El Presidente Barak Obamaha ha manifestado durante la conmemoración del 11 de Septiembre en New York que los Estados Unidos no están en guerra con el mundo Islámico, sino con los terroristas de Al Qaeda. “No ha sido una religión que nos ha atacado, ha sido una banda de terroristas y criminales que han pervertido una fe y una cultura religiosa”.

Pocos días antes, el acto inconsiderado de un oscuro pastor evangélico de una minúscula iglesia con menos de 20 adeptos, ha puesto en grave peligro las relaciones Islam-U.S.A. amenazando con quemar públicamente en una hoguera un centenar de copias del Coran, en el noveno aniversario del atentado de Al Qaeda a las torres gemelas. Si hubiese llevado a cabo su propósito, el mundo musulmán se hubiese revuelto. Con ese gesto idiota, el pastor de Gainsville ha puesto en peligro medio mundo occidental.

Copias del Corán han sido quemadas en otras ocasiones por integralistas cristianos, actos de simple idiocía que no habían causado ningún problema y ninguna reacción en el mundo musulmán sin crear ningún peligro a las tropas estadounidenses en Iraq y Afghanistán.

Mucha culpa de lo que ha sucedido tienen los medios de comunicación, de modo especial la TV, entrevistando cotidianamente al sujeto y dando demasiado resalte a su gesto, amplificado de este modo todo el evento y haciendo del personaje el argumento central del aniversario del 11 de septiembre. Hasta hace un mes, nadie sabía de la existencia de este hombre: era un ilustre desconocido, en la última semana se ha convertido en el personaje más famoso de los últimos días, obscurando incluso al Presidente Obama.

El mismo Presidente de los Estados Unidos, el papa Benedicto XV, el General Petraeus, políticos y religiosos de varias confesiones han intervenido para evitar que el mundo islámico se incendiase produciendo nuevos atentados y actos de venganza de los integralistas.

Lo que ha sucedido en estos días, pone algunos interrogativos fundamentales que se remontan al 11 de septiembre del 2001 y que se refieren a las relaciones entre el Mundo Occidental y el Islam. Nos referimos a las diferencias culturales, religiosas, a la tolerancia y al terrorismo. Son dos mundos opuestos de ver el problema. Después de nueve años, la Unión Americana no está todavía en condición de resolver el problema a su interior lo que es seguramente el nudo principal de las relaciones con el mundo islámico.