¿Cómo llegaron las categorías marxistas a América Latina o, si se prefiere, a Indo América, como decía Víctor Raúl Haya de la Torre? Tales categorías no siempre vinieron de fuera, sino que, en alguna oportunidad, fuimos a buscarlas, como ocurrió con Simón Rodríguez, el maestro del Libertador. La pregunta está relacionada con las condiciones de recepción del socialismo y del marxismo.

En consecuencia, lo importante es reconstruir esas condiciones, ya que es obvio que las ideas revolucionarias surgidas en Europa sufrieron profundos cambios al tomar contacto con sociedades que habían recibido a cientos de miles de inmigrantes, como Buenos Aires, a oleadas de esclavos con destinado a plantaciones, como sucedió en Brasil, Cuba o Haití, o que tenían la presencia de enraizadas poblaciones y culturas precolombinas, como ocurrió en Bolivia, Perú, Ecuador o Guatemala. El historiador y abogado, Roberto A. Ferrero (RAF), nacido en la mediterránea provincia argentina de Córdoba, emprende esta tarea en su libro “Enajenación y Nacionalización del Socialismo Latinoamericano” (“Alción Editora”, 2010. Córdoba – Argentina), que se constituye, a nuestro juicio, en uno de los textos más notables de la Izquierda Nacional del sub continente, desde que Jorge Abelardo Ramos (JAR) publicara, en 1968, su “Historia de la Nación Latinoamericana”.

Juan B. Justo y sus impugnadores

RAF recuerda, como lo hicieron Jorge Enea Splimbergo y Norberto Galasso, que Juan B. Justo, el fundador del Partido Socialista Argentino (PSA), encontró en la intelectualidad portuaria bonaerense de fines del Siglo XIX, el caldo de cultivo propicio para difundir ideas liberales a nombre del “socialismo”. En este sentido, Justo fue librecambista, anti industrialista, adversario de la “Patria Grande” y antimilitarista. Por esto último, sus seguidores no diferenciaron a Pinochet, Trujillo, Strossner o Somoza de Torrijos, Villarroel, Ovando o Velasco Alvarado. Splimbergo advirtió que el fundador del socialismo en el Río de la Plata no fue enemigo del imperialismo, sino sólo de sus excesos. Su huella fue seguida, en lo fundamental, por los partidos estalinistas de nuestras patrias, cuyo norte era trazado por la URSS, por organizaciones trotskistas anti Trotski y por impacientes partidarios de focos guerrilleros. Juan B. Justo, el estalinismo criollo y la ultra izquierda, al considerar que la contradicción burguesía – proletariado tenía la misma importancia aquí o en el viejo continente, no terminaron de entender el papel del imperialismo, que impide la estructuración de clases sociales sólidas en países periféricos.

La dificil nacionalizacion del pensamiento

La nacionalización del socialismo en Indo América fue lenta y difícil. Entre sus precursores se halla, también en la Argentina, la figura señera de Manuel Ugarte, quien, sólo con un portafolio bajo el brazo, recorrió parte de la América morena predicando el mensaje bolivariano de la Patria Grande ante entusiastas auditorios, lo que causó la preocupación, inclusive, de la Armada de EEUU. También aportaron con ideas diferentes a las de su contemporáneo Juan B. Justo, el escritor José Ingenieros, el diputado socialista Alfredo Palacios (aunque en menor medida) y el obrero ebanista Joaquín Coca. José Carlos Mariátegui, dice RAF, estudió al Perú “desde el ángulo de un pensamiento marxista no enajenado a las categorías euro céntricas”. Valoró “el carácter progresivo del nacionalismo revolucionario y utilizó el materialismo histórico como herramientas de conocimiento y no como listado de recetas europeas o soviéticas”. Supo, además, rescatar la importancia del socialismo “sui géneris” del incario. Señala, al mismo tiempo, la resignación de Mariátegui ante el supuesto destino agrario de su país, su “racismo biologista”, en perjuicio de trabajadores chinos traídos a suelo peruano, y su ultra izquierdismo que, a momentos, hace que olvide la condición semi colonial del Perú. Haya de la Torre nació en la provinciana ciudad de Trujillo, alejada de la alienada intelectualidad limeña. En 1924, fundó en México la “Alianza Popular Revolucionaria Americana” (APRA), en tanto que su libro más importante, “El Antiimperialismo y el APRA”, fue guía de las juventudes inconformes de su tiempo. El escritor cordobés condena sin reparos la claudicación de Haya, quien, durante la Segunda Guerra Mundial, consideró que EEUU se había convertido en imperialismo democrático.

Expresiones diferentes a las de Juan B. Justo surgieron en Yucatán (México) y en San Juan (Argentina). En Yucatán se desarrolló la obra revolucionaria del gobernador Luís Carrillo Puerto, líder del Partido Socialista del Sudeste (PSSE), quien, como gobernador de la indicada región, declaró de interés público a la industria del henequén. Sobre esta base, dio nuevo impulso a la reforma agraria, con el reparto de 640.000 hectáreas, en beneficio de 30.000 familias campesinas; fundó la Academia de la Lengua Maya y decretó la socialización de la producción de los ejidos; inició la socialización de la riqueza pública; estableció servicios médicos y jurídicos gratuitos y fijó un impuesto al culto católico. Carrillo Puerto fue fusilado el 3 de enero de 1924, junto a tres de sus hermanos, luego de un simulacro de juicio que siguió a su derrocamiento. Federico Cantoni encabezó el bloquismo sanjuanino, el que, si bien no alcanzó la profundidad del socialismo de Yucatán, impulsó, en sus tres gobernaciones, iniciadas en 1923, una fuerte intervención estatal en la economía y usó el presupuesto provincial como herramienta de distribución de la riqueza. En tanto el periódico “La Época”, de Buenos Aires, calificó a la administración de Cantoni de “comunismo semi-gaucho”, RAF estima que se trató de una singular simbiosis entre el radicalismo criollo y el marxismo pro soviético.

El escritor cordobés deja constancia que político boliviano, Tristán Marof (seudónimo de Gustavo Navarro), se declaró partidario, en 1923, del comunismo latinoamericano, en una versión indigenista, ya que propugnaba una república obrera que reconozca los antecedentes del socialismo incaico. Tres años después, en su libro, “La Justicia del Inca”, lanzó dos grandes consignas: “Minas al Estado y tierras al indio”. Colaboró con Mariátegui en las Revistas “Amauta” y “Labor”, en las que insistió en sus tesis indígena-comunistas, aunque se tornó menos crítico frente a la sociedad criollo-mestiza, a la que también concede un rol importante. En 1935, organizó en Córdoba el Grupo Revolucionario “Tupaj Amaru”, que “caracteriza a Bolivia como un país colonial, en la triste condición de factoría”; en consecuencia, la insurrección nacional debía ser “no sólo contra el amo nacional, sino contra el capital financiero internacional que lo respalda”. Poco después puntualiza que “el problema máximo de nuestra América unida es la lucha enconada contra el imperialismo extranjero y sus aliados nacionales”. Consecuente con estas posiciones, lo que le ocasiona ataques despiadados del “juanbjustismo”, la Internacional Comunista y el trotskismo antinacional, colaboró con el gobierno del coronel Germán Busch, quien, en 1939, unos meses antes de suicidarse, decretó el control de divisas generadas por los “Barones” de la gran minería. Infelizmente, la interesante trayectoria de Marof se derrumbó al convertirse en secretario privado del presidente Enrique Hertzog (1947), representante de los intereses de la gran minería, el latifundismo y del imperialismo.

La línea heterodoxa de Marof se manifiesta también en documentos del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), previos a la Revolución del 9 de abril de 1952, en especial a través del libro “Nacionalismo y Coloniaje”, de Carlos Montenegro, publicado en 1943, considerado por la Izquierda Nacional, el más importante de la historia republicana de Bolivia. El MNR cogobernó con el presidente Mártir, el coronel Gualberto Villarroel (1943-1946), y defendió su memoria frente al estalinista Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR) y al Partido Obrero Revolucionario (POR), que se autocalificó de trotskista, olvidando que Trotsky, el organizador del Ejército rojo, había apoyado sin reservas la nacionalización del petróleo mexicano, en 1938. RAF describe paralelas experiencias en Brasil, Uruguay, Venezuela, Colombia, Nicaragua, Paraguay y Costa Rica. Mención aparte merecen sus referencias a las casi desconocidas pero intermitentes luchas antirracistas y antiimperialistas en el Caribe y en las Antillas anglófonas y francófonas.

La emergencia de la izquierda nacional

En opinión del intelectual cordobés, el proceso de proletarización en Buenos Aires, a partir del peronismo, debido a la llegada de innumerables “cabecitas negras” desde el interior de la Argentina, creó las condiciones para estructurar la expresión más orgánica y relevante de la Izquierda Nacional en Indo América. Sus figuras fundacionales fueron el santafesino Aurelio Narvaja y el bonaerense Jorge Abelardo Ramos. Alrededor de sus ideas, surgió una importante pléyade de intelectuales y escritores argentinos, entre los que cabe citar a Hugo Silverstein, Enrique Rivera, Carlos Etkin, Adolfo Perelman, Jorge Enea Splimbergo, Norberto Galasso, Blas Alberti y el propio Roberto A. Ferrero. Ramos explicó que el marco ideológico de la Izquierda Nacional es el marxismo heterodoxo. Añadió que el socialismo revolucionario posee una filosofía fundada en el materialismo histórico. Es, sobre todo, una teoría del conocimiento, proyectada hacia la historia. Su eje central es la dialéctica, sinónimo de movimiento. En consecuencia, la idea del cambio es una categoría absoluta. Nace con reparos a las concepciones eurocéntricas de Marx y Engels, al recordar que el primero de ellos, si bien tuvo una posición correcta frente al colonialismo inglés en Irlanda, justificó la ocupación colonial británica en la India, en tanto que el segundo respaldó la usurpación de EEUU de la mitad del territorio mexicano. No fue menor la miopía de Marx al injuriar a Bolivar, en páginas llenas de menosprecio a la América morena.

Narvaja y Ramos fueron los primeros en apoyar críticamente, desde el marxismo, al peronismo argentino. Lo lograron al recordar que Lenin había explicado que la contradicción fundamental de nuestro tiempo opera entre naciones opresoras y naciones oprimidas y que aquel que no defiende el nacionalismo del país oprimido acaba defendiendo el nacionalismo del país opresor. El apoyo de Trostky a la nacionalización del petróleo en México es otro de los grandes referentes de los fundadores del Socialismo Latinoamericano, entre los que se hallan también la articulación del marxismo con el nacionalismo revolucionario, el desarrollo desigual y combinado, el antiimperialismo consecuente, la industrialización de los recursos naturales, la intransigente defensa de la autoestima de nuestros pueblos, del mercado interno, de las empresas estratégicas del Estado y de la soberanía nacional, así como de la unidad de la América Indo Mestiza. Estos postulados forman, a partir de entonces, un conjunto de ideas coherentes que plantea como meta el socialismo en nuestra América. Estas ideas permitieron desarrollar a fondo y sin concesiones una lucha ideológica contra el imperialismo y sus transnacionales, en primer término, pero también frente a la socialdemocracia europea, el ultra indigenismo y el ultra izquierdismo, cuyos seguidores juegan el papel de agentes, conscientes o inconscientes, de los imperios. Con ese patrimonio conceptual, la Izquierda Nacional defiende los procesos liberadores en los países oprimidos. RAF puntualiza, con plena honestidad intelectual, la claudicación ideológica de Ramos, quien respaldó al gobierno antinacional de Carlos Menem, para luego aclarar que tal claudicación no impide valorar la trascendencia de sus libros, los que deben ser difundidos por la Izquierda Nacional, como hizo Lenin con los textos de Plejanov, pese a que éste había abandonado las posiciones revolucionarias.

Vigencia y perspectivas del socialismo latinoamericano

Las obras de Narvaja, Ramos, Blas Alberti, Galasso y Splimbergo, principalmente, y la decisión de Adolfo Perelman de emigrar a La Paz, en 1954, hicieron que Sergio Almaraz primero y el autor de estas líneas después se convirtieran en referentes de la Izquierda Nacional boliviana. Así lo hace constar RAF, quien destaca, asimismo, que la difusión y enriquecimiento de estas ideas fue encarnada también por el Centro de Estudios Chilenos (CEDECH), orientado por Pedro Godoy y Leonardo Jeffs, pese al fuerte euro centrismo ideológico existente en Chile, en tanto que en Uruguay correspondió a Vivian Trías desarrollar estas posiciones dentro del Partido socialista uruguayo. Los aportes de Methol Ferré, un vigoroso pensador católico uruguayo, fuertemente vinculado a Ramos, demostraron que la Izquierda Nacional también puede ser enriquecida desde vertientes que no necesariamente provienen del marxismo. El autor de “Enajenación y Nacionalización del Socialismo Latinoamericano” encuentra que las ideas de la Izquierda nacional se expandieron más allá de la influencia de Ramos y del grupo ideológico fundacional de la Argentina. Así sucedió con el marxismo sandinista de Nicaragua, con la guerrilla de Douglas Bravo en Venezuela, con el desarrollo de la conciencia nacional antillana y de movimientos nacionalistas y socialistas en Jamaica, Guyana y Trinidad Tobago.

Los ideólogos funcionales al poder mundial reiteran cotidianamente que las luchas antiimperialistas han perdido vigencia desde la caída del muro de Berlín y la atomización de la Unión Soviética. Lo anterior es falso, ya que, a partir de los sucesos mencionados, la explotación de los países periféricos se mantiene incólume o, inclusive, tiende a agravarse. Es verdad que el debilitamiento de los imperios tradicionales los ha obligado a tolerar el surgimiento de países que están pasando a formar parte del bloque de naciones opresoras, como Brasil, Rusia, India y China, agrupadas en el BRIC. Sin embargo, esas excepciones sólo ratifican que la resistencia de las naciones oprimidas y la necesidad de coordinarla, es tarea irrenunciable, la que parece reforzarse con protestas, repudios y descontentos que se extienden inclusive en los países menos desarrollados de Europa Occidental, como Grecia, España y Portugal. Lo anterior configura un horizonte con enormes desafíos, ante el agotamiento de propuestas y utopías de los cultores del neoliberalismo y de quienes, al bloquear la consolidación de Estados nacionales en regiones periféricas, han impedido transformar la sociedad presente y han colocado al ser humano en riesgo de extinción. Por estas razones, el libro de RAF está llamado a cumplir papel trascendente en la lucha liberadora de nuestros pueblos.