Tristán Marof -Gustavo Navarro- nació para generar polémica, lo mismo en Sucre, su ciudad natal, que en el conjunto del país o en México. Carlos Monsiváis lo recuerda como un izquierdista homófono, que comentó del modo más descomedido la cantidad de veces que allí había escuchado la palabra "joto". En "Amor perdido", un libro antológico, Monsiváis cita el lenguaje sarcástico de Marof y una parte del soneto que le contestó Salvador Novo, poeta de los grandes, adscrito al grupo de los Contemporáneos y homosexual bastante salido del placard.

Me costó conseguir el texto íntegro del soneto de Novo por la dificultad de acceder a su extensa bibliografía; pero vino en mi auxilio Google, copié en la ventanita el primer verso y salió un sitio web non sancto cuyos datos consigno en homenaje a la curiosidad de mis lectoras (y lectores): http://perso.wanadoo.es/elanimadesayula/1D.htm.

El poema tremebundo de Novo dice lo siguiente: "UN MAROF. ¿Qué puta entre sus podres chorrearía / por entre incordios, chancros y bubones / a este hijo de tan múltiples cabrones / que no supo qué nombre se pondría? / Prófugo de la cárcel, andaría / mendigando favores y tostones; / no pudieron crecerle en los cojones, / en la cara la barba le crecía. / Bandido universal, como la puta / que el ser le dio, ridícula pipilla / suple en su labio verga diminuta. / Treponema ultrapálido, ladilla / boliviana, el favor de que disfruta / es lamerle los huevos a Padilla."

Es un verso crudo, remojado en bilis y con palabrotas que llenarían de ira incluso a San Francisco de Asís, pero lo copio por la estatura de los contendientes en este libelo histórico, pues Salvador Novo es una cumbre de las letras mexicanas y Tristán Marof un agudo analista boliviano, pionero de las conquistas sociales del pasado siglo.

Novo dejó una autobiografía secreta que es difícil de conseguir. Se llama La estatua de sal, una imagen eficaz de la mujer de Lot, que se vuelve para ver su pasado. En él cuenta con toda naturalidad sus hazañas sexuales, y su tendencia natural, que se manifestó en sus primeros juegos, cuando jugaba con su amiguito a que él era la mamá y le ofrecía su pecho. Es un relato descarnado, a ratos grotesco, pero valioso sobre uno de los grandes poetas mexicanos.

Una convención popular hace que designemos con el mote de 28s a los varones de ademanes delicados y femeninos. Lo curioso es que en México hay una designación parecida, que es 41. Se llama 41 a ese tipo de varones desde un célebre allanamiento que inmortalizó José Guadalupe Posada en uno de sus grabados. La policía ingresó a una casa construida durante el Porfiriato, donde se habían congregado unos jóvenes que no necesitaban de señoritas para repasar el Kama Sutra. La crónica los contó y eran 41. Y así quedó dicha cifra como mote de los varones delicados.

Hoy cientos de miles de homo y bisexuales salieron del placard. En cambio algunos de Los Contemporáneos fueron pioneros en la lucha por defender sus preferencias sexuales. ¡Cómo reaccionarían cuando Marof se les vino encima y los agredió con su proverbial lengua viperina!