La Unión Revolucionaria de Maestros (URMA), fracción trotskista del magisterio urbano del país, presenta un documento de posicionamiento político, educativo y social para contribuir al debate en el Congreso Nacional del Magisterio Urbano de Bolivia que comienza el 25 de julio en la ciudad de Cobija. Este texto ya se está discutiendo en los congresos departamentales de Oruro, Potosí, Sucre, Cochabamba, La Paz y también en algunos distritos de Beni.

A. DOCUMENTO POLÍTICO

I.- BOLIVIA Y LA CRISIS ESTRUCTURAL DE CAPITALISMO

1.- La naturaleza de la crisis

Los dos últimos años hemos experimentado un colapso del sistema capitalista. Se trata de la primera crisis estructural con características verdaderamente “globales” y con secuelas directas en los cinco continentes. Superando en mucho a las anteriores crisis “mundiales” que en honor a la verdad eran más continentales y regionales con posteriores efectos “contagios” al resto del globo.

Las causas y los orígenes de esta particular crisis financiera mundial no son explicados por los profetas del libre mercado y del neoliberalismo. Los “analistas” no hacen más que hablar de la falta de regulaciones, de la ausencia de controles estatales frente a la “codicia” de especuladores y banqueros. Balbuceos vacuos que evidencian también una otra “crisis” de similar envergadura: el derrumbe teórico de la escuela liberal burguesa que ha evidenciado su incapacidad para comprender el funcionamiento del capitalismo mundial y el advenimiento de una mega crisis “global” que hizo temblar los cimientos del sistema capitalista con la seria posibilidad de su “colapso final”. La respuesta keynesiana y neo keynesiana (sistemas regulados y supervisados globalmente, legislación financiera global y banco central global) también muestran sus limitaciones teóricas al momento de descubrir las verdaderas causas que la engendraron y cuales sus proyecciones a futuro, limitándose a promover políticas “anti crisis” de carácter coyuntural y sectorial.

Se trata de una “crisis estructural” del capitalismo, siendo su principal característica la “sobreproducción de mercancías y capitales” frente a una demanda mundial limitada y un mercado altamente competitivo; donde la valorización del capital se hace cada día más difícil con beneficios aceptables para los inversionistas. Es en este intento de revertir la baja tendencial de la tasa media de ganancia en que los capitales migran al sector financiero provocando un mega crecimiento de los capitales financieros especulativos en detrimento del sector “real” o productivo. Este desarrollo “anómalo” del sector financiero con su propensión a la formación de “burbujas” especulativas en todos los sectores de la economía hace del capitalismo de nuestra época una maquinaria altamente inestable y explosiva, arrastrando al mundo entero hacia una frenética especulación financiera, hacia una mayor super explotación de la fuerza de trabajo y un saqueo más inmisericorde de las materias primas de las colonias y semicolonias.

Ni duda cabe que nos acercamos a los límites históricos del capitalismo. Las perspectivas para los próximos años no son difíciles de prever. Se avizora en un futuro inmediato nuevas y más profundas crisis “globales” del sistema, provocando más hambre y miseria en el mundo. Los mayores efectos se han dado en las metrópolis del imperialismo y están lejos de salir de la catástrofe. Sus eslabones más débiles (España, Italia, Grecia, etc.) son fuente de conflictos sociales que pueden tener repercusiones sobre las metrópolis del imperialismo y sobre los países coloniales.

La disyuntiva para la humanidad está planteada: o somos destruidos por la barbarie capitalista o nos planteamos la imperiosa necesidad de la “revolución socialista” como única salida para los explotados del mundo.

2.- Bolivia y una falsa imagen de prosperidad económica

El gobierno está empeñado en convencer que Bolivia vive una época “dorada” para las variables macroeconómicas, una época “excepcional” de prosperidad productiva y bonanza económica “jamás antes vista”. Nueva realidad que se reflejaría en el atesoramiento de una millonaria reserva internacional (más de 8 mil millones de $us.) y en un “blindaje” que nos habría protegido de los efectos negativos de la crisis mundial. Veamos si todo esto es cierto o simplemente se trata de una farsa destinada a engañar a los explotados.

Primero: dos son las razones para que las consecuencias de la crisis mundial no se reflejen con contundencia en Bolivia: a) el boom de los precios de los hidrocarburos y de los minerales ha generado un colchón para paliar las consecuencias de la crisis internacional, b) el bajo grado de integración del país a los mercados financieros internacionales.

Segundo: a esta buena racha de los precios de las materias primas se suma la política rentista del gobierno, las remesas de los emigrantes y el narcotráfico para mantener un mercado interno activo y de apariencia próspera en plena crisis. Se trata de paliativos coyunturales que no encuentra respaldo en un significativo volumen de la producción. En Bolivia está ausente un aparato productivo de transformación de las materias primas en bienes finales, seguimos manteniendo una estructura productiva “extractivista” por excelencia, mono productora y exportadora de materias primas.

Tercero: el modelo económico “socialista comunitario” del gobierno no es más que verborrea que busca encubrir su continuismo en los principios del modelo “neoliberal y monetarista”. Práctica que en los hechos se traduce en la entrega de nuestros recursos naturales al imperialismo (petróleo, hierro, litio, cobre, etc.). Por otro lado, aplica una mayor restricción del gasto público (congelamiento salarial, presupuesto insuficiente para los sectores de salud y educación, etc.) condición indispensable para estabilizar la economía en el marco de las exigencias de FMI.

II.- EL PROCESO POLÍTICO BOLIVIANO

1.- El gobierno del MAS, después de su primera victoria electoral, desarrolló la teoría de que la transformación del viejo Estado se iniciaba con la instalación de la Asamblea Constituyente, porque de ella surgiría un nuevo Estado cualitativamente diferente que erradique el colonialismo externo e interno y se oriente a uno incluyente que respete todas las formas de propiedad existentes, la pluralidad cultural y económica; un Estado solidario, complementario, democrático, recíproco, etc. Postula la “revolución pacífica y cultural” en el marco de la democracia y del respeto a las leyes, en que los oprimidos de hace 500 años logren el derecho a ser incluidos en el “nuevo Estado” para participar de igual a igual, con los detentadores hasta ahora del poder. El resultado de esta concepción reaccionaria, por negar la lucha de clases y la de los pueblos indígenas contra el opresor interno y externo, es la naturaleza de la Constitución que nace en un parto accidentado y grosero que retrata de cuerpo entero la pobreza política de sus actores.

La estructura económica del país no cambia. La nueva Constitución diseña un Estado que reconoce la vigencia de todas las formas de propiedad existentes hasta ahora: de la gran propiedad privada de los medios de producción en manos del imperialismo y de la clase dominante nativa, de la pequeña propiedad privada en manos de la inmensa capa media de las ciudades y del campo, de las sobrevivencias de la propiedad comunitaria de la tierra en el Occidente y en el Oriente y de sectores de economía estatal que el gobierno, para convertirlas en productivas, busca desesperadamente el apoyo del capital financiero imperialista.

Estas formas de propiedad no se encuentran aisladas entre sí, coexistiendo como estancos totalmente separados. Por el contrario, interactúan entre ellas estableciendo relaciones de opresión y dominación. Unas, por su naturaleza, son la negación de las otras porque sus existencias significan socavar los intereses materiales de las demás.

La pequeña propiedad privada se rebela contra la grande, este hecho es cotidiano en el agro cuando los pequeños parcelarios que, con el correr del tiempo ven reducidas sus propiedades al punto de que ya no pueden dar cabida a los nuevos miembros de la familia, se ven obligados a migrar de sus comarcas, presionan constantemente contra la existencia del latifundio y las ocupaciones de tierras son permanentes provocando situaciones de alta beligerancia.

Las contradicciones de la propiedad comunal con la privada (grande o pequeña) de la tierra también son constantes a causa del avasallamiento de la primera por las incursiones de los pequeños propietarios y de los latifundistas a los territorios comunitarios de origen que son el hábitat de los originarios del Oriente.

Las formas de propiedad estatal son permanentemente socavadas por la gran propiedad privada, sobre todo por aquella controlada por el imperialismo, y por los indígenas comunitarios o pequeños parcelarios asentados en zonas aledañas a los centros de producción sobre todo mineros.

2.- Esta contradictoria y compleja estructura económica del país y la preeminencia de la gran propiedad privada de los medios de producción, porque por ese canal Bolivia es parte de la economía mundial, es punto clave para comprender que la quimera reformista del tránsito pacífico y a largo plazo al “socialismo del siglo XXI” está condenada al fracaso. El marxismo en este punto, señala con claridad que –a esta altura del desarrollo del capitalismo- ya no es posible el desarrollo de los países capitalistas atrasados como Bolivia en el marco de las relaciones de producción capitalistas; el imperialismo se interpone como el principal obstáculo a este desarrollo y, en esto, estriba su carácter reaccionario y decadente. Esta realidad se encarga de desnudar, por otra parte, la falacia de que pueden coexistir armónicamente todas las formas de propiedad que consagra la Constitución como fundamento material de un país “solidario, complementario, recíproco, incluyente”, etc. Los “sabios“ analistas y teóricos del reformismo que no comprenden esta realidad, están condenados a caer en el subjetivismo más grosero y a desarrollar una política reaccionaria al negar la lucha de clases y el derecho de los explotados a usar la violencia para echar por tierra el actual orden social decadente.

3.- El enfrentamiento entre la “Media Luna” y el gobierno del MAS ha sido el choque entre expresiones de la misma política burguesa. El acierto radica en descubrir el contenido de clase del MAS que, asentado en el campesino pequeño propietario, está destinado a desarrollar una política burguesa por su relación con la propiedad privada. Las contradicciones de la derecha y el gobierno no plantean el problema de la transformación radical del actual orden social, por el contrario, ambos buscan la forma de salvarlo preservando la propiedad privada en todas sus formas.

Hasta las últimas elecciones este enfrentamiento ha sido obstáculo para el proceso de separación de las masas del control oficialista. En la conciencia de los explotados se creó la idea central de que hay que aplastar a la derecha reaccionaria y que el único instrumento para lograr ese propósito es el MAS.

Después de las elecciones de diciembre las características del nuevo proceso ya no son las mismas porque está ausente uno de los factores fundamentales, la odiada derecha encabezada por la “Media Luna”, cuyos líderes más visibles huyen al extranjero con frondosos cargos por malos manejos de los bienes públicos; de este modo desaparece uno de los obstáculos para que los explotados puedan retornar a su independencia política con referencia al gobierno.

4.- Las ilusiones democráticas consisten en que el proletariado y los explotados en general creen que pueden resolver todos sus problemas a través de la papeleta electoral, caen en la prédica reaccionaria de que por la vía democrática se puede realizar transformaciones estructurales en la sociedad. Esta prédica es desarrollada por el Estado burgués y por las expresiones políticas de la clase dominante con la finalidad de atrapar a las masas y maniatarlas detrás de su política, de esta manera impedir que el proletariado desarrolle una política independiente para convertirse en la dirección de toda la nación oprimida.

Antes de la llegada del MAS al escenario político, era evidente que los explotados habían superado toda ilusión en la democracia burguesa manifestada a través del abstencionismo, votos blancos, nulos, etc., y en el hecho de que los oprimidos recurren a la acción directa para tratar de imponer a los diferentes gobiernos la atención a sus demandas. Llegaron al convencimiento de que los políticos sólo buscaban encumbrarse en el poder para hacer uso inmoral de él y convertir al Estado burgués en garrote para hambrearlos y oprimirlos. Este fenómeno cambió con el advenimiento del MAS que, presentándose como expresión de “los pobres y de los indígenas”, creó la ilusión de que no sólo es su gobierno sino que ellos mismos están gobernando. A todo esto se sumó la campaña demagógica sobre las falsas nacionalizaciones que se limitan a la compra generosa de acciones necesaria para tener el 51% de las mismas, sobre la estabilidad macroeconómica, sobre la política rentista desarrollada con los bonos Juancito Pinto, la Renta Dignidad, el SUMI, etc.

El voto mayoritario de apoyo al MAS debe interpretarse como un evidente retorno a las ilusiones democráticas de las masas explotadas en general. Es un error el considerar que lo que las masas conquistan en su desarrollo político es algo que ya no se pierde más, que el desarrollo del proceso social es lineal y siempre ascendente, que no se producen retrocesos en la conciencia de los explotados sobre todo en los momentos de reflujo.

Está claro que estas ilusiones habrían de desvanecerse al chocar con la incapacidad del gobierno para atender las necesidades de la gente, proceso que ha comenzado a darse más rápido de lo que pudimos imaginar. No había el gobierno acabado de festejar su contundente triunfo electoral en las elecciones de diciembre que lo empoderó dándole el control absoluto de todos los poderes del Estado, ya se ve enfrentando a la rebelión de importantes sectores del proletariado (los fabriles) y de la clase media (maestros) como respuesta al mísero aumento de salarios que ofrece.

La imagen de “gobierno del pueblo” se desvanece como por arte de magia, su carácter burgués y antipopular se ha puesto en evidencia, en las elecciones para gobernadores, alcaldes y consejeros, un 30% de la población se abstiene, vota en blanco o nulo después de que en diciembre la suma de estos votos apenas alcanzaba el 10%. Las calles y los caminos nuevamente son ocupados por los explotados reclamando sus derechos. El idilio gobierno – explotados se acaba.

5.- En la segunda etapa del gobierno del MAS no se inaugura un nuevo Estado cualitativamente diferente al anterior, como sostienen los teóricos del oficialismo. Se trata de la continuación de un Estado liberal, cuyo gobierno empieza oscilando entre el imperialismo y la nación oprimida, entre la clase dominante nativa y los explotados.

Se muestra aparentemente como un gobierno ubicado por encima de la lucha de clases, representando los intereses de todos los componentes de la sociedad, como “guía hegemónica, espiritual y política”. Sin embargo, la clase dominante físicamente está ahí, inerme y sin expresión política propia tratando de salvaguardar su porvenir y busca cobijo en el nuevo gobierno que jura respetar sus intereses materiales.

De tarde en tarde hace berrinches contra el imperialismo sin romper definitivamente con éste porque apuesta que haciendo buenos negocios con las transnacionales podrá industrializar el país; afecta las tierras de algunos terratenientes del Oriente sin liquidar el latifundio; choca momentáneamente con algunos sectores de la empresa privada sin plantearse la liquidación de la propiedad privada, etc.

Por otro lado, adopta una política dura y represiva contra los trabajadores, maestros y originarios velando la necesidad de salvaguardar el Estado burgués, la brutal represión contra el pueblo de Caranavi, la postura inflexible contra maestros y fabriles, el choque frontal con los originarios que reclaman el cumplimiento de las promesas hechas por el MAS (autonomía real para las naciones originarias por encima de las demarcaciones departamentales, mayor representación en el parlamento, efectivo ejercicio de la propiedad de los recursos naturales de las comarcas, etc.), son el preludio de que este gobierno termina chocando con los explotados y sus propias bases sociales.

6.- El gobierno del MAS ha pretendido mostrarse diferente a los anteriores rodeado de la aureola de que se trata de la encarnación misma de la trilogía incaica del “ama sua, ama llulla y ama kella”. Una de sus banderas más importantes fue y es el acabar con la corrupción, signo dominante de los llamados gobierno “neoliberales”. Sin embargo, la experiencia cotidiana se encarga de mostrar que la administración masista, en todos los niveles del Estado, se ha caracterizado precisamente por ser extremadamente corrupta. ¿Cómo acabar con este estado de cosas? Los corifeos del oficialismo no pierden la esperanza de que la reciente aprobación de la Ley Anticorrupción “Marcelo Quiroga Santa Cruz”, será la varita mágica que extirpe de raíz el tumor maligno que corroe al Estado burgués. ¿Impostura o ingenuidad? Puede que se trate de ambas cosas; que unos usen como taparrabos para cubrir la putrefacción del sistema y del gobierno y distraer a los explotados despertando ilusiones y los otros sinceramente esperen que efectivamente la ley, por sí sola, pueda tener la fuerza de acabar con el mal.

Comprendemos muy bien el origen del fenómeno de la corrupción, se trata de la consecuencia del agotamiento del sistema capitalista. En su base económica se ha tornado inviable la gran propiedad privada de los medios de producción, en freno del desarrollo de la ciencia, de la satisfacción de las necesidades humanas del conjunto de la sociedad; la clase dominante, para sobrevivir, está obligada a empujar a la sociedad hacia la barbarie, a recurrir a todos los medios posibles, al latrocinio y al genocidio con la finalidad de seguir existiendo.

Podrán aprobar leyes y muchas y todo será inútil. Para acabar con la corrupción hay que sepultar ese cadáver putrefacto que está infectando a toda la sociedad, esta tarea sólo puede cumplir la revolución social que dará nacimiento a la nueva sociedad basada en la propiedad social de los medios de producción.

III.- EL ACTUAL PROCESO POLÍTICO Y EL ROL DE PROLETARIADO

1.- Debemos partir de la evidencia de que el proletariado es un componente fundamental de las fuerzas productivas. En la incomprensión de este hecho radican las elucubraciones del reformismo que pregona la teoría de que los modos de producción del capitalismo se han modificado sustancialmente sustituyendo la fuerza de trabajo por la máquina; por esta razón, el actual proletariado ya no conservaría la fuerza revolucionaria de la época precedente y que estarían ocupando su lugar -como fuerzas motrices de las grandes transformaciones- “otros sectores emergentes”, como los campesinos, que hoy son los protagonistas de la construcción del “socialismo del siglo XXI” como un proceso pacífico y democrático sin necesidad de revoluciones catastróficas.

El proletariado –en todos sus sectores- ha sufrido los duros impactos de la crisis. En el sector minero se produjo un masivo despido debido a la vertical caída de los precios de los minerales, los fabriles han sido víctimas de una durísima flexibilización laboral que prácticamente ha anulado sus conquistas económicas, sociales, políticas y sindicales, los otros sectores como los constructores, petroleros, ferroviarios, etc., han sido prácticamente diezmados.

En la minería, durante los últimos tres o cuatro años, como consecuencia de la recuperación de los precios de los minerales en el mercado mundial, ha sido asimilado un proletariado demasiado joven. En Huanuni, el promedio de edad de los mineros fluctúa entre los 18 y 30 años y en las fábricas, la constante remoción de trabajadores por el mecanismo de la libre contratación, ha permitido también a la patronal asimilar gente joven.

Por todo lo señalado, el actual proletariado muy reducido en número, ha roto todo vínculo con su riquísima historia, con su tradición revolucionaria. En Huanuni se observa el fenómeno de que el joven trabajador conserva todos los rasgos positivos y negativos de sus clases de origen (clase media urbana y campesina) que obstaculiza su rápida maduración política

2.- Aparecen signos inequívocos de que los efectos de la crisis capitalista empiezan a hacerse sentir en el país y da la impresión de que las masas están reaccionando de un largo sopor y, al despertar, se encuentran con una dura realidad; la miseria es creciente, cada día escasean más las fuentes de trabajo, los sueldos son más reducidos y no guardan relación con la permanente subida de precios en los mercados, el gobierno se empeña en universalizar rentas miserables que condenarán a la fuerza de trabajo a una existencia inhumana en su vejez. La insatisfacción de los explotados en sus necesidades más elementales sirve de ariete para lanzarlos a las calles pero la debilidad del presente proceso es que está ausente el proletariado minero que tradicionalmente fue expresión de madurez política del conjunto de la clase; no ejercita su política propia y, de esta manera, ha perdido su independencia política y organizativa frente al Estado burgués y su condición de dirección de los explotados del país. Las direcciones sindicales a todo nivel, con pocas excepciones, se han convertido en portavoces del gobierno y frenan las movilizaciones de sus bases.

La presencia política nítida del proletariado tendría la virtud de desnudar rápidamente las limitaciones políticas del gobierno que, en esencia, es burgués. La experiencia enseña que, cuando esta clase plantea con nitidez su estrategia revolucionaria que apunta a liquidar la propiedad privada de los medios de producción, los gobiernos burgueses de corte populista –por muy radicales que se presenten al principio- terminan desenmascarándose y buscan la protección del imperialismo para salvaguardar los intereses materiales de la clase dominante. Este camino está empezando a recorrer el gobierno del MAS al chocar frontalmente con todos los sectores que exigen la satisfacción de sus necesidades.

3.- La tradición revolucionaria del proletariado está plasmada en los documentos fundamentales de la clase como la tesis de Pulacayo, las bases constitutivas de la Asamblea Popular de 1971, la tesis socialista de la COB, etc. Esta tradición, como fantasma, ronda por las movilizaciones y las asambleas obreras, los jóvenes la nombran pero sin comprender a cabalidad su significado.

El problema es cómo ligar, abreviando los pasos, al actual joven proletariado con su pasado revolucionario. Hay un solo camino: la clase debe madurar en la lucha por sus reivindicaciones inmediatas y retornar a los métodos y la política que habían desarrollado sus mayores frente a problemas iguales o similares en el pasado. El fundamento teórico de este razonamiento es que las condiciones del trabajo en las relaciones de producción capitalistas y la relación de la clase con la propiedad (clase desposeída de la propiedad privada) hace que siempre esté presente el instinto contrario a la propiedad privada que, en este caso actúa como materia prima del surgimiento de la conciencia de clase. La ventaja del proletariado boliviano es que no tiene que empezar de cero en este proceso de la conquista de la conciencia política, ya existe una riquísima tradición traducida en teoría y programa. El terreno está abonado para la siembra y a cada paso germina sorprendentemente la semilla que retornará a la clase a su tradición. Los brotes de rebelión de los diferentes sectores de explotados que ya se dejan sentir serán la palanca para que el proletariado rápidamente retorne a su gloriosa historia y actúe como la dirección política de los explotados del país.

IV.- ACELERADO Y BRUSCO CAMBIO EN LA CONCIENCIA DE LOS EXPLOTADOS

1.- El pronóstico en sentido de que el gobierno del MAS estaba condenado a chocar con las masas radicalizadas, se ve ampliamente confirmado con el reciente conflicto protagonizado por los maestros, trabajadores fabriles, pobladores de Caranavi y la marcha de los indígenas de tierras bajas.

Las masas desencantadas, aguijoneadas por la miseria se ven empujadas a ganar las calles, terminan constatando que el gobierno no es suyo, que se encuentran frente a un enemigo cuya misión es la de preservar por sobre todas las cosas la propiedad privada y los intereses de la clase dominante y del imperialismo, para este propósito no duda en recurrir a la violencia reaccionaria organizada desde el Estado bajo diferentes formas.

2.- El desconocimiento del derecho a la huelga en el magisterio y la tozuda aplicación de los descuentos por el uso de este derecho, la penalización de todas las formas de acción directa, la manipulación criminal de unos sectores contra otros que luchan por sus reivindicaciones legítimas como ocurre con los originarios de las tierras bajas, la utilización de bandas de paramilitares como los “satucos” para moler a palos a los inconformes, etc., son rasgos inconfundibles de un gobierno reaccionario y autoritario. Todo hace prever que, en la medida en que se acentúe la lucha de clases, el “gobierno del cambio” también acentuará su vocación autoritaria y represiva. Los maestros debemos estar preparados para enfrentar la lucha contra los nuevos verdugos vestido de indígenas y demócratas.

3.- En este momento el peor obstáculo para la lucha son las direcciones que han sido cooptadas por el gobierno para hacer el triste papel de esquiroles en el seno del magisterio y de los trabajadores. La COB y la mayoría de las federaciones nacionales y departamentales se han convertido en frenos para la movilización de las bases y desarrollan una política francamente traidora poniendo a las organizaciones sindicales al servicio del oficialismo, so pretexto de identificarse con el “proceso de cambio” y traicionanado la sacrificada lucha de las bases.

4.- Se impone la urgente necesidad de rescatar las organizaciones sindicales de manos del oficialismo como verdaderos instrumentos de defensa de los intereses de las bases, para lograr este propósito no hay otro camino que expulsar de ellas a los dirigentes oficialistas y lograr el pleno ejercicio de la independencia sindical, política y organizativa. Ha llegado la hora de decir ¡basta! a la manipulación que hace el gobierno a los dirigentes a cambio de algunas dádivas como construcción de locales sindicales y dotación de mobiliario. Los pedigüeños oficialistas deben ser echados de nuestras direcciones sindicales.

5.- Las luchas aisladas y sectoriales nos debilitan en extremo. Antes de acabar con la burocracia corrompida de la COB y antes de expulsar a los oficialistas de los sindicatos, se impone la urgencia de forjar pactos inter sindicales. En el camino y en la acción debemos tener la capacidad de dotarnos de direcciones desde las bases. En las últimas movilizaciones que hemos protagonizado los dirigentes oficialistas han sido arrinconados por la arremetida contundente de las bases y los pactos intersindicales se han dado en los hechos con el movimiento fabril y otros sectores.

PLATAFORMA MINIMA DE LUCHA UNITARIA

1.- Movilización general de todos los asalariados del país por un sueldo que cubra todas las necesidades vitales del trabajador (sueldo mínimo vital) y que éste suba en la misma proporción que suben los precios de los artículos de consumo (escala móvil de sueldos).

2.- Por una ley de pensiones para lograr rentas que cubra todas las necesidades vitales del trabajador en su tercera edad, financiadas íntegramente por el patrón y el Estado. Los trabajadores debemos considerar las rentas como un sueldo de pago diferido cuando el trabajador ya no está en edad productiva.

3.- Contra la aplicación de una reforma educativa retrógrada, reaccionaria y anticientífica, por una educación que logre la formación integral del ser humano uniendo la teoría y la práctica en el proceso social de la producción.

4.- Contra la aplicación de una legislación laboral que introduce recortes en las conquistas sociales ya logradas por la clase trabajadora.

5.- Contra el Estatuto del Funcionario Público donde pretenden incorporar a los sectores llamados de servicio (salud y educación) para cercenar sus conquistas laborales.

6.- Por la vigencia del derecho constitucional a la huelga y contra los descuentos de sueldos por el uso legítimo de este derecho.

B. PROYECTO DE DOCUMENTO EDUCATIVO

I.- NATURALEZA DEL FENOMENO EDUCATIVO Y CRISIS DE LA EDUCACION CAPITALISTA

1.- Toda sociedad tiene la finalidad de desarrollar su capacidad de transformar los bienes naturales y sociales en productos útiles para satisfacer las necesidades del ser humano. Por esta razón, la base económica -es decir la producción- es la parte más importante de una formación social. A partir de la manera en la que los seres humanos producen –las herramientas que usan, los conocimientos que tienen, en una palabra la técnica que han desarrollado- y las relaciones que contraen para producir –si existen o no clases propietarias de las industrias, de la tierra, etc.-, constituyen los factores fundamentales de la estructura económica de la sociedad y, a partir del conocimiento de ésta, se pueden comprender la naturaleza de los fenómenos superestructurales como el Estado, la política, el arte, la ciencia, la religión, la educación, etc.

Toda sociedad se desarrolla de acuerdo a una ley fundamental: la contradicción y la lucha entre las fuerzas productivas (la capacidad productiva del hombre) y las relaciones de producción (la forma de propiedad imperante en una determinada etapa del desarrollo social). Los fenómenos superestructurales, como el educativo, si bien poseen cierta autonomía respecto a la estructura o base económica –no están determinados mecánicamente- se desarrollan dentro de ciertos límites de acuerdo a la forma en la que se produce la contradicción fundamental.

En la sociedad capitalista, la superestructura educativa está condicionada por la forma de producción capitalista y por los intereses de la clase dominante. Ésta moldea la educación de acuerdo a sus necesidades de dominación sobre el resto de la sociedad. Las reformas más osadas no pueden traspasar los límites de la estructura económica, o si pretenden hacerlo, chocan fatalmente con la realidad (Warisata). Los comprometidos con una nueva educación no tienen otro camino que plantearse la transformación estructural de la sociedad para dar paso a una nueva forma de educación. Por tanto concluimos que el fenómeno educativo está determinado por la forma en la que los seres humanos producen su vida social y a su vez, influye en el desarrollo de las fuerzas productivas en el marco de determinadas condiciones históricas.

2.- Es preciso comprender que el desarrollo de la sociedad no es siempre ascendente, período en el que las fuerzas productivas crecen libremente sin encontrar obstáculos en su paso, sino también tiene períodos de decadencia, cuando la forma de propiedad se convierte en el freno del crecimiento de las máquinas y de la fuerza de trabajo. Éste es el caso presente; la gran propiedad privada en manos del imperialismo y de la clase dominante nativa, impiden el crecimiento de la producción porque sólo les interesa producir lo que pueden vender en un mercado que se achica cada vez más debido a la reducción de la capacidad adquisitiva de los seres humanos, a este fenómeno llamamos “crisis estructural del capitalismo”. La educación (los modelos y prácticas pedagógicas correspondientes), como reflejo de dicho régimen en crisis, también se muestra como caduca e ineficiente para el desarrollo de las fuerzas productivas. En este marco, estamos hablando de crisis de la educación, que no es resultado sólo de los problemas que tiene la educación en cuanto tal, sino de profundas causas estructurales. Se trata de la incapacidad general que tiene un modo de producción de desarrollar las fuerzas productivas. El tipo de sistema educativo que tiene este régimen social se convierte en parte de esas trabas, por lo que se pone a la orden del día luchar por transformar la educación por la vía de cambiar el modo de producción que tiene carácter mundial

3.- La crisis de la educación de nuestra época es consecuencia de que el modo de producción capitalista separa medios de producción (fábricas, bosques, etc.) de fuerza de trabajo (trabajadores). De esta forma, se establece la división del trabajo en la producción. La clase obrera dedica su labor al trabajo manual como asalariada, pues los medios de producción no le pertenecen. Al otro lado, está la burguesía, quien monopoliza los medios de producción y los administra con miembros de su propia clase y también con auxiliares especializados de la pequeña-burguesía, clases que realizan fundamentalmente una labor intelectual. Por otra parte, debido a la naturaleza de la forma de producción capitalista, los seres humanos involucrados en dicha producción deben realizar tareas siempre fragmentarias, parciales y especializadas. Por esta razón el capitalismo es incapaz de formar al hombre integralmente y está obligado a destruir su naturaleza huma para convertirlo en un robot altamente productivo; por la naturaleza de su trabajo desarrolla sólo los músculos y, al otro extremo, los que realizan el trabajo intelectual, sólo desarrollan el cerebro sobre un cuerpo famélico. En ambos casos, el capitalismo destruye la naturaleza humana, todo por su interés de subordinar al hombre a su interés de ganancia. El sistema educativo (escuela-universidad), refleja esta dramática realidad. La organización pedagógico-administrativa de éste imprime en la formación del hombre las necesidades de la producción capitalista. Las medidas tendientes a la “modernización” del sistema educativo, en todos sus niveles y ciclos, tan sólo suponen el perfeccionamiento de las tareas que realiza el hombre como engranaje del proceso de producción.

La escuela en el capitalismo supone el encierro, dentro de ella, de los sujetos educativos aislándolos de su posibilidad de conocer la realidad natural, social y cultural. Provoca la ruptura entre sujeto (docente y estudiante, social e históricamente determinados) y objeto (realidad en permanente cambio y transformación). Cada escuela pedagógica de la burguesía ha variado no en función de aproximarse a la superación de esta dicotomía (separación de teoría y práctica), sino en función de las variaciones teóricas del interiorismo, esto es, en dirección a calcar la realidad en constante cambio y transformación a los compartimentos (aulas, laboratorios, etc.) del sistema educativo para que sean aprehendidos por la mente del estudiante.

Para el pensamiento pedagógico capitalista se trata de reproducir lo más ingeniosa y didácticamente posible, la compleja, variable y múltiple realidad al interior del aula. Textos, módulos, cuadros didácticos, rincones de aprendizaje, mucho más que herramientas metodológicas que permiten tener una primera aproximación cognoscitiva hacia el objeto de estudio, han logrado reemplazarlo. La crisis de la educación de nuestro tiempo radica en la ruptura entre el sujeto social e históricamente determinado y el objeto en constante cambio y transformación.

Por otro lado, puesto que la educación es un fenómeno superestructural tiene como principal objetivo de sostener el régimen social al que pertenece. Hemos visto que en el capitalismo la escuela educa ciudadanos para utilizarlos –según su clase social- en el proceso productivo. En tal contexto, las corrientes y teorías pedagógicas son respuestas políticas e ideológicas a la necesidad del régimen social de perfeccionar la formación de los ciudadanos de acuerdo a sus necesidades históricas. Como apunta Guillermo Lora: “La pedagogía es la servidora de los dueños del poder económico y no a la inversa…”, el proceso enseñanza aprendizaje tiene como objeto adaptarse a los propósitos de la clase dominante.

4.- La crisis educativa se manifiesta como una escuela – universidad que no permite una formación científica. Reproduce una formación memorística, repetitiva y mecanicista pues no permite el verdadero conocimiento de la realidad y sus leyes, se aprende, en general, “teoría” muerta. No se da el caso de que docentes y estudiantes puedan aplicar, contrarrestar o superar lo que repiten en el aula y lo que se encuentra en sus textos.

Los estudiantes olvidan con mucha facilidad lo “aprendido”, los profesionales egresados de las universidades se encuentran impedidos de realizar las tareas elementales de su profesión, hay ausencia de investigación científica como una práctica permanente en todos los niveles del sistema educativo, etc.

Para el caso boliviano, la crisis educativa adquiere contornos más dramáticos. Nuestro país posee una formación social que es producto de la combinación de varios modos de producción, de los cuales el más importante es el capitalista. La cultura boliviana es el reflejo de esta condición estructural de la sociedad; no sólo que sufre un impresionante retraso, sino que es el resultado de la hibridación de las respectivas manifestaciones superestructurales de cada modo de producción. Bolivia es además un país semicolonial, es decir, sujeto a la opresión de naciones imperialistas y que tienen como fiel aliado a la clase dominante criolla (burguesía-terrateniente) que ha modelado parte de la cultura nacional como negación y repudio de las culturas indígenas y como copia patética y deformada de la cultura occidental, hecho que Tamayo denominó “bovarysmo”.

En este marco, la burguesía nativa y servil, ha estructurado un sistema educativo alienante, es decir, alejado de las aspiraciones de las mayorías nacionales, que antes de desarrollar una cultura verdaderamente nacional, forma a sus habitantes en base a prejuicios raciales y culturales. El racismo es un fenómeno que se proyecta desde la colonia y es reproducido hasta el momento, fomentado históricamente por la educación. Es alienante porque su naturaleza de clase hace que su organización esté dirigida a clasificar la formación de los hombres de acuerdo al rol –que como clase- deben ocupar en el proceso productivo.

5.- La respuesta a la crisis: unión de la teoría y la práctica en la producción social

El hombre es un ser social que conoce a través de su acción transformadora sobre su medio social, natural y cultural, éste, al ser transformado por el hombre lo transforma a su vez. A esto denominamos la relación dialéctica entre sujeto y objeto. En términos educativos, se trata de restituir la relación directa entre el sujeto (docente y estudiante) con el objeto (proceso productivo).

El trabajo social es la actividad fundamental de la vida social, por lo tanto, el sistema educativo debe estar inmerso en el proceso social de la producción porque es ahí donde surgen las necesidades humanas y es la fuente de problemas que debe resolver la investigación científica. El trabajo social, adquiere, en este marco, una categoría pedagógica, dado que los maestros y los estudiantes desarrollarán el proceso enseñanza aprendizaje a través de su práctica social (trabajo) y de la generalización teórica de sus resultados.

El trabajo productivo es la práctica transformadora que genera el conocimiento, siendo éste una construcción social. No es la persona (entidad individual) el que construye el conocimiento sino el sujeto social, “el plano individual está determinado por su existencia social”. Por otra parte, el sujeto no es una realidad acabada y estática, se encuentra en permanente cambio y transformación. Este enfoque o concepción del sujeto es una de las diferencias esenciales con referencia a la epistemología positivista. Por otra parte, partimos de la concepción de que el objeto no es una abstracción mental. Es una realidad externa al sujeto y que está en permanente cambio (Lenin llamaba “realidad objetiva”) “nada es estable, quieto, inmutable, los objetos y las cosas en la naturaleza cambian por distintos efectos, sean estos químicos, físicos, etc.”

Todo esto permite extraer una conclusión fundamental: la respuesta al problema educativo, antes de ser técnico-pedagógica es en esencia una respuesta política. Se trata, por lo tanto, de luchar por una escuela-universidad unida al proceso productivo. Este planteamiento tiene dos objetivos; 1) provocar, por medio de la restitución de la relación entre el sujeto históricamente determinado con el objeto en permanente cambio, el desarrollo multifacético de las potencialidades del primero; 2) llevar esta concepción gnoseológica hasta sus consecuencias sociológicas, que implican, en el plano de la división del trabajo, fusionar el trabajo manual con el intelectual.

Es imposible para el capitalismo el problema del desarrollo integral y armónico de la personalidad, dado que en una sociedad dividida en clases, la supresión de las diferencias entre el trabajo intelectual y el trabajo manual se convierte en el problema fundamental del poder del Estado en su conjunto.

Sin embargo, tomar la educación como un fenómeno superestructural determinado por el grado de desarrollo material de la sociedad terminaría como una concepción mecanicista y reduccionista si no tomara en cuenta que, en determinadas circunstancias de la lucha de clases, la superestructura se rebela contra la base económica para transformarla radicalmente y crear las condiciones de una nueva sociedad cualitativamente diferente a la caduca. Es decir, fenómenos como el educativo pueden coadyuvar a transformar la estructura material de la sociedad sólo en momentos excepcionales de ascenso político de los sectores explotados. Marx se refirió al tema de la siguiente forma: “¿es que en primer lugar, hay que cambiar las condiciones sociales en que viven los hombres o bien hay que cambiar a los hombres en primer lugar?” y a continuación contestaba; “las circunstancias crean a los individuos igual que los individuos crean a las circunstancias”. Esto representa que el quid de la cuestión reside en un elemento primordial: la práctica revolucionaria.

II.- ANÁLISIS CRÍTICO DEL PROYECTO DE LEY “SIÑANI – PÉREZ”

1.- La propuesta educativa del MAS, una repetición de la Reforma Educativa del Banco Mundial (Ley 1565)

No son pocos los que piensan que es simplemente ridículo querer equiparar o meter en una misma bolsa a la ley 1565 y a la “Siñani-Pérez”. Sin embargo, si realizamos un análisis más allá de las apariencias, es decir, más allá de los maquillajes conceptuales de ambas propuestas, encontraremos no sólo una profunda afinidad sino una misma matriz ideológica.

Desde hace treinta años, más o menos, la burguesía imperialista comenzó una ofensiva sin precedentes contra las conquistas que había logrado la clase obrera internacional: la restauración capitalista en los países del ex-bloque soviético, el recorte permanente de salarios, el aumento de las tasas de desempleo, la flexibilización laboral, la súper-explotación, los golpes contra la seguridad social, etc., fueron acciones realizadas por la burguesía a escala mundial como respuesta a la profundización de las crisis cíclicas del capitalismo que terminaron arrinconando durante este período a la clase trabajadora.

Pero una ofensiva a las condiciones materiales y a las conquistas del proletariado debe estar acompañada, si quiere tener éxito, de una ofensiva ideológica a sus principios y certezas. La clase dominante engendró un conjunto de teorías de carácter irracionalista para desbaratar los fundamentos y principios de la modernidad, como la teoría revolucionaria de la clase obrera; el marxismo. Este conjunto de ideas se vino a denominar genéricamente como posmodernismo.

2.- Fundamento filosófico e ideológico de ambas reformas: el posmodernismo

El posmodernismo, aún en sus versiones más izquierdistas, es la respuesta ideológica del imperialismo a su etapa de franca decadencia. El irracionalismo, que está fuertemente manifestado en sus concepciones, no puede ser sino resultado de la situación del hombre frente al abismo. Las versiones derechistas del posmodernismo invitan al sujeto posmoderno a retirarse plenamente al placer de consumir la gran variedad de objetos que se encuentran en el mercado, sin más preocupación que una suerte de hedonismo del diario vivir, y aunque estérilmente las versiones izquierdistas del posmodernismo quieren negar su adhesión a dicho hedonismo, su preocupación por la variedad de identidades (sexo, género, etnia, etc.) no es más que una sofisticada forma de atorarse en la parálisis política. Tanto la ley 1565 como el proyecto “Siñani – Pérez”, conjugan ambas facetas de esta corriente ideológica partiendo de la falsedad de que ha ocurrido en nuestra época un tránsito de la modernidad (capitalismo) hacia algo que se llama la posmodernidad produciéndose un cambio estructural porque ahora lo fundamental ya no es la producción de mercancías sino del conocimiento.

Lo que retoman ambos proyectos educativos del posmodernismo es:

** La negación de todo lo universal: de la ciencia, de las teorías universales –entre ellas del marxismo—a título de que son construcciones de la cultura occidental.

** La exaltación de lo particular: su postura opuesta a lo global y afirmación de los particularismos, de los pueblos originarios, sus culturas, de la femineidad, de las orientaciones sexuales, etc.

** La convivencia armónica, dentro de una pluralidad fragmentada y congelada, de la diversidad cultural, con el consecuente rechazo y negación de la lucha de clases.

Se trata de una corriente que relativiza el conocimiento objetivo (verdadero) y sobrepone otras formas de conocer precientíficas. Por ejemplo, la medicina natural y la concepción animista de la realidad están en primer lugar (intraculturalidad). Niega la lucha de clases entre los dueños de la gran propiedad privada de los medios de producción y los desposeídos de toda forma de propiedad y la lucha de las naciones oprimidas contra el imperialismo con la teoría de la complementariedad en un mundo plural y diverso. En boca de los gobernantes masistas el discurso antiimperialista es una ficción, Evo Morales no se cansa en repetir que las relaciones con el imperialismo deben ser en igualdad de condiciones y en el marco del respeto mutuo.

Por todo lo dicho, la reforma educativa indigenista es tan reaccionaria y retrógrada como la ley 1565; es la expresión de la barbarie capitalista en materia educativa. Es correcta la caracterización que se hizo de ella desde un principio como retrógrada porque niega el conocimiento objetivo (la ciencia), es subjetiva porque subordina las leyes objetivas del desarrollo de todas las esferas de la realidad a una concepción animista y precientífica, es unilateral y etnocentrista porque desconoce las distintas formas de producir y de vivir que existen en este país y, por tanto, distintas formas de concebir el universo, la sociedad y al hombre (cosmovisión).

3.- Crítica del proyecto educativo “Avelino Siñani-Elizardo Pérez”

Todo proyecto educativo tiene como parte esencial sus fundamentos teóricos y sus principios. La crítica profunda y esencial de éste debe basarse en la revisión de esos fundamentos y esos principios. La “Siñani-Pérez” es un planteamiento cuyo espíritu fundamental se enmarca en el posmodernismo. De ahí extrae sus principios y fundamentos que a continuación revisaremos.

** Educación descolonizadora, liberadora, revolucionaria y transformadora, este es uno de los principios que plantea el proyecto de ley “Siñani – Pérez” en una sociedad donde está vigente la propiedad privada en todas sus formas (pequeñas, medianas y grandes). Situación que determina la inevitable existencia de clases sociales opresoras y oprimidas, de pueblos que dominan y de otros que son dominados. Para que haya una educación descolonizadora es preciso cambiar primero la estructura económica de la sociedad –a esto se llama “cambio estructural”–. Sólo acabando con estas formas de propiedad privada para poner en vigencia plena la propiedad social de los medios de producción que en el campo significa volver a la propiedad comunal de la tierra y generalizar, en consecuencia, formas de producción también comunales, se habrá logrado superar las diferencias de clases y la colonización de unas sobre las otras. Por otra parte, se podrá hablar de la desaparición de la opresión de unos pueblos sobre los otros; la sociedad nueva que buscamos no puede consolidarse sobre la opresión de clases y de pueblos, entonces se habrán dado las bases materiales para una educación descolonizadora y no discriminadora. Para los “teóricos” posmodernos del MAS el fenómenos de la “colonización” es subjetivo que no va más allá de la conciencia de los individuos, un fenómeno limitadamente “cultural”; por tanto, posible de ser superado con un simple cambio de actitudes de los individuos, es cuestión de “autovalorarse” para ser reconocidos por los demás, de expulsar de la conciencia el Colón que todos tenemos. Lógicamente, para una concepción tan subjetiva y reaccionaria, bastan los recursos del lenguaje y de la educación para lograr la descolonización que es sinónimo de liberación, sin afectar los intereses materiales de la clase dominante y del imperialismo que se afincan en el respeto de su basamento material que es la propiedad privada.

** Educación comunitaria, democrática, participativa y de consensos, las formas de propiedad comunal de la tierra han sido sistemáticamente destruidas en la colonia y la república por medio del despojo. Es cierto que han sobrevivido formas de propiedad comunal, sobre todo en aquellas nacionalidades asentadas en las zonas altas donde la tierra es avara, existiendo la tendencia a la desaparición de las formas del trabajo colectivo (ayni, chock’o, mink’a, etc.) En esta realidad tan compleja, diversa y contradictoria, donde predomina el gran latifundio, la mediana y la pequeña propiedad parcelaria y otras formas de propiedad privada de la tierra, resulta absolutamente arbitraria la interpretación de que el agro en general es sinónimo de “prácticas socio – comunitarias”. No olvidar que el capitalismo, mientras esté vigente, destruye toda forma de propiedad social e impone prácticas de existencia humana individualistas. No es posible que, en el marco del predominio de la propiedad privada, puedan sobrevivir y consolidarse formas de vida “socio – comunitarias”. ¿Incomprensión de la realidad o impostura de los teóricos del indigenismo?, no importa, terminan en un subjetivismo inaceptable. Este subjetivismo es la base del planteamiento pedagógico del MAS. Otra vez volvemos al punto crucial: la conciencia comunitaria sólo puede desarrollarse plenamente sobre formas de propiedad y producción comunitarias, mientras la propiedad privada sea preeminente en el país seguirá prevaleciendo una conciencia “no comunitaria” sino altamente individualista.

** Educación productiva y territorial, cuando hablan de “la educación para la producción” no van más allá de la concepción funcionalista y utilitarista del conductismo. No se diferencian en nada de los teóricos del capitalismo que sostienen que la educación debe cumplir la función de formar mano de obra calificada para la producción industrial. El objetivo central no es el alumno sino la producción y el hombre se convierte en un medio más para aumentar la producción (productividad) y, en consecuencia, la ganancia.

Los indigenistas pretenden barnizar su posición introduciendo el criterio de que la producción está en función y al servicio de la comunidad, pero la educación sigue subordinada a los fines de la producción y no a la formación integral del ser humano. Este extremo se confirma con el planteamiento del bachillerato técnico – humanístico en 21 especialidades, planteamiento que en nada se diferencia de la reforma educativa del Banco Mundial. Por otra parte, se mantiene inalterable el concepto de la educación terminal, que los que no puedan financiar su formación superior, los hijos de los trabajadores y de los indígenas, se verán obligados a abandonar sus estudios en los niveles inferiores de su formación. Nosotros señalamos que el trabajo en el proceso social productivo se convierte en una categoría pedagógica porque consideramos que ese es el “medio” (no el fin) en el que se logra la formación integral del ser humano y el real conocimiento de la realidad.

** La interculturalidad. Cuando los teóricos indigenistas nos plantean la posibilidad de practicar la interculturalidad en medio de un mundo –y un país- donde impera la opresión nacional y las prácticas racistas como consecuencia de condiciones estructurales, este principio se convierte en un planteamiento francamente reaccionario porque está suponiendo la convivencia armónica y la colaboración entre explotados y explotadores, o mejor, la aceptación pacífica y el sostenimiento, por parte de los primeros, del régimen de opresión de sus verdugos.

El proyecto de ley “Siñani-Pérez” agota sus posibilidades de interculturalizar en la instauración de una educación trilingüe. Llamar “descolonización” al simple hecho de establecer ciudadanos trilingües es un verdadero despropósito. El plurilingüismo, dice Vigotsky (1991:381), es un fenómeno dinámico que debe tener en cuenta, además del desarrollo psicosocial del niño, la relación con las condiciones concretas en medio de las cuales transcurre el desarrollo del niño y de las leyes que lo rigen modificándose en cada momento de su edad. Quien investigue las consecuencias del plurilingüismo en el desarrollo de los niños, deben tener en cuenta, prosigue Vigotsky, “…la necesidad de que la investigación tenga un carácter específico y se tenga en cuenta la totalidad de los factores sociales del desarrollo intelectual del niño, otra es la necesidad e introducir la perspectiva genética con el fin de estudiar la multiplicidad de los cambios cualitativos que tienen lugar en el proceso de desarrollo infantil” (Ibíd:389-390). No se debe olvidar que el lenguaje influye en el conjunto de los factores del desarrollo humano; el desarrollo intelectual, el desarrollo del carácter, de la personalidad, de las emociones e incluso en la lateralidad y por supuesto, en el desarrollo social. Por lo tanto, establecer que la enseñanza plurilingüe basta para “descolonizar” es una vulgar impostura. Más arriba hemos visto que toda medida pedagógica tiene límites en las condiciones históricas y sociales. Un gobierno, como el del MAS, incapaz de plantearse la necesidad de transformar estructuralmente el régimen capitalista, termina planteando medidas educativas estrechas, que no solucionan el problema de fondo. La imposición del monolingüismo en la Bolivia semicolonial fue una medida fundamentalmente política en consonancia con la opresión económica y cultural de las nacionalidades indígenas. Por lo tanto, su verdadera superación sólo puede darse en el marco de instaurar un régimen social donde no haya cabida para la discriminación de unas naciones o unas clases sobre otras, entretanto prosiga esta situación, la opresión cultural y una de sus expresiones, la desvalorización de las lenguas originarias, queda incólume.

** La intraculturalidad, el problema de fondo de la intraculturalidad radica en la negación de las diferencias sociales y económicas, en una sociedad como la nuestra en la que existen distintos modos de producir, por tanto distintas formas de relacionarnos, consiguientemente distinta conciencia social.

De la misma forma que lo que pasa con el concepto de interculturalidad, la intraculturalidad, es una mera enunciación de buenas intenciones -cargada de una concepción personalista- cuando se pretende que en un sistema como el capitalista, altamente individualista, competitivo, donde, como decía Hobbes, “el hombre es lobo del hombre”, se pueda fortalecer la identidad cultural del sujeto colectivo e individual sólo porque la escuela así lo promueve. La existencia social determina la conciencia social. De tal forma, en una sociedad donde se fomenta diaria y sistemáticamente el abandono de la identidad cultural propia de nuestra historia, por el apego a la cultura capitalista dominante, no puede hacerse un proceso de abstracción de esta realidad pretendiendo establecer que la intraculturalidad es suficiente para vencer la realidad histórica-social que impone el régimen capitalista alienante y aculturalizante.

** Educación científica, técnica, tecnológica y artística, en este planteamiento es inocultable y explícita la tendencia etnocentrista. Los ejes centrales son los conocimientos y saberes propios. Se trata de “afirmarlos y fortalecerlos” (intraculturalidad), sólo en segunda instancia, a modo de complementación, se toman en cuenta los conocimientos y los saberes de otras culturas, entre ellos los conocimientos universales. Se trata de aferrarse a los saberes y a los conocimientos precapitalistas, o sea el atraso, en un mundo en que la ciencia y la tecnología han dado tantos saltos. Para justificar este despropósito nos dicen que la tecnología Occidental destruye la naturaleza y por eso hay que retornar a las form