Bicentenario de la independencia Argentina: Una idea políticamente correcta

Alberto Buela

marzo 17, 2010Publicado el: 4 min. + -
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En el universo de lo políticamente correcto todos los días se crean nuevas categorías y una de estas últimas para la ecúmene iberoamericana es la de bicentenario.

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Bicentenario de qué?. De la independencia americana. Si nosotros "los bolis" en doscientos años hemos sido muy pocas veces independientes en cuanto a nuestras decisiones políticas, culturales y económicas. Al menos en Argentina son contados con los dedos los momentos de nuestra historia en que fuimos independientes. Lo fuimos en algún momento con Rosas, durante el bloqueo anglo-francés de 1848, con Roca y su denostada "conquista del Desierto", con Roque Sánez Peña, el único presidente herido en combate, en algún momento del gobierno de Irigoyen y en el primero de Perón. Es decir, tuvimos pantallazos, imágenes truncas de independencia, pero nunca real, efectiva y permanente.

Salimos de las manos de España, que al menos nos dio una lengua, una religión e instituciones políticas, para caer en las de Inglaterra (Inca la perra dice el Martín Fierro) que solo nos explotó y además se quedó con una parte de nuestro territorio: Las Malvinas. Y todavía hay argentinos que hablan loas de los ingleses. Universidades que los reciben con bombos y platillos y presidentes que viajaron a visitar a la Reina. Y cuando decayó el poder inglés pasamos a manos norteamericanas que es donde estamos hoy.

Nuestro bicentenario es en realidad Vicente Nario, un tanito canfinflero que nos vende flatulencias legumbreras. El gringo Nario se mudó del Abasto al Mercado Central de Tapiales y enriquecido a fuerza de ahorro y privaciones saltó de la verdulería al campo intelectual. Así, hoy día, es uno de los principales sponsors de Carta Abierta, a quienes no se les cae una idea que no vaya dirigida al apoyo irrestricto de Vicente Nario. Es que Vicente Nario paga con dinero y no solo con honores como suelen cobrar los filósofos. Nuestro Vicente Nario oscila desde los festejos por los 200 años de la Iglesia de San José de Flores hasta el decreto de necesidad y urgencia para pagar parte de la deuda externa. Va desde una carrera de embolsados hasta la colección de libros de la Academia Nacional. Es todo y no es nada.

Si quisiéramos hablar seriamente del bicentenario tendríamos mostrar que nuestra identidad no está vinculada solo a él, ni nace con él, sino que se origina mucho antes, en el momento en que don Pedro de Mendoza en 1536 funda Buenos Aires o Juan de Salazar en 1537 funda Asunción y comienza a producirse esta cultura de síntesis, este mestizaje extraordinario, esta simbiosis entre lo europeo y lo americano que somos todos nosotros, el mundo criollo. Ni tan español ni tan indio, como gustaba decir Bolivar. Pero de esta idea están a años luz los Forster y los Feinmann, que como gringos del barco, sobre este tema no han comprendido nada o, peor aún, han confundido todo.

Si pretendiéramos hablar seriamente del bicentenario no podríamos decir la estulticia del colombiano William Ospina que nuestras identidades múltiples son promesa de convivencia para la humanidad. Nosotros no somos identidades múltiples como pretende la teoría del multiculturalismo impuesta por los antropólogos norteamericanos sino que somos y tenemos una clara y definida identidad que encierra muchas culturas. Nosotros somos una interculturalidad y no una multiculturalidad. Pero de esta idea los Ospina y Cía están a años luz de comprenderla.

Y así podríamos seguir haciendo distinciones filosóficas fundamentales y necesarias, pero como nos consta que casi nadie lee, la mayoría mira pero no ve y el pensamiento único y políticamente correcto está instalado en los mass media y en los gobiernos, para que seguir gastando pólvora en chimangos. Estas breves consideraciones indican que nuestro bicentenario, y todo lo que se teja alrededor de él, va a ser más bien un homenaje y un curro de Vicente Nario.

(*) alberto.buela@gmail.com

arkegueta, aprendiz constante

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