(Prensa Latina).- Cuando miramos al mar la vista se pierde en el azul inmenso y profundo sin sospechar siquiera la dimensión del volumen que se mueve en la danza interminable de las olas. La idea de cuánto hay allá abajo es mucho más de lo que pudiera esperar una deportista como la cubana Deborah Andollo o quienes avanzan por las profundidades en un submarino.

Una nueva respuesta a cuánta agua existe en los mares la obtuvieron recientemente investigadores del Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) con sede en el estado norteamericano de Massachussets, entidad que desde hace tres décadas estudia -entre otros temas- el vínculo entre las masas de agua y el resto de la Tierra.

¿El resultado de esa “auditoría”? Mil 332 millones de kilómetros cúbicos, una cifra que no se aleja mucho de cálculos más antiguos y logrados con tecnologías menos avanzadas que las actuales. Este estudio forma parte de un proyecto dirigido por los geofísicos Mathew Charette y Walter H.F. Smith, quienes han trazado un mapa global de la parte azul de nuestro Planeta, en el cual es posible apreciar que la sinuosidad geológica bajo el gran azul es mayor de lo que pudiéramos imaginar.

Menos agua de lo creído

Charette explicó que cuando en un buscador de información de cualquier índole en Internet se solicitan datos sobre la cantidad de agua existente en la Tierra se encontrarán cinco cifras diferentes, la mayor parte, registros de hace 30 o 40 años.

Con orgullo, el geofísico afirma que esa indeterminación acabó… aunque reconoce en su trabajo, difundido en la revista Ocanography, que los números obtenidos durante la última medición del volumen de los mares podrían mejorarse aún con tecnología más avanzada.

Por lo pronto, la cantidad de agua calculada es un 0,3 por ciento menor de lo que se creía hasta el momento, una cifra que parece despreciable, pero es un volumen equivalente a cinco veces el Golfo de México, lo que llevado a escala humana si resulta muy significativo.

Sobre la profundidad de los mares también se obtuvieron nuevos datos bastante fidedignos. Los cálculos del equipo de geofísicos sugieren que tiene una media de tres mil 682,2 metros, entre 21 y 51 metros menor al de estimaciones anteriores.

El mapa de los océanos de Charette y Smith es perfectible porque no abarca a todos los océanos del mundo, quedaron fuera algunas zonas de Artico porque se encuentran permanentemente cubiertas de hielo. Además, la capacidad de detección de los satélites empleados en las mediciones no es perfecta del todo.

“Solo estamos viendo las montañas realmente grandes y además de forma borrosa. La resolución de nuestros mapas es 15 veces peor de lo que tenemos de Marte y la Luna”, dijo Charette.

También se necesitan más datos desde barcos para mejorar los que se obtengan de los satélites, añadió.

Otra inexactitud es que hasta el momento solo se ha cartografiado el 10 por ciento de los fondos marinos terrestres por sonar y otros equipos a bordo de las embarcaciones. Aún así los científicos han visto que las montañas submarinas son muy grandes.

Aunque Charette y Smith han logrado una alta precisión en la estimación del volumen de agua y la profundidad marina, hace más de 100 años el oceanógrafo John Murray la habia calculado con un margen de error de apenas 1,2 por ciento.

Para ello no utilizó satélites porque no existían, tampoco equipos sofisticados. Calculó el volumen oceánico multiplicando su área por las profundidades que él mismo midió por medio de una cuerda con pesas en un extremo que lanzaba por la borda de un barco, y extrapolando esas determinaciones a todo el planeta.

Sus resultados fueron increíblemente precisos, y no fue hasta los años 20 -del siglo XX- en que estos pudieron ser mejorados tras la creación del sonar.

Ahora, ante los nuevos datos algunos se preguntan, ¿Acaso los océanos se han encogido un poco desde que Murray los midió?

No, la causa de la rectificación a una cifra inferior descansa en la medición mas precisa de las cordilleras oceánicas que abundan en los fondos marinos y que le restan volumen a los océanos.

De hecho, el fondo marino es más irregular y montañoso de lo imaginado- señaló Smith- por lo que a medida que las técnicas permiten una precisión mayor el número será más pequeño.