Para sostener su defensa en el juicio de El Paso, el terrorista y agente de la CIA Luis Posada Carriles escogió de testigo a Otto Reich, una de las crápulas más repugnantes del régimen de Ronald Reagan y el hombre de confianza de George Bush padre que organizó el regreso en territorio norteamericano del terrorista internacional Orlando Bosch.

Nacido accidentalmente en Cuba —como lo dijo un comentarista— de un padre austriaco, este funcionario de la CIA reclutado en los bancos de la universidad se apareció a la vista del público norteamericano cuando la USAID – vieja fachada de la Agencia de Langley – lo contrata como administrador asistente para América Latina.

Durante la guerra sucia en Nicaragua, Reagan lo incrusta en su aparato gubernamental como jefe de la Oficina de la Diplomacia Pública, para realizar oficialmente las tareas de encubrimiento y de desinformación que ya hacía a escondidas.

George Bush padre que ocupa entonces la vicepresidencia se encargará de apadrinarlo en las altas esferas del Gobierno. Recordarse que Bush esta entonces el máximo responsable de las operaciones de inteligencia y que fue él quien, de jefe de la CIA, autorizó la creación de la CORU, organización terrorista anticubana de pésima memoria.

En materia de mentiras – el tema central del juicio de Posada – Reich es por cierto un experto. En apoyo a los mercenarios de la Contra nicaragüense, él y su personal divulgaron de manera sistemática documentos e informaciones mentirosas calumniando a los sandinistas que se colocaron, según las investigaciones, en la NBC, The Wall Street Journal, The New York Times, The Washington Post, Newsweek, USA Today y varias otras publicaciones influyentes.

La operación se desarrolló paralelamente a lo que se convertirá en el escándalo Iran-Contra, un desastroso plan de tráfico de armas y cocaína, enteramente desarrollado por la CIA con sus mercenarios cubanos de la Operación 40.

Desde sus oficinas de Washington, Reich se encuentra entonces al tanto de las actividades de Félix Rodríguez Mendigutía (alias Max Gómez) y Luis Posada Carriles, que operan desde la base aérea de Ilopango, en El Salvador.

Asesino del comandante Ernesto “Che” Guevara, “El Gato” Rodríguez es también un ladrón del escándalo del Watergate, hombre de confianza de George Bush padre. Posada Carriles es quién ordenó, junto con Orlando Bosch, la explosión en pleno vuelo de una aeronave de Cubana de Aviación, que provocó la muerte de 73 personas.

Una investigación de la General Accounting Office (Oficina General de Contaduría, GAO por sus siglas en inglés), demostrará más tarde que Reich, en este periodo, se dedicó también a recaudar dinero a favor de la “guerrilla” de Oliver North, violando las orientaciones del Congreso que ahora asesora.

Increíblemente, cuando estalla el escándalo, la Administración Reagan-Bush encubra la salida de Reich con su repentino nombramiento al puesto de Embajador de Estados Unidos en Caracas, Venezuela.

Ahí Reich concibe y organiza la liberación de Orlando Bosch, recluso por el atentado contra el vuelo de Cubana, comprando un fallo de una corte militar que le abre las puertas del penitenciario. Más aún, organiza la salida del jefe terrorista hacia Miami.

A su llegada en Estados Unidos, el 17 de mayo de 1988, Bosch es detenido por haber fallado a su liberación condicional. Reich participará entonces en una ruidosa campaña para su liberación, al lado de Ileana Ros-Lehtinen, hoy jefa de los republicanos en el Congreso en materia de relaciones internacionales.

En julio de 1990, el entonces presidente George Bush padre firma el indulto de este ex pediatra convertido en asesino.

Gracias a Reich, el jefe de la CORU asesina quién reconoció sus actividades terroristas — en una entrevista publicada por la revista New Times el 3 de mayo 1977— vive hoy libremente en su bungaló de Hialeah, Florida.

¿Qué tal Abrams, Negroponte y Noriega?

Otto Reich no solo pertenece al equipo de Reagan y Bush dirigido por Oliver North que manejaron la guerra sucia contra Nicaragua, es cómplice de Elliot Abrahams, John Negroponte y Roger Pardo-Maurer, quienes se vieron involucrados luego con el asesinato de las misióneras Maryknoll William Woods, Yado Ite Ford, Maura Clarke y Dorothy Kazel.

John Negroponte era entonces embajador de los EE.UU. en Honduras y, con Noriega, apadrinó la Operación Centauro que terminó con el asesinato de religiosos sospechados de fraternizar con la guerrilla. Este mismo plan que contó con el apoyo servil del embajador de Venezuela en El Salvador, Leopolodo “Matacuras” Castillo, hoy un febril agitador en contra del gobierno del presidente Chávez que se consagra a difamar a la revolución bolivariana.

En el curso de la comparecencia de Reich en el Congreso, sus socios entre los cuales el ultra reaccionario Connie Mack, se abstuvieron de cualquier referencia a su pasado. Una lastima. Cuanto interesante hubiera sido saber donde andaba en 1980 cuando se asesina en San Salvador al arzobispo Óscar Arnulfo Romero.

Para los defensores de Posada parece no importar que cuando era “Enviado Especial para el Hemisferio Occidental” de la Administración George W. Bush, Reich jugó un papel esencial en el golpe de estado de 2002 contra el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y hizo todo lo que pudo, con su red de cómplices ultraderechistas, para sostener al golpista Pedro Carmona Estanga en su aventura.

Nadie tampoco señalo como Reich se reunió en Tegucigalpa con Porfirio Lobo Sosa, sucesor de Roberto Micheletti, líder golpista que contribuyó a llevar al poder. Según el diario hondureño El Tiempo, la presencia de Reich fue anunciada por el Departamento de Prensa del Gobierno hondureño pero “sin que la Casa Presidencial informara las motivaciones de la cita”.

Hecho más elocuente aún, el rotativo precisa como el encuentro privado “se registró a eso de las nueve de la mañana pero los periodistas que cubren el palacio no vieron (a Reich) ingresar, ni salir del edificio, aunque habían sido convocados a una conferencia de prensa” Observa el diario como la visita relámpago “ocurre a escasas horas de que éste se reúna con la Secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton”.

Tras el golpe de Estado de junio del 2009, el gobierno de facto de Honduras y sus aliados norteamericanos lanzaron una campaña de cabildeo en Washington. Según un análisis publicado entonces por el New York Times, la operación costó unos 400.000 dólares en gastos de relaciones públicas, notablemente a favor de una firma que tiene “relaciones estrechas” con la secretaria de Estado Hillary Clinton, “con el respaldo de los ex altos funcionarios Otto Reich, Roger Noriega y Daniel Fisk”.

Los que protegen a Posada son los mismos que conspiraron contra Kennedy

“Es la misma pandilla”, contesta el General de División (r), Fabián Escalante Font quién durante años fue jefe de los servicios de Inteligencia de Cuba, cuando se le pregunta si los que protegen hoy al terrorista Luis Posada Carriles en Miami pertenecen a la misma familia mafiosa cubanoamericana que, en los años 60, conspiró para asesinar a Kennedy.

Para el quién investiga desde años cada aspecto del asesinato del mandatario estadounidense, varios de los personajes que hoy siguen vinculados al mecanismo terrorista que da apoyo a Posada, se encontraban ya entre los miembros de la Operación 40, montada por la CIA paralelamente a la fracasada invasión de Playa Giron para liquidar a los dirigentes de la Revolución cubana y reprimir a sus partidarios.

Y es entre estos sicarios de la CIA que aparecieron varios individuos vinculados al asesinato, en Dallas, de John Fitzerald Kennedy. “Esto es la mata de todos los terroristas,” señala Escalante acerca de esta organización fundada por la CIA que sigue activa, con locales en el centro de Miami, beneficiándose de la complacencia e incluso la protección del FBI y de los Fiscales federales.

Escalante recuerda como entre los individuos que fueron seleccionados en Miami por Joaquin Sanjenis, ex Jefe de Policia durante la Presidencia de Carlos Prio, se encontraban varios individuos que siguen vivos y activos en los círculos terroristas de la Florida del Sur.

“Cuando se empieza a preparar la expedición de Playa Giron, creó que es a finales del 60, se crea la Operación 40 que es el aparato policiaco de inteligencia y contrainteligencia de los mercenarios, de la brigada de invasores. Sanjenis empieza a traer a ex policías, ex represores, gente muy vinculada con el terrorismo – el que se usaba en Cuba en los años 50 con la represión, los asesinatos…”

“La misión de la Operación 40 era venir detrás de los invasores y, en la misma medida que esta gente fueran capturando poblados, iban a ocupar archivos, asesinar a oficiales. Tenían una tarea, primero de inteligencia y contrainteligencia, después puramente represiva. Venián a hacer aquí lo mismo que hacían en el 58”.

Despues de la derrota de Playa Giron – la llamada Bahia de Cochinos – la Operación 40 se convierte primero en un aparato de seguridad, en Miami, de la mafia cubanoamericana “hasta que esta gente empiece a tener un poder económico al calor de la Operación Mangosta”.

“Van a tener mucho dinero, los millones de dólares que se invirtieron en la base de la CIA llamada JM/WAVE. Ya en el 63, esta gente empieza en transformarse al mismo tiempo que los elementos de la mafia cubanoamericana. Es cuando empiezan a tratar de hacer lobby, a tratar de imponer una política hacia Cuba”.

“Estan entonces muy vinculados con todo lo entramado subversivo y secreto de la policía secreta norteamericana, la CIA, el FBI, la Inmigración y la DEA”.

Escalante recuerda como a finales de 60, todos estos aviones que llevaban las armas, los pertrechos, la comida a los mercenarios en Guatemala y luego por Puerto Cabezas en Nicaragua regresaban a Estados Unidos, “primero con plasma sanguíneo, un negocio que se hizo por cubanos radicados en Nicaragua, amigos con el dictador Somoza. Se llevaban whisky por América Central. Después pasaron a la marihuana y la cocaína”.

Le dan a Lee Harvey Oswaldd su cobertura

Así fue como en abril del 63, cuando Lee Harvey Oswald – el supuesto asesino de Kennedy – se aparece en la Nueva Orleans “para hacerse una cubierta de simpatizante de la Revolución, forma un comité de apoyo a Cuba – cuyo solo militante era él – en la misma oficina donde radicaba el Consejo Revolucionario Cubano que era la organización de la contrarrevolución ahí, de la CIA. Ahí también se encontraba una organización fascista fundada por el FBI que se llamaba Cuba Democrática”.

“No cabe no la menor duda que ahí hubo un plan, un gran complot… En la Nueva Orleans, lo único que Oswald hizo fue actuar como simpatizante de la contrarrevolución y luego simpatizante del gobierno revolucionario”, comenta el quien fue autor de numerosos libros sobre este tema.

Además de Posada, siguen exhibiéndose hoy en Miami, Félix Rodríguez Mendigutía, el asesino del Che; Antonio Veciana, fundador de Alpha 66; Orlando Bosch, cómplice de Posada en la destrucción de un avión civil cubano; Guillermo Novo Sampoll, asociado al asesinato del ex ministro chileno Letelier; Virgilio Paz Romero y Jose Dionisio Suarez, los ejecutores del crimen; Gaspar ‘Gasparito’ Jimenez Escobedo, asesino de Artagnan Díaz Díaz; Pedro Remón Rodriguez, asesino de Felix García Rodriguez y Eulalio Negrín, en Nueva York; Jose Basulto y otros más.

“Alpha 66 es parte de lo que la CIA denominaba las operaciones autónomas que fueron al origen de una larga lista de acciones terroristas ya a partir de los años 60. La CIA les asignaba un oficial para que les atendiera, les planteaba los objetivos, les daba algunos recursos, el dinero, las armas, los explosivos y después se enteraba por los periódicos de los resultados”.

En Venezuela, Posada siempre siguió vinculado a la policía secreta tal como se mantuvo con la CIA, rectifica Escalante. “Jamás abandonó la DISIP. Primero fue agente de la CIA. El mandado ahí como asesor de la DIGEPOL y después funda la DISIP. Después cuando supuestamente está terminada la resistencia revolucionaria, a mediados de los 70, él se aburre de ser represor porqué ya se dedica a los negocios, y crea una organización de policía privada, paramilitar, que hace de todo.”

Y Joaquin Chaffardet, hoy radicado en Estados Unidos, quién salvó a Posada ante los tribunales de inmigración norteamericano, con su testimonio descabellado.

“Chaffardet era el abogado que Posada tenía para todas estas actividades, para su empresa. Cuando Orlando Bosch llega, lo que hace es apoyar pero él que está establecido ahí es Posada Carriles. Él tiene contacto con Carlos Andrés Pérez (CAP). Es él que conoce al jefe de los escoltas de CAP, Orlando García”.

“Figese que este Orlando García era del grupo de Sanjenis, de la policía en Cuba… era de la tropa gansteril de los años 40…”. Hubo entre estos personajes tan importantes que Rafael “Chi Chi” Quintero quién fuera del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos… “y fue el quien dijo que si se supiera toda la verdad sobre la muerte de Kennedy, Estados Unidos conociera el más grande escándalo de su historia”.

Para Escalante, los personajes que rodean hoy a Luis Posada Carriles en Miami y que le dan el apoyo logístico y financiero son de la misma “tropa” que la que en los años 60 conspiró para asesinar a JFK.

“Son la misma gente”, comenta. “Los mismos que van a Chile con el golpe de Estado contra Salvador Allende y que se ofertan a Augusto Pinochet como los matarifes de la operación… los Orlando Bosch, Dionisio Suarez, Aylwin Ross, los hermanos Novo Sampoll, toda esta tropa que perteneció a la Operación 40”.

“Son ellos que se metieron a finales de los 70 en el tema de la droga… a tal punto que Sanjenis muere de una manera misteriosa. Según documentos desclasificados de la DEA, esta Operación 40 adopta varios nombres para desinformar. Sanjenis muere pero el mecanismo se queda… este mismo mecanismo que va desarrollar todo el terrorismo contra Cuba, incluso en los años 90, en el cual se va apoyar la Fundación Nacional Cubano Americana”.

“Son los mismos… tu los coges y lo mismo te encuentras con Félix Rodríguez Mendigutia, el asesino del comandante Ernesto Che Guevara, que te encuentras Luis Posada Carriles, que te encuentras José Dionisio Suarez, uno de los asesinos de Letelier… a todo lo que ellos denominaron la Guerra sobre los caminos del mundo”.

Nacido en La Habana en 1940, Fabián Escalante Font dirigió la Seguridad de Estado desde 1976 hasta 1996 cuando pasó a retiro con los grados de General de División. Ha publicado varios libros en relación con la guerra secreta de EE.UU. contra Cuba: La gran conjura, Proyecto Cuba, Operación Mangosta, Acción Ejecutiva, 1963: el complot.

Señor Posada Carriles: usted es un peligro para la Seguridad Nacional

Casi cuatro han pasado desde que Robert E. Jolicoeur, Director de la Oficina del Servicio de Inmigración y Control de Aduana de Estados Unidos (ICE) en El Paso, Texas, le dirigía al inmigrante ilegal Luis Posada Carriles, entonces detenido, una carta cuya claridad, en el contexto norteamericano, sigue asombrosa.

El terrorista internacional se encontraba preso en el llamado Centro de procesamiento del ICE de esta localidad, esperando desde cerca de un año que sus abogados mafiosos y su tropa terrorista lo saquen de ahí. La decisión del jefe local de los servicios migratorios no fue la que esperaba.

“Se ha determinado que, en estos momentos, no será liberado de la detención por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduana de Estados Unidos (ICE), porque, tal como se especifica más adelante, usted continúa siendo un peligro para la comunidad y un riesgo para los vuelos”, empezaba el funcionario Jolicoeur en una misiva de dos cuartillas.

El lenguaje del jefe del ICE para El Paso era límpido: “Su historial de participación en actividades delictivas, de vínculos con personas involucradas en actividades delictivas e intervención en actos violentos, indica que usted hace caso omiso de la seguridad del público en general y que es propenso a participar en actividades proscritas, las cuales constituyen un riesgo para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Además, ha mostrado una actitud displicente hacia la repercusión que sus acciones han tenido para la seguridad y el bienestar de las personas y sus bienes”.

Acerca de los atentados de La Habana provocados por mercenarios contratados por Posada no había duda: “Las informaciones provenientes de fuentes abiertas y sus propias declaraciones lo vinculan a la planificación y coordinación de una serie de acciones de colocación de bombas en hoteles y restaurantes, que tuvieron lugar en Cuba durante un período de varios meses en 1997.”

Jolicoeur siguió con la misma transparencia que sus colegas del Departamento de Justicia luego aparentemente extraviaron.

¿El intento de magnicidio de Panamá? “El 20 de abril de 2004, usted fue declarado culpable en Panamá de cometer Delitos contra la Seguridad Nacional y Falsificar Documentos Públicos, por lo cual fue condenado a siete años y un año de privación de libertad, respectivamente”.

¿La destrucción en vuelo de un avión civil cubano? “Un análisis de su detención y su historial delictivo muestra que, a raíz del juicio y de la absolución por las acusaciones criminales formuladas en Venezuela, su absolución fue anulada en la apelación y que, mientras estaba pendiente de un nuevo juicio por las acusaciones, usted hizo varios intentos de fuga y, finalmente, logró escapar de prisión”.

Entonces… “Debido a su largo historial de actividades delictivas y actos de violencia, que provocaron la muerte de civiles inocentes, liberarlo de la detención plantearía un peligro para la comunidad y la seguridad nacional de los Estados Unidos”.

“Usted admitió que mintió a un agente”

En cuanto a la entrada ilegal en Estados Unidos, Jolicoeur resume el caso en unas líneas. Con perfecta objetividad. “Usted afirma haber entrado por última vez en los Estados Unidos sin inspección al cruzar de forma ilegal la frontera mexicana el 26 de marzo de 2005. Posteriormente admitió que poco después de su entrada, mintió a un agente de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos, alegando que usted era viejo y olvidadizo y había dejado sus documentos de inmigración en casa”.

“Desde el momento de su entrada ilegal en los Estados Unidos hasta su detención, usted fue refugiado ilegalmente por sus asociados de Miami. Por lo menos dos de estos asociados, Santiago Álvarez y Rubén Darío López Hernández, alias Rubén Darío López-Castro, tienen antecedentes penales. Mientras usted se encontraba escondido en los Estados Unidos, presentó una solicitud de asilo a los Servicios de Inmigración y Ciudadanía de los Estados Unidos, pero no compareció en la entrevista programada, alegando que estaba enfermo. Sin embargo, antes de que terminara ese mismo día, apareció en un lugar no revelado para conceder una conferencia de prensa, acompañado de varios de sus asociados radicados en Miami, incluido Santiago Álvarez, quien hizo de moderador de la conferencia de prensa y le sirvió de intérprete”.

Con la larga lista de sus seudónimos, el funcionario recordó a Posada que no era en nada confiable.

“Usted ha sido conocido por los alias siguientes: Bambi o Bamby, Juan José Rivas, Ramón Medina, José Ramón Medina, Basilio, Bebe, Franco Rodríguez Mena, Juan R. Medina, Ramón Rodríguez (Medina), Ramón Medina (Rodríguez) y Franco Rodríguez (Mena), Solo, Lupo, Louis McClaud y Juan José Rivas López”.

“Su pericia para asumir identidades falsas, su desestimación de las leyes de inmigración de los Estados Unidos, sus antecedentes de fuga y la presencia de la solicitud de su extradición internacional pendiente, demuestran que usted representa un riesgo de fuga considerable, si resulta liberado de la detención”.

La consideración sigue cierta. Sin embargo, la carta de Jolicoeur, hecha después de un estudio minucioso del personaje, fue rápidamente engavetada.

Al ser remitido por la Administración de George W. Bush a la mal llamada Sección antiterrorista de la “División de Seguridad Nacional” del Departamento de Justicia de Alberto Gonzales, el caso de Luis Posada Carriles entró en el laberinto judicial donde no ha salido hasta ahora.

La Fiscalía omite convocar al “muy buen amigo” de Posada: Kiszynski

El oficial del FBI George Kiszynski que Luis Posada Carriles designó como un “muy buen amigo” en su entrevista con el New York Times y que sabe más del terrorista internacional que cualquier funcionario del aparato de inteligencia y de “justicia” de Estados Unidos no estará en el “juicio” que se abre en El Paso para encubrir la responsabilidad de la CIA en el terrorismo cubanoamericano.

La historia conocida de la complicidad del oficial Kiszynski con la mafia cubanoamericana empieza en 1979 cuando los detectives Sergio Pinion y Ozzie Austin le comuniquen planes de terroristas vinculados a la Coordinación de Organizaciones Revolucionaris (CORU) de Orlando Bosch para destruir un avión que realiza vuelos entre Miami y La Habana. Los investigadores de la policía de Miami piden entonces a su colega su apoyo para contrarrestar la conspiración.

De inmediato, Kiszynski se reúne con los sospechosos señalados, bajo pretexto de interrogarlos, y al salir del encuentro “olvida” su maletín. Informados por un colaborador infiltrado en el CORU, Pinión y Austin denuncian Kiszynski a sus superiores jerárquicos que realizan una investigación cuyo resultados – desconocidos – son rápidamente archivados.

Poco antes del escándalo Iran-Contra, Kiszynski fue también quien comunicó al coronel Oliver North, gerente del complot al servicio de George Bush padre, un informe ultra secreto del FBI en el cual se revela de manera detallada cada elemento de una investigación que había realizado la Policía de Miami sobre los Contras y el tráfico de droga. Un tráfico en el cual participaba activamente el agente CIA Luis Posada Carriles.

El 7 de febrero de 1992, el mismo Kiszynski – designado por el FBI para cumplir una orden del Congreso de asistir a la Oficina del Fiscal Independiente que investigaba el asunto Irán-Contras – interroga a Luis Posada Carriles durante varias horas en la Embajada norteamericana de Honduras donde el terrorista se encuentra.

La conversación – amena – entre el policía y el terrorista se desarrolla sin que al primero le venga la idea de detener al segundo. Posada podrá así seguir con sus intentos de magnicidio, con la confirmación de una simpatía de los del Norte hacia sus actividades. Y lo hará luego tanto en Venezuela como en República Dominicana y Panamá.

Pero quedan otras anécdotas muy sorprendentes acerca de ese agente demasiado especial. En 1997, el ingeniero guatemalteco Antonio “Tony” Jorge Álvarez maneja la sucursal de la firma WRB Enterprises en Guatemala con la cual trabaja Posada Carriles. El terrorista está entonces manejando la campaña de atentados contra hoteles de Cuba y complota un atentado contra el presidente cubano Fidel Castro que se prevé realizar con la Cumbre Iberoamericana de Isla Margarita, Venezuela.

Álvarez, hoy residente de Greenville, Carolina del Sur, informó al FBI. Señaló que Posada y sus cómplices compraron detonadores – entre los cuales los que reaparecerán en La Habana – para la fabricación de artefactos dinamiteros – y que había observado en su posesión explosivos plásticos. Según declaraciones que hizo luego Álvarez al New York Times y que fueron publicadas, el FBI fue “sorprendentemente indiferente”. El diario confirmó que un agente – George Kiszynski – se puso en contacto desde Miami con Alvarez.

“Me dijo (el agente) que mi vida estaba en peligro, que esa gente era muy peligrosa y que abandonara a Guatemala. Nunca volví a saber nada de ellos”, declaró Alvarez al diario. El propio New York Times tuvo que concluir que si el FBI hubiera entrevistado entonces al empresario Álvarez, hubiese conocido cómo Posada planeaba los atentados de La Habana. Tampoco Álvarez se encuentra convocado en El Paso. Pero no es todo. El mismísimo Kiszynski reaparecerá el 26 de marzo del 2001 como testigo en la causa de los Cinco cubanos acusados de “espionaje” por haber infiltrado grupos terroristas de Miami. Ante el tribunal, Kiszynski cuyos antecedentes se ignora entonces, contó como investigó, en julio de 1998, dos barcos anclados en una marina de Miami cuyo dueño preparaba una operación terrorista contra Cuba.

Kiszynski afirmó que, en una operación que realizó, se buscó explosivos o armas y no se encontró nada. Luego fue a interrogar al dueño, Enrique Bassas, quien, admitió, conocía de antemano. Lo que no precisó Kiszynski es que Bassas es uno de los individuos que se reunieron con Luis Posada Carriles, precisamente en julio de 1998, entre el 19 y el 21 —a unas semanas del arresto de los Cinco— en el Hotel Holiday Inn, de Ciudad de Guatemala, para preparar otro plan de atentado contra el Presidente cubano, quien iba a participar en la Cumbre de Jefes de Estado del Caribe, en Santo Domingo.

Tampoco precisó que Bassas conoció a Posada en la provincia cubana de Cienfuegos, donde ambos nacieron, ya que fue miembro del Ejército Secreto Cubano del connotado terrorista Sixto Reynaldo Aquit Manrique.

George Kiszynski se encuentra tan ligado al conjunto del dossier del terrorista internacional, que hasta investigó los atentados que Posada confesó haber provocado en La Habana, en 1997, según confirmó un informe oficial de la policía federal norteamericana desclasificado el 18 de mayo último.

El 15 de junio de 1998, como resultado directo de una comunicación al Presidente Bill Clinton realizada el mes anterior por el escritor colombiano Gabriel García Márquez a solicitud del Presidente cubano Fidel Castro, llegó a La Habana una delegación del FBI que se reunirá los 16 y 17 de junio de 1998 con expertos cubanos.

Los tres oficiales norteamericanos recibieron entonces una amplia información sobre los atentados ocurridos en Cuba el año anterior que incluyó, entre otras cosas, 64 folios en los que se aportaba evidencias acerca de 31 acciones y planes terroristas contra Cuba desarrollados entre 1990 y 1998 bajo orientación de la Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA) de Miami.

Entre las evidencias así ofrecidas, se encontraban también las muestras de explosivos utilizados en la fabricación de bombas desactivadas antes de explotar. Los oficiales del FBI se comprometieron a informar a la parte cubana de los resultados de su análisis de los materiales entregados en el más breve plazo. Nunca lo hicieron.

El documento desclasificado de tres páginas, sí, ha sido depositado como un elemento más de evidencia, ante el tribunal de El Paso que debe proceder – en una fecha por determinar – a juzgar Posada por varios cargos. Pero el propio Kiszynski, hoy jubilado y radicado en Miami, no ha sido convocado para compartir su conocimiento tan profundo de las actividades del acusado.

Fechadas del 13 de noviembre 1998, las dos primeras páginas del documento desclasificado reportan como el 17 de junio anterior “un examen en el terreno de cuatro detonadores eléctricos ha sido realizado en La Habana, Cuba” y prosigue dando las “especificaciones de los especímenes examinados”, cuatro detonadores de marca DuPont y de fabricación estadounidense.

La tercera página – una carta dirigida explícitamente al jefe del FBI de Miami – se refiere a tres muestras de explosivos examinadas, precisando que los resultados de su análisis vienen como piezas adjuntas. Justo después del último párrafo, aparece enigmáticamente, escrito a mano, el apellido KISZYNSKI.

Lo que indica claramente que el oficial del FBI George Kiszynski, constantemente vinculado al terrorismo contra Cuba desde décadas, participó de una forma u otra en la investigación llevada por el cuerpo de policía norteamericano sobre los atentados de 1997 en Cuba.

La presencia de la palabra KISZYNSKI al final del inventario de las muestras de explosivos redactado por el FBI después de la visita de sus enviados a La Habana constituye una prueba más de mala fe en el sulfuroso dossier de la relación entre la policía federal de Estados Unidos y el terrorismo cubanoamericano.

La ausencia de Kiszynski en el tribunal de El Paso, convertido en teatro por el Departamento De Justicia norteamericano, por supuesto se explica. En la entrevista del New York Times, el propio Posada daba ya la hora exacta: “Como pueden ver, a mí no me molestan ni la CIA ni el FBI”, dijo Matthew J. Archambeault, entonces abogado de Posada Carriles, lo confesó con una admirable franqueza el 31 de agosto de 2005 al dirigirse al juez de inmigración William Lee Abbott. Declaró entonces que su cliente no deseaba seguir testificando para “evitar perjudicar temas sensibles de seguridad de Estados Unidos y de otros países”.

En lo que significaba un verdadero chantaje al Gobierno norteamericano, el abogado miamense dijo luego en una conferencia de prensa que Posada “sabe mucho y si habla podría ser dañino para el FBI, la CIA y el Gobierno en general”. Poco antes, el entonces Subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Roger Noriega, había dado a la mafia terrorista de Miami la garantía que el caso, ya citado en el Consejo Nacional de Seguridad, estaba de una forma u otra, entre buenas manos cuando expresó que el caso de Luis Posada Carriles se analizaría de manera “privada, seria y transparente”. Ya se preparaba la jugada. Kiszynski puede dormir tranquilo. No aparece ni aparecerá en el guión de El Paso.

La jueza Kathleen Cardone que dirige el “juicio”contra Luis Posada Carriles en El Paso, Texas, no permitirá a la defensa convertir las audiencias en un show anticastrista. Por lo menos es lo que indicó en prohibir a la defensa alegar que la justicia cubana falsifica a menudo pruebas judiciales.

El fiscal Tim J. Riordan III objetó la estrategia hollywoodiana la defensa al decir a la magistrada tejana:“Este no es el History Channel. . . Cuba no es el acusado en este caso. Esto no es para The Miami Herald”.

Sin embargo, Cardone dio plazo a Arturo V. Hernández, el abogado del viejo agente de la CIA, Hernández para presentar un argumento por escrito, y le dijo que tendrá la oportunidad de poner en duda la autenticidad de las pruebas cubanas.

El debate empezo poco después de que los jurados –siete mujeres y cinco hombres, más cuatro juradas sustitutas —fueran seleccionados.

Hernández dijo que tenía que hacer una “exposición” de las “mentiras de Cuba” para desacreditar el testimonio de tres oficiales cubanos que investigaron una serie de atentados con bombas ocurridos en La Habana en 1997 en una campaña de terror que financiada por fue asesino y torturador además de terrorista, que los fanáticos de Miami elogian como un “luchador por la libertad” tenía la intención.

Posada está acusado de haber mentido al contestar a la preguntas de los servicios de inmigración. A pesar de su historial de terrorista al servicio de la CIA, no está acusado de terrorismo.