(Prensa Latina).- Cuando países del mundo industrializado transitan su crisis y agudizan diferencias, Latinoamérica y el Caribe mejoran sus pronósticos de crecimiento, aunque con dispares e inseguros Objetivos de Desarrollo del Milenio. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) prevé que en el 2010 la mayoría de los países de Sur y Centroamérica registren un crecimiento entre el tres y el 4,7 por ciento del producto interno bruto (PIB). El Caribe lo reduciría al 1,8 y México, según el Instituto Internacional de Finanzas, lo elevaría al 4,4 por ciento.

La economía regional se contrajo, según la CEPAL, el 1,8 por ciento en el 2009, inferior al 2,2 del resto del mundo, pero se recupera más rápido de lo previsto y crecerá el 4,1 por ciento en conjunto para el 2010

En la Unión Europea, por el contrario, se reducen las pensiones, los subsidios, los ingresos de los trabajadores y el consumo -componente esencial del dinamismo económico-; aumentan el desempleo y la pobreza como efecto de la crisis, y el crecimiento del PIB se sitúa en el 0,7 por ciento.

La Comisión Europea considera, asimismo, que los sistemas de pensiones resultan afectados por las bajas tasas de natalidad y la mayor expectativa de vida, debido a lo cual impulsa la fórmula de que todos sus países impongan cambios automáticos para asegurar la edad de jubilación en los 70 años.

Esto, a pesar de que el bloque europeo afronta el 10 por ciento de desempleo -si bien algunos países superan el 20, como el caso de España- y una jubilación tardía atenta contra la mayor solvencia y la elevación del consumo.

Por su parte, Estados Unidos no atraviesa mejores condiciones y deberá transitar un sendero crítico si no reforma aspectos esenciales de su economía.

Al parecer, podría asumir la guerra como opción, para presuntamente reactivarla, dando “mayor empleo” a fuerzas militares, a trabajadores de la industria armamentista y a los con ellos relacionados.

Tales son los contrastes entre estos bloques, países y regiones, entre los cuales Latinoamérica se vislumbra como más prometedora económicamente, aunque para ello tendrá que profundizar su fórmula salvadora, política y económica, como ya ocurre en varios de sus países.

En los otros entornos, el director de Global Projection del Economist Intelligence Unit, Robert Ward, recién declaró con respecto a la crisis: “Hemos mejorado en el sentido de recuperar cierta estabilidad, pero todavía la demanda es muy débil”.

Añadió que “esta volatilidad será el rasgo saliente de la economía mundial no sólo en el 2010, sino en los próximos tres o cuatro años”, lo que incidirá de diversas formas sobre Latinoamérica.

No obstante, la CEPAL continúa pronosticando que la región mejorará su crecimiento durante el presente año, aunque las medidas europeas y estadounidenses podrían afectarla en diversa medida según el país.

La lógica económica parte hoy de que las naciones ricas son el eslabón débil de la economía mundial, debido a que el desplome de su PIB en el 2009 fue del 3,4 por ciento, la mayor baja desde la II Guerra Mundial.

Latinoamérica y el Caribe, no obstante venir sorteando con mejor acierto los efectos de la crisis, han sufrido incrementos del desempleo y de su nivel de pobreza.

A su favor puede argumentarse que en las mejorías influyen los decisivos cambios políticos y económicos de países como Brasil, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y otros.

Con respecto a los augurios, el Fondo Monetario Internacional considera que los estímulos fiscales a la banca en el mundo desarrollado, atenuadores de los efectos de la depresión en el 2009, “se habrán agotado a mediados de 2010 como motor económico”.

El citado Robert Ward opina que la recuperación económica estadounidense sigue siendo muy débil y está asediada por un nivel de desempleo de más del 10 por ciento.

La CEPAL basa la mejoría de las perspectivas latinoamericanas, por su parte, en la recuperación que experimenta Brasil, al cual las últimas estimaciones asignan el 7,7 por ciento de crecimiento para el 2010.

La recuperación regional, más rápida que lo previsto, está justificada por el conjunto de políticas contracíclicas impulsadas por varios gobiernos, que permitieron enfrentar eficazmente las turbulencias externas.

Entre las decisiones más favorables se destacan la reducción de los tipos de interés, el aumento de la participación crediticia de la banca estatal, la expansión del gasto público y la aplicación de “un amplio abanico de programas sociales” que estimulan el consumo y apoyan el nivel adquisitivo de las familias con menores recursos.

En general, se trata de medidas opuestas a las que se aplican en los países de la UE y en Estados Unidos.

La secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, insiste en que Latinoamérica y el Caribe deberían poner especial atención en los sectores que estimulan más la economía real.

El problema histórico de esta región, asegura, es que se gasta menos del dos por ciento del PIB en infraestructura, en circunstancias en las cuales se requiere invertir entre el cinco y el seis por ciento. Asia utiliza en ello entre el seis y el ocho por ciento.

Luces y sombras matizan el futuro próximo latinoamericano y caribeño, donde algunos países estarán lejos de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de mantenerse el ritmo de avance registrado hasta ahora.

La CEPAL estima que el cumplimiento de la meta del primero de ellos, de erradicar la pobreza extrema y el hambre, es una condición para el logro de los demás, pero se avizora inalcanzable sin los cambios sociales necesarios.

Debido a ello, propósitos esenciales como reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de personas con ingresos inferiores a un dólar al día se encuentran fuera de lo posible.

También están en crisis las relativas a disminuir los que padecen hambre, lograr empleo pleno y productivo, y garantizar trabajo decente para todos, incluidos las mujeres y los jóvenes.

Según la organización, en este orden “se ha instalado un escenario de incertidumbre para los próximos años”, ya que en la crisis se han agudizado los problemas del empleo en la región.

También, la mayor restricción fiscal dificultará en muchos casos el financiamiento de las políticas sociales, a la vez que se prevé una merma de la asistencia oficial para el desarrollo, debido a la crisis del Norte industrializado.

Todo esto afectará a la región en conjunto y particularmente a los países más pobres. Se prevé asimismo que prevalezcan en los próximos cinco años menor crecimiento y mayores dificultades para lograr mejoras distributivas, según las variables políticas que predominen.

En el período previo a la crisis, el crecimiento y la reducción de la desigualdad fueron los dos factores principales para la disminución de la pobreza extrema.

Entonces aumentó el ingreso de los estratos más pobres a partir de la mejora del índice de empleo y hubo cierto avance en las remuneraciones reales, programas sociales focalizados y mayores transferencias de remesas desde el exterior.

Ahora, los análisis arrojan aliento en otro sentido, para el futuro. Globalmente, se considera que en la llamada “era post-recesión” la importancia de Estados Unidos irá descendiendo y Asia elevará su protagonismo, liderada por India y China, dos países que crecen a ritmos mucho mayores que el resto del mundo.

El director general para América del banco Santander, Francisco Luzón, declaró en Madrid el pasado 5 de julio que América Latina está en mejor posición que Asia para aprovechar la década iniciada en el 2010.

Mas, según la CEPAL, será necesario redefinir en ella el papel del Estado y dotarlo de los recursos e instrumentos requeridos para prevenir y combatir la crisis y promover un modelo de desarrollo económico y social “sostenible”.

De la integración regional con sólidas políticas sociales depende que las mejorías alcanzadas no retrocedan y que se avance en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que la crisis pone en duda. Los cambios políticos y económicos propios en Latinoamérica serán los que decidan el salto definitivo de mal para mejor.

* Editor de temas globales.