La Habana y Moscú (Prensa Latina).- La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) reforzó durante 2010 su retórica militarista al continuar la vieja doctrina de intervenir en cualquier rincón del planeta atribuyéndose papel de gendarme mundial. Rusia protagoniza un acercamiento a la OTAN, cuya nueva doctrina parece contradecir el mundo multipolar reclamado por Moscú. Aún sin concluir, el 2010 resulta el más mortífero para las fuerzas que ocupan desde hace nueve años Afganistán.

A lo largo de estos últimos 12 meses, la alianza urdió estrategias para extender más allá de las promesas el plazo de las fuerzas intervencionistas en Afganistán, donde siguen empantanadas desde octubre de 2001, a pesar del creciente número de bajas militares y el incuestionable fracaso militar.

El año comenzó para la OTAN con una conferencia en Londres, en un intento de Estados Unidos para comprometer a todos los aliados en el proyectado incremento de tropas, de los gastos en la campaña afgana y en el esquema de retirada escalonada del país centroasiático, hacia 2015.

La supuesta lucha contra el terrorismo internacional, la espiral de violencia y el enfrentamiento a los focos de resistencia son algunos de los pretextos a los que recurren el Pentágono y sus socios occidentales para justificar la ocupación, ante la presión de los movimientos opuestos a la guerra.

El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres indicó en un informe anual que la misión en Afganistán debería someterse a un mayor escrutinio y nuevo examen por la reacción cada vez más negativa que muestra la opinión pública.

Alemania, Bélgica, Italia y Reino Unido encabezan la relación de estados miembros que accedieron a redoblar sus contingentes dentro de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad, comandada por Estados Unidos y en la que participan 43 países, de éstos 26 miembros del bloque.

Washington reclamó un incremento de 148 mil efectivos extranjeros en ese país, con una contribución de unos siete mil soldados más por parte de la OTAN. En Iraq, el Pentágono tiene desplazados unos 115 mil uniformados, siete años después de la invasión ilegal.

Durante la reunión de primavera celebrada en Tallin, Estonia, el secretario general, Anders Fogh Rasmussen, atrajo a la agenda de prioridades el compromiso de asumir como tarea de la OTAN el proyecto de instalación en Europa de un sistema antimisiles, diseñado por la administración de Barack Obama.

El plan del ex presidente George W. Bush fue oxigenado por una versión más sofisticada de intercepción balística con los misiles Standard M-3 y componentes estratégicos basados en el mar, para cubrir el territorio europeo de norte a sur, hasta los mares Mediterráneo y Negro, con el auxilio de potentes radares en tierra.

Rasmussen sugirió la construcción de un “techo de seguridad” extendido de Vancouver a Vladivostok (extremo oriente ruso), cuyo costo oscilaría entre 20 mil y 30 mil millones de dólares.

Al mapa militarista se integrarían nuevas bases militares en Rumania y Bulgaria, unido a los enclaves del sistema de defensa antimisiles previstos en Polonia y República Checa, con el que Estados Unidos compone el ajedrez de guerra con Europa como base permanente para las operaciones de intervención en el mundo.

Numerosas naciones europeas han contribuido directamente con tropas para las misiones en Afganistán y Paquistán; facilitado sus territorios para el entrenamiento y transportación de medios, junto con las cárceles secretas que dispuso a la CIA para torturar a sospechosos de terrorismo.

El bloque consagró el encuentro de cancilleres y ministros de Defensa, celebrado en octubre, previo a la cumbre anual de la alianza en Lisboa, al nuevo “Concepto Estratégico” para avalar en pleno siglo XXI nuevas aventuras bélicas en cualquier sitio del planeta.

Poco antes de la cita, Rasmussen realizó un periplo por geografías tan distantes como Finlandia, Bahrein, Jordania, Polonia y República Checa en busca de alianzas militares y de apoyo a los planes futuros, ya sea en Afganistán, Oriente Medio o el Golfo de Adén, siempre fuera de las fronteras de Europa.

Además del territorio centroasiático, la OTAN tiene emplazadas tropas en los Balcanes, en el Mar Mediterráneo y en el Cuerno de África.

La renovada doctrina, según el ex primer ministro danés, debía combinar el uso de armas convencionales y las nucleares en el potencial disuasorio. El armamento atómico sigue siendo necesario por razones de disuasión, alegó, tras incluir la defensa antimisiles como elemento inseparable del Concepto Estratégico.

A primera vista dicha concepción socava la seguridad de Rusia, cuyo gobierno rechazó más de una vez esos planes por representar una amenaza a su capacidad de respuesta, a la par que torpedea el futuro de un proceso real de desarme nuclear.

La postura se contrapone también a una campaña alentada este año por los gobiernos de Alemania, Bélgica, Holanda, Luxemburgo y Noruega a favor del desmantelamiento de 240 a 350 ojivas nucleares almacenadas por Estados Unidos en las bases aéreas del Viejo Continente.

De hecho la cúpula de la OTAN excluyó el tema de la cumbre de Lisboa por no ser un acuerdo de consenso entre los socios. Aun así, el asunto originó polémicas entre Alemania y Francia, las cuales pudo disipar Rasmussen horas antes de la cimera en Portugal, el 19 y 20 de noviembre último.

El secretario general de la alianza escenificó un ambiente de consenso unánime en torno al documento central, presentado como una nueva versión de la doctrina, reajustada a los desafíos del siglo XXI y a los fracasos de las dos guerras en Afganistán e Iraq (2003), nación mantenida bajo ocupación extranjera.

Analistas sostienen que el presidente estadounidense, Barack Obama, recibió en Lisboa muestras de una incondicional fidelidad del bloque occidental a los planes geopolíticos estratégicos comandados por el Pentágono, con un incremento de tropas en el este y sur de la región de Asia-Pacífico para interminables operaciones de combate.

Según el político danés, la alianza trasatlántica conserva el principio de defensa mutua ante un ataque externo, además de dar luz verde para “actuar” donde entienda que existe un peligro de ataque con misil, atentados terroristas, guerra cibernética o piratería.

La OTAN respaldó a Obama en la creación del sistema de defensa balístico para interceptar misiles intercontinentales y en los plazos cada vez más prologados para permanecer en Afganistán, a espaldas de la opinión pública de los países que participan en el conflicto.

Presentada por su secretario general como la cumbre histórica de la alianza, la cita en Lisboa siguió las pautas típicas de la organización de redefinir cada cierto tiempo -esta vez 11 años después- su estrategia militarista con más gastos que nunca y elevado costo humano.

Lo más preocupante quizás es la frialdad con que los 28 estados miembros se mostraron dispuestos a intervenir sin miramientos en cualquier conflicto del planeta que represente, según su punto de vista, una amenaza potencial para Occidente.

Rusia en la OTAN

Rusia protagoniza un acercamiento a la OTAN, cuya nueva doctrina anuncia su derecho a actuar donde lo estime conveniente, algo que parece contradecir el mundo multipolar reclamado por Moscú.

La presencia del presidente ruso, Dmitri Medvedev, en la cumbre del Consejo Rusia-OTAN, en Lisboa, pareció marcar un momento crucial en este año para finalizar la crisis de nexos entre ambas partes, tras la respuesta rusa a la invasión georgiana a Osetia del Sur, en 2008.

Medvedev reconoció en la capital lusa que persisten las diferencias entre Moscú y Bruselas sobre el estatus de las repúblicas autónomas de Abjasia y Osetia del Sur, que Tiflis considera territorios ocupados y parte inalienable de Georgia.

Además, tampoco queda clara la forma para determinar cuál será el gran enemigo para el colosal andamiaje que pretende crear la OTAN, supuestamente junto con Rusia, para impedir ataques de misiles en la región europea.

Sin embargo, a diferencia de la nueva concepción estratégica del pacto militar noratlántico, que le da derecho a actuar donde, cuando y como lo considere necesario, la declaración conjunta de la cumbre Rusia-UE posee un carácter conciliador y de comprensión a Moscú.

Medios de difusión masiva locales consideran que Rusia deja de ser enemigo oficial de la OTAN en la referida declaración, mientras la alianza atlántica inicia una cooperación en serio con Moscú para el trasiego de logística desde y hacia Afganistán, a través de este país.

Rusia, además, será más activa en programas para formar pilotos, policías, agentes antiterroristas y antinarcóticos, así como negocia el suministro de helicópteros, para lo cual la OTAN carece de dinero. Sin embargo, el grupo opositor Voluntad denuncia el acercamiento de Moscú a la OTAN, un bloque que rodea cada vez más con tropas a Rusia.

También critica las condiciones exigidas por los uniformados de esa alianza para moverse por esta nación, sin visas y exentos de responder por delitos. Tales opiniones demuestran la creciente preocupación existente en algunos sectores rusos por el alcance de una recomposición de los enfriados nexos Moscú-Bruselas.

Por otro lado, la creación de un escudo antimisil que pueda involucrar a Rusia también se convierte en nueva justificación para dar más vida a la alianza atlántica, ahora con una visión globalizada de sus tareas extendidas, incluso, a intereses económicos.

Algunos países de la OTAN van a tener una mayor dependencia de suministros foráneos de energía y en otros casos de redes de distribución, declara el concepto de la alianza atlántica que se apresta a asegurar las rutas del traslado mundial de esa mercancía.

Una reciente cumbre de estados de la cuenca del Mar Caspio (Rusia, Kazajstán, Turkmenistán, Azerbaiján e Irán), con una de las mayores reservas de hidrocarburos del mundo, confirmaron el carácter exclusivo de esos países para resolver asuntos de seguridad en la región.

Si fallamos en llegar a un acuerdo sobre seguridad y demarcación de fronteras en el Mar Caspio, otras naciones fuera de la zona intentarán hacerlo por nosotros, advirtió Medvedev en noviembre pasado.

Varias fuerzas políticas, incluido el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), la segunda del país, llaman a una posición bien sobria con relación una la alianza belicista, que insisten en reconocer como el enemigo al cual Moscú se enfrentó durante medio siglo.

El máximo dirigente del PCFR, Guennadi Ziuganov, mostró preocupación por lo que consideró como un cambio de línea en la política exterior del país que requiere aclaraciones. Medvedev estima que ni la misma OTAN conoce a ciencia cierta como puede formar un sistema global de defensa antimisil con la participación de Moscú.

Sería necesario conocer los beneficios para Rusia de una estructura que intenta justificar su futuro argumentando la supuesta necesidad de actuar en cualquier punto del orbe.

Guerra de EEUU en Afganistán

La guerra de Estados Unidos en Afganistán, iniciada en octubre del 2001, y considerada la mayor ofensiva del Pentágono desde la ocupación en Vietnam, solo refleja desmesura y desaciertos, además de objetivos sin lograr y centenares de vidas perdidas. Bajo el pretexto de realizar una campaña global contra el terrorismo internacional y la violencia, Washington pretende desde hace nueve años pacificar Afganistán e imponerle una administración étnica anti-talibán.

Por su parte el movimiento talibán afgano pidió el repliegue inmediato de las tropas de ocupación de ese país asiático para solucionar el conflicto y como respuesta a las medidas anunciadas por la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) en su cumbre de Lisboa.

En esa ocasión, la Alianza apoyó al presidente estadounidense, Barack Obama, en sus planes geopolíticos estratégicos de incrementar las tropas en el este y sur de la región. La OTAN pronosticó además iniciar la retirada de sus fuerzas militares en Afganistán para el 2014, aunque el secretario general de la Alianza Atlántica, Anders Fogh Rasmussen, precisó que no todas las tropas abandonarán esa nación para entonces. Explicó que a partir de ese momento, se mantendrán grupos de efectivos internacionales en el país, en misión de apoyo y formación.

El proceso deberá comenzar en el 2011 con la entrega del control de la seguridad a autoridades afganas en los distritos más seguros del país, y comenzará el inicio de la retirada progresiva de los 140 mil soldados extranjeros.

Sin embargo, los insurgentes consideran que en los últimos nueve años, los norteamericanos no han podido establecer ningún sistema de Gobierno en Kabul ni podrán hacerlo en el futuro. Frente al propósito de repliegue gradual revelado por los principales líderes de las fuerzas de ocupación, el movimiento talibán, también denominado Emirato Islámico de Afganistán, advirtió que no esperará a ningún calendario.

Este año unos 150 mil militares extranjeros de refuerzo han llegado a esta nación, de los cuales unos dos tercios son soldados estadounidenses. Especialistas y seguidores del tema plantean que a casi una década de intervención norteamericana, las fuerzas de la OTAN encaran un aumento de la insurgencia y ejemplo de ello fue noviembre, el mes con más bajas para las tropas ocupantes desde el 2001, con cerca de 680 muertos.

Los militares invasores registran alrededor de 150 fallecidos más este año comparado con el total del 2009, pese al reforzamiento de número de efectivos extranjeros y un incremento en la ofensiva contra los insurgentes en 29 de las 34 provincias del país.

Fuentes oficiales divulgan que los sureños distritos de Helmand, Kandahar, Konar, Kabul y Paktika acaparan las más de mil 360 muertes de soldados extranjeros, lo que representa más del 50 por ciento del total desde el inicio de la intervención en el 2001.

Esos montos han propiciado que la popularidad de las tropas internacionales en Afganistán caiga considerablemente este último año, según medios de comunicación.

Otro flagelo que alimenta la desmesura en Afganistán es la corrupción, la cual se ha doblado en cifras desde el 2007. Informes de la organización Integrity Watch reflejan que los afganos pagaron en 2009 cerca de mil millones de dólares en sobornos y para obtener algún tipo de servicio público.

Asimismo revela que unas seis mil 500 personas fueron implicados en casos de ese tipo, incluida gran parte de jueces y policías e individuos de cualquier capa social. Notoriamente, la mayoría de la población considera al presidente afgano, Hamid Karzai, y las instituciones estatales como la parte más corrupta del país.

En marzo último, el presidente estadounidense Barack Obama, pidió a Karzai que intensificara las medidas contra la corrupción y el tráfico de drogas en la nación con motivo de una visita sorpresa realizada a Afganistán, donde en estos nueve años, más de dos mil 240 uniformados de la OTAN perdieron la vida.

Recientemente el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, afirmó que más importante que los plazos para una eventual retirada en el 2014, es saber cuándo los afganos van a ser capaces de garantizar su propia seguridad.

El año más mortífero contra la ocupación

Aún sin concluir, el 2010 resulta el más mortífero enfrentado por las fuerzas que ocupan desde hace nueve años Afganistán, con un número de muertes que llegó al cierre de noviembre a 669 militares. Pero la cifra admitida por la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), bajo el mando de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), no parece definitiva si se recurre a fuentes de la insurgencia afgana.

De acuerdo con declaraciones del grupo Emirato Islámico de Afganistán divulgadas en Internet por la Agencia Kali Yuga, los medios al servicio de la OTAN difunden “irresponsablemente informaciones distorsionadas sobre una guerra perdida y tratan de ocultar sus fracasos.”

Esas fuentes, añadieron, niegan la seriedad de las investigaciones sobre la guerra, la corrupción y el terrorismo porque los invasores “no han podido establecer un sistema de gobernabilidad en Kabul y nunca serán capaces de hacerlo en el futuro.”

La tecnología y un contingente cercano a los 140 mil soldados de la OTAN, no han podido con los “muyahidines” y tampoco estabilizaron sus operaciones en las áreas rurales, limitándose ahora a concentrar sus efectivos en la zonas urbanas, precisan en la comunicación.

De tal manera, los esfuerzos de Estados Unidos y sus aliados no dieron resultados adecuados en la reciente reunión de la OTAN en Lisboa, Portugal, y la propuesta de retirada de las tropas en Afganistán para el 2014 carece de un cronograma organizado en medio de una creciente incertidumbre.

Las cifras de muertes no son creíbles ante el incremento de la insurgencia, que abarca ahora regiones del norte y el este y se mantiene en sus bastiones del sur del país.

Reportes de la insurgencia mencionan continuos combates en localidades como Logar, donde fue abandonada una base de las tropas invasoras, Khost, Kunar, Nangarhar, Paktia, Baghlan, Maiwand, Terenkot, Arghandab, Panjamwaee, Marjah y Delaran.

La guerra en Afganistán ya supera en el tiempo a la de Vietnam y cada año crece la inseguridad para los invasores, cuya cifra de muertos supera en 147 a la del 2009.

Qari Mohammad Yousuf Ahmadi, portavoz del Emirato Islámico de Afganistán, ha reiterado que “la guerra no es solo de los talibanes, es de todo un pueblo con más de cinco mil años de historia.”

La insurgencia afgana plantea que es casi imposible encontrar un área en todo el país, más allá de los dos kilómetros de las bases militares, donde se pueda caminar libre y abiertamente.

Esa inseguridad provocó el caos en el resumen del proceso legislativo de septiembre último, donde se detectaron sobornos y fraudes en las votaciones, la suspensión de funcionarios de la Comisión Electoral Nacional y la prisión de sus portavoces.

Estados Unidos, por otra parte, tampoco concreta procesos investigativos al respecto y asume un mutismo absoluto ante las acusaciones de que los 17 mil millones de dólares para la reconstrucción del invadido país se esfumaron en la práctica. A estos elementos se unen el creciente tráfico de drogas, en el que se involucra incluso al hermano de Karzai, Ahmed Wali y a militares estadounidenses, británicos e italianos.

Tal conjunto de acciones hace impensable un efectivo control de la coalición liderada por Estados Unidos, la cual sufre un incesante incremento de muertes y heridos, estimados estos últimos en más seis mil durante la actual etapa.

A pesar de presuntas conversaciones entre el régimen de Hamid Karzai con los grupos rebeldes, desmentidas por estos en más de una ocasión, la verdadera solución se encuentra en la retirada de las fuerzas extranjeras y luchar por la libertad total y la formación de un gobierno independiente, aseveró el portavoz Ahmadi.

* Los autores son periodistas de Prensa Latina; Buscarón es Jefa de la Redacción Europa, Rondón es corresponsal en Rusia; Vales trabaja en la Redacción Asia y García es jefe de la Redacción Asia.