Al abordar el objeto de la educación, resulta imposible soslayar la filosofía de la cultura, pues educación y cultura son dos momentos esenciales del devenir humano en el universo. La filosofía griega, son su carácter sintético integrador por antonomasia, lo caracteriza y define con el concepto paideia (1)

El tema del hombre, la actividad humana y sus varios atributos cualificadores (conocimiento, valor, praxis y comunicación), concretados en la cultura, constituye, en esencia, el objeto de la filosofía de la cultura. Un objeto en sí mismo integrador y transdisciplinario, en la medida que la cultura abarca toda la producción humana, en su proceso y resultado.

Al mismo tiempo, la Filosofía de la educación tiene por objeto la formación humana en su máxima expresión, es decir, preparar al ser humano para el trabajo creador y la vida con sentido. En sí misma es una cosmovisión en torno al hombre en relación con el mundo, concretado en un pensar, un sentir y un actuar, mediado por la comunicación (intersubjetividad), y con ello, una visión cósmica de la relación hombre-naturaleza, en tanto proceso cultural donde éste (el hombre) se naturaliza y la naturaleza se humaniza.

Este proceso se compendia y concreta en la cultura.

Esta cosmovisión, aportada por la filosofía de la educación, en estrecho vínculo con la filosofía de la cultura, sienta las bases teóricas, metodológicas y prácticas para asumir con sentido cultural y complejo la Pedagogía, la Ciencia de la educación, la Sociología de la educación, y otras disciplinas que asumen la educación como su objeto.

Aquí no se trata de una visión simplificadora que aborde estas disciplinas, en relación con la filosofía de la educación como una relación de las partes con el todo, donde éste (la filosofía) les aporte un método aprehensivo de la realidad. No se puede olvidar la tesis de Marx, criticando la especulación hegeliana sobre la necesidad de seguir la lógica especial del objeto especial, así como las diferencias específicas.

La filosofía de la educación es una visión general que alumbra y piensa el proceso educativo, como formación humana, que prepara al hombre para el trabajo creador y la vida con sentido. Y un pedagogo, o sociólogo, o cientista de la educación, si mira su objeto con sentido cultural y complejo, como totalidad concreta, consciente o no, está haciendo filosofía de la educación.

Los saberes emergentes como formas integradoras aprehensivas de la realidad

Con el desarrollo de la ciencia, la técnica y las exigencias de la práctica social a escala mundial, y cuando la propia existencia del planeta tierra, y con él, la humanidad, está en riesgo de desaparecer, han emergido nuevas formas de saberes que la filosofía y las ciencias no pueden soslayar. Nos referimos a la epistemología de segundo orden, bioética, holismo ambientalista, teoría de la complejidad y a la ecosofía, entre otros.

Se trata de nuevos saberes transdiciplinarios e integradores, cuyos propósitos esenciales se dirigen a salvar al ser humano desde una perspectiva ético-humanista, compleja y con sentido cultural.

La Ecosofía, como fuente del paradigma de complejidad emergente, se ha constituido en un saber que despierta gran interés en la comunidad científica.

¿Qué es la Ecosofía? Para Félix Guattari, la “Ecosofía es la ciencia del siglo XXI”. Su objeto, la sabiduría para habitar el planeta. Propone pasar a la mundialización, rescatar lo local, revisar la visión que tenemos del mundo (….) La clave, “saber en qué forma vamos a vivir de aquí en adelante sobre este planeta”. Las propuestas abordan la globalización en lo humano y en lo técnico-científico”. (2)

En lo humano los pueblos marchan hacia el deterioro progresivo. Países desarrollados avanzan hacia el subdesarrollo. El ambiente está herido. Pobreza, miseria y formas de vida insostenibles se dan entre seis mil 500 millones de habitantes.

El mercado no distingue entre bienes materiales y bienes culturales y espirituales. Hay racismo, violencia, cinismo, corrupción, fanatismos, cismas, descalificaciones y tajante división entre buenos y malos. La implosión social doblega naciones.

La ecosofía es una corriente que, dentro de la ecología y a fines del siglo XX, rebasa la posición antropocéntrica del movimiento ecológico, involucrando su dimensión espiritual y global.

Ve también la necesidad de tomar medidas, no sólo para la protección del medio ambiente, sino de impulsar un cambio profundo de la visión del mundo, que retorne a los principios universales. (3)

La Ecosofía posee cuatro campos, bien perceptibles:

I. El campo científico: Lo cognitivo, es decir, los conocimientos de la ciencia que nos dirigen hacia una nueva visión del mundo: la teoría general de los sistemas, la visión del mundo holística, la teoría de Gea (4), el principio de la organización propia. Esos conocimientos deben llevar a una comprensión más profunda de las leyes de la vida.

Hay que seguir a Marx, sobre la necesidad de asumir la realidad subjetivamente, para cambiarla.

II. El campo emocional: Este campo se ocupa del desarrollo de un nuevo acceso hacia el mundo, para poder confrontar emocionalmente la crisis global, sin tener que reprimirla. Se trata de encontrar la forma de poder transformar la tensión que resulta de la conciencia y del sentir de la crisis global, en energías y sentimientos fecundos, que nos dirijan hacia un cambio de estilo de vida y hacia una acción global. La compasión debe ser utilizada como fuente positiva de energía.

III. El campo práctico: Se encuentran por desarrollar alternativas que posibiliten a la sociedad y al individuo vivir en mejor resonancia con la naturaleza. Se trata de desarrollar un estilo de vida y un sistema de valores duraderos y capaces para el futuro, y no a costa de las generaciones venideras.

Es importante también la conexión de todas las iniciativas y organizaciones que se esfuerzan por desarrollos capaces para el futuro, para promover a través de ello el nacimiento de efectos sinergéticos. (5)

IV. El campo espiritual: Tiene como finalidad el desarrollar de nuevo un acceso vivo hacia la naturaleza, el abrirse a una mística natural y descubrir lo común de lo sagrado. Considerarse a sí mismo como parte de la red de vida, y en razón de ello, desarrollar una responsabilidad más amplia que sea más global, menos antropocéntrica y oportunista.

La frase el desarrollo del Ser ecológico (6) indica el objetivo. La idea del Ser ecológico es una de las claves de la ecosofía (7). Del modelo mostrado deviene un nuevo concepto de espíritu. (8)

Necesidad de un humanismo ecosófico:

La situación mundial impide, por ética, refugiarse en la neutralidad. Desde la entraña de la ecología, la ecosofía propone trabajar a escala planetaria; propagar orientaciones disidentes que creen rupturas significativas en la vida actual; aceptar nuevos contextos históricos; inventar nuevas realidades; desechar la repetición mortífera; adoptar paradigmas de inspiración ético-política; reconstruir relaciones humanas a todo nivel; integrar antropocentrismo y naturaleza; practicar acciones que incluyan ecología social, mental y medioambiental; luchar contra el hambre; frenar la deforestación.

El modelo ecosófico recibe grupos de pensamiento diferente. Única condición, que trabajen en bien de la humanidad, el respeto al medio ambiente y con sentido de responsabilidad en las decisiones.

La transdiciplinariedad como aprehensión dialéctico-unitiva de la diversidad

Cultura. Transdisciplinariedad. Idea Rectora. Premisas. Principios integradores para la transdisciplinariedad. (9) El pensamiento complejo.

Idea Rectora para la transdisciplinariedad: La cultura como ser esencial del hombre y medida de su ascensión, como sensibilidad humana y humanidad concreta que vincula en su compleja unidad lo físico, lo biológico y lo social del hombre.

La cultura es integradora y compleja per se, por eso, en sus varias aristas, religa, en sí misma, los distintos atributos cualificadores de la actividad humana. Además, la actividad humana expresa el ser de la realidad individual y social, y ésta integra en síntesis, lo físico, lo biológico y lo social.

Esto significa que los Siete saberes (10) son determinaciones concretas de la cultura, y al mismo tiempo, principios integradores del quehacer humano, tanto en su singularidad, como en su universalidad.

Por tanto los Siete saberes necesarios para la educación del futuro deben constituir cauces transdisciplinadores (11), si seguimos el espíritu de Morin; es decir, pueden tributar las ideas para la conjunción sistémica y dinámica de los saberes integrados.

Esto funda más aún la cultura como idea rectora, si tenemos en cuenta otro momento del documento citado:

“La transdisciplinariedad se propone ir más allá de la mera integración o cooperación entre disciplinas, para replantear la cuestión de la interconexión de los campos del conocimiento desde una perspectiva doble:

1. Situar al hombre como el actor central de un viaje integrador del conocimiento, capaz de revelarle la comprensión de su destino como humanidad.

2. Situar al conocimiento humano como un vasto océano interconectado de conocimientos y saberes solidarios, sin fronteras definidas, que constituye y refleja la más alta creación que como humanidad hemos sido capaces de lograr.”

Hombre y conocimiento. Viaje y océano. Exploración e integración. Incertidumbre y comprensión. Aventura humana y comprensión de nuestra humanidad, esto es lo que pretende ofrecernos la transdisciplinariedad”. (12)

De todo lo anterior se derivan cuatro premisas encauzadoras de una eficaz didáctica transdisciplinadora:

1. Aval cultural del personal docente para poder unir en la diversidad y diversificar en la unidad, sobre la base, además, de la comprensión del enfoque de complejidad.

2. Concebir la Cultura como idea rectora del proceso transdisciplinador, en sus múltiples mediaciones, señaladas al inicio de la fundamentación. Creo que el propio Morin lo concibe así.

Ante la pregunta: ¿Qué es para usted la finalidad de la enseñanza?, Edgar Morin responde: “Enseñar la cultura en un sentido muy amplio, la ciencia, la literatura, la historia… Es esa cultura la que permitirá que cada persona reflexione sobre su propio destino. No se trata únicamente de acceder al conocimiento, sino de vivir la vida. Yo quiero enseñar a vivir, ayudar a enfrentarse a los problemas de la vida.” (13)

Ahora bien, cómo concretar la transdisciplinariedad en cada curso, carrera, programa, siendo consecuentes con todo lo expuesto anteriormente:

1. A partir de una concepción que priorice la filosofía de la cultura y la Humanidad del hombre, sobre la base de “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”. Creo que esta obra deben conocerla a profundidad todos los maestros y profesores, independientemente de la materia que impartan.

¿Por qué? Porque les ayudará a aprehender un sentido cósmico, cultural y complejo del hombre, la subjetividad humana y su mundo, necesario para poder transdisciplinar.

¿Transdisciplinan las disciplinas o los conceptos transdisciplanarios y transdisciplinadores, por excelencia? ¿Se puede transdisciplinar sin poseer la cualidad transdisciplinaria, per se?

¿Por qué no es posible transdisciplinar sin aval cultural? ¿Por qué hay docentes que sin saber qué es la transdisciplinariedad, y sin proponérselo, sus clases son transdisciplinarias en esencia, y enseñan a pensar cultivando un saber transdisciplinario?

Sobre estas interrogantes existen varios criterios. Lo más necesario es informarse con sentido crítico aportativo y construir el propio en correspondencia con la cosmovisión que se posea, los preconceptos y creencias que orientará la razón hermenéutica de cada uno.

El sistemista inglés Peter Checkland señaló hace más de 40 años: “lo que necesitamos no son grupos interdisciplinarios, sino conceptos transdisciplinarios, o sea conceptos que sirvan para unificar el conocimiento por ser aplicables en áreas que superan las trincheras que tradicionalmente delimitan las fronteras académicas”. (14)

Ciertamente, las disciplinas, la especialización y la hiperespecialización han establecido divisiones artificiales que no se resuelven con la suma de contenidos de una u otra disciplina o con la buena intención de establecer uniones, vínculos. Requiere de conceptos que unan los “hilos a la madeja”, sin a apriorismo y supuestos preconcebidos, impuestos a ultranza.

Se trata de conceptos integradores, enmarcados en un lenguaje flexible y plural, capaces de vincular lo uno y lo uno en lo diverso para desplegarse como sistema abierto, permeado por una ecología de las ideas, cuyo devenir transcurre del espíritu de la enciclopedia al espíritu de la cosmopedia.

Además, un discurso transdisciplinario incluyente y contextualizado que siguiendo la “lógica especial del objeto especial”, como enseña Marx, opera con conceptos, categorías, imágenes, metáforas.

El lenguaje directo y tropológico como formas aprehensivas de la realidad por el hombre son inmanentes al quehacer filosófico y al discurso transdisciplinario que lo encauza y lo expresa.

No es posible continuar haciendo de la tropología un “terreno” vedado al saber filosófico. La narratividad, la metaforización son modos culturales de asimilación de la realidad por el hombre, y con ello, medios insustituibles de la filosofía.

¿Cuánta filosofía hay en una novela que penetre en la naturaleza humana y sea capaz de pensar su subjetividad y la objetividad con sentido cultural? ¿Es posible negar numen filosófico a la poesía “que ve con la palabras y habla con los colores” para denotar la humanidad del hombre en su fuerza y fragilidad?

¿Por qué fragmentar la realidad y convertir el género ensayístico en “propiedad privada” de la literatura, cuando su misma esencia y propósitos, dan cuenta de su elan filosófico?

Muchos ejemplos pueden ilustrar cómo la fragmentación disciplinaria que trajo el paradigma de la modernidad con la racionalización de la razón y el reduccionismo epistemológico, desvirtuaron la naturaleza de la filosofía y el discurso que la expresa.

Sencillamente, había que hacer de la filosofía un pensamiento único, “científico” dado en sí, por sí y para sí, sin contaminación (15), siguiendo el modelo de las “ciencias duras”, con el único recurso de operar como epistemología de corte positivista y “jueza” rectificadora del lenguaje o “metodología universal” del conocimiento y las ciencias.

Su función crítico-cosmovisiva, inmanente por antonomasia se esfumaba como el aire en el vacío. La crisis y el descrédito de la filosofía hacían cátedras. El búho de Minerva dejaba de hacer y de decir.

Por supuesto, el marxismo de Marx como filosofía de la praxis, de la subjetividad, inaugurado a partir de las tesis sobre Feuerbach, plantea nuevas propuestas para revertir la crisis. Lenin, Gramsci, Sánchez Vázquez y otros continúan el camino, pero fuerzas extrañas al marxismo y en nombre de él dogmatizan el legado, hasta despojarlo de su esencia creadora y revolucionaria.

El “marxismo”, o esta versión dogmatizada y positivista de él, soslaya su sentido transdisciplinario, cultural y complejo hasta convertirlo en un sistema objetivista y cerrado, ausente de vocación humanista, razón utópica y espíritu ecuménico; y su discurso plural, integrador y cosmovisivo, en un monólogo disciplinario determinista absoluto e impersonal.

Un discurso más preocupado por la cosa de lógica que la lógica de la cosa, tras la caza a priorista de principios, leyes y categorías, que debían “aplicarse” a ultranza a la realidad.

Así la filosofía devenía “autoconciencia teórica” de la realidad, es decir, una nueva metafísica en nombre del marxismo, lo convertía en su antítesis, con las nefastas consecuencias teórico- metodológica y práctica.

Al mismo tiempo, el reduccionismo racionalista epistemológico, convertido en único paradigma de la modernidad, redujo la verdad a la verdad científica, con la nefasta imposición teórica del discurso cientificista-objetivista, fundado en un logicismo extremo y en un sistema categorial cerrado, en forma de modelo metodológico al cual la realidad y los hechos deben adecuarse.

Metodologismo logicista que soslaya o no tiene en cuenta la subjetividad humana con toda su riqueza expresiva, incluyendo el lenguaje que es reducido al lenguaje científico, con sus respectivas categorías centrales y operativas.

Olvidan que a la misma verdad de la ciencia, en tanto resultado humano, le es inherente el momento cultural-transdisciplinario y toda la carga de imaginación creadora que impregna el hombre en su acción.

No tienen en cuenta, además, la existencia de la verdad histórica, artística, moral, en fin su carácter histórico- cultural y la necesidad de asumirla en su real integración.

Este modo de acceso a la verdad, por su reduccionismo epistemológico formal y la identificación del lenguaje con el puro lenguaje científico tradicional, se incapacita, teórica y metodológicamente para incluir en su discurso otras formas aprehensivas de la realidad por el hombre en la construcción de la verdad como proceso y resultado integral del quehacer humano en correspondencia con sus necesidades, intereses, objetivos y fines.

Se margina o desecha del proceso del saber el lugar de la imagen que suscita, de la imaginación creadora del hombre, la metáfora y otras formas tropológicas, cuyo sentido figurativo no le resta valor cognoscitivo, práctico, axiológico y comunicativo. Todo lo contrario, activa el proceso del saber y le imprime más sentido de integralidad, y con ello, nuevas posibilidades de aperturas para penetrar en los procesos reales.

El fin del pensamiento complejo y su enfoque transdisciplinario será el de religar los conocimientos humanos fragmentados, mediante la aplicación de los siete principios. Lo anterior en un contexto de planetarización, en el cual se define la aventura humana como un proceso de simbiosis gradual entre el destino de la especie y el devenir del planeta y el Cosmos.

Desde la perspectiva del pensamiento complejo, el hombre se convierte en un viajero del conocimiento a la búsqueda del sentido de su existencia, éste último ligado irremediablemente a una compresión del destino del planeta en el que habita y el cosmos del que es parte”. (16)

Esto significa que los Siete saberes son determinaciones concretas de la cultura, y al mismo tiempo, principios integradores del quehacer humano, tanto en su singularidad, como en su universalidad.

Conclusiones

La filosofía, la educación u otra ciencia, pensadas desde la complejidad, resultan imposibles sin una reforma del pensamiento, que haga de ellas un verdadero proceso de aprehensión del hombre como sujeto complejo que piensa, siente, conoce, valora, actúa y se comunica. Y para revelar la complejidad del hombre hay que asumirlo con sentido cultural, es decir, en su actividad real y en la praxis que lo integra a la cultura.

La cultura como ser esencial del hombre y medida de ascensión humana no sólo concreta la actividad del hombre en sus momentos cualificadores (conocimiento, praxis, valores, comunicación), sino que da cuenta del proceso mismo en que tiene lugar el devenir del hombre como sistema complejo: la necesidad, los intereses, los objetivos y fines, los medios y condiciones, en tanto mediaciones del proceso y el resultado mismo.

He ahí el por qué de la necesidad de pensar al hombre y a la subjetividad humana con sentido cultural, que es al mismo tiempo, pensarlo desde una perspectiva, ecosófica, bioética, y de complejidad.

Un hombre culto, sensible, con riqueza espiritual es capaz de aprehender la verdad, la bondad y la belleza en su expresión unitaria. No importa la profesión que ejerza. Está en condiciones de mirar su entorno con ojos humanos, ya sea ante un teorema matemático, una fórmula química, una bella flor, una pieza musical, la salida y puesta del Sol, contemplar la luna y el cielo estrellado y asumir el drama del hombre con compromiso social y ansias de humanidad.

En fin, puede crear con arreglo a la belleza, a la bondad y a la verdad, como decía Marx, en tanto está vinculado estrechamente con la naturaleza, y es en sí mismo un cosmos de aprehensiones múltiples.

Su aprehensión hermenéutica, analógica e icónica, une en la diversidad, diversifica en la unidad, y no pierde los referentes reales, porque sencillamente como decía Martí: “La vida humana es la mutua e indeclinable relación entre lo subjetivo y lo objetivo. En el hombre hay fuerza pensante, pero esta fuerza no se despierta ni desarrolla sin cosas pensables.” (17)

Notas:

1. Paideia. Término griego que, aunque etimológicamente significa educación de los niños, engloba un significado más amplio que abarca todo proceso de educación o formación, y se funde con las nociones de cultura o de civilización. En sus orígenes, la educación en Grecia tenía un cierto carácter aristocrático y se basaba en la transmisión de conocimientos de gramática (lectura, escritura y recitación de poemas), música y gimnasia, dirigidas hacia la formación militar. Posteriormente fue generalizándose y se dirigió hacia la formación del ciudadano. Según el filósofo y filólogo alemán Werner Jaeger, que en 1933 publicó un famoso libro titulado Paideia, fue este afán educador de los griegos el que decidió la superación de los modelos bárbaros. Según Jaeger, la cultura, en el sentido general dado a este término en Occidente como valor e ideal consciente de vida comunitaria, comenzó solamente con los griegos. Y este progreso decisivo, según él, fue debido al papel de la paideia, que se forjó sobre una nueva concepción del papel del individuo en el seno de la sociedad. A partir de finales del siglo V a.C., bajo la influencia de los sofistas y de Sócrates, aparecerá una reelaboración intelectual del papel de la educación en la sociedad, que culminará con la aparición de escuelas filosóficas, como la de Isócrates, la Academia de Platón y el Liceo de Aristóteles. En estas últimas instituciones ya no importa solamente la formación del ciudadano y el dominio, por parte de éste, de técnicas retóricas, como pretendía Isócrates, sino que la enseñanza y la educación se realizarán en función del ideal intelectual del conocimiento de la verdad. (Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996-99. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.)

2. Ver Ecosofía: Nueva ciencia/ htm.

3. Ver Ecosofía. Portal de Filosofía Nueva Acrópolis, / htm. España.

4. “Lovelock, juntamente con la bióloga molecular Lynn Margulis, investigó los procesos que se desarrollan sobre nuestro planeta, y mostró que estos procesos corresponden más a un organismo vivo capaz de regularse a sí mismo, que al producto de la casualidad sobre un planeta muerto. La idea central es “Autopoiese” (regulación propia). Esta idea fue desarrollada por Humberto Maturana y Francisco Varela para la explicación de modelos de organización de sistemas vivos, y ésta representa hoy en día para muchos científicos el criterio central de la vida. Dice que un sistema frente al medio ambiente puede regularse a sí mismo; así por ejemplo, puede mantener su temperatura a un mismo nivel, a pesar de los enormes cambios que pueda sufrir la temperatura del entorno. La tierra también se encuentra en condiciones de mantener la temperatura a un determinado nivel, el porcentaje de sal en las aguas de los mares, la composición de la atmósfera. Estos son sólo algunos indicios que pueden ser mencionados a favor de la teoría de Gea. La tierra, durante su evolución, ha vivido ya muchas veces situaciones dramáticas, logrando siempre alcanzar de nuevo un equilibrio dinámico. Evidentemente, a largo plazo, este cambio no es problemático para Gea, pero sí lo es para la humanidad, que está haciendo desaparecer las condiciones para su propia vida y para la de otros seres vivientes.

La teoría de Gea pone en movimiento un gran proceso de cambio en el pensar, porque concibe la tierra y todos los seres vivientes que en ella se encuentran como un gran sistema vivo u organismo, y no como sistemas que compiten entre sí, como sustenta la vieja ciencia darwinista y positivista.

Fridjof Capra, un pionero del “nuevo pensar”, acuñó, a este respecto, la idea de “red de vida”. En su libro Red de vida- un nuevo entendimiento del mundo viviente, ofrece una síntesis del desarrollo que conduce a la ciencia moderna. Muchas de estas investigaciones son la confirmación” (Ver Ecosofía. Portal de Filosofía Nueva Acrópolis, / htm. España).

5. Acción combinada que resulta más poderosa que la suma de sus efectos cuando se asumen por separado.

6. “El concepto del Ser ecológico amplía el concepto antropocéntrico del Ser a una dimensión ecológica. Gregory Bateson, cibernético y uno de los precursores de la nueva teoría de sistemas, y con ello de la ecosofía, explica que las fronteras entre Hombre y Naturaleza son de origen artificial. Define el Ser de un individuo no sólo por su cuerpo físico, sino a través de las informaciones que un individuo recibe de su entorno. El Ser es ampliado a través de ello y se conforma de Hombre y entorno. Según la conciencia, cambian las fronteras del individuo.” (Ibídem). Pero sin olvidar a Marx, que la conciencia es el ser consciente, y el ser de los hombres, un producto de su vida real y práctica.

7. Ibídem

8. “Así obtenemos una imagen del espíritu, según la cual éste tiene la misma función que un sistema cibernético, es decir, que actúa como unidad total relevante, que asimila la información atravesando las fases de intento y error. Y nosotros sabemos que dentro del espíritu, en el sentido más amplio, se encuentra una jerarquía de subsistemas, cada uno de los cuales podríamos definir individualmente como espíritu… Algo que yo describo como “espíritu”, lo enmarco dentro del gran sistema ecológico, el ecosistema. O cuando desplazo los límites del sistema a otro nivel, el espíritu de toda la estructura evolutiva se encuentra inmanente.

La ciencia del siglo XXI tiene que dar todavía un gran paso para concebir la idea del espíritu no como un fenómeno humano, sino como algo que se extiende a toda la naturaleza. Bateson aboga por la superación del pensamiento egocéntrico y por la identificación con el medio ambiente en el que vivimos. El relacionar el nivel intelectual con el nivel del pensar y actuar cotidianos, no es fácil, como Beteson observa. Requiere de un camino en el pensar, que debe identificarse con el entorno o bien integrar el medio ambiente en la propia conciencia. Esa conciencia es denominada en la ecosofía como el Ser ecológico”. (Ver Ecosofía. Portal de Filosofía Nueva Acrópolis, / htm. España).

b) La idea del Holon.”Esta idea, introducida por Arthur Koestler, es una de las más importantes en las discusiones científicas más recientes y es utilizada muchas veces en relación con la ecosofía. Joanna Macy, psicóloga americana y pionera de la ecología profunda, escribe: Todos los sistemas vivos, ya sean éstos orgánicos, como en el caso de una célula, o superorgánicos como en el caso de una sociedad, un sistema ecológico, son holones. Esto quiere decir que poseen un tipo de Ser dual. Son en sí mismos un todo y al mismo tiempo parte de otro todo superior. El escritor Arthur Koestler acuñó esta idea, tomando como base la palabra griega para “todo”, junto con el sufijo “on”, el que significa “parte”. (Ver Ecosofía. Portal de Filosofía Nueva Acrópolis, / htm. España).Fenómenos vivos aparecen por ello como sistemas dentro de otros sistemas, como campos dentro de otros campos, como un juego de muñecas rusas.Esta idea muestra que todos los niveles se encuentran conectados entre sí y actúan en conjunto. Una totalidad de holones que actúan en conjunto se llama holonarquía, término muy parecido al de jerarquía, el sentido de un orden más grande. En todo caso este término indica que los subsistemas particulares actúan como unidades independientes, y a pesar de ello están ligados al orden de la “holonarquía”. Por consiguiente, cada holón cumple en forma independiente con el orden de la holonarquía” . (Ver Ecosofía. Portal de Filosofía Nueva Acrópolis, / htm. España).

9. Este acápite se ha desarrollado sobre la base de mi ensayo “Didáctica y Evaluación en los procesos educativos complejos. R. P.

10. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro se resumen en: La ceguera del conocimiento: el error y la ilusión. No se enseña el riesgo del error y la ilusión.

Los principios del conocimiento pertinente: separación de las disciplinas, del objeto y el sujeto, lo natural y social, separación del contexto.

Enseñar la condición humana. El significado de ser humano. No todas las ciencias enseñan la condición humana. Enseñar la calidad poética de la vida, desarrollar la sensibilidad. Necesidad de una convergencia de la condición humana.

Enseñar la identidad terrenal. Conciencia de que se es ciudadano de la Tierra. Se comparte un destino común y se confrontan problemas vitales. Identidad terrenal, paz, globalización… Enseñar a afrontar las incertidumbres. Las ciencias enseñan muchas certezas, pero no los innumerables campos de incertidumbres.

Enseñar la comprensión. Enseñar a establecer un diálogo entre las culturas. Enseñar y explicar cómo integrarnos al otro. Tolerancia. Empatía hacia el otro.

Enseñar la ética del género humano. Una ética basada en valores universales. La humanidad debe convertirse en verdadera humanidad y encontrar su realización en ella.

11. Por supuesto, es un ejemplo ilustrativo, que no significa en modo alguno que sólo esta vía logre la transdisciplinariedad. La relación hombre—mundo es muy rica en mediaciones y existen otros caminos que no tienen que repetir el seguido u orientado por Edgar Morin.

12. Ibídem

13. Edgar Morin. Repensar la reforma, reformar el pensamiento. Entrevista realizada por Rafael Miralles Lucena, profesor y periodista. Universidad de Valencia. Material entregado. Multiversidad…

14. Charles François. Transdisciplinariedad, cibernética y sistémica para comprender la complejidad. Reunión Regional de ALAS (Buenos Aires, YMCA).

15. La filosofía en la posmodernidad, y contra lo que pueda querer el profesionalismo filosófico- académico (…) no puede ser sino un pensamiento contaminado, contaminado por las ciencias naturales, la tecnología, el arte, la crítica de arte, las ciencias sociales, los medios de comunicación, la publicidad, la experiencia en la gran ciudad, el consumismo propio de ella, el ecologismo y el feminismo como nuevos espacios de reflexión. No para lograr la unidad del sistema, sino la de un pensar cuya lógica sea la de la dispersión y diversidad (…), un pensamiento (…) de la mediación total de nuestra experiencia por los medios informáticos (…) Lo que sí puede hacer es no “disciplinar” (…) (Marta López Gil. Obsesiones filosóficas de fin de siglo. Editorial Biblos, Argentina, 1993, p. 81).

16. Abelardo Mancinas, Joaquín Enríquez Flores. Elementos para la transdisciplinariedad. Material de Multiversidad.

17. Martí, J. Obras Completas. Tomo 21. Editorial nacional de Cuba, La Habana, 1965.

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* Doctor en Filosofía, profesor de la Universidad de La Habana y colaborador de Prensa Latina.