Ottawa, (PL).- Las 20 naciones más industrializadas y emergentes coincidieron en que un crecimiento económico equilibrado solo será posible con estrategias por separado para sostener la actual frágil recuperación. En una cumbre en la ciudad canadiense de Toronto, a las potencias económicas mundiales les fue difícil manejar la reanimación económica tras la peor crisis financiera en décadas.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió a los países industrializados que las actuales tensiones en los mercados financieros pueden ir en aumento por causa de la crisis económica en Europa y Estados Unidos.

Un reciente documento emitido por la institución puntualiza que las actuales condiciones de la economía mundial tienen efectos negativos concretos sobre el crecimiento de la economía mundial. Indica que se observa una creciente volatilidad en los mercados financieros, que refleja la preocupación de los inversores por la salud fiscal de los países europeos.

Subrayo el FMI que esta situación de crisis en Europa representa un “gran riesgo” para la economía global y llamó a tomar medidas urgentes para restaurar la confianza y mejorar las cuentas fiscales en las economías desarrolladas.

En la cumbre del G20, Estados Unidos insistió en continuar la inyección de capital para estimular la reactivación, pero varios países, preocupados por la crisis de deuda soberana que vive Europa, optaron por reducir el gasto público y aumentar los impuestos para atender sus elevados déficit.

Los desequilibrios mundiales y cómo resolver las diferencias en torno a regulaciones globales más estrictas para el sistema bancario, centraron los últimos debates para prevenir que se repita la crisis financiera que golpeó fuertemente a finales de 2008.

El G20 acordó que los déficit deben ser controlados a largo plazo, pero que cada país puede usar distintos mecanismos a corto plazo, dependiendo de sus niveles de endeudamiento, sin una receta común.

Con una recesión mundial que aún late a sus espaldas, los líderes mundiales buscaron demostrar que es posible fortalecer la frágil recuperación económica a la vez que reducen los enormes niveles de deuda de algunos gobiernos.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el mandatario chino, Hu Jintao, y los gobernantes del resto del G20 se reunieron por cuarta ocasión desde que la crisis sembró temores de una nueva Gran Depresión.

Con un lento crecimiento en muchos países desarrollados en este momento, Washington teme que los esfuerzos de Europa por reducir la deuda luego de la recesión pueda interrumpir la recuperación, preocupación que compartieron otros líderes del bloque.

Sin un consenso unánime la Cumbre acordó reducir a la mitad el déficit del sector público dentro de tres años y estabilizar la deuda de los gobiernos, aunque aceptaron que el comienzo de ese proceso ocurrirá a diferentes velocidades.

La declaración final de la cita, que será dada a conocer en la clausura, reconoció que después de la recesión, la recuperación económica varía en ritmo en distintos lugares del mundo y que se necesita un delicado equilibrio entre restaurar la disciplina presupuestaria y el crecimiento sostenido.

El G20 logró concluir que los países ricos deben reducir sus déficit públicos a la mitad en tres años y los emergentes flexibilizar sus monedas, además de aumentar sus gastos sociales y en infraestructura.

“Nos comprometemos a adoptar acciones coordinadas para sostener el crecimiento, crear empleos y obtener un crecimiento más fuerte, sostenible y equilibrado”, precisó el proyecto de declaración final.

Manifestaciones y divergencias

Al menos 10 mil personas se manifestaron pacíficamente para oponerse a las medidas adoptadas por las 20 naciones más industrializadas y emergentes, en las que estuvieron ausentes la preocupación por los pobres y soluciones al desempleo.

Fuentes de organizaciones sociales informaron que durante tres días de debates al menos unas 480 personas fueron detenidas por levantar sus voces a favor de quienes llevan el peso de la crisis y ahora son afectados por las medidas de recortes presupuestarios.

Sin embargo, el vocero del primer ministro canadiense, Stephen Harper, Dimitri Soudas, responsabilizó de los incidentes a quienes “intentaron obstruir la justicia y destruir propiedades” para expresar de forma aparente sus divergencias con los dirigentes del G20.

Las protestas tuvieron lugar en medio de un gigantesco dispositivo de seguridad, cuyo presupuesto se elevó a unos mil millones de dólares, una cifra que según medios de comunicación locales fue calificada de excesiva.