Diálogo y mediación como instrumentos de paz o parcialización

Arturo D. Villanueva I.

noviembre 19, 2008Publicado el: 8 min. + -
El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress

El primer mandatario Evo Morales Ayma, en su intervención inaugural del IV Congreso Mundial de Mediación que se realiza simultáneamente en varias ciudades de Bolivia, ha compartido con la audiencia participante del evento, algunas de lo que él definió como "vivencias" relacionadas con el tema del Congreso.

De manera muy sintética es posible extraer las siguientes conclusiones de su alocución: Siempre habrá conflicto mientras exista injusticia y desigualdad. o es posible hablar de paz o de cultura de la paz, mientras existan situaciones de injusticia y desigualdad.

La mediación, facilitación o arbitraje desaparecen cuando el Gobierno o los sectores de poder cuentan con una correlación de fuerzas favorable o, sencillamente, tienen la fuerza necesaria para desoir o ignorar las demandas del pueblo.

Ninguna mediación es imparcial y que ésta solo es buena cuando favorece a los pobres, excluidos y discriminados. Cualquier diálogo o negociación debe conducir al éxito, la ganancia o el triunfo, y no así a la derrota.

El diálogo y la mediación muy pocas veces son de buena fe y, generalmente, siempre hay intereses subalternos o propósitos no declarados (que terminan por entorpecer las negociaciones o, sencillamente, buscan ser impuestos de cualquier manera).

A su turno, los organizadores de este importantísimo evento internacional, han remarcado principal aunque no exclusivamente, dos propósitos a lograr: a) La búsqueda del establecimiento de una "cultura de la paz" y, b) El diálogo como instrumento principal para la resolución pacífica de los conflictos.

Sobre la base de estos elementos (seguramente no los únicos ni los más importantes), que posiblemente formarán parte de los debates y reflexiones del Congreso Mundial de Mediación, quisiera compartir y efectuar algunos aportes, a partir de la propia experiencia y el análisis del contexto político de crisis, cambio y transformaciones que actualmente caracterizan la sociedad boliviana y continental.

En primera instancia, una primera coincidencia fundamental (aunque no explicitada) que se puede extraer de la realización del Congreso Mundial de Mediación que se realiza en Bolivia, es que indudablemente el diálogo y la mediación constituyen los instrumentos fundamentales para la resolución de los conflictos y el logro de la paz y la convivencia pacífica. Sin embargo, rescatando las intuiciones políticas del Presidente de la República y que él denomina "vivencias", ello resultaría insuficiente si contribuye únicamente a perpetuar y mantener el "statu quo" y las condiciones de desigualdad, discriminación y dominación que, en realidad, constituyen la causa principal de los conflictos.

Resolver conflictos y lograr la pacificación por medio del diálogo y la mediación, constituyen logros importantes pero insuficientes, cuando se evade o no se incide en las causas que originan el conflicto, puesto que tarde o temprano resurgirán los problemas irresueltos o los compromisos incumplidos de los acuerdos, pactos o convenios establecidos. Un ejemplo claro de lo señalado, son los innumerables convenios y acuerdos gubernamentales firmados con los sectores sociales en conflicto en el pasado inmediato, que en muchos casos estuvieron antecedidos por la pérdida de vidas de ciudadanos bolivianos.

Bajo ese razonamiento, es claro que el diálogo y la mediación deben ser entendidos no solo como instrumento fundamental para la resolución pacífica de conflictos, sino y principalmente, como un medio de fortalecimiento de la democracia, la construcción participativa y no excluyente de respuestas y soluciones a los problemas comunes de la sociedad y una clara opción alternativa a lo que podría denominarse como las tentaciones dictatoriales y autoritarias que suelen intentar imponerse sobre el diálogo. Ello implica que diálogo y mediación tienen un contenido profundamente político (que no partidista), superando la estrecha concepción instrumental y hasta neoliberal a la que se hace referencia a continuación.

Existe el criterio que el diálogo y la mediación deberían ser entendidos como un conjunto de herramientas e instrumentos manejados por "especialistas" y "expertos", que adicionalmente deberían tener la virtud especial de la imparcialidad. De ser así, el diálogo y la mediación solo se traducirían en un oficio mas y, lo que es peor, en una función tecnocrática más, despojada de la autoridad, el reconocimiento y la legitimidad que emerge del compromiso con la realidad social y la real comprensión de la problemática y los actores en conflicto.

Desde esa óptica, bastaría con promover e incentivar la formación, capacitación y profesionalización de escuadrones de "expertos" facilitadores y mediadores para que se hagan cargo de la especialidad de conflictos(...). Es decir, un negocio o una oportunidad más para "competir" en el mercado de manera ventajosa (léase concepto mercantilista o neoliberal del conflicto y la mediación). Pero al mismo tiempo es claro y sería absurdo defender con este argumento, que no es necesario contar con la capacitación, el adiestramiento y la experiencia requeridas para desempeñar tan delicadas tareas de facilitación, mediación o arbitraje, dejando ello a la improvisación o la arbitrariedad.

Por estas razones, se debería coincidir que la única imparcialidad posible en el diálogo y la mediación, es aquella que facilita la obtención de respuestas y resultados consensuados entre las partes en conflicto, contribuyendo fundamentalmente a la profundización de la democracia, e incidiendo en las asimetrías y desigualdades que originan los conflictos. Es decir, abordando y buscando resolver las causas de los conflictos. De otra forma, mediación y diálogo serían instrumentos inocuos y prescindibles (sobre todo para los problemas y conflictos de fondo de la sociedad).

Al respecto, por ejemplo, siendo que los conflictos sociales se originan en la desigualdad, la injusticia y la discriminación; y a su turno, éstas son las causas de la pobreza y la miseria que afecta a amplios sectores populares, entonces, sin esperar el surgimiento de conflictos que permitan utilizar el instrumento de la mediación, se hace indispensable adelantar iniciativas y promover instancias de diálogo propositivo, para desarrollar gestión pública y construir participativamente las políticas y los programas nacionales requeridos. La mediación en el diálogo es pertinente en situaciones de conflicto declarado; pero debería evitarse ese extremo, sobre la base del monitoreo preventivo de conflictos y un permanente diálogo con los sectores sociales que permitan anticipar las demandas, planteamientos y reivindicaciones que podrían derivar en situaciones de conflicto.

Por su naturaleza el diálogo es la antípoda de la confrontación, el enfrentamiento y el conflicto. Es más, como se puede advertir del razonamiento anterior, puede constituirse en el instrumento sustitutivo de la mediación, puesto que puede anticiparse y evitar el surgimiento de conflictos. Estas ventajas permiten destacar una faceta mas política del diálogo, vinculada con su aporte al fortalecimiento de la democracia y la participación social, y como antídoto a las tentaciones autoritarias que en el pasado se han caracterizado por imponer criterios y decisiones, al margen de la opinión y las demandas sociales del pueblo.

Finalmente y tomando en consideración las reiteradas y frecuentes situaciones de confrontación, pugna y enfrentamiento que se han traducido en múltiples actos de violencia, golpizas, ocupaciones, quema y destrozo de instituciones, etc. que también tienen su origen en prácticas excluyentes, discriminatorias y hasta xenofóbicas; destaca nítidamente la importancia del diálogo, en vista de que también puede constituirse en un medio muy eficaz para evitar la parcialización y promover la inclusión del conjunto de actores sociales que intervienen en los conflictos.

Una virtud adicional del diálogo no excluyente al que nos referimos, tiene que ver con la anulación del sectarismo, que al mismo tiempo de impedir el intercambio enriquecedor de ideas y planteamientos, también impide la participación amplia del conjunto de sectores involucrados en la problemática, afectando de esa forma al proceso de construcción de propuestas y soluciones a los problemas identificados; o peor aún, provocando la represión política o la agresión intelectual, por la sencilla razón de no admitir ni existir coincidencia con el criterio predominante.

Que las conclusiones del Congreso contribuyan a dar mayores luces para un mejor abordaje de los desafíos que se avizoran en este proceso de transformación y cambio en el que nos hallamos comprometidos.

Atrás