De una casual secuencia de mis artículos Hijos del Desierto (sept.2004), Muchas Tierras y Pocas Buenas (ag.2005) y Del Surcofundio a la Pobreza Territorial (ag.2006) (verlos enteros en bolpress.com) va mi reflexión.

Impresionado, el 2004 escribí: “Todo un país sufriendo las consecuencias de los chaqueos, nadie castigado y cada año lo mismo. Se trata de un problema que, además, refleja lo arcaica que es nuestra agricultura o el pésimo aprovechamiento de los pocos suelos productivos, para no hablar de la destrucción a la que están siendo sometidos, razón de nuestra pobreza. La forma de explotar la tierra en nuestro medio es tumbar el bosque primario para que los colonizadores o quienes la trabajan tengan condiciones de cultivarla y lo primero que hacen es chaquearla. Lo que significa eliminar la capa vegetal primaria. Después, cuando ya no la pueden cultivar más, dejan el terreno en descanso o en barbecho, lo que quiere decir que entonces crecen las especies que componen el bosque “secundario”. Al cabo de 5 o 7 años nuevamente chaquean y queman el bosque secundario y otra vez se cultiva especies que pertenecen a la producción de los “agricultores”, y la tierra se va erosionando.

El 2005 señalaba, que nadie asegura que las comunidades originarias una vez dueñas de la tierra, la transformarán en riqueza para salir de su pobreza. El verdadero problema en Bolivia es que las tierras con vocación agrícola son apenas 16,4 millones de hectáreas sobre un total de 109 millones de hectáreas y sólo 128 mil hectáreas son irrigadas, lo que implica fuertes inversiones y tecnología…no existen suficientes tierras con vocación agrícola. Todos quisiéramos ser dueños de tierras con los rendimientos que tienen las 28.450 hectáreas de coca (junio 2003). Para evitar la lucha por la tierra con vocación agrícola, incluida la que produce coca, el estado debería ser dueño de la tierra (ver comodato en China Popular), licitándola cada determinado período de 5 a 10 años (puede ser más años), sobre la base de cálculos de rendimiento, evitando su agotamiento o explotación desmedida, con reglas y garantías tangibles bien establecidas.

Finalmente, el 2007 opinaba sobre la segunda Reforma Agraria: El objetivo es entregar tierras en el marco de territorios definidos conforme a diferentes pueblos indígenas con sus costumbres, enfatizando lo comunitario en vez del minifundio del MNR. Proceso que si insiste en sólo aspectos políticos y jurídicos de todo lo que concierne a tierra y territorialidad e ignora nuevamente las necesidades de capital y tecnología, ampliará la pobreza originada en el surcofundio del altiplano y valles a los territorios de todo el país, especialmente del Oriente. La hendedura para cosechar pobreza ya no será en la tierra de los indígenas pongos transformados en campesinos pobres, sino en la destrucción de los recursos naturales de los territorios de los indígenas convertidos en naciones.