(Prensa Latina).- La mayor tormenta solar detectada en los últimos cinco años tuvo lugar en febrero. Clasificada como clase X, produjo espectaculares auroras boreales y algunas afectaciones a sistemas de comunicaciones, pero sus efectos se limitaron casi exclusivamente a latitudes muy al norte del Planeta. Millones de toneladas de partículas de plasma salieron del Sol en dirección a la Tierra a una velocidad de 900 kilómetros por hora, sin que hubiera que lamentar consecuencias.

Expertos de la NASA detectaron una nueva llamarada solar, cuya clasificación aún está por determinar, pero pudo ser lo suficientemente potente como para provocar una tormenta geomagnética, informó el sitio Spaceweather.com.

A principios de marzo, el sol emitió una corriente de viento que provocó auroras boreales visibles en Irlanda del Norte, Letonia, Noruega y Suecia, aunque en esta oportunidad no fue tan intensa como la del 14 de febrero último, indicaron los especialistas. Explicaron sobre la posibilidad de que hechos como este se repitan – más de mil en los próximos meses- debido a que el sol inició un ciclo de actividad.

Conocida como la tormenta de San Valentín, la del pasado 14 de febrero fue la mayor detectada en los últimos cinco años. Clasificada clase X, produjo espectaculares auroras boreales y afectaciones a sistemas de comunicaciones, pero sus efectos se limitaron casi exclusivamente a latitudes muy al norte del planeta.

El observatorio solar de la NASA SDO, detectó un intenso flash de radiación ultravioleta en mitad de la superficie del sol, en tanto, los instrumentos del satélite SOHO, dedicado también al estudio del astro, confirmaron que la explosión había producido una eyección de masa coronal muy rápida, y no brillante en exceso.

Se podría pensar que estábamos bien protegidos. Pero resulta que los campos magnéticos estaban alineados en paralelo, por eso no ocurrió un mal mayor. Si no, las cosas habrían sido muy diferentes, aseguró Juha-Pekka Luntama, de la Agencia Espacial Europea (ESA).

De acuerdo con un informe divulgado en el sitio Spaceweather.com, mediante el observatorio solar de la NASA SDO, los investigadores detectaron un intenso flash de radiación ultravioleta en mitad de la superficie del astro rey. Por su parte, los instrumentos del satélite SOHO, dedicado también al estudio de esa estrella, confirmaron que la explosión había producido una eyección de masa coronal muy rápida, aunque no brillante en exceso.

A su vez, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) informó de tres eyecciones de masa coronal que avanzaban hacia la Tierra como resultado de la tormenta ocurrida a unos 150 millones de kilómetros de distancia. Y aunque poco pasó y muchos no nos dimos cuenta, los especialistas están bien atentos, ya que un fenómeno violento de este tipo debe tener lugar para 2012 ó 2013, dañando los sistemas energéticos y de comunicaciones.

Apenas si estamos al comienzo del actual ciclo solar y se espera que la actividad del Sol se haga más intensa en lo adelante, sin que a pesar de las numerosas investigaciones en curso se puedan prevenir cada una de estas erupciones, pues la mayoría surgen sin mayores avisos, indican. Sin embargo, una tormenta solar lo suficientemente fuerte, en efecto, desestabilizaría, incluso de forma catastrófica, una buena parte de la tecnología global.

El mundo moderno depende en exceso de la red satelital, de telecomunicaciones, aparatos electrónicos de todo tipo, tecnologías todas muy vulnerables a variaciones espaciales, manifestaron investigadores durante la reunión de la Sociedad Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS), de satélites.

Hasta el momento la tormenta solar más severa registrada en la historia ocurrió en 1859, y se lo conoce como la fulguración de Carrington, o el evento Carrington. La misma causó fallas electromagnéticas a lo largo de todo el mundo, y aparecieron auroras en latitudes tan extrañas como el Ecuador.