Los bolivianos queremos Estado y queremos también Ayllu y, aunque son dos magnitudes antagónicas, es muestra de inteligencia que lo queramos. Nuestro problema estriba en que al no captar la naturaleza civilizacional de ambas, las confundimos y mezclamos provocando la ineficacia de ambas. La noción de Estado Plurinacional ayuda, ahora, a que la confusión sea mayor aún y a que, a estas alturas del proceso de cambio, no tengamos más Estado de verdad: siga el simulacro tercermundista liberal, ni más Ayllus de verdad: en su lugar, movimientos sociales dóciles. Ayllus decapitados políticamente.

Tenemos que saber que la forma Estado Nación es la flor, el resultado, de una larga apuesta del genio occidental porque no todo sea fluir: Heráclito; disipación de energías: Prigogine. Occidente buscó que algo se detuviera y durase: sea estático, justamente: Anaximandro; eterno: Platón; o mejor aún: motor inmóvil: Aristóteles; o dicho semíticamente: halajah: ir por la vía correcta: la Ley judía. La forma Ayllu, por el contrario, favorece el flujo, la disipación de las energías. Que algo se detenga y dure es, precisamente, la enfermedad y, finalmente, la muerte. Un cuerpo está sano, justamente, cuando la energía electromagnética y los líquidos, circulan por el cuerpo en contigüidad con el cosmos. La acupuntura, por cierto, es la tecnología oriental para desatorar las obstrucciones del chi: flujo vital, en el cuerpo humano. Cha en aymara. De este énfasis de origen deriva el carácter thanático de la civilización occidental, diagnosticado por Freud y explicitado sobre todo por Marcuse en Eros y civilización; y el carácter equilibrado de la civilización oriental que da su lugar a eros y thánatos, pues ambos, onda y partícula, hacen la unidad compleja de la “realidad”; en el sentido hindú de maya, o, mejor aún de anicca / anatta, del Budismo mahayana.

Es de vida o muerte para el futuro del proceso de cambio percatarse que la noción de Estado plurinacional es una contradictio in adiecto. Para los poco perspicaces, la prueba empírica nunca estuvo tan a la vista como ahora: nunca, en efecto, el centralismo presidencialista del Estado Nación: un ejecutivo omnipresente sofocando las autonomías subnacionales y cooptando autoridades originarias, estuvo tan vigoroso como ahora que, retóricamente, se proclama lo plurinacional, es decir, lo indígena y lo descentralizado. Hablar de autonomías, ahorita, es en realidad ya un anacronismo; éstas, a juicio mío, son ya un aborto consumado; para los lúcidos optimistas, está en coma profundo, a pesar del Ministerio y la cooperación internacional que trabajan con mucha ilusión y profesionalismo. ¿Qué encubre la etiqueta Estado Plurinacional? La Diarquía indígena. Si hay Diarquía, se acabó la hegemonía occidental en Bolivia, tanto de derechas como de izquierdas, religiosa como secular. Así de simple. Ahora bien, Occidente no desaparecerá; tendrá su lugar, lo mismo que el cristianismo y el capitalismo en sus versiones católica y protestante, liberal y socialista. Occidente será la parcialidad Urin. Aran estará ocupada por la Indianidad y el Ayni. El tinku de ambos producirá el Jathun Ayllu Bolivia: la nueva patria-matria que todos anhelamos. Una Comunidad política cuántica: onda-partícula. El sueño de la hegemonía: preeminencia del Uno, no ha lugar en una Diarquía.

La hominización en nuestro planeta tiene entre 130,000 y 170,000 años. Todo este lapso de tiempo, el ser humano vivió dentro de un paradigma animista: se sabía parte de una totalidad viviente con la que buscaba relaciones de homeostasis. Las energías fluían. No hacen más de 5.000 años que surge una idea poderosa: ¿qué pasaría si concentramos todo el poder en Uno?: la Ilíada: físicamente; los semitas: metafísicamente: Éxodo 15:2-3: Shema Israel Adonai Eloheinu Adonai Ejad. ¿Qué pasaría si construimos un artilugio que permita detener el flujo de las energías? Los hombres inventan el Monoteísmo y desarrollan las tecnologías para detener el flujo, panta rei:. la Escritura y el Dinero. Estos, justamente, son los ingredientes básicos de la “forma Estado”. La Escritura congelará la voz: la oralidad y, en lontananza: a los ancestros: la red cosmobiológica transgeneracional; el Dinero congelará el Ayni: la reciprocidad: el dar, recibir, devolver…Imagino que mi lector ya se habrá percatado que las determinaciones de la “forma Ayllu” son, justamente, las que congela la apuesta occidental por la “forma Estado”. Este es el punto, justamente.

El paso de la potencia al acto, en Occidente, tuvo sus avatares: con Akenatón / Moisés se planta la semilla; a lo largo de la escritura, lectura y comentario de la Biblia, va germinando este plasma; la soldadura de la forma Imperio romano / Cristianismo, va modelando, a fuego lento, la forma Estado; con el descubrimiento sefardí del Nuevo Mundo se acelera la historia; el mercantilismo marrano teje la primera globalización; los Seis libros de la Republica del sefardí Jean Bodin terminan de diseñar la forma Estado Nación, que hará posible la revolución industrial que cumple la Visión y la Misión del Código Sacerdotal, P, inscrito en Génesis 1:28: “Dominad la tierra”. El último tranco no tiene más de 3oo años. Los últimos 50 años, de estos 5,000, han acabado por desestabilizar los ecosistemas terrestres; más o menos estables los últimos 170,000 años animistas. Enrico Fermi no hizo sino mostrarnos qué significa la unilateralización de una sola energía: la fermiónica, que Hobbes universalizó, erróneamente: homo hominis lupus. El homo faber occidentalis actualiza al depredador que todos llevamos dentro (y potencializa al criador); el homo meyeuticus animista busca el equilibrio entre depredador y criador: uywiri. La tecnología, para ello, son los rituales de producción: la crianza de la chacra.

Estos son, simplificados, los ingredientes que tenemos que pensar para rebobinar el proceso de cambio. El revival liberal duró 20 años; el revival socialista ¿10 años? Las últimas cartas de Occidente se están jugando delante de nuestras meras narices. Y ello está bien, pues nada desaparece, si no ha agotado sus últimas energías. A esto llamó Spinoza conatus. Hay que tocar fondo para resurgir. Hay que morir para revivir. La muerte-vida: la vida-muerte, es un bucle sin fin, como la banda de Moebius-Listing. Nosotros mismos, siendo los mismos, ya no tenemos las células con las que nacimos: murieron para que la vida siguiera. La novedad es que Bolivia, hoy, es un acelerador de partículas excepcional. La Pacha va, ahora, más rápido que el Nous. Hay que ajustar el paso.

En este Kayrós, pues, en el que Occidente declina y la Indianidad resurge, para que ambos, Occidente e Indianidad, puedan renacer diárquicamente (onda-partícula), como en los 170,000 años de hominización sistémica con el entorno, es preciso señalar una confusión que está retardando nuestro salto cuántico: las dirigencias político-sindicales amerindias, como necrófagos, quieren disfrutar la carroña de la República putrefacta que han rebautizado de Estado Plurinacional para que no hieda tanto y todo siga igual. Gatopardismo andino amazónico. El dicho rescatado por Hylton y Thomson de la rebelión de Jesús de Machaca, 1795: “Ya era otro tiempo el presente, y que el cacique, su segunda, tanto como también el cura se habían de mudar y que se habían de poner los que el común quisiese” (las cursivas son mías: JM) es remplazado por un “Ahora es nuestro turno” en el sentido de que, ahora, nos toca ocupar el sitio del cura y no mudar al propio modelo basado en el ayllu diárquico. Entiendo, empero, la ley de inercia: la fuerza de la masa. Ahora bien, hay dos maneras de leer esto, una occidental: intelectual, racional: más energía que masa; la otra es amerindia: por experiencia vital: más masa que energía, que es la está haciendo masa crítica y, quien sabe, acelerando la entropía total del sistema y cultura política que no ha cambiado nada con la nueva Constitución. También hubiera sido ingenuo suponerlo o esperarlo. Sólo queda confiar en la velocidad de la luz, y al cuadrado. No olvidemos que, hace poco, en tres meses pasamos de la “Hegemonía” otra vez al “Empate”. ¡Ay!, como decía Juan Carlos Onetti, el tiempo arde y quema.

Se que voy a proferir argumentos políticamente incorrectos pero, como cualquier intelectual, pongo por delante la libertad de pensar que es tanto, como decir, la libertad de escribir (para esto, justamente, contribuimos los sefardíes a crear el Estado de Derecho moderno: Sánchez, el brocense, Vitoria, Vives, Bodin, Spinoza, Montaigne…). Nada más. No quiero convencer a nadie de nada; ni siquiera tener la razón. Sólo dar que pensar. Esa chispa me basta.

Si queremos Estado (que lo queremos) entonces tenemos que saber que éste es una franquicia europea que supone el Monoteísmo, es decir, la especialización en una sola energía, la que procesa nuestro lóbulo cerebral izquierdo; que ha cultivado la experticia de la abstracción: la escritura: el mapa (no el territorio, como los amerindios). El Ayllu no es el Estado; tampoco es como el Estado. La analogía de Xavier Albó acerca del ayllu como un “miniestado”, está mostrando su equívoco en la actual situación: el desembarco sindical en la nave abstracta del Estado. El Gobierno como otro piso ecológico más donde se cosecha un sueldito; no una máquina racional para producir bienes y servicios a gran escala. Para esto, no sirve haber sido dirigente sindical. Si queremos tener Ayllu entonces debemos saber que éste es una red cosmo-antropo-biológica por la que circulan conversaciones y emociones que organizan, contextualmente, la toma consensuada de decisiones para la búsqueda de la homeostasis del sistema Vida-Muerte y cuyo efecto: la interconectividad multinivel del sistema: Tercero Incluido, es la Suma Qamaña.

Si queremos tener Estado entonces debemos saber que la duración, la permanencia, lo que no cambia: la Ley de Moisés: la Constitución y las leyes, deben ser promulgas para varias generaciones y deben ser respetadas estrictamente; de otro modo, la ficción de lo absoluto, que no cambia, que dura y permanece, no puede mostrar su eficacia; sin la Palabra del Padre no hay modo de detener el fluir matríztico de la realidad. Si queremos tener Ayllu, debemos saber que éste se basa en la oralidad, la ritualidad: en lógicas fluidas; por tanto, en un universo cuántico basado en el consenso puntual, ad hoc, siempre revisable, porque el contexto nunca es el mismo, todo cambia, es relacional, depende y, por tanto, es probalístico por diseño. Estamos en el orbe de la relatividad einsteiniana. ¿El Ayllu, por su constitución contradictoria, funciona en el Nivel de Realidad Microfísico? El Estado, ciertamente, se mueve en un orbe mecanicista, fijo, absoluto: newtoniano: moderno: en el Nivel de Realidad Macrofísico.

Si queremos tener Estado tiene que haber una casta sacerdotal que domina la escritura, la abstracción y, por tanto, la previsión (tiempo lineal): la burocracia. Sin burocracia meritocrática profesional no hay Estado que funcione. Introducir el sistema de rotación y turno del Ayllu al Estado es perforarlo desde dentro (¿Una sutil manera de resistencia a Occidente?). El Estado no es un macro-ayllu. En esto estriba el error principal que induce la forma Estado Plurinacional. La congelación de la mita, turno, sirve para producir un tipo especial de institución que opera como batería que acumula información y experiencia para dosificar, ese savoir-faire, en el largo plazo; para cuando vengan “las vacas flacas”: Génesis 41:20. Si cada que cambia una autoridad hay turno generalizado, en este tipo de institucionalidad separada, no hay acumulación gerencial de know how y, entonces, tenemos Bolivia, justamente. Si queremos tener Ayllu debemos saber que éste no precisa de una casta profesional para funcionar. Es un sistema ultra democrático, donde la información no es reservada: controlada por especialistas letrados, es pública, abierta y se genera y aprende haciendo, en el seno de la comunidad; se sabe por experiencia; no por fe, como en el sistema monoteísta-capitalista. Todos, por turno, comparten la gerencia de la biosfera. No hay institucionalidad separada, justamente: la dicotomía Estado / Sociedad. Hay Ayllu: holoarquía.

Si queremos tener Estado tenemos que saber que este es una máquina racional para producir, en la lógica de la fábrica: fordismo, bienes y servicios a gran escala: taylorismo: distintos Ministerios, para que el Ogro filantrópico, si le place: socialismo; si no le place tanto: liberalismo, los redistribuya, generosa o mezquinamente, para el “bien común”. Si queremos tener Ayllu debemos saber que éste es un cuerpo “místico” orgánico, sistémico, transgeneracional, energético, de doble voltaje, por tanto basado en la reciprocidad y el compartir: recursividad. La redistribución es consustancial al modelo del Ayni y se efectúa, sobre todo, en la Fiesta que es el gran ecualizador del sistema: su homoestato. Es un modelo de no acumulación: no-desarrollo y, sin embargo, de abundancia de lo bello, necesario e importante.

Si queremos tener Estado tenemos que saber que éste se basa en el individuo: el yo: liberalismo o la suma de individuos: egos: socialismo. El nosotros es adjetivo; se lo prefiere implementar intangiblemente: Cuerpo Místico de Cristo: la Iglesia. Si queremos tener Ayllu debemos saber que este se basa en la oposición de dos mitades imantadas antagónicamente que se complementan y retroalimentan mutuamente: feedback cosmobiológico. En el Ayllu hay individuo pero, éste, está relativizado por la comunidad y viceversa. Ahora bien, lo que hace masa crítica es la comunidad: el nosotros (y le hay: inclusivo y exclusivo), no el yo.

Si queremos tener Estado tenemos que saber que éste se basa en la intitulación de la Propiedad, que puede ser privada y pública. La intitulación: la escritura, de la propiedad privada suscita, justamente, la ficción de la Permanencia y de lo Propio en el nivel familiar; por ello suele estar ligada a la filiación patriarcal y a la herencia. Da seguridad: permanencia en la continuidad. Si queremos tener Ayllu debemos saber que éste no conoce el concepto de propiedad (“propiedad colectiva” es socialismo; “propiedad comunitaria” es una contradictio in adiecto) sino el de Usufructo. El regazo de la Madre: la Pachamama, es la que da seguridad ontológica al jaqi que recibe de la comunidad, hasta su muerte, las sayañas que le permitirán, como sentido de la vida y conversación con el tiempo y las estaciones, la crianza de la biodiversidad en el altar de la chacra.

Si queremos tener Estado tenemos que saber que éste se instituye sobre y contra la Naturaleza que es entendida sólo como soporte y proveedora de recursos. El mundo es el mundo de los hombres. Antropocentrismo. Se le pueden añadir los adjetivos “sustentable” o “sostenible” (máxima ilusión de la invarianza monovalente y permanencia de lo mismo. Nadie, en su sano juicio, querría solo inspirar y, a saber, sosteniblemente: se moriría a los cinco minutos) e, incluso, pensar en las generaciones futuras; pero es siempre el Hombre la “medida de todas las cosas”: Protágoras. Todo está al servicio del “Mayordomo del Jardín”: Génesis 1:26-31. Es fruto de la Separación. Si queremos tener Ayllu debemos saber que éste es el Tercero Incluido de una pluralidad de tinkus cosmobiológicos entre los diferentes ayllus: de la sallqa, de las wak´a, de los jaqi, para suscitar la homeostasis biosférica. No hay separación estado / naturaleza; el Ayllu es parte de la complejidad mega noosférica del sistema vida-muerte. Es parte del Continuo.

Si queremos tener Estado debemos saber que no hay Estado moderno sin capitalismo, es decir, una lógica que dispara la dinámica económica a partir del interés privado con el fin de lucrar y así poder acumular para, con ello: ese capital, poder comprar en el Mercado y/o esperar del Estado los bienes y servicios que precisa para su bienestar. Estado y Ayni no van juntos, pues pertenecen a dos “niveles de realidad”, Basarab Nicolescu, diferentes. Si queremos tener Ayllu debemos saber que éste se basa en el Ayni, es decir, en una lógica que dispara la dinámica económica a partir de la necesidad del otro, con el cual se trata de buscar una relación que produzca los valores humanos: amistad, alianza, confianza …de modo tal que el donador, al enfeudar al donatario, crea lo contradictorio que permite suscitar la ficción de la reciprocidad y la crecida del don. Un donador estima su riqueza por el tamaño de la red social que logra articular y la mide en el Prestigio que los suyos le otorgan. Algo inmaterial. Un capitalista por el tamaño de sus propiedades y su cuenta bancaria.

Si queremos tener Estado debemos saber que éste se basa en la Abstracción impersonal, para lo cual es indispensable el dinero (el Intercambio, en efecto, rompe el vínculo del Ayni: separa: Dominique Temple) y la escritura (congela la Separación). La banca, entonces, hace posible las transferencias invisibles, automáticas y en tiempo real del sistema financiero: del Fisco a las cuentas bancarias municipales o departamentales (como la administración de los sacramentos, por la Iglesia, que redistribuye la Gracia intangible de Dios a la cuenta corriente de cada creyente). Esa abstracción teológica, anónima y neutra, es indispensable para que funcionen las instituciones: baterías impersonales que garantizan la Duración, la Neutralidad y la Permanencia: Nous, en el sentido de Anexágoras, que detienen el flujo interpersonal y emocional del Ayni: “mi cariño” (que suscita el contra don: el Mana polinesio, el Hau maorí; “el espíritu del don”: Marcel Mauss) y lo inmaterializan en un cheque: un pagaré. Un Presidente regalando personalmente cheques a intendentes y regidores sólo puede perforar el sistema estatal, aniquilar los sistemas subnacionales y corromper a los dirigentes de los movimientos de base, en caso de incluirlos en la red de donaciones. Ayni, en contexto estatal, es corrupción, nepotismo, malversación y perforación de la forma Estado. Si queremos tener Ayllu debemos saber que éste se basa en la ley del Ayni: en una “lógica de lo concreto”: Levi-Strauss, y una estructura interactiva; es inter-personal, por diseño; acaece cara a cara, en contextos rituales llenos de afectividad y produce feedback por su propia dinámica: Hau. Su fin es aceitar la red cosmoteándrica, Panikkar, para que fluyan los bienes, emociones, dones, servicios, conversaciones… que alimentan la web cósmica, cuyos nodos son los ayllus. Hay diversas estructuras que modulan ese fluir de las energías que han sido estudiadas por Dominique Temple (ver Las estructuras elementales de la reciprocidad). Así, por ejemplo, tenemos la Reciprocidad bilateral: A > B > A; la Reciprocidad ternaria unilateral: A > B > C; la Reciprocidad ternaria bilateral: A > B > C > B > A; la Reciprocidad ternaria colectiva: para ir de A a B, C, D … se tiene que pasar por T; tenemos una variante: la Reciprocidad piramidal; también tenemos la Reciprocidad apthapi o de Compartir: “uno para todos, todos para uno”: Alexandre Dumas. La Transparencia liberal, en contexto del Ayllu, es negación del otro: ninguneo, ruptura de la red, aislamiento: solipsismo: no relacionalidad. Un comportamiento no humano. Los valores humanos brotan de la Reciprocidad; no del Intercambio que es cero valor, por diseño.

Si queremos tener Estado debemos saber que éste se basa en la ficción de la “Separación de poderes”: Charles Luois de Secondat. Esta ficción es sabia porque impide que, en una institución mecanicista y separada de la sociedad, el Uno (haciendo trampa) controle los demás poderes, sembrando en los adversarios teológicos, políticos o económicos el miedo, primero, luego el temor y, después, el terror y que culminan, primero, en regimenes populistas, luego autoritarios y después totalitarios, ¡claro!, si la ceguera voluntaria de los súbditos lo permite. Es la forma política de la negación del Otro como otro. El apogeo del principio de identidad: A=A; ya no hay B. La guinda de la hegemonía. La necesaria ficción de la libertad, que se espera de la ficción estatal, desaparece. “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos (…) por la libertad (…) se puede y debe aventurar la vida”. El Quijote, II, cap LVIII. Este es el ecosistema mental del judeoconverso Cervantes y, a fortiori, de todos los modernos. Si queremos tener Ayllu debemos saber que éste se basa en el principio de Relacionalidad y, a saber, a diferentes niveles de realidad: waka, sallqa, jaqi; que los seres humanos somos sinapsis de una red neuronal cósmica en la que todo está relacionado con todo y ello proporciona los parámetros de correspondencia y reciprocidad: la Chakana, para interpretar el mundo. No otra es la teoría física del Boostrap formulada por Geoffrey Chew: “(…) la naturaleza no puede ser reducida a entidades fundamentales, como bloques de materia, sino que debe entenderse plenamente a través de la autoconsistencia de sus elementos (…) no acepta ninguna entidad fundamental en absoluto: ninguna constante, ley, ni ecuación fundamental (…) el universo se ve como una red dinámica de sucesos interrelacionados, ninguna de las propiedades de cualquier parte de dicha red es fundamental, todas se desprenden de propiedades de otras partes y la consistencia global de sus interrelaciones, determina la estructura de la totalidad de la red”. Amen.

El nuevo paradigma de las ciencias de Occidente está exigiendo un nuevo modelo político que la “forma Ayllu” nos puede ayudar a diseñar. Esto sería un proceso de Cambio, no la retórica lampedusiana en boga.

Dicho esto, desearía compartir mis aprendizajes sobre esta interacción que nos constituye: Estado y Ayllu, como dos haces de energía antagónicos: fermión y bosón. Debemos superar la ilusión de que el Ayllu es nuestro atraso y debemos pugnar por “modernizar el Estado”, es decir, extirparlo. A estas alturas, ya debiéramos haber tomado conciencia que no se puede, no porque seamos pelotudos, sino porque nadie puede lobotomizarse el lóbulo cerebral derecho, sin morir en el intento.

Siempre me he preguntado por qué nuestros padres, cuando se da el “pachakuti cristiano”: Blas Valera, no incluyeron a los indios en el sistema colonial y, luego, en el republicano. Me parece que intuyeron que no se podía (“Nadie incluye a nadie” Simón Yampara) y prefirieron una situación de apartheid siendo una minoría demográfica. Es obvio que ese proyecto estaba condenado al fracaso, a priori. No se puede construir una república con la mayoría de la población excluida, (aprendizaje que ya debiéramos haber hecho) pero tampoco con los dos sistemas antagónicos revueltos, bajo el manto del Uno: Estado Plurinacional. Las energías fermiónicas (-) se impondrán y las bosónicas (+) resistirán: ecualización negativa de suma cero. De esa historia queremos salir, justamente. (Aprendizaje en el que deberemos esforzarnos colectivamente: rebobinar el proceso de cambio).

Si sólo queremos nutrirnos de la modernidad occidental no saldremos de la aporía en la que agonizamos (en el sentido griego arcaico: disputa contradictoria de dos con el Coro de fondo y de juez) pues ésta ya está encarrilada en una Ein-bahn-strasse: Walter Benjamín: Calle de vía única. Nosotros necesitamos, para renacer, un sistema de “Corriente Alterna”: Octavio Paz. No nos sirve el modelo ateniense de la Monarquía: el poder del Uno o, democráticamente: el poder al Uno. Más útil nos sería la Diarquía espartana: Agíadas y Euripóntidas, o la diarquía romana de Rómulo y Tito Tacio, si no tuviéramos la Diarquía andina, cuyo Holón básico es el Ayllu y que (a diferencia de todas las demás formas diárquicas, incluida la del Papa y el Emperador) ha durado hasta ahora. Por algo será. Sospecho que barrunto la razón. La “forma Ayllu”: la diarquía, en efecto, nos ofrece un modelo bifásico de flujos que puede ecualizar virtuosamente las dos civilizaciones antagónicas que nos constituyen: Occidente (-), Indianidad (+). No tenemos que Separar para suscitar el Uno: el Yo supremo: Roa Bastos. Hay que Conectar para activar la Paridad: el Yanantin. Hay que pasar de Thánatos a Eros. Los occidentales haríamos bien en volver a pensar al padre del federalismo occidental (que Bodin sacó de juego) Johannes Althusius: la pareja: el jaqi, como unidad mínima de la consociatio: el ayllu, así como sus otros concepto políticos: communio y communicatio.

– Está chévere, brother, pero ¿cómo se come esta vaina?

– Simple, mi cuate: agarras un kilo de zanahoria … yaaah!

Por un cachito, hay que bajar del Mapa al Territorio; quiero decir olvidarnos del mapa político administrativo: departamentos, provincias, secciones, cantones y tomar conciencia de los pisos ecológicos, la verticalidad del paisaje andino, la horizontalidad del paisaje amazónico y entender la lógica simbiótica que los interconecta: Jaime Mendoza: El macizo boliviano y Ramiro Condarco: El escenario andino y el hombre. De momento nada más y guardamos ese insight en el subconsciente. Partamos, de momento, de una separación más básica y obvia: urbano y rural y asumamos (hipótesis fuerte de trabajo) que en lo urbano hace masa crítica lo occidental y en lo rural nuestra multiversidad indígena. En el pago: lo pagano y en la urbe: lo cristiano. Entendamos por urbano lo que los municipios han definido por “radio urbano”; el resto es rural. De entrada, no hay que complicar más las cosas. Así tenemos, en un tris, la territorialidad de la Diarquía. Lo que veamos en la pantalla de la computadora se parecerá más a un plasma celular vivo que a un mapa escolar muerto. Afortunadamente la mayoría de los bolivianos tiene menos de 30 años. A ellos me dirijo en este texto.

Vueltos a una compresión biodinámica del espacio, como un ser vivo, entonces decimos que en lo urbano rige el modelo occidental: liberal/socialista, religioso/secular… en fin, remito a las contraposiciones simplistas de la primera parte de este texto. En lo rural: rige la ley del ayllu, la tekoa…. En Europa, en la interfase que dio lugar a los modernos estados nacionales, tuvieron lugar las llamadas guerras de religión, entre católicos y protestantes, que la desangraron. La primera solución al enfrentamiento fue el cuius regio eius religio: en principado, territorialidad, protestante regía el luteranismo, en diócesis, territorialidad, episcopal regía el catolicismo: esa es la Paz de Westfalia. La segunda solución, cumplidos los objetivos de la forma Estado nación: “átomos soberanos”, es el tránsito hacia la forma red: mercados interdependientes: la Unión europea. En América, donde se pudo liberar una territorialidad a la rapacidad depredadora del naciente capitalismo, floreció la reciprocidad indígena: las Misiones jesuíticas. Hay, pues, antecedentes. En Europa las diferencias: católico / protestante, se dieron al interior de un mismo paradigma, una misma civilización marcada por la apuesta por el Uno. En los Andes, la vaina es más compleja; las diferencias son civilizatorias: una que apuesta por el Uno y la otra que apuesta por la Paridad.

Pues bien, llegados a este punto del razonamiento, me parece oportuno introducir una interfase conceptual para ahuyentar la tentación dualista/maniquea (por su envés o por su revés) de todo buen occidental. Ese dualismo nos atrae intelectualmente y nos repele somáticamente cuando salimos mal parados del contraste. Contradicción digna de ser pensada. La visualización más universal de la interconexión de la dualidad es la esfera yanantin del Yin-Yang: onda-partícula: masculino-femenino: oriente-occidente: aran-urin

Lo remarcable es lo siguiente: Yang: lo masculino: celeste, claro…contiene en su interior, minimizado, a su contrario: Yin: femenino: oscuro; y viceversa. Es decir, todo occidental tiene dentro de sí un oriental minimizado y todo oriental, amerindio, tiene dentro de sí un occidental minimizado. C. G. Jung lo expresó desde la psicología profunda diciendo que todo varón, animus, contiene reprimida su anima y toda mujer, anima contiene también su animus. Tanto uno: digamos e, como el otro: digamos no-e, pueden pasar de lo que Lupasco llama Actualización, A, a la Potencialización, P; es decir: si e A, entonces no-e P. Y viceversa. Dicho con otras palabras, hay un continuo imantado polarmente. Esto, desde la física cuántica, se llama la dualidad onda-partícula que demuestra que la luz posee las propiedades onda y partícula, resolviendo así la paradoja de la física clásica que se regía por el principio de no contradicción; a saber: una partícula ocupa un lugar en el espacio y tiene masa mientras que una onda se extiende en el espacio caracterizándose por tener una velocidad definida y masa nula. Esta es la base cosmológica de la “forma Estado”; sola y única ya no va más. La base cosmológica de la “forma Ayllu” la expresa mejor que yo Stephen Hawking: “(desde el punto de vista de la mecánica cuántica) no hay diferencias fundamentales entre partículas y ondas: las partículas pueden comportarse como onda y viceversa”. Louis-Victor de Broglie sostuvo la existencia de ondas de materia, es decir, que toda materia tenía una onda asociada a ella. Esta idea revolucionaria, fundada en la analogía con que la radiación tenía una partícula asociada, propiedad ya demostrada entonces, Einstein la reconoció 1929. De Broglie decía que la longitud de onda λ de la onda asociada a la materia era:

λ = h = h

p p

donde h es la constante de Planck y p es la cantidad de movimiento de la partícula de materia. Constancia: lo permanente; lo que dura y Movimiento: lo que oscila y muta.

Intentaré hacer tres aplicaciones a nuestro caso para poder rebobinar el proceso de cambio desde la inteligencia y la sensatez, si, además, pudiera ser desde la cordialidad, mejor. Voy a ejemplificar lo dicho desde tres entradas: el Territorio, la Administración y la Población que son suficientes para dar el siguiente paso, en este proceso.

Tenemos que resistir la tentación india por la complejidad de entrada, como ahora; por la sencilla razón de que, en río revuelto (la actual Constitución), los indios pierden, nosotros perdemos y los únicos que están ganado son los abogados desarrollistas. Ahora, por ejemplo, los indios están de adorno en el gobierno; unos de florero otros de mitimaes de oficina. Lo que se ha consolidado, empero, retóricas y rituales aparte, es un modelo extractivista, capitalista y de filo liberal, que se caga en la Pachamama y, para mayor vergüenza, se lleva a delante con el voto de diputados y senadores indígenas, originarios y campesinos. Si fueran cristianos, se irían directamente al infierno; si judíos, sus hijos les maldecirían.

Volvamos al Territorio. Hemos esbozado una comprensión biodinámica; no inerte del espacio. Luego, pragmáticamente, distinguido entre urbano (donde rige Occidente) y rural (donde vale la Indianidad). Ahora bien, al interior de la territorialidad amerindia, Aran, donde hace masa crítica la función onda, hay lugar para la función partícula: lo occidental, pero de modo minimizado; como mi anima femenina es parte consustancial de mi que, sin embargo, colapso como varón: animus: partícula. De igual modo, en la territorialidad occidental, Urin, donde hace masa crítica la función partícula, hay lugar para la función onda: lo amerindio, pero de modo minimizado.

Así como el crecimiento personal consiste en cada cual cultiva su polaridad antagónica, así también, en nuestro modelo cuántico del Jathun Ayllu Bolivia, la ciudadanía consistiría en que cada civilización (el ciudadano y el jaqi) cultiva también los valores de la otra. En este modelo no hay Guerra; hay Tinku. No hay competencia; hay emulación. El Jathun Ayllu organiza la colaboración de ambas parcialidades, respetando sus propias autonomías. Esta sería una autonomía a la boliviana, no a la catalana, sobre prefecturas francesas, como la del Estado Plurinacional, de cuño soviético. Eso en cuanto a Territorio.

Ahora en cuanto a Gobierno, Administración, Estado que, en Bolivia, se confunden. ¿Cómo funcionaría esta interacción dinámica y contradictoria entre ambas territorialidades; Aran y Urin? ¿En qué consistiría el Tercero Incluido de “forma Estado”, e, y “forma Ayllu”, no-e? Una cosa ya sabemos: no puede darse el cambio, si solo sigue funcionando nuestra obsoleta e ineficiente “forma Estado” (bauticémosla como queramos) pues descarta, en los hechos, la “forma Ayllu”. Ese es el aprendizaje político que debemos sacar de la gestión Morales. El gasolinazo neoliberal es la develación de la verdad de la revolución democrática y cultural. Vivimos, como sociedad, un instante de iluminación; las máscaras han caído; hemos visto desnudo al rey.

La filosofía política de nuestra propuesta me parece que no podría ser otra, a comienzos del tercer milenio, que la Transdisciplinariedad. La obra de Stéphane Lupasco es lo que, en su tiempo, fueron las obras de Benthan, Locke u Owen, Marx y compañía, bajo paraguas newtoniano. Ahora tenemos la obligación intelectual (si queremos salir del tercermundismo intelectual) de pensar bajo un paraguas cuántico-animista: nivel de realidad microfísica y un nivel de realidad macrofísico, para poder hacer interactuar a la “forma Ayllu” y a la “forma Estado”, justamente. En esto consistiría la metáfora de rebobinar las matrices civilizatorias: reloaded the matrix: Wachowski. Aquí sólo me detendré en los conceptos de Tercero Incluido y el de Niveles de Realidad de su discípulo Basarab Nicolescu, pertinentes para entender mi argumentación.

En el primer capítulo de su libro Principe d´antagonisme et la logique de l´énergie, Lupasco condensa de modo insuperable su postulado fundamental de una lógica dinámica de lo contradictorio. Traduzco: “A todo fenómeno o elemento o acontecimiento lógico cualquiera y, por tanto, al juicio que lo piensa, a la proposición que lo expresa, al signo que lo simboliza: e, por ejemplo, se debe asociar siempre, estructural y funcionalmente, un anti-fenómeno o anti-elemento o anti-acontecimiento lógico y, por tanto, un juicio, una proposición, un signo contradictorio: no-e …”. Lupasco precisa que e se potencializa (deviene virtual, latente) por la actualización (deviene real, actual, justamente) de no-e y no-e se potencializa por la actualización de e. Jamás desaparecen; como sucede en la lógica hegeliana del Aufhebung: la Síntesis hace desaparecer a Tesis y Antitesis.

Veamos un par de ejemplos; cuando polo positivo (+) y polo negativo (-) conectan, aparece la Luz. La Luz no hace desaparecer a ambos polos; es el Efecto de su complementariedad. No es objetiva, eterna; dura mientras los polos conectan, luego, se potencializa en el Vacío cuántico: en el En sof hubieran dicho los kabbalistas sefardíes. Otro ejemplo: la Respiración: cuando in-spiro: Actualización, la expiración se Potencializa; no desparece, y viceversa; los dos movimientos antagónicos: in / ex, antagónicos como son, hacen a la Respiración: el uno (la respiración) es par (inspirar-expirar), como Jesús (uno) es Dios y Hombre (par contradictorio) al mismo tiempo. Ergo: el Jathun Ayllu Bolivia es el efecto de la complementariedad de la Bolivia occidental y la Bolivia amerindia. Ninguna de las dos, Aran y Urin, desaparece; ambas son necesarias para que haya Comunidad política. Como no existe todavía un concepto para ello, uso arbitrariamente la expresión “Jathun Ayllu Bolivia”, para sugerir este Tercero Incluido.

El famoso estado T de Lupasco (“T” de “Tercero Incluido”) es definido como un estado “ni actual ni potencial”. La palabra “estado” se refiere a los 3 Principios lupascianos ya nombrados: Actualización, A, Potencialización, P, y Tercero Incluido, T. Los 3 conforman el Principio de Antagonismo. Ahora bien, desde el punto de vista formal, e y no-e tienen también los 3 índices: A, P, T. Esto le permite a Lupasco definir sus “conjunciones contradictorias”, también llamadas “quanta lógicos”, logrando, por tanto, hacer intervenir 6 términos lógicos: la Actualización de e está asociada a la Potencialización de no-e; la Actualización de no-e está asociada a la Potencialización de e; y el Tercero incluido de e es, al mismo tiempo, el Tercero incluido de no-e. Esta última conjunción es la que muestra, justamente, la situación particular del Tercero Incluido. Este Tercero es un tercero unificador: une e y no-e, pero de un modo no fusional, no sintético.

No hay sincresis, mestizaje. Esta última es una fatamorgana: un efecto óptico. La sucesión, por ejemplo, de 24fts, fotogramas, en cine, produce la ilusión del movimiento; lo que hay, en realidad, es 24 corpúsculos: frames. Lo mismo con el mestizaje. Aplicado a nuestro caso. El Jathun Ayllu Bolivia, T, une la Bolivia occidental, e, y la Bolivia amerindia, no-e; pero no las fusiona: la imposible pretensión de la “forma Estado” (tanto monta si nacional o plurinacional). Las actuales ex repúblicas soviéticas (el último intento, en Occidente, por poner en escena el Uno) lo demuestran elocuentemente. ¿Dónde está el ciudadano soviético? Lo que vemos, ahora, son chechenos, bálticos, ucranianos, uzbequistanos…. Como en la antigua Bolivia que, cuando nos damos cuenta que la ilusión se ha acabado: (¿Réquiem por una República?: Almaraz) empiezan a aparecer los aymaras, quechuas, sefardíes, nipones, guaraníes…

¿Por qué nos cuesta entender (¿o aceptar?) el Tercero Incluido a los occidentales; es decir, la unión no fusional de e y no-e? Porque si nuestra gran intuición y desafío fue probar de detener el caótico fluir de las energías: animismo, y lo logramos: monoteísmo; por fuerza teníamos que concentrar, primero, la pluralidad en la dualidad y, luego, la dualidad entendida maniqueamente en la unidad. Si hay par antagónico, (quatum), hay interacción: hay dar y recibir; hay reciprocidad; hay circulación: hay movimiento…Obviamente, esto sólo se puede llevar a cabo en un nivel de realidad que vamos a llamar Imaginario; no en el Real (pues la vida, que es sexuada, desaparecería) y tampoco en el nivel Simbólico (como demuestran los arquetipos jungianos). O sea que tenemos un modelo civilizacional en el que el nivel de lo Real no coincide con el nivel de lo Simbólico; como sí sucede en el modelo civilizacional oriental. En esto estriba, hogaño, nuestra vulnerabilidad, como antaño: cuando sorprendimos a todos con la buena nueva del Uno, nuestra fortaleza. Estamos pasando del mega-mito del Uno al ultra-mega-mito de la Paridad. Prosigue, pues, un espacio-tiempo, una Pacha, de 170,000 años, interrumpido por un tiempo de no más de 5,000 años. A esto es que llamo “el fin de la historia” (es decir, el fin del vector tiempo desligado del espacio que, por cierto, nada tiene que ver con el reduccionismo de Fukuyama: hegemonía de un pensamiento único de base económica y valencia liberal: El fin de la historia y el último hombre). Después de Einstein los occidentales no podemos separar tiempo de espacio.

El Monoteísmo (si bien conoce varios niveles de realidad: cielo, tierra, infierno e, incluso, un Tercero incluido: el Purgatorio: ni cielo ni infierno, que Benedicto XVI ha suprimido), a medida que desarrolla su telos: su pulsión reduccionista (reducir la paridad: Orden implicado / Orden explicado, Bohm. al Uno) acelerada por la herramienta cristiana de la escuela-universidad, que fue destilando la racionalidad instrumental, y, en ese élan, produciendo la secularización del pensamiento y la sociedad, fue posicionando, sobre todo a partir del Renacimiento, la vigencia galileana de un solo nivel de realidad, el regido por la física newtoniana o también llamada Microfísica: Lupasco, que es el supuesto de la modernidad, en el que brota la forma Estado nación: átomo político soberano.

Ahora bien, para entender las “dos Bolivias”: Reinaga, pienso que es útil recurrir al concepto de “Niveles de Realidad” desarrollado por Basarab Nicolescu, discípulo y continuador de Lupasco. Para empezar Nicolescu entiende, primero, por Realidad todo aquello que se resiste a nuestras experiencias, a nuestras representaciones, descripciones, imágenes o formalizaciones matemáticas. Luego, por Niveles de Realidad, entiende un conjunto de sistemas cada uno de los cuales está regido por un número de leyes que ya no valen en otro nivel de realidad. Así, por ejemplo, las entidades cuánticas no responden a la ley de causalidad de la Macrofísica y las entidades macrofísicas no responden, a su vez, por ejemplo, al principio de indeterminación de Heisenberg. La ley del ayllu no rige donde rige la ley del Estado Nación y viceversa. La medicina indígena obedece a otras leyes diferentes a las de medicina occidental: el Susto, por ejemplo, no puede ser explicado ni curado por la biomedicina. En la vigilia no valen las leyes del sueño. Donde/cuando se actualiza la Sincronía: un encuentro fortuito presentido mentalmente, por ejemplo, o una lectura de Tarot o del I Ching o de hojas de Coca, potencializa la Causalidad, etcétera. C.G. Jung y Wolfgang Pauli, significativamente, escribieron sobre la sincronicidad. Véase Marie-Louise von Franz: Sobre adivinación y sincronicidad.

Así, pues, se dice que dos niveles de realidad son diferentes cuando para pasar de uno a otro se produce una ruptura de las leyes y de los conceptos fundamentales de cada nivel de realidad. De modo, pues, que el reconocimiento de al menos tres niveles de realidad diferentes en los estudios occidentales de la realidad -el nivel macrofísico, el nivel microfísico y el cyber-espacio-tiempo– es un acontecimiento de capital importancia en la historia de la modernidad monoteísta, pero no de la humanidad animista que siempre los conoció y tiene en cuenta mas de tres niveles como muestra el chamanismo: Fred Alan Wolf: The Eagle´s Quest y el libro de Jeremy Narby también sobre la ayahuasca: La serpiente cósmica: el ADN y los orígenes del saber. Ahora bien, esa zona llamada de no resistencia es, justamente, la que desempeña el papel del Tercero Incluido, que permite la complementariedad, dentro de la diferencia, digamos entre sujeto y objeto: e y no-e. Mientras se permanece en un solo nivel de realidad que se pretende, además, único y universal, sólo pueden funcionar los axiomas de la lógica clásica: Identidad: A es A; No-contradicción: A no es no-A, Tercero excluido: no existe un tercer término que sea a la vez A y no-A. Y los occidentales nos condenamos a no entender a nuestros hermanos amerindios.

Así, pues, en la parcialidad amerindia rige la Ley del Ayllu; en la parcialidad occidental rige la Constitución (no la actual, por supuesto, donde ambos sistemas antagónicos están revueltos y la confusión sólo sirve para dar la sensación térmica a los indígenas de que son “reconocidos”: los 36 pueblos indígenas. Después del “gasolinazo” ya no debería haber más ingenuos en el país). Estas dos mitades precisan un tercer espacio simbólico donde se puedan complementar y se organice la ecualización y el feedback del sistema. Ya no le podemos llamar “estado”, porque no será estático; ya no le podemos llamar “ayllu”, porque no será sólo fluir. Debe garantizar tanto lo uno como lo otro a ambos parcialidades, de acuerdo a sus propias lógicas. Esto es el Estado T: el Tercero Incluido. De momento, bastará pensar esa posibilidad lógica, políticamente. Los detalles operativos vendrán después.

En cuanto a Población, este rebobinar del proceso de cambio va a exigir una reforma educativa que tenga en cuenta la experiencia previa del Monoteísmo, tanto colonial como republicano. Recordemos que de lo que se trataba, era y es, de occidentalizar a los indios. Ello se intentó a través de la evangelización y la educación: escuela y universidad. Se trataba de extirparles el software animista e introducirles el software monoteísta. Lo que sabemos es que Occidente no fue exitoso en este emprendimiento. Pero, he aquí, que el resultado del intento, observado en los agentes de la misión: los operadores del modelo, es catastrófico y monstruoso, a la par. El magisterio es, casi en su totalidad, indígena. Podemos sospechar, por los resultados, que no han entendido en qué consiste la racionalidad abstracta e instrumental del paradigma occidental y, por otro lado, han sido obligados a reprimir, avergonzarse e ignorar voluntariamente el propio paradigma de chuyma interactiva multinivel. Total que estamos en el peor escenario imaginable.

Los que tienen la misión estatal de occidentalizar a la población no saben qué es occidente y cómo funciona. Como buenos indígenas aceptan al Otro: su sistema alfabético de escritura, pero lo metabolizan, formalmente, a su propia gramática, que no tiene interés alguno por los contenidos abstractos. De ahí que la escolaridad boliviana sea, en realidad, un gran ritual: un potlatch descomunal: el tributo indio en wawas al Estado para garantizar sus derechos a la tierra: remito al lucidísimo texto de Arnold, Yapita et altera: El rincón de las cabezas. Luchas textuales, educación y tierras en los Andes.

En Occidente la educación ha traído como resultado, justamente, la desritualización e, incluso, la secularización de la sociedad: remito a Ateismo en el cristianismo, de Ernst Bloch. Por eso, entre otras cosas, no es posible tener una burocracia estatal indígena (es una contradicción en sus propios términos) y el proceso de cambió, si persiste en querer funcionar en un solo Nivel de Realidad, se agotará rápidamente por falta de gestión: producir industrialmente bienes y servicios a gran escala. Ya lo estamos viendo. ¿Cómo es posible que después de una nacionalización estemos importando carburantes o en seis años de hegemonía ya no podamos producir nuestros propios alimentos? Es obvio que ser dirigente sindical, no basta. Este mega tabú debe ser pensado sí o sí, si queremos salir de la fatalidad suma cero. Los amerindios se irán siempre por lo formal y ritual. Los occidentales tenderemos a ningunear la alteridad. De ahí, finalmente, el cariz de simulacro de nuestra forma Estado que revela que la Indianidad, nomás, es la que hace masa crítica, tanto objetiva como subjetivamente: en los occidentales pesa más la chuyma que la ratio. Somos más indios de lo que admitimos. Es una suerte de Tercero Incluido negativo, de suma cero, por no reconocer y respetar los diferentes Niveles de Realidad que nos constituyen.

Hay que volver a tener un buen sistema educativo occidental. Para ello es imprescindible que las órdenes enseñantes del cristianismo vuelvan a sus colegios y escuelas. Hay que poner incentivos para ello. Los occidentales los necesitamos. Por otro lado, también hay que volver a la Paideia indígena: aprender haciendo en el seno de la comunidad para aprender a criar Chacra. Hay que volver a repoblar las áreas rurales en la lógica de un ayllu cibernético: chaquitajlla e internet. Hay que dejar las escuelas y universidades y tejer redes de ayllus interconectados por Internet. Es preciso establecer grandes redes de comunidades de aprendizaje multi generacionales, transdisciplinarias, interconectadas en el ciberespacio. Ahora podríamos vivir en el campo, además, con todos los lujos de la ciudad: luz, agua potable, caminos, electricidad, televisión. Si eso es así ¿Para qué migrar o quedarse a sufrir en la ciudad, donde no hay trabajo digno, tampoco es posible el suma qamaña: Mario Torrez, y sí una violencia intrafamiliar e inseguridad barrial inauditas? ¿Acaso somos pelotudos y masoquistas? ¿Dónde está nuestra qamasa? Ahora, además, estamos en la posibilidad técnica y financiera de poder limar y relativizar los horrores de toda comunidad: el exceso de conectividad. Y, en las ciudades, de incrementar la ratio de conectividad: vivir bien. Pero ello implica equilibrar esa relación que los mitos del desarrollismo cojudo han implementado en Bolivia: metropolización como emblema de progreso y modernización.

Ahora bien, para gozar de las bondades de ambos sistemas, tenemos que separar físicamente, territorialmente, ambos niveles de realidad. Donde el monoteísmo se impone, arrasa con el animismo. Occidente no puede coexistir civilizadamente con el Otro. La historia de Occidente lo demuestra trágicamente, para vergüenza de los que somos occidentales. El individualismo reprime lo comunitario, el capitalismo reprime el ayni, el Estado el Ayllu, etc.. Claro, no los puede hacer desaparecer, porque son la otra energía de la realidad (energía bosónica); como tampoco podrá desaparecer el capitalismo y el Estado (energía fermiónica); mutarán: se relativizarán.

Dicho de otro modo: en una sola territorialidad político administrativamente sobredeterminada por la “forma Estado”, la “forma Ayllu” no tiene lugar. Occidente arrasa siempre, ora genocida ora etnocida ora ecocidamente, o en un combo mortal de los tres juntos. Se impone, pues, liberar un espacio para el despliegue del Ayllu, el Ayni y los derechos de la Madre Tierra y dejar otro espacio diferente para usar con inteligencia y cordura lo que se deriva del postulado semita (traducido por la Septuaginta y luego consolidado por la teología) de la creatio ex nihilo: crear sentido: valor, a partir de la nada. He aquí la grandeza y la miseria del monoteísmo judeocristiano: el secreto del capitalismo. Ahora bien, este input ya ha entrado a la red societal y, como sabemos por la teoría de las resonancias mórficas (: Rupert Sheldrake: La presencia del pasado. Resonancias mórficas y hábitos de la naturaleza) ha sido apropiado por todos, como sabemos incluso empíricamente, sin necesidad de teorías. No podemos extirpar el gen capitalista (como tampoco el monoteísmo); podemos y debemos, sin embargo, relativizarle, al contraponerle el input contrario: el Ayni, desde, empero, una territorialidad antagónica. Este es el aprendizaje de quinientos años de presencia occidental en los Andes.

En efecto, cuando los dos sistemas: monoteísta y animista, se vuelcan sobre una territorialidad sobredeterminada por la “forma Estado”, tenemos el Estado Plurinacional de Bolivia. Todos seguimos perdiendo: ni funciona el Estado ni funciona el Ayllu, ni funciona el capitalismo ni funciona la reciprocidad… Si no existiera la “forma Ayllu”: la jatha aymara, el tinku de Urin y Aran, habría que inventarla pero, he aquí, que, para fortuna nuestra, ya existe y ha perdurado en los Andes y está en pleno proceso de reconstitución en Bolivia.

Poner la “forma Ayllu” en su lugar: como opuesto complementario de la “forma Estado”, es el paso dos para rebobinar el proceso de cambio en curso.

* Filósofo y ex asesor de la GTZ.