(Erbol).- A más de 1.500 días de las próximas elecciones nacionales, Morales adelantó que quiere ir a la reelección. Hizo lo previsible, pues, un político es igual a otro político (Correa a Chávez y Chávez a Evo), pero un hombre puede ser enormemente diferente a otro hombre (Lula, por ejemplo), pero no es el caso. El anuncio generó, al margen de la discusión jurídica, dos efectos:

Primero: echó agua fría a las internas que hay entre dos bandos por heredar el trono: “alvaristas” (Álvaro García Linera) y “choquehuanquistas” (David Choqueanca). Dos caras del mismo proceso de cambio, pero con procesos cambiados. Llegó a tal extremo esta pelea que fuentes bien informadas revelan que “los jacobinos” se esfuerzan por convencer al “jefazo” para mandar al Canciller como Embajador de Bolivia a EE.UU. El propósito: exilio dorado en el Imperio para los indígenas y poder total para los “políticos profesionales”. Ahora que ya se sabe quiénes serán los candidatos del MAS el 2014, es probable que Choquehuanca siga encuevado en su Ministerio y García continúe al mando del timón del gobierno.

Segundo: tras el fracaso de la derecha, hubo un silencio de varios años que de rato en rato se rompía con una pregunta: ¿y ahora por quién votamos? Ni modo, por el Evo; y así llegó el vivir bien. A mitad del camino, la interrogante cambió: ¿y ahora? Preferible Evo y no Manfred. Casi cinco años después, sale del túnel un probable contrincante serio de Morales y trae consigo otras interrogantes: ¿puede ser Juan del Granado? Puede. Pero… ¿le ganará a Evo? Ummm (lenguaje chat), veamos:

Hipótesis uno: El proceso entró en su tercera etapa: la borrachera del poder (la primera se extendió durante la construcción de la Constitución tras el triunfo de 2005 y la segunda, la derrota de la derecha). La consecuencia se nota en el desencanto de sectores identificados con el proceso, pero no con el “masismo” y el natural desgaste del poder. Juan dejó la Alcaldía paceña con una alta popularidad que causó, en abril pasado, su triunfo electoral nada más ni nada menos que en La Paz. Pero, Evo aún sigue siendo sinónimo de emancipación indígena y de inclusión.

Hipótesis dos: el sustrato simbólico indígena sufre una desmitificación y deja de ser la reserva moral. Las estrepitosas caídas de Santos Ramírez, Patzi, Surco, despiertan la sospecha, entre dirigentes, de que hay un novelesco y policíaco seguimiento (o espionaje) a líderes indígenas para anularlos con guantes de seda, identificándolos como corruptos, borrachos y nefastos hijos de la borrachera del poder. Aniquilado el sujeto histórico en su dimensión simbólica, viene la hora del pensamiento mestizo. Y Juan representa esa sangre política. Pero, Evo no es un político con un ser ya dado, tiene capacidad para regenerarse incluso en la fase mestiza.

Hipótesis tres: Evo ganó política y militarmente las batallas que quiso a la derecha apátrida. Pero aún no se enfrentó a un partido y a un líder de su tendencia y misma talla moral. Juan lactó de la misma leche del proceso que su contrincante, aunque no de la misma vaca.

Hipótesis cuatro: Juan tiene lo que no tiene Evo: Gestión. Hasta ahora, el Presidente demostró que es un implacable “boxeador callejero”, pero su habilidad de gerente sigue en duda. Juan se explayó 10 años demostrando su capacidad para administrar la cosa pública. Pero, Evo aún tiene cuatro años para probar que es un eficiente gestor de futuro.

Hipótesis cinco: es probable que no encuentre una respuesta, pero eso no quiere decir que deba renunciar a plantear la pregunta: ¿y si el árbitro de las elecciones no es neutral?

* Director de la Red Erbol.