Cuando afirmo que el putrefacto espectro del estalinismo esta gravitando hoy sobre el hermoso proceso que se inicio el 27 de febrero en Venezuela, colocándolo en peligro de fracasar, no lo hago como un recurso retórico, sino como la denuncia de una triste realidad.

Esto lo podemos apreciar con crudeza en la sistemática política de inamovilidad salarial que ejecuta el gobierno hacia los trabajadores, empleados y profesionales de la administración pública, que es criminal ante una vertiginosa inflación que está deteriorando gravemente su capacidad adquisitiva y su calidad de vida.

Pero antes de seguir adelante, dedicaré unas breves líneas para hablar sobre el estalinismo.Marx, en su manifiesto comunista de 1848 planteó, como alternativa ante la dictadura de un sistema capitalista explotador, voraz e inhumano, la implantación de una sociedad socialista justa y sin privilegios de ningún tipo, a la cual se llegaría mediante la dictadura de la clase explotada, el proletariado.

Lenin, despues de analizar la experiencia de lucha de las clases trabajadoras, en su libro Qué Hacer expone su conclusión de que el proletariado por si mismo es tradeunionista en sus luchas, es decir, que se limita a conseguir reivindicaciones como trabajadores y no se plantea la toma del poder político como objetivo, y que para alcanzar éste es necesario construir una vanguardia consciente, el Partido, el cual, encabezando las luchas del proletariado por sus reivindicaciones más sentidas, lo “hale” para que cumpla su rol histórico, la conquista del poder y la construcción del socialismo. Bajo esa premisa diseñó la estrategia que llevó a la Revolución de Octubre de 1917.

A la muerte de Lenin en 1924 se desató una feroz lucha por el poder entre la mayoría de los dirigentes del Partido Comunista de la URSS, situación que aprovecho Stalin, a la sazón un oscuro dirigente de la dirección de ese Partido, para hacerse del poder con el argumento que la existencia misma del Partido estaba en peligro si se seguía con esas divisiones internas, (es decir con la democracia) y que la única manera de salvarlo era mediante un liderazgo único, centralizado y fuerte. Era la tesis de “Un Líder único, un Partido único, un pensamiento único y una acción ónica”.

Asi vemos cómo, en nombre del socialismo, nace uno de los regímenes más corruptos, ineficaces y criminales de la historia de la humanidad, en donde un hombre y su reducida camarilla gobernaron a su antojo a una nación de centenares de millones de habitantes.

Para sostenerse en el poder, y ante lo novísimo de un sistema que no tenía antecedente, esa camarilla asesina tuvo que prácticamente improvisar muchas de sus acciones, que luego fueron presentadas por los propagandistas de ese régimen como dogmas del marxismo. En otras palabras, se ideologizó una práctica.

Así nacieron conceptos como la multipolaridad, el igualitarismo ramplón, el “poder popular” ejercido mediante asambleas o soviets, la concepción de los organismos de masas como simples correas de transmisión de la voluntad del Partido, etc., que para el común de la gente constituyen la quinta esencia del marxismo, al punto que hoy se confunde el comunismo con el estalinismo.

Esas tesis estalinistas fueron las que normaron el funcionamiento de los distintos países que abrazaron la causa socialista en el siglo XX, y son las mismas que hoy en Venezuela, lamentablemente, sirven de pauta para la acción del gobierno. Entre ellas, la actual política salarial de hambre que sus ideólogos denominan como pro-igualitaria y la cual esta basada en argumentos tales como “la no diferencia entre el trabajo manual y el intelectual” y por supuesto, “la no diferencia entre sus remuneraciones”, conceptos impuestos a destiempo por Stalin y que dieron lugar a la política de colectivizacion que inició en 1928 en la URSS, que si bien son ciertos para ser aplicados cuando se alcance el ideal comunismo, constituyen un garrafal error al pretender aplicarse en un proceso de transición socialista.

Por cierto, esa política de colectivización fue la que determinó que, movidos por el temor, los sectores medios de la población europea, hasta ese momento neutrales, tomaran partido por el capital en su lucha en contra del trabajo, abonando el terreno para la aparición del nazismo.

En Venezuela está ocurriendo igual. Al creciente malestar que se esta viviendo en los sectores laborales del gobierno por su política salarial, hay que sumarle el rechazo de los sectores medios a ese igualitarismo ramplón, que sumados pueden dar al traste con este proceso, tal como sucedió en los países del bloque soviético.

Se hace necesario, pues, que los venezolanos tomemos de una vez por todas las riendas de este proceso y lo reconduzcamos por los senderos de la racionalidad y el progreso.