“La mentira en cualquier momento se desploma por lo deleznable en su sustento, y la verdad aflora jubilosa, quizás algo maltratada y dañada, pero emerge imponente”. Los medios y sus implicados deberían agarrarse de la verdad si quieren ser dignos como tales.

Quienes asumimos responsabilidades en determinado momento, lo hacemos conscientes de sus consecuencias; ya sea en el matrimonio, en una empresa, en el desempeño laboral, etc., y mucho más si se trata de la conducción de masas, porque en medio está en juego sus interés pero también sus vidas. Cuyos resultados aflorarán a la vista de todos; como el posible fracaso, donde se debe demostrar capacidad de reflexión para enmendar errores. Porque los dirigentes, al margen de estar sujetos a procesos internos y formales de ley; también lo están al tilde mediático y de los “Revolucionarios de Salón”. Y ¿por qué no tendrían que estarlo ellos?.

1. LA INGRATITUD DE SER UN LUCHADOR SOCIAL:

Todas las organizaciones Sindicales y Populares, tienen normas que hacen a su conducción, sus Estatutos, cuyo contenido debe ser respetado por todos sus miembros. Ninguno de ellos tiene la libertad de hacer lo que no se debe hacer. Todos están regulados por la norma interna basada en leyes vigentes y la Constitución. Nadie tiene potestad para zafarse de ellas.

Si la tarea de conducir intereses sociales, de la Región o de la Nación; implican asumir una posición política contra los poderes formales; el dirigente sabe de las consecuencias de por medio. Porque ello implica romper con la formalidad, para lograr una conquista. Por ejemplo; en lo salarial, no es cuestión de decir “hasta lograr el costo de la canasta familiar” -lo deseable- y con todas sus consecuencias. Porque así, es simplemente estar predestinado al fracaso.

Del ejemplo expuesto podemos concluir: Si se conduce a las masas con falsas expectativa y con movilizaciones “aguerridas”, los saldos podrían ser muy lamentables; muertos, heridos y quizás a cambio de nada. Entonces, el dirigente no puede jactarse de consecuente, cuando otros pusieron el pellejo. Este ejemplo suele ocurrir con marcada frecuencia por quienes empujan al despeñadero. Estas son las razones por las cuales nos encontramos con muy pocas posibilidades de ser conducidos en la perspectiva histórica de las masas.

Romper parabrisas, romper cristales, quemar gomas y destruir cosas del Estado no es “Revolución Armada”, es simple provocación en desigualdad de condiciones, cuyos saldos, serán siempre negativos para las masas. Por posturas irresponsables. Ojalá, los que lo proclaman supieran que es “la lucha armada” y ponerse al frente.

Por otra parte, esto no quiere decir que los dirigentes deban ver y dejar pasar el atropello a los intereses que representan. Ello implicaría traición y consecuentemente sanción. Por ello, el conductor de masas debe estar preparado en lo que más pueda, de lo contrario; buscar asesoramiento en términos sustentables. Sólo así es posible obtener resultados positivos, no en la dimensión deseada, pero con riesgos disminuidos. Lo importante es avanzar, leal a los intereses que se representa.

Los conductores de masas, tienen un sentido desarrollado sobre cómo llegar al objetivo, según su formación ideológica. Porque, una estrategia no tiene sentido sin un objetivo claramente definido, del cual dependen las tácticas para la conducción estratégica. El estratega es el responsable de la conducción y sus consecuencias, porque en torno a él se mueven o se anulan las tácticas. Al igual que lo son los ejecutivos o máximas autoridades en la conducción de instituciones a su cargo.

Cuando en una demanda se impone un extremo inalcanzable bajo el acicate del discurso penetrante. No es de cobardes hacer un paso al costado y endilgar la responsabilidad a quienes azuzan ese extremo. Es una forma saludable de cargarles la responsabilidad a los “Revolucionarios de Salón”, a los campeones de la excusa y los adjetivos; a los que concomitan solapadamente con el patrón y la derecha; a los que no tienen capacidad de reflexión para reconocer errores.

La experiencia enseña que, son los resultados los que nos hacen merecedores del reconocimiento o la censura de los representados, y ahí termina todo. Pero, respecto al Estado no así. Peor, si en un conflicto hubo muertos y/o heridos. Entonces, tienen que haber cargos de responsabilidad para que los implicados. Porque no se puede poner en riesgo vidas, o lucrar de los Movimientos Sociales a de título de “representar” sus intereses, y quedar impunes.

En las luchas de los Movimientos Sociales; empujar al despeñadero o apretar el gatillo suenan sinónimos, por lo que los responsables merecen un proceso en las instancias correspondientes, para ser absueltos o sancionados. Y ¿por qué no, lo mismo, con los propietarios de los medios y sus implicados?

Por todo lo expresado, suele decirse que ser un luchador social tiene sus riesgos y habitualmente no bien reconocido, sólo es para consciencia de sí. Porque en las luchas sociales, también existe la picardía de quienes nos roban fácilmente la historia, sin arriesgar nada. La ingratitud termina siendo un consuelo de mal gusto para quienes fuimos leales con los intereses que representamos, pero, en paz con Dios, la sociedad y nuestras consciencias.

A los medios y sus implicados siempre los vimos al frente como tentáculos perniciosos de los gobiernos. En contra de los Movimientos Sociales. Ellos son quienes no tienen nada que contar y no debemos permitir que nos roben la historia. Salvando las excepciones, fueron y son lo más pernicioso a nivel planetario. Los hechos así lo demuestran.

2. TODOS ESTAMOS SOMETIDOS A LAS LEYES Y SUS PROCESOS:

Laboralmente, si un trabajador quebranta la norma que le rige, se hace pasible a sanciones, desde una llamada de atención hasta el despido con el debido proceso. Y si el patrón hace abuso de autoridad y no cumple la Ley, también está sujeto a sanción. Si bien la ley laboral precautela intereses de los trabajadores, también precautela los del patrón. Ninguno puede hacer lo que le plazca. La norma sanciona a quien infringe. Porque en esa relación está inmerso el interés social amparado por ley. Entonces, ¿por qué no va haber ley que regule a los medios y su producción?.

Cuán importante es que los funcionarios públicos y privados, desde el más alto ejecutivo hasta el cargo más humilde, tengan consciencia de lo que es la cosa del Estado y el desempeño laboral. Porque ambos son fuente de vida. En ese sentido creemos que se creó la Ley SAFCO, para fiscalizar el manejo de los recursos del Estado, estableciendo responsabilidades administrativas, civiles y penales, por acción u omisión; donde no cabe la excusa. Y esta norma no ha sido creada bajo la iniciativa del actual gobierno. Más bien habría que mejorarla en su aplicación. Pero, ­­­¿cuántos cumplen la Ley y los dictámenes del ente fiscalizador?. Muy pocos o nadie.

Todos los administradores neoliberales se hicieron ricos robándole al Estado, a sabiendas de la Ley SAFCO. Entonces, cuando existe una persecución de la Ley cuidando la cosa del Estado, no se puede recurrir al expediente pernicioso de que se trata de una “persecución política” o el autoritarismo del gobierno como proclaman los medios canallescamente.

La Ley Anticorrupción, Marcelo Quiroga Santa Cruz, de carácter retroactivo, es el mejor instrumento jurídico para evitar el enriquecimiento ilícito robándole al Estado. Los administradores del Estado deberían saberlo, para no vivir temiendo la persecución de la Ley. La derecha, los medios y sus implicados, por experiencia propia saben en qué consiste una “Persecución Política”. Entonces, si robarle al Estado es un delito. ¿Pretender dividir al país no lo será?. Y ¿los medios nada tienen que ver en ello?. ¡Claro que sí!, y las pruebas estuvieron a la vista de todos, más claro, con la representación asumida ante el gobierno norteamericano que encubre a los mayores ladrones y genocidas del Estado boliviano; Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Sánchez Berzain, Manfred Reyes Villa y otros, ya no quepa duda alguna.

3. SENTIDO COMUN: TODOS DESEAMOS JUSTICIA:

“Las leyes no por ser tales son justas, sino que depende de cómo y en favor de quien se las plica”. Solía decirse. Si en un delito estaba involucrado un pobre, la ley debía ser dura y ciega, pero no; con los delincuentes de cuello almidonado. Los “moralistas” de la ley, secreto a voces se movían y sentenciaban al ritmo del mejor postor. La administración de justicia estaba corrupta por los partidarios de la derecha (MNR, ADN, MIR, NFR, MBL). Por ello las cárceles están repletas de delincuentes pobres, sin los que le robaron al Estado. Delincuentes ricos impunes con marbete de “prósperos ciudadanos”; que increíble y exprofesamente no los denuncian los medios y sus implicados.

Esto de robarle al Estado se había hecho un oficio inescrupuloso de corrupción. Cuando llega el Proceso de Cambios gracias a las luchas de los Movimientos Sociales, en especial los del “Heroico Octubre del 2003”. Los ladrones del Estado cierran filas con los partidos tradicionales de la derecha, las iglesias, las ONG(s) y los medios de comunicación para truncar el Proceso, porque se les va de las manos el poder que ostentaron con el Estado Neoliberal. Gobernado por sátrapas y testaferros de la oligarquía y las transnacionales.

El Proceso de Cambios avanza. Por primera vez, las cárceles se abren a quienes le robaron al Estado y pretendieron su división. Quienes osaron traicionar a la patria, sabían que cometían un delito penado por ley. Si los implicados prueban lo contrario estarán exentos de culpa. Pero, en los sucesos del reciente pasado, ¿acaso no tuvieron participación cómplice los medios y sus involucrados?. Porque si no es así y fueran honestos, serían los principales acusadores de los hechos luctuosos e ignominiosos en Sucre, como otros similares en el interior del país. Los hechos estuvieron ahí, no podrán esconderlo.

Los Luchadores Sociales, sabían a lo que se exponían en la reconquista de la Autonomía Universitaria, de la Democracia, o en las reivindicaciones sociales, locales, regionales y nacionales, al extremo de arriesgar la vida a cambio de nada. Para que los neoliberales usufructúen del Estado con una prensa encubridora.

Entonces, los representantes de los medios y sus implicados ¿con qué moral se atreven a determinar que lo que se hace en justicia es “persecución” política?, ¿con qué moral se arrogan ser representantes de la “libertad”, la democracia y de la libertad de expresión?. Si convivieron con las más crueles dictaduras y gobiernos neoliberales agarrados a la corrupción. Salvando por supuesto honrosas excepciones. ¿Por qué temen a la ley?. No hay que ser racista, discriminador, ni robarle al Estado y la ley no tendrá que perseguir.

El actual Proceso de Cambios no deja de estar en peligro respecto a la derecha, las iglesias, las ONG(s), la oligarquía enquistada en las transnacionales, ni de los tentáculos del gobierno de los EE.UU. que cobija a los principales ladrones del Estado de la época neoliberal, a Gonzalo Sánchez de Lozada y sus secuaces; quienes desde allá con seguridad traman intervenir Bolivia, dividirla y convertirnos en esclavos a la moderna, a cambio de hambre, sangre, muerte y contento de una oligarquía irresponsable.

Los medios y sus implicados, endiosados por sí mismos le mintieron con cinismo al pueblo, que supuestamente le respaldaba con un millón de firmas. A la hora de la verdad, formalmente, presentaron ocho libros con 32.049 firmas, de los cuales un 10% serían válidos. El descaro de Antonio Vargas es temerario, poco transparente, después de tocar puertas de los delincuentes refugiados en EE.UU., intenta justificar lo injustificable representando a la APN. Los trotskistas y revolucionarios de salón no dicen nada al respecto, intentan eclipsar tremenda osadía, enarbolando banderas de reivindicación laboral y social. Trabajan juntos como nunca.

La estrategia reaccionaria está en marcha; “Revolucionarios de Salón” y trotskistas robándonos el discurso por el flanco izquierdo; haciendo fuerza común con los neoliberales, las iglesias y las ONG(s) por el flanco derecho. El objetivo: truncar el Proceso de Cambios que costó sangre al pueblo trabajador. Para favorecer intereses oligárquicos y el de las transnacionales.

Víctor Flores Álvarez

Sucre-29-Noviembre-2010