En esto, existen dos principales problemas. El primero los rendimientos de la agricultura boliviana, verdaderos desastres, salvo una que otra excepción. El segundo, los precios internacionales.

Escribí inicios de 2008 ¿Cómo incentivar la producción agrícola? ver bolpress.com Gracias a Antonio Andaluz, en el caso de la papa, tomábamos un ejemplo de que cualquier papero en el Perú saca 40 toneladas por hectárea contra 2 ton en el Occidente boliviano y 11 en el Oriente. La madre del cordero está en el buen material genético y muchos insumos, entre ellos fertilizantes. Holanda saca ¡150 ton! porque la papa es una simple maquina biológica que recibe (input) insumos: nitrógeno, fósforo, potasio, etc. para que salgan (output) granos Aquí en Bolivia practicar semejante agricultura sería para pagar los insumos. ¿El resultado?

Actualmente, consumidores bolivianos prefieren comprar papa holandesa más barata y grande que la nacional, y el importador gana 200% bruto por importar…¡agua! Lo mismo sucede con el arroz, azúcar, trigo, maíz que el gobierno ahora importa, para subvencionar precios de esos productos y evitar que suban, mientras el contrabando gana sacándolos a los países vecinos, donde sus precios subvencionados dejan márgenes ante los precios del mercado internacional. Vigilar las extensas fronteras para impedirlo, es otro costo. Además que en el contrabando participan pueblos enteros y al final, las autoridades encargadas de evitarlo, no pueden cumplir a cabalidad su tarea, cuando algunas no ingresan en el circuito, incluido políticos.

El segundo problema: los precios internacionales. En Asia, el arroz subió un promedio del 10% en lo que va del año. El maíz 42% en China y el trigo 32%. Porque los alimentos son “commodities” y con la desvalorización del USD, también posibilidad de inversiones en compras a futuro, de aquellos que no lo hacen en el oro, plata, etc. Los productos alimenticios continuarán subiendo de precio, haga lo que haga el gobierno, debido a un contexto internacional que en este aspecto no le favorece, contrario a lo que sucede con los precios de los minerales, por ejemplo. A lo que se debe añadir la desvalorización de la moneda estadounidense, la queaumenta las inversiones de los que se quieren deshacerse de ésta en “commodities”. Suponiendo que tuviéramos buenos rendimientos locales en la producción agrícola, acontecería lo mismo, porque no venderlos a precios internacionales significaría perdida para los productores.

En otras palabras, el gobierno boliviano no podrá continuar subvencionando precios de los productos agrícolas de consumo masivo (lo que además implica subvencionar también su producción, caso, por ejemplo, del arroz en Yapacani, donde las comunidades no logran aproximarse a los rendimientos de la colonia japonesa), cuyosprecios internacionales que rigen en la mayor parte de los países vecinos son un atractivo, para que habitantes de nuestro país los contrabandeen.