(Sol de Pando).-Según un resolución emitida el 9 de octubre del 2009 por un juzgado en la Sala Civil de Cobija, siendo que los Pacahuara carecen de “reconocimiento prefectural como OTB”, no tienen derecho a su territorio hoy ocupado por la empresa maderera Mabet, la cual destruyó el bosque originario de los nómadas construyendo un “camino-dique” con centenares de almendros talados y apilados sobre el lecho del Río Negro. Las mujeres Pacahuara han decidido no reproducirse más.

En octubre del 2009, la Central Indígena de Pueblos Amazónicos de Pando (Cipoap) demandó a organismos del Estado (Inra y ABT) con un recurso de Acción Popular al permitir que el territorio originario de la nación Pacahuara— en las riberas del Río Negro, provincia Federico Román— sea avasallado y depredado por la empresa maderera Mabet. Por su parte la concesionaria Mabet demandó a los indígenas por “ocupación ilegal” de tierras, amparada en el artículo 142 de la Ley Forestal, exigiendo el desalojo de los originarios de aquel bosque.

El juez falló a favor de la empresa maderera, la cual además tuvo el apoyo directo del Inra y la ABT, las mismas que arguyeron, con cierta razón, que detrás del reclamo de los indígenas para ocupar las tierras cedidas a la empresa maderera se hallaba un grupo de “loteadores” que no eran en realidad indígenas, dizque Tacanas. Aquello sólo perjudicó a los verdaderos Pacahuara, ocupantes originarios de las riberas del Río Negro, que en algún momento de su larga agonía étnica fueron desplazados hacia la provincia Vaca Diez del Beni, en tierras de sus parientes Chacobos, engañados por misioneros norteamericanos que comenzaron a vestirlos con poleras usadas que importaron de Miami.

Desastres naturales como incendios forestales e inundaciones obligan a los Pacahuara a buscar refugio en un vasto territorio maderero al que ya no tienen acceso.

La resolución del juez, dictada el 19 de octubre del 2009, rechazando la demanda de los Pacahuara para retornar a su territorio original del Río Negro, es insólita:

“No se ha demostrado que las etnias que están asentadas en el territorio indicado, como son Tacana La Selva o Pacahuara, estén reconocidos por el Estado o que hayan nacido a la vida jurídica a través de una OTB o una Resolución Prefectural”.

En otras palabras, los Pacahuara fueron declarados ilegales, pues resulta imposible que este reducido grupo indígena pueda cumplir aquellos requisitos burocráticos para que su existencia les sea reconocida.

Mabet, la nueva dueña

En 2009 se descubrió que Mabet destruyó el bosque originario de los Pacahuara armando un “camino-dique” con centenares de almendros talados y apilados sobre el lecho del Río Negro. La actual Ley Forestal está hecha a la medida de Mabet, y mata a los Pacahuara.

Los Pacahuara son los últimos nómadas de Bolivia, y a medida que se extinguen pierden posibilidades de constituirse jurídicamente para defenderse y preservar su derecho no solo a la tierra sino al territorio ancestral que siempre habitaron, sin necesidad alguna de integrarse a la “civilización”, ya que se niegan a hacerlo. Pueblos similares en Perú y Brasil, conocidos como “no contactados” o “aislados”, reciben trato privilegiado y respeto a su decisión de aislarse del mundo urbano, a diferencia de lo que sucede en Bolivia.

Suicidio étnico

Bose Yacu es la última Pacahuara que conserva rasgos de su cultura original, usando aquel inconfundible adorno de hueso y plumas atravesando su septo nasal, que les identifica. Ella es hija de la única familia que sobrevivió a la masacre ocasionada por siringueros, a orillas del Río Negro (Pando), a mediados del siglo pasado, tras lo cual huyeron hacia territorio Chacobo, en la provincia Vaca Diez del Beni, pero en la práctica nunca abandonaron su territorio original del Río Negro, en la provincia Federico Román de Pando, actualmente ocupado por la concesionaria maderera Mabet, la cual impide que los Pacahuara circulen usen ese territorio para sus tradicionales actividades nómadas, acusándolos de “ocupación ilegal de tierras”.

Los últimos Pacahuaras (quedan de ellos apenas cinco familias) optaron por un “suicidio étnico”. Sus mujeres, como Bosé Yacu, decidieron no reproducirse, para continuar vagando sin tierras ni derechos en los profundos bosques invadidos por la indolencia estatal y la avidez empresarial, hasta que el exterminio se consume.