El deporte y la salud

Carlos F Toranzos

octubre 7, 2010Publicado el: 3 min. + -
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Los romanos ya dijeron que “mens sana in corpore sano” y antes que ellos los Aztecas ya tenían equipos de una especie de fútbol y baloncesto mezclado y les daban un tratamiento de semidioses a los jugadores que resaltaban. Los Incas solo jugaban a una especie de ajedrez sin embargo por algún motivo en sus contactos con los mapuches, copiaron su juego, algo parecido al jockey y que los Mapuches llamaban chueca. No hay mucha descripción de los juegos en el nuevo mundo pero con toda seguridad además del trabajo había ocio.

Alguien puede decir que el T’inku es una especie de campeonato inter provincial, con sus categorías de liga, sus clasificaciones y sus héroes.

Quien haya presenciado un T’inku sabrá que es una batalla genialmente presentada, donde las reglas son claras. Escoger al contrincante, ponerse en frente y darse de golpes hasta que uno de los participantes caiga, esto en enardece a los espectadores quienes aprovechando la lucha lanzan sus desafíos personales, y así se logra una batalla de dos Ayllus. Los ganadores, entonces, gozara no solo de buena cosecha sino de las bendiciones del Tata Inti.

El futbol parece que se ha convertido en el nuevo T’inku. Los jugadores eligen a quien van a marcar, lo persiguen durante todo el juego, no le dejan en paz ni un momento, este jugador sabe que primero debe deshacerse del marcador para asi dejar ver sus habilidades en marcar el gol. Si se le escapa al que marca, este busca maneras de recuperar su posición como sea incluso llegando a juego sucio, con técnicas bien aprendidas de trampear, planchar, agarrar, empujar, pisar y un sin número de técnicas de trampa para hacer que tu oponente no marque goles y te deje a ti hacerlo.

El presidente de Bolivia, un jugador de fútbol muy dedicado, sabe perfectamente de todas las trampas. Sabe que tiene que lograr la pelota y con ella marcar goles y si le planchean, se tira al suelo, no, él no, se aguanta y calladito se acerca al agresor y le deja sin plan de multiplicación. Un rodillazo en la entrepierna tumba al agresor, ojo por ojo, y el árbitro haciendo gala de lo que es la justicia del campo de fútbol echa al agredido y pide disculpas al agresor. Igualito que los grandes del fútbol, desde la mano de Dios hasta el volapié del francés y las múltiples patadas del holandés.

Ni en T’inku ni en la cancha. Este comportamiento deportista no debe ser ni aplaudido ni justificado, debe ser objeto de reproche y de pedir mutuas disculpas.

El ex-presidente Putin que es un judoka de cuidado, cuando un contrincante, de su elección, le tiró al suelo, Putin puso cara de “esto no estaba en el guión” y se lanzó como un poseído para demostrarle que además de presi era un buen judoka. El resultado el atacado recula y el presidente le pide perdón por su reacción poco deportista.

¿Estaremos escuchando una disculpa del presidente?

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