Tras los latinoamericanos, los árabes, y mañana, ¿los africanos? ¿Por qué Washington y París han tenido que dar marcha atrás en Túnez y en Egipto? ¿Cómo van a intentar salvar lo sustancial del sistema neocolonial? ¿Qué papel debe jugar la gente para que el mundo sufra una transformación real?

Durante mucho tiempo parecía que el sistema era invencible. Los EEUU podían, a su antojo y bajo los pretextos más absurdos, violar la carta de las Naciones Unidas, aplicar crueles embargos, bombardear y ocupar países, asesinar a jefes de estado, provocar guerras civiles, financiar a terroristas, organizar golpes de estado, armar a Israel para sus agresiones…

Perecía que podían permitirse cualquier cosa y dominaba el pesimismo.¿Cuántas veces he oído: «Son demasiado fuertes. ¡cómo acabar con estos regímenes árabes corruptos y cómplices de Israel!». La respuesta ha venido deabajo: los pueblos son más fuertes que los tiranos.

Pero se siente que el combate no ha acabado eliminando a Ben Ali y a Mubarak. El combate no ha hecho más que empezar. Para conseguir cambios reales habrá que neutralizar a los que mueven los hilos detrás del escenario. De aquí la importancia decisiva de un examen profundo de los mecanismos del sistema que fabrica a estos tiranos, los protege y, cuando es necesario, los reemplaza.¿Por qué se debilita este imperio y cómo va a intentar perdurar cueste lo que cueste?

Ningún imperio es eterno

Ningún imperio es eterno. Tarde o temprano, la arrogancia de los crímenes provoca una resistencia general. Tarde o temprano, el coste del «mantenimiento del orden» supera los beneficios económicos que las guerras aportan a las multinacionales. Tarde o temprano, las inversiones en lo militar son necesarias para el resto de sectores que van perdiendo la competición internacional.

Y los EEUU no son ajenos a esta regla. La tasa de beneficio de las multinacionales es decreciente desde 1965, y las burbujas de deuda y de especulación no hacen más que agravar y aplazar el problema. El porcentaje de economía mundial de estas multinacionales ha pasado del 50% en 1945 al 30% en los años 60, al 20% hoy y pasará al 10% dentro de unos diez años. Y ningún ejército puede ser más fuerte que su economía. Los EEUU son así cada vez menos capaces de ejercer depolicía del planeta. Hoy en día, el mundo se convierte en un organismo «multipolar»: otro equilibrio se instala entre EEUU, Europa, Rusia y sobre todo con los grandes países del sur. Particularmente China, que ha demostrado que ser independiente es la mejor forma de progresar. EEUU y Europa no pueden seguir imponiendo sus voluntades como antes. Su neocolonialismo podría morir pronto.

De hecho, esta caída de los EEUU es cada vez más visible desde hace 10 años… En el año 2000 explota la burbuja internet. En 2002 el pueblo venezolano aborta el golpe de estado made in USA y Hugo Chávez acomete una serie de reformas sociales que movilizarán la resistencia en el conjunto de América Latina. En 2003 la máquina de guerra de Bush se introduce en las marañas de Irak y Afghanistan. En 2006 Israel fracasa en el Líbano y en 2009 en Gaza. Las derrotas se acumulan.

Después de latinoamérica, los árabes. Y mañana,¿los africanos?

La maravillosa revuelta de tunecinos y egipcios ha hecho milagros: ahora se escucha a los EEUU alabar la «transición democrática» mientras, durante décadas, ¡han suministrado a los tiranos carros de combate, ametralladoras y seminarios de formación sobre tortura! Igual que Francia. Y esta revuelta sume en la angustia a los estrategas del imperio estadounidense, del pequeño imperio francés y de sus protegidos israelíes.¡Gracias al mundo árabe!

Cuál es la causa de esta angustia:¿cómo se puede cambiar un poco para que no cambie lo esencial? ¿Cómo se puede mantener la dominación sobre el petróleo de Oriente Medio, sobre las materias primas y sobre las economías en general?¿Cómo hacer que África no decida también liberarse?

Pero hay que ir al fondo de las cosas. Estar contentos por los primeros pasos no puede esconder el camino que queda por recorrer. Ben Ali no es el único de ha saqueado Túnez, sino toda una casta de aprovechados, tunecinos, pero sobre todo extranjeros. Mubarak no es el único que ha saqueado Egipto, es también todo un régimen en torno a él. Y detrás de este régimen están los EEUU. Lo importante no es la marioneta sino elque mueve los hilos. Washington, también París, están buscando la forma de reemplazar las marionetas usadas por otras más presentables.

No hay verdadera democracia sin justicia social

La pregunta a la que los tunecinos, los Egipcios y los demás desean responder no es: «¿Quién es el próximo dirigente que nos hará de promesas que luego no cumplirá, antes de agredirnos igual que antes? Su pregunta es más bien: «¿Tendré un verdadero trabajo con verdadero salario y una vida digna para mi familia?¿o sólo tendré una patera que se hundirá en el mediterráneo o en una prisión europea para sin papeles?

No hace mucho que América latina vivíala misma pobreza y la misma falta de esperanza. Los enormes beneficios del petróleo, del gas y de otras materias primas iban a parar a las cajas fuertes de Exxon y Shell mientras que un latinoamericano de cada dos vivía bajo el umbral de la pobreza y sin poder pagar a sus hijos ni una escuela ni un médico. Todo ha empezado a cambiar en 2002 cuando Hugo Chávez nacionalizó el petróleo, modificó los contratos con las multinacionales, exigió que pagaran impuestos y que los beneficios fueran distribuidos. Al año siguiente, 11 400 millones llegaron a las arcas del estado (durante20 años la cifra era cero) y permitieron poner en marcha los programas sociales, el sistema sanitario, la enseñanza para todos, el salario mínimo pasaba al doble, ayudas a las cooperativas y a las pequeñas empresas creadoras de empleos.

En Bolivia Evo ha hecho lo mismo. Y cunde el ejemplo.¿Llegará al Mediterráneo y a Oriente Medio? Para cuándo un Chávez o un Evo árabe?La valentía de las masas que hacen la revuelta merece una organización y un líder honesto y decidido a llegar hasta el final.

Una verdadera democracia es imposible sin justicia social. De hecho los dos problemas están estrechamente ligados. Nadie instala una dictadura por el gusto de hacerlo ni por perversión. Siempre se hace para mantener los privilegios de una pequeña capa de población que acapara las riquezas. Los dictadores son empleados de las multinacionales.

¿Quién no quiere la democracia bajo ningún concepto?

Frente a la cólera de los Tunecinos,¿cuál es el «hombre nuevo» que ha propuesto Washington?: ¡El primer ministro del antiguo dictador! Frente al deseo de cambio de los egipcios,¿A quién han intentado poner en el puesto?: ¡Al antiguo jefe del ejercito, creación de la CIA!

Hace cinco años, elantiguo ministro francés de asuntos exteriores, Védrine, se atrevió a declarar que los pueblos árabes no estaban maduros para la democracia. Esta teoría sigue dominando entre una élite francesa que practica de una forma más o menos abierta el racismo anti árabe y la islamofobia.

En realidad, la que no está madura para la democracia es Francia. Es Francia la que masacró a los tunecinos en 1937 y 1952 y a los marroquíes en 1945. Es Francia la que hizo una larga y sangrienta guerra para impedir a los argelinos el ejercicio de su soberanía. Es Francia la que, por la boca de un presidente negacionista, se niega a reconocer los crímenes y a pagar las deudas a Arabes y Africanos. Es Francia la que ha protegido a Ben Ali hasta la entrada del avión que se lo llevó. Es Francia la que impone y mantiene a los peores tiranos en toda Africa.

El racismo anti musulman que se vive hoy en día permite matar dos pájaros de un tiro. Primero: en Europa se divide a los trabajadores según su origen (un tercio de los trabajadores belgas o franceses son de origen inmigrante reciente) y mientras se fantasea sobre el burka, los patronos atacan alegremente a los salarios, las condiciones de trabajo y las pensiones de todos los trabajadores, los que llevan velo y los que no. Segundo: en lo que toca a los países árabes, la islamofobia permite ignorar los asuntos que molestan. En vez de preguntar «¿quién les ha impuesto sus dictadores?» y de responder «Europa, la Europa de arriba, la Europa de las multinacionales» se presenta a los países árabes como«no maduros para la democracia» y, como consecuencia de ello, peligrosos. Se les diaboliza invirtiendo la víctima y el culpable.

Y sin embargo el debate fundamental está aquí,y depende de todos nosotros que se debata o se esconda:¿por qué EEUU, Francia y compañía, que siempre tienen la palabra democracia en la boca, no quieren una democracia bajo ningún concepto? Porque si los pueblos pudieran decidir por ellos mismos cómo usar su riqueza y su trabajo, los privilegios de los corruptos y de los aprovechados estarían en peligro.

Para esconder el rechazo de la democracia, los EEUU y sus aliados agitan en los medios «el peligro islamista» ¡Quéhipocresía!No nos alertan ni llevan a cabo campañas mediáticas sobre los islamistasque les son lealescomo el régimen odioso de Arabia Saudita. No se les escucha pedir disculpas por haber financiado a los islamistas de Bin Laden para que expulsara al gobierno afgano de izquierdas que había conseguido la emancipación de la mujer.

Nuestro papel es importante

El mundo cambia a gran velocidad. La decadenciade los EEUU abre nuevas perspectivas para la liberación de los pueblos. Se anuncian grandes cambios…

Pero,¿en qué sentido iránestos cambios? Para que sean positivos, depende de cada uno de nosotros que una información verídica circule, que los dossieres vergonzosos sean conocidos por muchos, que las estrategias secretas sean desenmascaradas. Todo esto permitirá la instauración de un gran debate, popular e internacional:¿qué economía, qué justicia social necesitan los pueblos?

Sin embargo la información oficial sobre todo esto es catastrófica. Y ello no es casualidad. Así que, para que este debate se lleve a cabo desde ahora y en todos sitios, cada uno tiene que jugar su papel: La clave es informar.¿Cómo? Volveremos a esta cuestión en un próximo texto que aparecerá dentro de unos días.

* Fuente: www.michelcollon.info Traducción: Quique Guerrero.