El Cairo, (PL).- Hosni Mubarak rechazó nuevamente hoy terminar abruptamente casi 30 años de presidencia en Egipto, pese a 17 días de manifestaciones populares que demandaron su dimisión con una consigna irrevocable: “él se va, nosotros no nos vamos”. Zapatos en mano, en un gesto de incuestionable desprecio en el mundo árabe, cientos de miles de personas respondieron al presidente, quien reiteró que morirá en Egipto.

En el que muchos creyeron sería su último discurso a la nación como rais (presidente, en árabe), Mubarak fue incapaz de ocultar el rostro apesadumbrado, pero subrayó con contundencia que conducirá la transición democrática y descartó marcharse del país.

Mubarak repitió las palabras pronunciadas el 28 de enero, luego de una multitudinaria manifestación popular, en el sentido de que asumirá su responsabilidad de conducir los destinos del país hasta las elecciones presidenciales de septiembre próximo.

Reiteró una vez más que no se presentará a esos comicios, pero indicó que “asumiré hasta el final” la responsabilidad de guiar el proceso de transición y de modificaciones constitucionales, incluida la eliminación de varios artículos que le otorgaban ciertas prerrogativas.

Mubarak prometió que garantizará unas elecciones “libres y transparentes” y destacó que hizo propuestas “muy claras” para superar la crisis actual, en particular el diálogo con las fuerzas políticas opositoras y representantes de la juventud.

Tenemos que ponernos de acuerdo en un diálogo constructivo que englobe a la juventud y a todas las tendencias políticas, fijar calendarios específicos y, sobre todo, respetar todo los compromisos que se adopten, apuntó.

Asimismo, desestimó nuevamente toda posibilidad de abandonar su nación y fue categórico al indicar que “Egipto es mi país de nacimiento, será el país de mi muerte, no me voy a ir de Egipto”.

Mubarak, quien hizo una épica referencia a su sentimiento patriótico y sus hazañas militares durante las guerras contra Israel, se dirigió a los jóvenes expresándoles que les hablaba como un padre orgulloso de la nueva generación de egipcios, pero instándolos a deponer sus protestas.

La alocución con gran carga emotiva rindió tributo a los muertos durante las manifestaciones -más de 300 según datos de la ONU- y a los heridos, prometiendo que “su sangre no se derramó en vano” y que ordenó sancionar “severamente” a los responsables.

El jefe de Estado confirmó, sin embargo, que cederá poderes al vicepresidente Omar Suleiman, pero no abundó sobre cuáles prerrogativas traspasará.

Horas antes de su alocución, el mandatario se había reunido por separado con Suleiman y con el primer ministro Ahmed Shafiq, para analizar la situación nacional, marcada por una anarquía e ingobernabilidad que mantienen virtualmente paralizado al país.

La cúpula militar de Egipto prometió hoy “preservar los derechos del pueblo” en una reunión sin la presencia del comandante general del Ejército, Hosni Mubarak, lo que avivó la posibilidad de una renuncia del presidente.

La televisión estatal informó que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto (CSFA) expresó su “compromiso de preservar” los derechos de la ciudadanía y “atender sus demandas”, aunque evitó precisar si se refería al reclamo popular de que Mubarak dimita.

El anuncio se hizo en momentos en que cientos de miles de egipcios desbordaban la plaza Tahrir del centro de El Cairo para reclamar la salida del poder del mandatario, y convocaron una movilización multitudinaria para el viernes, después de las plegarias musulmanas.

La instancia castrense decidió mantener reuniones regulares para analizar la convulsa situación del país desde el 25 de enero, cuando se desataron manifestaciones callejeras para pedir la remoción del jefe de Estado y todo el gobierno.

Un jefe militar de alto rango citado por medios independientes en esta capital también comentó a los opositores en la calle que sus demandas “serán satisfechas”, lo que multiplicó en muchos de ellos la esperanza de que pueda llegar a su fin la era Mubarak.

Este jueves se cumplen 17 días de protestas en El Cairo, Alejandría, Suez, Mahalla, Port Said y otras ciudades del interior para exigir la dimisión del presidente, respaldada en las últimas horas por más de 20 mil empleados de distintos sectores productivos declarados en huelga.

Las marchas fueron inicialmente reprimidas con severidad por la policía antimotines y con saldo de más de 300 muertos y unos cinco mil heridos, según estimados de la ONU y la oposición, aceptados en principio por autoridades del Ministerio de Salud.

“El se va, nosotros no nos vamos”, “véte, véte”, “te echaremos”, “fuera”, fueron consignas gritadas por la población congregada en la plaza Tahrir y frustrada tras una jornada de celebración anticipada de la supuesta salida del gobernante.