La crisis integral del sistema capitalista mundial derrumbó los presupuestos ideológicos sobre los que se asienta el sistema en su etapa actual, el neoliberalismo. Entre dichos presupuestos, la “libre circulación de los capitales” es sin dudas uno de los más importantes. Este pilar, hasta ayer sagrado, es hoy fuertemente cuestionado, incluso por aquellos que hasta hace poco tiempo lo defendían a capa y espada.

El 16 de junio los líderes de la Unión Europea (UE) se comprometieron en Bruselas sacar adelante una tasa sobre las operaciones financieras de la banca que ayude a sufragar futuras crisis financieras y a proponer su aplicación mundial en la próxima cumbre del G-20 que se celebrará en Toronto, Canadá, el 26 y 27 de junio.

En tanto la crisis financiera ha sido combatida por los países desarrollados mediante el ajuste fiscal, la reducción de gastos sociales y la emisión de deuda pública para salvar bancos y entidades financieras.

En la práctica, la UE pretende aplicar un impuesto a la banca, que los capitales financieros, responsables de la crisis, contribuyan en alguna medida, un poco, a salvarse a ellos mismos, evitar algunos excesos en el mercado de capitales y generar consenso social para la aplicación de las medidas antipopulares, que están utilizando, para combatir la crisis.

Como toda herramienta, los resultados de la creación de un impuesto que grave las operaciones financieras dependerán de la forma y ámbito de aplicación, del contexto político, económico y financiero en que se aplica, del organismo encargado de su administración y del destino que se le dé a las sumas recaudadas.

La Tasa Tobin es la más conocida propuesta de gravar las transacciones de divisas. Su creación fue propuesta en 1971 por James Tobin con el objetivo de colocar un grano de arena en el engranaje de la especulación emergente como producto de la liberalización de los mercados financieros hacia finales de la década del 60.

Aún cuando la propuesta de Tobin apenas afectaba al capital especulativo y propendía controlar parcialmente su libre circulación, la idea fue desechada por los mercados financieros. La ofensiva capitalista neoliberal no toleraba ninguna limitación a las ganancias del capital.

Pasado el tiempo, allá por finales de la década del 90, el movimiento popular rescata y resignifica la Tasa Tobin. Dentro de ese movimiento surge en 1999 ATTAC (Asociación por una Tasa a las Transacciones Financieras Especulativas de ayuda al Ciudadano).

Pero a diferencia de la propuesta de James Tobin, para nosotros una nueva Tasa Tobin debe ser un instrumento que:

· permita el control estricto de capitales para poner fin a la inestabilidad y a la especulación financiera;

· se aplique a todas las transacciones financieras a un tipo impositivo suficiente (el propio Tobin sugirió del 0,5 al 1%), previendo la posibilidad de aumentarlo fuertemente para cortar de raíz cualquier movimiento especulativo naciente;

· para ser más eficaz se aplique en el marco de procesos de integración regional como lo son el ALBA o el MERCOSUR;

· sea administrada por instituciones democráticas e independientes del sistema financiero internacional, cuyo funcionamiento no esté regido por la lógica capitalista, para que de esta forma se pueda aplicar, efectivamente, la tasa y redistribuir los recursos que se generen en base a criterios de solidaridad y justicia social. En nuestra región bien puede asumir ese papel el Banco del Sur.

· sea acompañado, también, por supresión de los paraísos fiscales, la limitación de ingresos financieros y la eliminación de las primas (bonus).

Estamos hablando de un mínimo impuesto a los capitales especulativos, pero que dada la magnitud de los mismos permitiría recaudar entre 100.000 y 300.000 millones de dólares anuales, según sea la alícuota aplicada. Conviene recordar aquí que esos montos representan dos veces más que la suma anual necesaria para erradicar la pobreza extrema en el mundo.

Claro, que somos conscientes de que esta medida sólo araña la superficie y no ataca la raíz del problema, el capitalismo. Por eso, desde ATTAC – Argentina consideramos la Tasa Tobin como una medida más dentro de un proyecto anticapitalista, popular y democrático, que apunte a desmantelar un sistema de saqueo, de concentración de riqueza y de exclusión para las mayorías, como así también, ambientalmente insostenible. Aplicada aisladamente, la medida carecerá de toda eficacia.

En momentos en que la crisis capitalista pone en cuestión las bases del sistema, aunque por el momento sólo lo sea en el plano ideológico, debemos aprovechar esta coyuntura para instalar en la sociedad propuestas que limiten el movimiento de capitales, como punto de partida de un proyecto verdaderamente alternativo al capitalismo.

Sin dudas la crisis del sistema capitalista mundial puede ser transformada por los pueblos latinoamericanos en una oportunidad de cambio profundo. Ya hay alternativas en marcha, como el ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América) – TCP (Tratado de Comercio de los Pueblos), y la creación de instrumentos financieros como el Banco del Sur y del Sistema Único de Compensación Regional (SUCRE), aprobada para sustituir el dólar en el intercambio comercial entre los países miembros del ALBA.

Desde ATTAC- Argentina consideramos fundamental apoyarlas y movilizarnos para lograr su expansión y profundización.