, hecho evidenciado con la absolución de uno de los terroristas más peligrosos como lo es Luis Posada Carriles. El premio a la impunidad de este autor de crímenes de lesa humanidad, confirma una vez más la regla de oro en sentido de que, el interés político siempre estará por encima de la justicia y los derechos humanos.

Probablemente las nuevas generaciones no estén enteradas del prontuario que caracteriza a este criminal, por cuyos delitos paradójicamente estásiendo merecedor de la protección más grosera en el país del norte. Es necesario recordar que aquel Agente de la CIA en las décadas 60 y 70, fue también parte de los órganos de represión de las dictaduras latinoamericanas que actuaron coordinadamente a través del Plan Cóndor, para atentar contra los pueblos en Latinoamérica, incurrió en genocidio al provocar la explosión de un avión civil cubano el 6 de octubre de 1976, ocasionando la muerte de 73 personas inocentes, crimen por el que cumplía determinada condena penal en una cárcel venezolana, evadiéndose de la misma en 1885.

También deben saber que fue quien atentó contra la vida de gente inocente al provocar explosiones en una cadena de hoteles en la Habana, en septiembre de 1997, todo en el afán de atentar intereses del pueblo cubano. Una familia italiana continúa llorando por el asesinato de su ser querido Fabio Di Celmo, hecho que aún está impune. El pedido de extradición del estado venezolano fue inexplicablemente denegado.

Sin embargo de los antecedentes que caracterizan a esta especie de criminal “Lombrosiano”, su condición de delincuente privilegiado hizo que la jueza Kathleen Cardone, en lugar de procesarlo por los delitos de lesa humanidad que cometió ocasionando luto y dolor en muchas familias latinoamericanas, promueva un juicio de mínima cuantía por fraude migratorio, llegándose al extremo de que el Jurado integrado por doce personas oriundas de la ciudad de El Paso, Estado de Texas, este 8 de abril, lo absuelva de pena y culpa, incluso de esos delitos menores.

Dicho acontecimiento constituye el fiel testimonio de la intención obsesiva de otorgarle carta de ciudadanía a un personaje que por la dimensión de sus crímenes y por la posibilidad latente de continuar actuando contra la vida y seguridad de muchas personas en el continente americano, debería estar purgando mínimamente una cadena perpetua.

Una vez más se impusieron la impunidad y la injusticia, el interés político de premiar a determinados criminales que para algunas instancias de poder les son útiles y necesarios, por consiguiente se les tiene que otorgar una especie de estatus o privilegio en relación a los demás. Hoy, Posada Carriles estálibre de pena y culpa, puede pasearse por las calles del país donde sistemáticamente se lo protege, como acontece con otros genocidas privilegiados, Orlando Boch por ejemplo, indultado en 1990 por el entonces Presidente Buch, no obstante ser el coautor del sabotaje a una aeronave antillana en las costas de Barbados o, el caso del ex presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada y su Ministro Carlos Sánchez Berzaín, perseguidos por la justicia debido a la masacre ordenada de más de 60 ciudadanos y centenares de heridos en la ciudad de El Alto, en octubre de 2003.

Por rara coincidencia, todos ellos encontraron el lugar perfecto para evitar su sanción penal y encontrar protección a sus fechorías. Sin embargo, de algo estoy seguro, el pueblo norteamericano, no está de acuerdo con los mecanismos de impunidad que promueven sus autoridades políticas o judiciales, es hora de que éstas actúen en aras del respeto a los derechos humanos y el pedido de justicia de las víctimas de crímenes de lesa humanidad.

* Ex defensor del Pueblo.