(Prensa Latina).- El futuro incierto del mundo no se debe a la diferente recuperación entre su porción más desarrollada y la emergente, sino a la naturaleza misma de la crisis. Organismos globales consideran preocupante el mayor dinamismo de países y personas más pobres -precisamente los que han sufrido siempre las mayores consecuencias- y ahora les reclaman ir al rescate de los más ricos.

El director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, recién declaró en Washington que el mundo afronta “un futuro muy incierto” y que la recuperación en marcha es “frágil porque es desigual”.

Según él, la disparidad se debe a que el avance se produce a dos velocidades, la rápida en el mundo emergente y la lenta en el desarrollado, lo que es cierto en parte, pero no por las razones que aduce.

Strauss-Kahn alude a países como China, India, Brasil y otros en auge relativo y a regiones como América Latina, de apreciable crecimiento potencial en el 2010, luego de una baja en el 2009 y de otra previsible en el 2011.

Al iniciar la asamblea anual del FMI y el Banco Mundial dijo que si “la recuperación económica en marcha” no crea trabajos, se perderá una generación de personas debido a la crisis.

También apuntó que uno de los principales riesgos es que sea una “recuperación sin trabajos”, sobre todo en los países avanzados, cuyas tasas de crecimiento podrían no ser suficientes para crear empleos.

En su discurso, insistió en la necesidad de buscar el crecimiento, pues para el hombre común y corriente la recuperación económica no significa mucho si no hay creación de empleos, precisamente lo que ocurre.

Su formula consiste en eliminar la amenaza planteada por los elevados niveles de deuda pública, algo que mandatarios europeos reconocen sin posibilidades de solución en el mediano plazo y, además, sin definir cómo.

El FMI recomienda, sin embargo, que los países en esa situación se adentren a medio plazo en la senda de la austeridad fiscal. No se sabe si esto significa reducción de impuestos para elevar la inversión, sin pago de deudas, o aumento de aquellos para amortizar débitos, con consecuencias recesivas y daños sociales.

Analistas lo consideran una paradoja, pues la perspectiva cierta es que aumente el desempleo y se eliminen aún más las conquistas históricas de los trabajadores.

El Fondo recomienda impulsar el crecimiento necesario, sobre todo en Estados Unidos y la Unión Europea (UE), pero a partir de un imposible.

La Unión Americana concluye esta semana con incremento en las solicitudes de seguros por desempleo, aumentos del índice de precios al consumidor y elevación del déficit comercial, lo que evidencia empeoramiento de su ya anémica economía.

De todos modos, el FMI cifra sus esperanzas en finalizar un proceso de reformas en el sector financiero, aunque admite que tener “mejores reglas” no sirve para nada si no existe supervisión e implementación.

Como es su práctica habitual, mantendrá el control sobre la economía mundial, obedeciendo a una de las partes.

Se trata de recargar la mano sobre las históricas economías de la periferia, según lenguaje arcaico, para que rescaten a los depredadores del centro.

Imponer condiciones al capitalismo del mundo desarrollado, que las dicta, sería como ir contra el libre mercado de bienes, servicios y capitales, la columna vertebral del sistema.

El mundo no escapa a una Gran Depresión porque se le hayan inyectado a la banca global fondos públicos, que eran imprescindibles para enfrentar necesidades sociales.

En la práctica, la recesión actual es de mayor magnitud global que aquella, no se encuentra resuelta y sumerge en una mayor penuria e inestabilidad a los sectores más pobres en la parte más afectada del mundo.

El director gerente del FMI recomienda un reequilibrio global que lleve a los países deficitarios a ahorrar más y a los que poseen superávit a estimular la demanda.

Sin embargo, los deficitarios son en gran medida los del mundo desarrollado, donde se deprimen la demanda, el empleo, las pensiones y otros beneficios; mientras que los superhabitarios son, en parte, los llamados emergentes, afectados por la crisis en otra dimensión.

Al contrario de lo que propone el financista, sería suicida para las naciones pobres y estructuralmente desiguales del Tercer Mundo elevar -en detrimento de la redistribución social- el consumismo a favor de la porción más desarrollada del planeta, ahora deprimida.

Además del daño económico, se debería tener en cuenta que, por ejemplo, si todos los habitantes de la Tierra vivieran como los 500 millones de pobladores de la UE, se necesitarían casi tres planetas para satisfacer sus demandas de consumo, solamente.

Medios periodísticos reflejan que esta es una de las conclusiones más impactantes del Living Planet Report 2010, divulgado por World Wild Fund (WWF), una de las organizaciones no gubernamentales ecológicas más poderosas del mundo.

Basada en la referida fuente, la agencia italiana ANSA reporta que el siete por ciento de la población mundial -es decir, la totalidad de los ciudadanos de la UE- consume recursos equivalentes a 2,8 planetas Tierra.

Según Tony Long, director de la oficina para políticas europeas del WWF, “la UE es una de las regiones más ricas y densamente pobladas del mundo, pero estos niveles de bienestar los logra a costa de los países en desarrollo y (de) las futuras generaciones”.

Debido a ello, el Viejo Continente es un gran deudor ecológico que los recursos del planeta no podrán sostener por mucho tiempo más, asegura.

No es racional ni posible que los países llamados emergentes eleven su consumo al nivel de los europeos para rescatar a aquellos de la crisis, junto a otros en iguales circunstancias, mediante la fórmula de sumarse a una orgía consumista tres veces superior a la soportable.

Los que ahora experimenten una relativa recuperación, ni prolongada ni infinita, solo podrán aspirar racionalmente a invertir riquezas, con criterio sostenible, en el desarrollo humano y en la actividad productiva así estimulada.

Es comprensible la advertencia de Gianfranco Bologna, director científico de la WWF italiana, acerca de que estamos más allá de las fronteras planetarias en tres aspectos: el flujo de nitrógeno, la biodiversidad y los cambios climáticos.

Según él, hoy el impacto es soportado sobre todo por los países pobres y en vías de desarrollo. Si se espera que haya “cuanto antes compatibilidad entre contabilidad económica y contabilidad ecológica”, debe concluirse que la recuperación solo podría basarse en la sostenibilidad a favor de todos.

Sin igualdad social, el planeta se avizora insostenible.