(Prensa Latina).- La aceptación de que el militarismo es por encima de todo una ideología es cada vez mayor, sin embargo, los discursos contra este fenómeno siguen insistiendo en su parte más visible: el desarrollo de la industria bélica y de los aparatos militares, en función de la guerra.

Ello está vinculado al aumento desproporcionado de los gastos militares por parte de los gobiernos de todo el mundo, alentados por Estados Unidos con la complicidad de las transnacionales, y suelen desatenderse de la necesaria modernización y adquisición de pertrechos para la defensa.

Desde esta lógica, países cuyos gobiernos son constantemente asediados y por ende, sus pueblos proclives a ser invadidos, son condenados -hasta en los análisis más serios acerca de la problemática- por invertir cuantiosos recursos en la preparación para la contraofensiva, si fuera necesaria.

Poco importan los programas financiados por estos Estados con tal de resolver o al menos contrarrestar males sociales más añejos que el mejor de los vinos.

Ríos de tinta y esfuerzos son desparramados por doquier con tal de convencer a los distintos públicos, pero particularmente a los seguidores de las fuerzas de cambio, de su supuesta tendencia al rearme en tiempos de crisis.

Quienes incurren en la desidia evitan los cuestionamientos contra la potencia que aprobó el presupuesto militar más descomunal de la historia en medio de la debacle económica y financiera más terrible para la humanidad: Estados Unidos.

Al cerrar 2009, los integrantes de la Cámara de Representantes de ese país aceptaron para este año una partida presupuestal para gastos militares ascendente a 636 mil 300 millones de dólares, pese a la miseria que enfrentan más de 16 millones de norteamericanos.

De igual modo, el Congreso de Estados Unidos liberó otro paquete de 80 mil millones de dólares para preservar las posiciones agenciadas por la fuerza en Iraq, sin considerar el repudio internacional a esta ocupación.

Esto se añadió a las sumas millonarias que sigue invirtiendo el gobierno de Barack Obama en el sostenimiento de bases militares en todas las regiones con tal de preservar su supremacía en ese orden, interferir las comunicaciones, y controlar mayor número de recursos naturales.

Presencia militar estadounidense en América Latina

En la última década, Estados Unidos consolidó un sistema global imperial, al completar 735 bases militares diseminadas en 130 países, según datos del Pentágono.

Si en tal listado se contemplan los llamados acuerdos de cooperación militar firmados con distintos gobiernos -como el que posibilitó el sostenimiento de la Base ecuatoriana de Manta hasta la llegada del presidente Rafael Correa- puede afirmarse que existen más de mil bases estadounidenses en el mundo.

Gran parte de estos enclaves se concentran en América Latina, área para cuyo control, las autoridades norteamericanas quintuplicaron el presupuesto militar desde que inició el siglo XXI.

Tal objetivo implicó el reforzamiento de posiciones desde el sur de México hasta Centroamérica, en la zona Amazónica y en la sureña Triple Frontera, rica en petróleo, minerales y agua.

El redoblamiento de la presencia militar estadounidense en el continente aconteció a partir del cierre de la Base Howard en Panamá, en 1999, cuando Estados Unidos instaló otras cuatro nombradas Centros Cooperativos de Avanzada o Puestos de Seguridad Cooperativa, bajo el pretexto de la lucha antidrogas.

Además de las bases de Guantánamo (Cuba) y Puerto Rico (exceptuando Vieques), se habilitaron en distintos puntos del hemisferio las FOL‘s, Fuerzas de Despliegue Rápido o Bases de Operación a Distancia.

Existen también bases militares en Comalapa, El Salvador; en Punta Cana, Honduras, Reina Beatriz en Aruba; Hato Rey en Curazao; Siete Esquinas , Leticia y otras no reconocidas, en Colombia; e Iquitos en Perú, que cierran un circuito de control y de despliegue de tropas.

Estos y otros sitios con instalaciones de radar, bases aéreas y tecnologías de avanzada, además cumplen la misión de seguir de cerca las acciones de los movimiento sociales populares, monitorear la migración y todo lo englobado en la gran bolsa del terrorismo.

El rector de esta estrategia es el Comando Sur con sede en Key West, Florida, considerado por algunos analistas el principal interlocutor de los gobiernos latinoamericanos y el articulador de la política exterior estadounidense en el continente.

Raúl Zibechi, periodista e investigador uruguayo, afirma que “el Comando Sur tiene más empleados trabajando sobre América Latina que la suma de los contratados por el Departamentos de Estado, Agricultura, Comercio, Tesoro y Defensa”.

Reforzamiento y modernización del parque para la defensa en América Latina

América Latina es una de las regiones del mundo que, por tradición, menos recursos destina a la defensa: entre 1995 y 2004 apenas dedicó a ese reglón de 1,77 a 1,31 por ciento del Producto Interno Bruto, salvo en 2001, cuando se subió del 1,50 al 1,58 por ciento.

Ello guarda relación con la escasa probabilidad de enfrentamientos bélicos en la región, pese a la exacerbación de algunos conflictos bilaterales y de la elevada tasa de violencia en la zona, con 27,5 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Sin embargo, a partir del 2005 se rompió la tendencia decreciente de los presupuestos de defensa hasta alcanzar los 28 mil millones de dólares como promedio por año.

Más, lejos de desplegar conscientemente una carrera armamentística, los gobiernos de América Latina se vieron obligados en el presente siglo a renovar un material obsoleto frente al avance de la industria de la muerte y a los aires guerreristas desatados desde el Norte.

Desde el fin de las dictaduras militares, los países latinoamericanos evitaron desembolsos en cuestiones de guerra y algunos, incluso, priorizaron la redistribución de recursos para impulsar programas destinados a paliar los efectos de las medidas de corte neoliberal aplicadas entre los años 1980 y 1990.

No obstante las buenas intenciones, 45 por ciento de la población latinoamericana -o sea 224 millones de personas-continúan atrapadas en la pobreza y la indigencia, pero el medio obliga a repensar estrategias a favor de la defensa.

Quienes prefieren ver las manchas más que las luces nunca admitirán que tanta importancia tiene para un país solucionar o aliviar problemas sociales de todo tipo, como incorporar armas para enfrentar posibles agresiones en un contexto globalizado y altamente conflictivo.

La mundialización del capital implica la internacionalización de los circuitos de este bajo la dirección del capital financiero y presupone su mayor movilidad geográfica.

De idéntica manera, esta conlleva la globalización de las políticas macroeconómicas, de la división de la producción entre países organizada bajo el control de las transnacionales y, por consiguiente, de estrategias de protección y defensa de sus capitales por las grandes potencias.

La mundialización supone, igual, un cambio sustancial del papel de los Estados. Las estructuras supra-estatales posibilitan el desarrollo del sistema a mayor escala y por ende, aquellos se ven obligados a adecuar sus actuaciones al control social y a la recaudación.

En este ámbito, los Estados desarrollan en sus fronteras las condiciones para la movilidad de mercancías y capitales, realizan las políticas de ajuste y desregulaciones y contribuyen a la creación de instrumentos transnacionales que consoliden el nuevo orden.

La política de desestructuración y deslocalización de seres humanos y empresas, resultante de este proceso en su fase neoliberal, crea a su vez amenazas represivas y subversivas cuya solución, comúnmente, es militar.

La situación ha llegado al extremo de privatizar la seguridad a través de empresas de mercenarios con la más alta tecnología militar, que ofrecen un know how que asocia lo militar a una estructura empresarial de asistencia bélica.

Los ejércitos corporativos del cine y la literatura de ciencia ficción son una realidad en esta época: Blackwater USA, por sólo citar alguna, es un holding de cinco compañías, Blackwater Training Center, Blackwater Target Systems, Blackwater Security Consulting, Blackwater Canine y Blackwater Air.

Estas condiciones poco afectaron las discutibles fronteras y la semisoberanía de los países latinoamericanos, más incidieron en la complejización de la violencia y de las relaciones sociales en estos.

Los espacios andinos y Colombia, por ejemplo, se convirtieron en un dolor de cabeza para los norteamericanos y otros sostenedores del nuevo orden desde hace varias décadas.

La falacia de la lucha antidrogas chocó con la rebeldía y la resistencia, implícitas en la memoria histórica de estos pueblos, que se alzaron en varias ocasiones contra los desmanes de los acólitos de las transnacionales de la minería, las petroleras y otras.

Las protestas de estos sectores coincidieron en el tiempo con el auge de las manifestaciones de otros grupos sociales, interesados en transformar el status quo.

Frente a ello, Estados Unidos aumentó las misiones de fuerzas especiales, las asesorías militares, los entrenamientos, los planes operacionales, las transferencias de equipos para el monitoreo, y otras acciones.

Mientras, los países miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, impulsaron un sistema económico sin precedentes, centrado en la atención el ser humano, en la solidaridad, la cooperación, la redistribución y la complementariedad.

El desafío de América Latina

La realidad obliga siempre a reajustar planes individuales y programas estatales. En el mundo, el presupuesto militar aumenta año tras año y los aliados de Estados Unidos siguen financiando con decenas de miles de millones de dólares sus intervenciones en el Oriente Medio y otros países.

Como destacara Toni Solo, en un artículo publicado por el sitio digital Rebelión, también “el golpe de Estado en Honduras y la instalación de siete bases militares más en Colombia y otras en Panamá indican el desarrollo de una simetría inversa entre el militarismo del imperio y su declive económico domestico”.

La historia enseña que ante las crisis domésticas, las salidas suelen ser la reactivación del complejo militar-industrial. Baste repasar los detonantes de la guerra en Corea, Vietnam, el Golfo, Iraq y Afganistán.

En los últimos años, en América Latina, Estados Unidos apoyó tácitamente el golpe de Estado militar en Honduras; respaldó la “guerra contra la droga”, que profundizó la incontrolable crisis social y económica en México; sumó otras siete bases militares en Colombia y dos navales en Panamá.

El gobierno de Barack Obama reactivó, además, el antiguo centro de comunicaciones y espionaje en Costa Rica a un costo mayor de 10 millones de dólares.

De hecho, el Comando Sur señala como su tercer objetivo “lograr que los aliados tengan la voluntad de participar en “operaciones combinadas” y en sintonía, se organizan ejercicios militares conjuntos en distintas zonas del continente.

Las doctrinas y objetivos detrás de estas acciones están emparentados con la Doctrina de la Seguridad Nacional, que ubica al enemigo dentro de cada Estado y sustenta la criminalización de las protestas sociales.

Es como si no existiese otro modo de hacer las cosas que por medio de las armas y más vale estar preparados para cualquier toque de diana contra la soberanía.

La remilitarización tiene una influencia decisiva en cada Estado a la hora de asignar recursos. Dominación y resistencia son dos caras de una misma moneda y ello explica en buena medida el porqué los presupuestos militares se elevaron a nivel continental en el último lustro.

* Periodista de la redacción de temas globales de Prensa Latina.

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Estados Unidos: no habrá adiós a las armas

Gustavo Robreño Díaz *

Desde antes de la Segunda Guerra Mundial, el presupuesto asignado a la defensa ha jugado un papel decisivo en la dinámica de la economía estadounidense. En cada uno de los ciclos de crecimiento económico acaecido posterior a la “Gran Depresión” de los años 30 del pasado siglo, el componente militar del gasto público ha sido utilizado como motor impulsor de la producción y el empleo. Así, por ejemplo, cuando la Administración Reagan puso en marcha su proyecto de “Guerra de las Galaxias”, el impresionante incremento del gasto militar que ello supuso fue decisivo en 1981-1982 para sacar a la economía norteamericana de la recesión. Más reciente, posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001, los estímulos fiscales incluyeron un incremento del gasto público, sobre todo en asignaciones para la defensa, generadas por los conflictos en Iraq y Afganistán. En contraposición, ello ejerce un impacto directo a mediano plazo en la degradación fiscal, a partir de las imprevisibles exigencias de los conflictos bélicos, convirtiéndose en factor propiciador de inestabilidad financiera, tal como ocurre hoy en Estados Unidos.

El espejismo de una falsa reducción

Es en ese contexto de incertidumbre fiscal que se recurre nuevamente al gasto militar como soporte de la economía estadounidense. Alejado de lo que muchos han interpretado erróneamente como una disminución en la cuantía de los gastos bélicos por parte de Washington, se trata solo de un mero reajuste en las prioridades de su enajenante presupuesto de Defensa. Así, el presupuesto básico del Departamento de Defensa para el año fiscal 2010 (que se inició en octubre de 2009) asciende a la astronómica cifra de 534 mil millones de dólares, lo que representa un incremento del cuatro por ciento, o lo que es igual, 20 mil millones más. A ello se adiciona que, para financiar los actuales conflictos de Iraq y Afganistán, se asigna una “partida adicional” de 130 mil millones, lo que redondea la cifra total del presupuesto del Pentágono para 2010 en nada menos que 664 mil millones de dólares. La presunta reducción no es otra cosa que un recorte a programas de armas que datan de la época de la “Guerra Fría” y, por el contrario, el aumento de otros vinculados, o con incidencia directa, en la “sacrosanta” cruzada mundial contra el terrorismo. El desglose de tan abultado monto refleja la intención de reorientar los contratos de defensa a las necesidades de la guerra irregular, apreciada como el tipo de conflicto más probable a que tengan que hacer frente, a corto plazo, las fuerzas armadas norteamericanas. Gates ha dicho que “confía” en que esa cantidad será suficiente para mantener los programas de modernización esenciales y “rebalancear” las capacidades para la guerra convencional e irregular. En ningún momento habló de ahorrar. Sólo se trata, en opinión de Gates, de “gastar el dinero de forma más eficiente, a partir de una mejor política de compras”. Por ejemplo, se prevé elevar la cantidad de efectivos, tanto del Ejército como de la Infantería de Marina, lo que presupone un incremento de 11 mil millones de dólares para ambos servicios armados. Se aumentarán los fondos para los programas de Vehículos Aéreos no tripulados, incrementar la cantidad de helicópteros del Ejército, la capacidad de transporte aéreo de las Fuerzas de Operaciones Especiales, así como de los buques de asalto anfibio. Se abandonará, por su parte, un programa para adquirir helicópteros presidenciales y de salvamento, así como detener la producción de aviones de transporte C-17. De igual forma se cancela la compra de más aviones de combate F-22, proyecto cuestionado por sus altos costos y poca utilidad en los conflictos actuales. Como prueba de que no se trata de ahorrar, para sustituir los F-22 el Pentágono comprará más cazas de última generación F-35, cuyo monto de adquisición se duplicará entonces, de seis mil 800, a 11 mil 200 millones de dólares.

La verdad del Presupuesto de Defensa

Aunque cada año el Departamento de Defensa de Estados Unidos presenta sus necesidades presupuestarias para siguiente, tanto la cifra solicitada como la finalmente aprobada distan de ser ciertas, y enmascaran cantidades aun mayores. Por ejemplo, a la cantidad aprobada por el Congreso hay que agregar las ya citadas “partidas suplementarias” solicitadas en el transcurso del año para financiar, desde 2001, las guerras de Iraq y Afganistán. De otra parte, los gastos que genera el armamento nuclear no están incluidos en el presupuesto del Departamento de Defensa, sino en el del Departamento de Energía y el monto oscila entre 15 mil y 20 mil millones más. El “todopoderoso” Departamento de Seguridad de la Patria, creado como respuesta a los atentados del 11 de septiembre, absorbe en programas y otras actividades vinculadas directamente a la defensa alrededor de 40 mil millones más. Los programas de cooperación militar del Departamento de Estado, en que se incluyen las donaciones de técnica y armamento, representan casi otros 40 mil millones. Los pagos y honorarios a los veteranos, cuya membresía se ha incrementado como resultado de las guerras de Iraq y Afganistán proceden del presupuesto del Departamento de Veteranos y generan gastos por más de 90 mil millones. Por tanto, haciendo un cálculo conservador, la cantidad real de dinero que Estados Unidos invertirá en el sector de la defensa durante el actual año fiscal 2010, será superior a los 800 mil millones de dólares. Diversos estudios establecen, no obstante, que a partir de la disgregación antes descrita, la cantidad real de dinero que Estados Unidos destina al sector militar es el doble de lo asignado por presupuesto al Departamento de Defensa. Si se estima entonces que el gasto militar real de Estados Unidos ronda el billón (millón de millones) de dólares anuales, ello significa que es 10 veces más que lo invertido por Gran Bretaña, cuyo presupuesto de defensa es el segundo más alto del mundo. En cuanto a su transparencia, pululan las denuncias sobre grandes cantidades de “presupuesto oscuro”, ocultas tras un espeso velo de irregularidades, en que incluyen sobornos, favores y prebendas.

* El autor es periodista, historiador y colaborador de Prensa Latina.

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Gastos inútiles con efectos mortales

Ernesto Montero Acuña *

(PL).- Las armas y equipos de tortura promovidos por una publicidad que estimula el consumismo generalizado, en ambos casos con predominio de Estados Unidos y Europa, arrojan dividendos por cerca de 1,47 billones (millones de millones) de dólares. A pesar de la reiterada insistencia sobre los derechos humanos, tales rubros conducen a efectos letales y al mayor empobrecimiento de países ya depauperados del Tercer Mundo, hacia los cuales se dirige en gran medida la comercialización de instrumentos de guerra y de violencia. Estadísticas de organismos internacionales confirman que la casi totalidad de las peores armas destinadas a estos fines provocan cada año, según estimados conservadores, cientos de miles de muertes civiles y una cantidad superior en las guerras. A 200 mil ascendían las primeras y a 300 mil las segundas en el año 2004, aunque se estima que ambas cifras se han mantenido crecientes en el último sexenio. De las 100 mayores compañías productoras de armas, 44 radican en territorio estadounidense y cubren el 61 por ciento de las ventas; y 32 se encuentran en Europa y abarcan el 31 por ciento de la comercialización, porcentajes equivalentes a casi la totalidad de las transacciones mundiales de tales instrumentos de muerte. Se estima que en América Latina podría haber entre 50 y 100 millones de armas de fuego en manos de civiles, según se asuma un umbral bajo o alto, en dependencia de su legalización en la mayoría de los países. Incluso, el Instituto Internacional de Investigación para la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés) consideró a mediados de marzo de 2010 que la crisis económica no ha impedido que la venta de armas de fuego haya crecido mundialmente en el 22 por ciento durante el último quinquenio. Podría estimarse, por el contrario, que la depresión ha estimulado la demanda de estas, las cuales cumplen una función represiva; no dependen de la demanda solvente de la población y devienen refugio para empresas que desvían sus producciones desde actividades en crisis. De ahí que muchos países hayan reforzado sus arsenales con aviones caza, helicópteros de combate, submarinos, vehículos blindados y sistemas de defensa aérea, en casi su totalidad producidos en el mundo industrializado. Entre los mayores vendedores de estos se encuentran Estados Unidos, Alemania, Francia y Gran Bretaña, responsables de gran parte de las exportaciones de armas convencionales según el SIPRI. Por regiones, la adquisición de medios de guerra siguió encabezada en el período 2005-2009 por Asia y Oceanía, con el 41 por ciento; seguida por Europa con el 24 por ciento, Oriente Medio con el 17, América con el 11 y África con el siete. En el 2009, especialistas del referido instituto –entre los más reconocidos en el mundo– corroboraban que los fabricantes de armas estaban “relativamente protegidos de la crisis financiera mundial”, debido a que “la industria armamentística, al contrario que la del automóvil, depende del gasto de los gobiernos más que de los consumidores”. El organismo, con sede en Estocolmo, divulgaba a mediados del mismo año que el gasto militar mundial había alcanzado un billón (millones de millones) 464 millones de dólares, equivalente a 217 dólares per. cápita en todo el planeta. Tales cifras representaban ya un aumento del cuatro por ciento en términos reales frente al 2007 y del 45 por ciento desde el año 1999. Estados Unidos encabezaba en el 2008 la lista mundial con un gasto de 607 mil millones de dólares, el 41 por ciento del total planetario, debido al efecto de sus conflictos contra Iraq y Afganistán, que los elevaron a los niveles más altos desde la II Guerra Mundial. La disparidad global queda reflejada con que China, ocupante del segundo lugar, solo alcanza el seis por ciento del total, seguida por Francia, Gran Bretaña y Rusia, con el cuatro, respectivamente, que la suceden por su orden. Sobre los medios de tortura, la prensa europea publicó recientemente que “unas 150 empresas de la región comercian con dispositivos de tortura considerados ilegales”. Según la británica BBC Mundo, “se trata de cinturones y esposas con descargas eléctricas de hasta 50 mil voltios, bastones policiales eléctricos o con puntas de metal, grilletes combinados o sprays de sustancias químicas” que luego son vendidos “en países en vías de desarrollo”. La web añade que si bien ningún país miembro de la Unión Europea (UE) puede ofrecer tales dispositivos tras la entrada en vigencia de una ley regional de 2006, las lagunas legales de este reglamento han permitido que “los estados hayan hecho la vista gorda en este lucrativo mercado”. También afirma que tales “empresas, en su mayoría con base en España, Italia, Francia, Alemania, Hungría y República Checa, son distribuidoras legales de productos para fuerzas policiales y de seguridad, pero entre su oferta hay dispositivos para el maltrato humano”. Asimismo, “no sólo los gobiernos han autorizado la exportación e importación de equipos cuyo “único fin es la tortura” sino que 20 de los 27 países miembros no han cumplido con la obligación de informar de ello” a la UE. La europarlamentaria Heidi Hautala, que encabeza la Subcomisión de Derechos Humanos, declaró a BBC Mundo que “los estados miembros (de la UE) han fallado claramente en implementar” las regulaciones de aquella, y que “algunos países son culpables hasta de violar” la ley europea. Al respecto, la parlamentaria consideró que un “nuevo reglamento debe tener un apartado que obligue a las empresas a informar sobre los nuevos productos del rubro”, aunque la publicación considera insuficiente actualizar y endurecer una ley que realmente no se ha cumplido. Según la opinión editorial del medio, las empresas no sólo han interpretado el reglamento en su beneficio, sino que los países han dado luz verde a un comercio de equipos en principio prohibido. Se considera necesario asimismo publicar los nombres de los países y compañías que violan y manipulan regulaciones sobre “el comercio de cinturones eléctricos que permiten aplicar descargas a los detenidos que los lleven, con apenas apretar un botón a distancia”. Sin embargo, la referida eurodiputada opina que, “siendo optimistas”, la revisión y endurecimiento de los controles puede durar “meses”, aunque no parece haber certeza acerca de que se logre. Debe tenerse en cuenta que, hace seis años, JupiterResearch estimaba que el gasto en publicidad, sólo en Internet, casi se duplicaría en el 2009, hasta alcanzar los 16 mil 100 millones de dólares, y representaría una proporción mucho mayor en los presupuestos publicitarios de todos los medios. En el 2010, según ZeithOptimedia, división de Publicis Groupe de París, el crecimiento de la publicidad en línea será del 8,6 por ciento, hasta elevarse a 54 mil 300 millones de dólares, que equivalen a 38 mil 200 millones más que los previstos. De acuerdo con los mismos estimados, a pesar de que este año el gasto mundial de publicidad puede caer en el 6,9 por ciento con respecto al anterior, ascenderá en total a 453 mil 200 millones de dólares, gasto que incluye la promoción directa o indirecta de la violencia y los equipos bélicos. Medios en la red estimulan los conflictos, la desestabilización y el uso de la violencia en países pobres, principalmente progresistas, lo que ocurre generalmente con fines políticos, pero también con intereses económicos vinculados a las ventas armamentísticas. Como contrapartida, analistas internacionales rechazan que gastos inútiles, con efectos letales, graviten sobre un mundo donde existen más de mil 20 millones de hambrientos, carentes de los medios mínimos de subsistencia y sometidos por los de tortura y muerte.

* El autor es periodista de Prensa Latina especializado en temas globales e integración.

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Se duplicaron exportaciones alemanes de armamento

Berlín, (PL).- En el transcurso de los últimos cinco años, Alemania ha duplicado el volumen de exportaciones de armas, informó el Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la Paz (SIPRI). Según el instituto, la participación en el mercado internacional de armas aumentó a 11 por ciento entre 2005 y 2009. Más exportaciones de armamento tienen solamente dos países: Rusia con 23 por ciento y Estados Unidos con 30 por ciento del mercado internacional. Conforme a reportes de la prensa alemana, los clientes más importantes para Alemania en este séctor económico son Turquía, Grecia y Sudáfrica. En reacción al informe del SIPRI, el partido opositor de Los Verdes exigió hoy más derechos de control para el parlamento. “Como en otros países, el parlamento alemán tiene que tener el derecho de controlas estas exportaciones”, dijo la presidenta de este partido, Claudia Roth. “El aumento alarmante de las exportaciones de armamento documentan el fracaso del último gobierno, formado por socialdemócratas y democristianos, en el control de armamento”, dijo el portavoz para política de defensa del partido socialista, Paul Schafer, que exigió un “cambio de rumbo”.

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Una gota en el mar del desarme nuclear

Antonio Rondón *

Moscú, (PL).- El Tratado de reducción de armas estratégicas entre Rusia y Estados Unidos constituye una gota, muy lejana aún de mover olas en el mar del desarme nuclear, hacia la eliminación total de ese peligro en el planeta.

La nueva versión sobre reducción y limitación de las armas estratégicas ofensivas, que sustituirá al START-1 (por su sigla en inglés) de 1991, establece un tope de mil 550 ojivas nucleares por cada país, de las dos mil 200 existentes de ambas partes en la actualidad. Además, el documento deja libre a cada miembro para decidir en que portadores se mantienen los proyectiles estratégicos. Tal reducción constituye un tercio de la cifra de ojivas estipulada por el acuerdo moscovita de 2002 en cuanto a potenciales estratégicos, concebido así porque carecía de mecanismos de control sobre ese proceso, a diferencia del START-1, que caducó en diciembre pasado. La avenencia, que llevará la firma de los presidentes, Dmitri Medvédev y Barack Obama, define que cada parte tendrá derecho a 700 cohetes balísticos intercontinentales en submarinos y en bombarderos estratégicos, dos veces menos que lo reflejado en tratados anteriores, explicó el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov. De igual forma, serán 800 los portadores permitidos por cada parte, es decir, un 50 por ciento de lo existente hasta el momento. El documento destaca, al mismo tiempo, la importancia del despliegue de cohetes balísticos intercontinentales como armamento estratégico, tanto en rampas como los basados en submarinos, aún cuando carezcan de ojivas nucleares. Rusia y Estados Unidos alistan una comisión conjunta consultiva para evaluar la marcha de la avenencia, considerada la mayor reducción de arsenales nucleares de los últimos 20 años. El tratado tendrá un plazo de una década tras su ratificación y podrá ser prorrogado por acuerdo mutuo de las partes, en tanto durante los primeros siete años deberá garantizarse la citada reducción, indicó el jefe del Estado Mayor ruso, general de ejército Nikolai Makarov. En opinión de Lavrov, los mecanismos de verificación que se aplicarán en esta ocasión serán más modernos y menos costosos, además de que aumentarán la transparencia y la constatación del proceso de desarme.

¿Desarme nuclear versus defensa antimisiles?

Cada país posee el derecho a analizar su participación en el proceso de desarme si considera que existe un desbalance en la paridad estratégica, lo cual incluye una mayor posibilidad de los sistemas de defensa antimisiles de una de las partes. Moscú y Washington se comprometen a evitar el despliegue de armas estratégicas ofensivas fuera del territorio de cada país, en atención a las preocupaciones del Kremlin sobre la ubicación de esos armamentos en los nuevos miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). A la alianza noratlántica se integraron en los últimos 15 años Hungría, Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Rumania, Lituania, Letonia y Estonia, territorios ubicados cerca de la frontera rusa en su flanco occidental. En contraste, el secretario norteamericano de Defensa, Robert Gates, consideró que el acuerdo permitirá a Estados Unidos continuar los planes del despliegue del escudo antimisiles en territorio de sus aliados en Europa y con los esfuerzos de incluir a Rusia en el controvertido proyecto militarista. Moscú recuerda que en julio de 2009, los presidentes Medvédev y Obama se pronunciaron por un análisis minucioso y argumentado, antes de adoptar una decisión sobre las posibilidades reales de una amenaza coheteril en la región. El proceso de ratificación, como reclamó Lavrov, deberá tener un carácter simultáneo, a diferencia de las avenencias firmadas en el pasado, cuando la extinta Unión Soviética ratificaba los documentos y debía esperar por Estados Unidos. Además, el tratado contará con varios anexos que deberán firmarse en el transcurso del mes de abril, mientras el principal documento transitará de inmediato hacia su ratificación. La avenencia procura esta vez el principio de paridad en los portadores y desiste de los esfuerzos por especificar las cuotas de éstos entre las rampas de lanzamiento de cohetes balísticos intercontinentales, los bombarderos estratégicos o los submarinos. El arreglo se rubrica días antes de celebrarse en Washington una cumbre de los países firmantes del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y en medio del diferendo sobre el programa atómico de Irán, acusado por Estados Unidos de intentar desarrollar el arma nuclear. Teherán defiende el derecho, como país firmante del TNP, del empleo de la energía atómica con fines pacíficos. La ratificación por Estados Unidos y Rusia del nuevo acuerdo de reducción de armas estratégicas, después de seis meses de complicadas negociaciones en Ginebra, podría acercar finalmente al planeta a uno de los postulados del TNP, la eliminación total del arma nuclear. Sólo que la voluntad para lograrlo será puesta a prueba desde el mismo momento en que se firme el START en Praga, capital de República Checa. Al respecto, Lavrov indicó a la televisión rusa que el tratado establecerá también un techo en la cantidad de ojivas para otras naciones y constituye un primer paso para involucrar a todas las potencias nucleares en el proceso de desarme. De ninguna forma, elaboramos el acuerdo para darle contenido al proceso de renovación de las relaciones ruso-estadounidenses, pues se trata, en realidad de buscar una mayor estabilidad estratégica en el orbe, puntualizó Lavrov. El tratado establece una prioridad en el arsenal de ambas partes y fija un nivel máximo de armamentos muy bajo y sin precedentes, destacó el jefe de la diplomacia rusa. La necesidad de la firma del acuerdo se fortaleció, sobre todo, después de vencer la etapa de la administración de George W. Bush, que tomó con cierta ligereza aspectos tan importantes en el orbe como el proceso de desarme nuclear, señaló el titular ruso de Exteriores. Sin embargo, reconoció que aunque aparece plasmada la vinculación entre las armas estratégicas con los sistemas de defensa, el acuerdo tampoco dispone una prohibición para el desarrollo de los referidos armamentos defensivos. Cada parte considerará su participación en el desarme estratégico en la medida que se garantice su seguridad nacional, en caso de ver amenazado ese balance, tiene el derecho a retirarse de ese proceso, aclaró el canciller ruso. El vicedirector del Centro ruso de Estados Unidos y Canadá, Pavel Zolotoriov, consideró, por su parte, que desde el pasado año la administración de Obama inició la preparación en el Congreso de ese país para lograr la ratificación del nuevo tratado. El acuerdo, en todo caso, beneficia a Rusia, pues establece nuevos parámetros cualitativos para ambas partes que se enmarcan dentro de sus posibilidades estratégicas reales, precisó Zolotoriov. Para Alexander Pikaev, jefe del departamento de desarme y regulación de conflictos del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias, el nuevo acuerdo posee algunas complicaciones matemáticas. Si comparamos, dijo, la cifra de 800 portadores con mil 550 ojivas nucleares, tocará a unas dos cabezas nucleares por cada portador, estimó. Pero los misiles balísticos rusos por lo general son de cabezas múltiples, mientras los cohetes estadounidenses de ese mismo tipo están instalados en los submarinos Trident, agregó Pikaev. Sostuvo que Estados Unidos efectuará una sustancial reducción de los portadores desplegados y una limitación en los portadores sin desplegar para cumplir con el acuerdo. Washington cuenta ahora con unos mil 100 portadores desplegados, así que deberá reducirse drásticamente, mientras Rusia posee en estos momentos unos 700 portadores, según el experto. Como en todo acuerdo, ambas partes debieron hacer concesiones en el proceso de negociación, iniciado en octubre del pasado año, aunque para el ministro ruso de Exteriores, la avenencia quedó lista en tiempo récord, si se tiene en cuenta la importancia de su contenido. Por otro lado, el proceso de ratificación en el Congreso de Estados Unidos será una tarea titánica para la Casa Blanca, pues la Constitución estadounidense exige para el tratado de desarme una aprobación de dos terceras partes del Senado. Los congresistas republicanos harán gala de la preferencia que conceden a sus intereses políticos, sobre todo, cuando se acercan las elecciones de noviembre próximo para renovar parcialmente el Congreso. Se calculan unas 23 mil ojivas nucleares en todo el mundo, de las cuales, un 90 por ciento está en manos de Moscú y Washington, el resto lo comparten Reino Unido, Francia, China, India, Paquistán e Israel. De cualquier forma, el Tratado de reducción de armas estratégicas entre Rusia y Estados Unidos apenas será un empujón para sumar a otras potencias al largo proceso de eliminación del arsenal nuclear en el mundo.

* El autor es corresponsal de Prensa Latina en Rusia.