En Bolivia existen varias vacas sagradas, entre ellas las universidades públicas, cajas de seguro y policía. Si la calidad de las universidades públicas fuera buena, nadie querría fiscalizarlas y la autonomía universitaria, imprescindible para el funcionamiento de una enseñanza sin injerencias políticas, seguiría sin discusiones. Pero ellas son deficientes al extremo en casi todo.

La U de San Simón se vanaglorió públicamente de figurar como la primera de Bolivia ocupando el 2.473 lugar en el “Ranking Mundial de Universidades en la Web”, equivalente al 1ero en Bolivia. El aspecto positivo de esto es que quiere competir con las demás. Pero su calidad es tan baja, que al final por ser la mejor entre las mediocres se enorgullece. Aunque el problema no es únicamente de las universidades, sino de sus alumnos más interesados en lograr sus diplomas a como dé lugar, para acceder a empleos públicos donde no evalúan la calidad del formado y menos la de las universidades de la que sale.

Igual la Policía Boliviana con 21.902 miembros, a un costo superior a USD 92 millones más USD 20 millones que recauda en identificación (en lo que más mas se desprestigia), Policía Técnica, Tránsito y alquilando batallones de Seguridad Física, lo que permite a unos pocos mayor seguridad, actúa casi sin fiscalización. En varios casos, no ejerce su autoridad y no es eficiente en el combate a los contrabandistas, narcotraficantes y cuanto enemigo público existe, porque argumenta no contar con los medios para enfrentarlos. Eso sí, la Policía Boliviana tiene ojos y oídos en todas partes, pues sus miembros están pegados a todas las autoridades principales. Saben a toda hora dónde se encuentran y que están haciendo para informar a sus superiores. Les conocen sus vicios privados.

En pasado artículo señalé que durante el apogeo del movimientismo los busca ventajitas petroleros, universitarios, funcionarios de Caminos, de la CBF, bancarios quebraron el principio de unidad de gestión con las Cajas Delegadas, aspecto técnico que debió funcionar conjuntamente con la universalidad, integralidad e igualdad del Código de Seguridad Social de 1954, importante continuación de la Ley Gral. del Trabajo de 1939 y Ley del Seguro Social General Obligado de Riesgos Profesionales. Desde que existen estas Cajas Delegadas unos cuantos sindicalistas son sus dueños eternos, manipulando elecciones en sus sindicatos para que salgan elegidos aquellos que deberán nominarlos como directores de las mismas y controlando citas (perversión de la demanda), con la aprobación de los patrones de sus sectores del esquema vigente. El argumento es que la Caja Nacional de Salud no funciona bien. Sin embargo, si los esfuerzos fueran volcados al retorno del principio de unidad de gestión y todos los privilegiados participarán en la administración de una sola Caja de Salud, la población entera gozaría de mejores servicios.

¿Quién pone en vereda a estas Vacas Sagradas?