Polonia se ha convertido, en Europa, en uno de los países con mayor cantidad de hectáreas cultivadas con productos totalmente naturales, es decir sin la intervención de abonos químicos, insecticidas o productos no naturales; lo que se ha venido a conocer en Europa como productos orgánicos, en España como productos naturales.

La historia para este logro, que ahora mismo ingresa a las arcas polacas miles de millones de Euros y Dólares, es tan simple como los productos mismos.

Con la ocupación rusa de Polonia y con su historia mas o menos controvertida con este vecino indeseado pero impuesto. El estalinismo no tuvo más remedio que aceptar la demanda de los campesinos polacos que no querían colectivizar sus pequeños predios y los mantuvieron produciendo pequeñas cantidades de excedente para un mercado no muy rentable. Los polacos vendían sus productos en sus mercados locales y así los obreros de las fábricas eran también campesinos que producían verduras, frutas cuidaban de sus animales domésticos, hacían chacinas y con la venta de sus productos podían mejorar sus salarios no necesariamente altos.

Está manera de cultivo en pequeños predios y de uso eficiente de la tierra ha generado un hábito realmente genial. Los pequeños productores, ahora reunidos en cooperativas y con severísimos controles de calidad, registrados en todos los registros de cultivo natural sin ningún aditivo excepto el trabajo manual o mecánico, el sol y el agua. Sus gallinas corren por el campo, sus cerdos en las dehesas y prados. Así la comunidad internacional se beneficia de productos totalmente garantizados.

Los peruanos están haciendo algo parecido con la quinoa, los chilenos con algunos frutos. Este tipo de mercado está en claro crecimiento y es más donde la demanda por estos productos ahora no solo está en los herbolarios o tiendas ecológicas sino hasta las grandes cadenas de supermercados están dedicando estanterías para estos productos. La venta de los mismos es fantástica.

Bolivia es un país ideal para la producción y cultivo de productos como la papa, la quinoa, los ajos las cebollas, los mangos las papayas, el orégano el locoto, el ají, el chuño, la tunta y una infinidad de productos que darían al campesino un ingreso seguro y una garantía de mercado. Los países limítrofes como Chile Brasil y Argentina están empezando a hacer crecer su demanda por estos productos.

Valdría la pena que los encargados de ministerios, municipios y gobernaciones, apoyasen este tipo de cultivo en pequeña escala y con certificaciones y registros pertinentes y se dedique un poquito de tiempo a la indagación y a la comercialización.

Son maneras de hacer crecer lo nuestro dentro de lo que tenemos y con las garantías de beneficios que salen de lo tradicional y se enmarcan en una diversificación de los ingresos.