(PL y Bolpress).- La Reserva Federal (FED) de Estados Unidos desató una “guerra cambiaria” contra el mundo en 2010 mediante una masiva emisión de dólares, en un intento de depreciar artificialmente su moneda y aumentar sus exportaciones. Hasta los primeros días de diciembre, el billete verde se había depreciado frente al euro, al yen y al franco suizo y en Bolivia su cotización bajó de 7,07 a 7,04 bolivianos en menos de un mes.

Estados Unidos trató de imponer al resto del mundo la acostumbrada política exterior de chantaje, lanzando ataques especulativos mediante la devaluación del dólar, más allá de su real valuación, por sus débiles fundamentos económicos y financieros, explica el periodista y colaborador de Prensa Latina Santiago Brugal Almanza.

La Reserva Federal (FED/banco central de EE.UU.) anunció en mayo que se verá en la necesidad de inyectar mayor liquidez a la economía para intentar su recuperación. En agosto, la FED declaró que lanzaría una masiva emisión monetaria (900 mil millones), “efecto dólar” que desató una “guerra cambiaria”, describe Brugal, que también es jurista, ex diplomático y miembro de la Comisión Económica de la Asamblea General de la ONU.

Estados Unidos sufrió algunas derrotas en su “guerra cambiaria” contra el mundo. En los encuentros del G20 y de la APEC, Washington recibió sendos reveses por parte de los líderes mundiales, opuestos a apoyar sus propósitos de llevar a China a revaluar su moneda abruptamente.

Washington experimentó su primer tropiezo en la reunión de ministros de finanzas preparatoria de la Cumbre del Grupo de los 20 (G20), integrado por Estados Unidos, Japón, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Canadá, Rusia, India, Brasil, México, Suráfrica, Argentina, Nueva Zelanda, Australia, China y Unión Europea; y luego en la reunión de Seúl.

El secretario del Tesoro estadounidense Timothy Geither pidió que los países del G20 se abstuvieran de aplicar políticas cambiarias encaminadas a obtener ventajas competitivas, y recomendó a los países con monedas devaluadas no tratar de debilitarlas.

“Los países emergentes del G-20 con monedas significativamente subvaluadas y reservas preventivas adecuadas necesitan permitir que sus tasas cambiarias se ajusten completamente con el tiempo a niveles consistentes con los fundamentos económicos”, escribió Geither.

La propuesta pretendía establecer una meta del cuatro por ciento del PIB para el superávit o déficit de cuenta corriente, en evidente alusión al superávit comercial de China. El gigante asiático, Rusia, Alemania y Arabia Saudita registran superávits comerciales por encima del límite planteado, mientras que Estados Unidos presenta un déficit de alrededor del tres por ciento de su PIB.

En su declaración final, el G20 apoyó un “sistema de tipos de cambio determinado por el mercado, que refleje los fundamentos económicos subyacentes”, aludiendo de esa manera a los intentos estadounidenses de evadir su responsabilidad por la baja artificial del valor del billete verde.

La siguiente derrota de Estados Unidos ocurrió el 13 y 14 de noviembre en Yokohama, durante el Foro de Cooperación Económica del Asia Pacífico (APEC), integrado por Australia, Brunei, Canadá, Indonesia, Japón, Surcorea, Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Tailandia, Taiwán, Estados Unidos, China, Hong Kong, México, Papúa Nueva Guinea, Chile, Perú, Rusia y Vietnam.

El ministro chino de Finanzas Xie Xuren exigió que los países ricos apliquen políticas responsables y el titular alemán de Economía Rainer Brüderle insinuó que la FED manipula el tipo de cambio del dólar.

El ruso Alexei Kudrin criticó a Estados Unidos por presionar a los mercados emergentes para lograr un equilibrio económico global, cuando fueron las políticas laxas de Washington las que generaron masivos flujos de capital hacia las economías en desarrollo, generando presión sobre sus tipos de cambio.

Los mandatarios de la APEC prometieron “avanzar hacia sistemas de tipo cambiario determinados por el mercado y aplicar flexibilidad cambiaria que refleje los fundamentos de la economía y evitando devaluaciones competitivas”.

En clara alusión a Estados Unidos, expresaron que “las economías avanzadas, incluyendo aquellas con divisas de reserva, estarán atentas ante una excesiva volatilidad y movimientos desordenados en los tipos de cambio”.

El foro de la APEC agregó que “estas acciones ayudarán a mitigar el riesgo de excesiva volatilidad en los flujos de capital que afrontan los mercados de algunas economías emergentes”.

La guerra cambiaria no solo fue rechazada por todas las naciones del orbe, sino que generó oposición también internamente. La FED tuvo que salir al encuentro de una lluvia de críticas, incluso de algunos que inicialmente respaldaron sus nuevas inyecciones de liquidez al mercado.

La emisión masiva de papel moneda decidida por la FED es atacada en el extranjero como un intento de depreciar el dólar para aumentar las exportaciones de Estados Unidos, y dentro del país por el riesgo de que provoque una mayor inflación de la que el banco central dice proponerse.

La nueva vicepresidente de la FED Janet Yellen dijo que no están tratando de hacer bajar el valor del dólar o llevar la inflación por encima de su meta del dos por ciento. Defendió la decisión de comprar 600 mil millones más en bonos del Tesoro: “El objetivo no es hacer bajar el dólar. Esto no debería ser visto como una especie de capítulo en una guerra cambiaria”.

El dólar se devalúa

El 2 de diciembre, el dólar cedió terreno ante el euro en Nueva York. Por cada euro se pagó 1,3224 dólares frente a los 1,337 de la sesión anterior. El billete verde se depreció también frente el yen (de 84,16 a 83,89 yenes por dólar) y declinó frente al franco suizo y el dólar canadiense.

En Bolivia, la cotización de 7,07 bolivianos por dólar se mantuvo inalterable durante dos años hasta el 23 de noviembre, cuando la cotización bajó a 7,06 bolivianos por cada dólar norteamericano. El 3 de diciembre se registró el segundo descenso hasta 7,05 bolivianos y el martes 21 de diciembre la cotización bajó nuevamente hasta 7,04 bolivianos por dólar.

El 10 de diciembre, el dólar caía en picada en Chile y apenas remontó el desplome de la víspera, cuando se situó en su nivel más bajo en 30 meses: sólo 473 pesos chilenos por cada dólar.

Aumentó la preocupación en sectores exportadores chilenos, los más afectados por el comportamiento de la tasa cambiaria. Según el presidente de la Comisión de Agricultura del Senado Alberto Espina, un porcentaje importante de las pequeñas empresas están en riesgo de quebrar, sobre todo muchas vinculadas a la industria frutícola.

El 13 de diciembre, el dólar en Chile se ubicó en su nivel más bajo desde mayo de 2008, al cotizarse por debajo de los 472 pesos chilenos, y el 21 de diciembre volvió a caer hasta 470,50 pesos chilenos por dólar. El consejero del Banco Central Rodrigo Vergara dijo que “tenemos que acostumbrarnos a una moneda más apreciada”.

La mayoría de las naciones están tomando medidas ante el alza de sus monedas frente al dólar, por afectar su competitividad en el comercio internacional y conllevar a una invasión de capitales con el riesgo de crear especulativas burbujas financieras.

El crecimiento de China y otras naciones emergentes, sus altas tasa de interés y la valorización de las monedas, contrasta con las bajas tasas de interés en los países desarrollados, la desvalorización del dólar y la especulación en los mercados. Ese conjunto presiona de forma peligrosa al alza de los precios de la energía, materias primas, bienes raíces y activos, inflando nuevas burbujas en peligro de estallar.

China está siendo presionada por el aumento de los precios, principalmente de los alimentos y la energía, debido a la decisión de la FED de retomar la compra de bonos gubernamentales. Funcionarios chinos declararon que esta política amenaza con reavivar la inflación y el ingreso de capitales a las economías emergentes. El 11 de noviembre China informó que la inflación anual de octubre subió sorpresivamente al 4,4 por ciento.

Según el periodista de Prensa Latina Santiago Brugal Almanza, el súper-crack sistémico progresivo de las economías desarrolladas fue alertado primero con el estallido de la burbuja inmobiliaria, la crisis del crédito, le siguió la del default, y ahora se suma el inicio de la inflación.

Estos hechos –afirma Brugal– ponen de manifiesto los cambios estructurales y económico-geopolíticos globales y resaltan la pérdida de influencia de Washington en el escenario internacional, así como la necesidad del abandono del dólar como referencia y principal moneda de las reservas mundiales.