La iniciativa de que los empleados públicos aprendan lenguas nativas es importante. Las empresas privadas deberían imitarla.

Porque valorizan algo que para un@s es intrínseco y su apreciación era meramente comunicativa entre ell@s. Pero ¿para qué conocer lenguas en el siglo XXI que no sean el inglés, español, chino mandarino, árabe u otras de mayor utilización mundial? De por sí es positivo el aportar para que no desaparezcan algunas lenguas en vía de extinción, en un mundo donde la tendencia es a homogenizar culturas, con el objeto de que las de valor universal prevalezcan sobre las demás, lo que en sí ya implica todo un debate. La posibilidad de que exista algo diferente es importante, en el sentido de que las contribuciones que pueden existir en varios aspectos, incluidos el de la lógica de la que están imbuidas algunas culturas no occidentales, ni tampoco orientales, propiamente dichas, caso de la aymara, permite una diferente consideración de realidades que definitivamente ya no pueden ser únicas, menos absolutamente preponderantes. Especialmente en una época, donde ya no se habla de una sola realidad, existiendo también la virtual y aquellas que se las está descubriendo a medida del avance de la ciencia, la tecnología y de los mismos enfoques culturales que se están reavivando, rehabilitando y/o revitalizando, en espacios que tampoco son los únicos, hasta el extremo de que en un mismo instante tenemos tanto realidades como diferentes espacios.

En esa vía, por ejemplo, parece importante de que la región Oriental del país se empeñe en que el guaraní, por decir una de las tantas lenguas que existen en ella, se expanda y colabore a la constitución de una identidad que complemente su actual, la que es también parte de aquella que se fue formando desde 1825 como boliviana, -verdadero enmarañado de culturas-, aunque hoy no exista más la República. Es decir que se proponga el bilingüismo como forma natural de comunicación, lo que ya sucede en Alemania, donde el germanismo se abrió totalmente al anglo sajón, y muchos alemanes son bilingües, lo que les amplia horizontes y posibilidades de trabajo e intelectuales, cuando se trasladan a países de diferentes lenguas, con el inglés como eje inicial de comunicación hasta el aprendizaje de la lengua predominante en el país de estadía obligatoria o laboral. Otro ejemplo es como los israelitas han hecho renacer el hebreo, incluido su alfabeto y forma de escribir, lo que ha permitido una cierta unicidad entre todos los de origen sefardita o askenazim, compuestos a su vez por los de descendencia polaca, francesa, alemana, húngara y sirio libanesa, etc, siendo tal la diversidad de orígenes, incluida de Mongolia y Etiopia, debido especialmente a los pogromos, que en 1843 crearon la B‘nai B‘rith para unirse y posteriormente reavivaron el hebreo.

Por lo que las empresas privadas deberían comenzar a considerar el incentivo de las lenguas nativas en sus empleados.