Asunción, (PL).- La memoria nunca olvidada de sus pueblos, y el sufrimiento de los más de 500 años de infatigables luchas y demandas, resumieron los dos días de debate del II Encuentro de la Nación Guaraní. Un valle sagrado, vigilado por el escarpado cerro Guasu (grande), en la localidad Pa‘ Tavyterâ, de la comunidad JaguatÄ©, departamento de Amambay, acogió del 24 al 26 de marzo a más mil 200 indígenas guaraníes de Argentina, Brasil, Bolivia y Paraguay.

Esta última nación fue escogida para este cónclave el año pasado por los ministros de Cultura del Mercado Común del Sur (Mercosur), al constituir un territorio ancestral con marcada presencia de la nación guaraní.

En este pequeño país suramericano, de sólo 406 mil 752 kilómetros cuadrados, confluyen las etnias que forman parte de la familia lingüística guaraní: Mbya, Aché, Ava Guaraní, PaÄ© Tavyterâ, Guaraní Ñandéva y Guaraní Occidental.

Estos grupos comparten territorios de los cuatro países mencionados de la Gran Nación Guaraní, a los cuales se unieron para el evento la comunidad no guaraní Maka y otras de los territorios afectados.

Estudios realizados por historiadores y antropólogos aseguran que los ancestros de los Paî Tavyterâ fueron los primeros en ocupar las selvas de las regiones de Amambay, lo cual de antemano convierte a esa nación guaraní en una de las más antiguas no sólo de Paraguay, sino también del Cono Sur, con una historia de más de seis mil años.

Ataviados unos con sus ropas y adornos tradicionales, y otros con atuendos de la era moderna, asistieron a la cita mburuvicha (jefe militar) chamanes, curanderos, caciques, y toda la masa tribal incluidos los jarýi y tamói (adultos mayores), madres y padres de familia con sus niños y jóvenes.

Para este encuentro, el cual se entrecruzó con los cuatro ejes fundamentales para las celebraciones de los 200 años de independencia de Paraguay, que se conmemorará el 14 y 15 de mayo, se construyeron ocho oguasu (casas tradiciones).

Tales viviendas ancestrales guaraníes, únicas de su tipo en el mundo, fueron diseñadas y edificadas por los originarios, y quedarán como centros cívicos culturales para la realización de ritos, ceremonias y campañas educativas y salud, según la Secretaría de Cultura.

Mucho que recuperar y reivindicar

El II Encuentro de la Nación Guaraní se enmarcó en el programa conmemorativo del Bicentenario de la Independencia y en el vigésimo aniversario del Tratado de Asunción, celebrado el pasado 26 de marzo, el cual dio origen al Mercosur.

Para conmemorar ese acontecimiento de dos siglos, Paraguay diseñó cuatro ejes vinculados al patrimonio y cultura tradicional, construcción de ciudadanía, memoria y proyecto, y constitución de colectivos y diálogos interétnicos a nivel regional.

Un gran salón típico, construido a la usanza tradicional, sirvió de escenario para el debate, la determinación de conceptos sobre derecho consuetudinario y derechos humanos, no tangibles a la esencia de la vida pero inherentes a esos pueblos originarios.

Otros temas fueron la exigencia al Estado de políticas de respeto a sus culturas, la titulación y devolución de tierras legítimamente correspondientes a esos pueblos, la preservación del ecosistema que forma parte del hábitat de sus territorios.

Entre las intervenciones, Catalino Sosa llamó a todos los pueblos a unirse para defender los derechos legítimos de los indígenas, y recordó tiempos de posesión y robo de sus tierras por parte de los menonitas en el departamento de Caaguazú, en el centro del país.

María Luisa Duarte, del pueblo Aché, recordó que en un momento de la historia los guaraníes gobernaron “estas tierras, y ese poder debe ser recuperado”, mientras Ángel Vera, líder del Consejo Guaraní de Paraguay, subrayó cómo estos pueblos originarios tienen mucho todavía que recuperar y reivindicar.

Un participante de la comunidad Mbya manifestó que la territorialidad de la tierra no implica “necesariamente recuperar su titularidad, sino salvaguardar los espacios” donde desarrollan sus vidas esos pueblos.

Eso, dijo, es el paso previo al fortalecimiento de la autonomía y soberanía como pueblos. En declaraciones a Prensa Latina, la indígena paraguaya Alba Duarte expresó que su mayor deseo es que queden instalados todos los programas, la visión del originario y su pensamiento, porque una vez concluido (el encuentro) “se olvidan”.

Existe gran desconocimiento en la comunidad nacional sobre los derechos de los pueblos originarios -subrayó-, “por eso hay mucho avasallamiento, choques culturales; pero nosotros buscamos construir un camino para todos, de cultura conjunta”, acotó.

“Muchas cosas están pasando en mi país con mi gente, añadió, niños, niñas y adolescentes están sufriendo, hay migración por las presiones de los grandes latifundistas y terratenientes, quienes buscan desarrollo, pero nosotros estamos cada día más empobrecidos”.

Declaración final

Luego de dos jornadas de debate, el Consejo Continental de la Nación Guaraní aprobó una declaración final. En uno de sus considerando señala que los diferentes gobiernos de países en cuyos territorios están asentadas las comunidades guaraníes no cumplen con leyes, tratados y convenciones internacionales sobre la protección de los pueblos originarios.

El texto, el cual sufrió adiciones y modificaciones en la reunión plenaria final, puntualiza que la identidad, el pensamiento y la espiritualidad Guaraní constituyen la base de su milenaria cultura, de ahí que se demandara el “derecho colectivo a decidir cómo vivir y desarrollarse”.

Asimismo, señala que se cree en la unidad inseparable de la naturaleza y el ser humano, quien protegió siempre su entorno y creyó con respeto en los elementos fuego, aire, tierra y agua como generadores de vida.

La declaración final exige el fin de la criminalización de la lucha de los pueblos originarios y el cese de la persecución y muerte de “nuestros hermanos y líderes”. Además, el cumplimiento de las leyes sobre protección ambiental, con mayor rigor en los casos

de cultivos con usos de agrotóxicos que destruyen comunidades, envenenan los cursos de agua y la tierra, destruyen la biodiversidad, en especial la vida humana.

En otra de sus partes, plantea no considerar el Bicentenario de la independencia de Paraguay como aniversario para celebrar “porque para nuestros pueblos solo fueron 200 años de despojo, discriminación, humillación, avasallamiento, persecución, saqueo y muerte”.

Los delegados resolvieron en su documento final que la Nación Guaraní no formará parte de la estructura del Mercado Común del Sur ya que se abocará al fortalecimiento de sus organizaciones de base y al Consejo Continental.

Manifestaron, igualmente, su solidaridad con todos los pueblos originarios hermanos que defienden su tierra, identidad y cultura.

De la misma manera, demandaron juicio de responsabilidad penal y civil a quienes atenten contra la vida de guaraníes en cualquiera de los países que cuentan con esa etnia.

El plenario discutió la propuesta inicial del I Encuentro, de crear una instancia a nivel del Mercosur y decidió por ahora no dar curso a la proposición.

Paralelo al II Encuentro de la Nación Guaraní, niños y jóvenes paraguayos celebraron un Congreso y reclamaron al Estado su existencia como pueblos originarios.

Los pequeños delegados guaraníes debatieron sobre los principales ejes temáticos de la reunión de mayores.

En su declaración final, definieron el territorio como la esencia de vivir de cada pueblo, denunciaron la deforestación masiva de los bosques, la destrucción de la tierra a causa de los cultivos extensivos de soja y la ocupación de grandes extensiones.

“Exigimos respeto a nuestra forma de vivir, a nuestra cultura dentro y fuera del país y el cumplimiento de los tratados y derechos como Nación Guaraní”, señalaron.

Respeto y dignidad

Si bien durante el mayor tiempo del encuentro los indígenas estuvieron reunidos, no faltó un solo instante en que su maravilloso acervo cultural estuviera presente ya fuera en ceremonias religiosas, música, cantos y danzas.

En una noche muy singular, que duró para algunos hasta el alba, los diferentes pueblos se reunieron y danzaron.

Un espectáculo atractivo presentó el pueblo Mbya con una danza a ritmo de mbaraka (guitarra), ravé (violín indígena) y los takua (instrumento de bambú).

Estos instrumentos, manipulados por expertas manos de niñas y jóvenes, dejaban escapar sonoridades alegres y melancólicas, a las cuales respondían los bailadores con ritmos cadenciosos de pies y manos, y danzas en forma de círculo, mientras en los alrededores los tahachi (vigilantes) protegían el ruedo.

Los PaÄ© Tavyterâ trabajan en pos de sus hijos, para mantener los buenos modales, la preservación de la cultura, la defensa de sus costumbres y tradiciones, labor ésta que cumplen los jaryi (abuelos).

El presidente paraguayo, Fernando Lugo, y el vicepresidente boliviano, Álvaro García, entre otras autoridades clausuraron el cónclave.

Más allá de los justos e históricos reclamos recogidos en la declaración final, leída ante los invitados, el boliviano indígena Celso Fariñas sintetizó en pocas palabras el sentir de sus “hermanos” al decir que “queremos ser partícipes de la construcción de los Estados”.

García, por su parte, mencionó las intensas luchas de los originarios de su pueblo y aseguró que la clave de éstas resulta la unidad; la división es la derrota, acotó.

Son tiempos de pueblos indígenas en el continente, subrayó, y expresó que los guaraníes darán mucho de qué hablar en el siglo XXI.

Expresó su profundo “sentimiento de respeto y dignidad a los pueblos de la Nación Guaraní que resistieron siempre, resisten y seguirán resistiendo todos los vejámenes, persecuciones y migraciones de los cuales fueron objetos”.

* El autor es corresponsal de Prensa Latina en Paraguay.