Un elemento central del pensamiento descolonizador es el de sus orígenes. Walter Mignolo ha sido profesor de la Universidad de París, y hoy, de la Universidad de Duke. Él postula a Waman Puma de Ayala como el precursor del pensamiento descolonizador junto a Ottobah Cugoano, “el menos conocido de cuatro ex-esclavos (Egnatius Sancho, John Marrant y Loudah Equiano) que, en Inglaterra y en la Segunda mitad del siglo XVIII, lograron llegar a la página escrita”.

Cugoano habría llegado a Inglaterra hacia 1570 luego de haber sido esclavo de un tal Alexander Campbell en las plantaciones inglesas del Caribe. Había nacido en Ghana alrededor de 1557, capturado a sus trece años y vendido como esclavo a mercaderes europeos.

En su “Nueva Crónica y Buen Gobierno”, Waman Puma le dice al soberano español que sea rey del Tawantinsuyo, y que abandone las prácticas de Occidente para sumarse a una cultura más armónica, mejor organizada y superior. La última y extensa sección del “Buen Gobierno” está dedicada a la descripción de “los trabajos y los días” en el Tawantinsuyu. El ritmo de las estaciones, la convivencia en y con el mundo natural en la armonía del “buen vivir”, en contraste con lo que ocurría en Europa a principios del siglo XVII, bajo las duras condiciones de la acumulación primitiva de capital, que despreciaba la vida humana y consideraba desechables a indios y negros sometidos a las más duras condiciones de trabajo, despojados de sus tierras y testigos de cómo la antigua armonía con la naturaleza se convertía en explotación indiscriminada de sus recursos, y cómo sus hijos no conocerían más la sociedad de que habían disfrutado sus mayores.

Era bien cierto que la economía en Europa no contemplaba ni por chiste la armonía del vivir y el movimiento de las estaciones, sino que concentraban todos sus esfuerzos en el aumento de la producción (oro, plata, café, azúcar, etc), muriera quien muriera. Explotar los recursos naturales usando sin piedad los recursos humanos, y todo para acumular riquezas, tal era la filosofía de vida en Europa.

Según Mignolo, la teoría política de Waman Puma es producto del pensamiento fronterizo crítico, es decir, pensamiento descolonial. “La teoría política Waman Puma se contrapone a la teoría política europea; es una alternativa al régimen monárquico y capitalista-mercantil”, dice Mignolo. Ese modelo capitalista-mercantil triunfó no sólo en Europa sino en la mentalidad de los intelectuales de los países periféricos, que relegan el modelo del Tawantinsuyu como la utopía de “un indio desorientado e inculto.” Esta actitud frente a la obra descolonizadora de Waman Puma es un “caso ejemplar de la colonización del ser mediante la colonización del saber”, agrega Mignolo.

La organización del Ejecutivo emergente de la Nueva Constitución incluye una cartera de Descolonización que despierta la sorna y el desconcierto de los viejos intelectuales anclados en el pensamiento de Occidente. ¿A qué se refiere este tema? ¿Qué nuevo antojo es? ¿Tendrá fundamentos filosóficos?

El profesor Walter Mignolo (ver caosmosis.acracia.net) señala valiosos desarrollos del pensamiento descolonial, que tuvo su origen en la obra de Waman Puma, pero alcanzó notable desarrollo en la India, en otros países asiáticos y en África.

Lo indígena originario

La palabra indígena tiene un significado escueto: “nacido aquí”, no importa dónde ni la raza a la que uno pertenezca. El significado de la palabra originario se ha relativizado por obra del mestizaje. Ambas palabras generan desconcierto en quienes tenemos una identidad dudosa, pues a ratos somos españoles y a ratos indios, para no hablar de otras sangres que vinieron a sumarse a esta mezcla: un poco negros, un poco chinos, quizá un poco arios o eslavos o nórdicos…

Pienso que una buena forma, no sé si exacta pero útil, de superar el desconcierto es la de considerar las palabras indígena y originario en términos culturales, en términos de adhesión cultural. Así uno puede ser blanco, rubio y de ojos celestes pero al mismo tiempo cultor de una herencia intelectual y moral andina o amazónica. Esta adhesión es un acto de pertenencia que fabrica una identidad colectiva: nos sentimos orgullosos de pertenecer a una tradición andina y amazónica respetuosa de la naturaleza y del ser humano y queremos rescatar sus valores para convertirlos en nuestra filosofía de vida.

Esta es una actitud central de la descolonización del saber y del ser: interesarnos por los mitos, la historia, la técnica, los usos y costumbres de la civilización andina y amazónica, y hacerlos parte de nuestra concepción del mundo y de nuestra forma de vida.

Quizá entonces percibamos que, junto al prejuicio de clase, nos enturbia la visión el perjuicio de etnia, porque hay gente que se resiste a conocer sus raíces y prefiere ocultarlas en un gesto de bipolaridad o de esquizofrenia colectiva. Carlos Montenegro, otro valioso descolonizador del conocimiento de nuestra historia, fustigaba a esos “chulupis con tongo”, esos mestizos de la Rosca, vestidos a la última moda de París, que despreciaban lo nuestro y ejercían una “furiosa autodenigración”, atribuyendo todos nuestros males a nuestra herencia racial andina y amazónica.

Chulupis con tongo hay en todas las épocas: tienen miedo de verse a sí mismos en el espejo de la raza y reconocer en sus fisonomías rasgos ancestrales.

Es curioso comprobar la facilidad con que admiramos otras culturas y la represión íntima que sufrimos al tratar de valorar las nuestras. El propio Octavio Paz, con toda su lucidez y su falta de prejuicios, ha dedicado reflexiones extraordinarias a la cultura brahmánica expresadas en ensayos y poemas, que no tienen una reflexión paralela sobre las culturas mexicanas.

Franz Tamayo, de raíces indias, era un habitante del Olimpo, aunque formuló los lineamientos de la pedagogía nacional. Elizardo Pérez tenía fisonomía europea, pero su adhesión a la cultura aymara era cultural, y por tanto genuina; por eso pudo dejar su legado pedagógico en la Escuela Indigenal de Warisata. Fernando Díez de Medina dirigió la atención de los jóvenes hacia los mitos andinos, el mayor de sus méritos. En fin, Fausto Reinaga formuló las bases del Partido Indio de Bolivia, prefigurando una coyuntura política remota, que sólo hoy ha hecho eclosión, años después de la muerte de su ideólogo.

No hay que tomar la adhesión a estos temas en un sentido natural. No se trata de una adhesión étnica sino filosófica y cultural. Ese camino está abierto para todos y en ello finca su grandeza.