Bush, un balance desastroso

Rodolfo Faggioni

noviembre 6, 2008Publicado el: 4 min. + -

George W. Bush ha desaparecido, no se lo ve desde hace días, debe ser triste para uno acostumbrado a presentarse como triunfador a los medios de comunicación de todo el mundo. Mejor así puesto que su índice de popularidad está por debajo del 4 por cien. Ocho años atrás, los americanos se sentían orgullosos de tenerlo como presidente.

El balance de su presidencia es desastroso, antes del 11 de septiembre gozaba de una limitada popularidad con una reputación de hijo de papá sin tener el espesor político e intelectual de su padre. En el año 2000 fue acusado de haber "robado" la presidencia al demócrata Al Gore gracias al intervento de la Corte Suprema que le dio la victoria en el Estado de Florida, después de una controversia sobre el total de los votos.

Nueve altos jueces de la Corte Suprema fueron llamados en causa para exprimir una opinión jurídica sobre las irregularidades del voto. Pero en vez de emplear la mente legal, los altos jueces de los EE.UU. expresaron un parecer político, los que habían sido escogidos por un presidente republicano, la mayoría, favorecieron a Bush, mientras que la minoría escogida por un presidente demócrata favoreció a Gore. Fue un claro ejemplo que el sistema no funcionaba y la voluntad popular fue ignorada.

El día del ataque a las torres gemelas fue el día de la desilusión americana. Demostró que no estaba a la altura de ser Presidente de una potencia mundial en el momento de mayor peligro para los Estados Unidos. Se encontraba en una escuela cuando un asistente le comunicó el ataque, inmediatamente fue escondido en un lugar secreto y bien seguro, mientras tres mil americanos yacían bajo los restos del World Trade Center. Fue al alcalde Rudy Giuliani el que tranquilizó al País.

Se hizo ver varios días despuès al lado de un bombero. Cuando decidió atacar Afghanistan, el país de procedencia de los diez y nueve terroristas y donde Al Qaeda tenía su base, el mundo entero le manifestó su solidariedad.

Poco tiempo después, no contento de haber iniciado una guerra, empezó otra, esta vez contra Iraq, acusado de tener "armas de destrucción". Fue en ese momento que las relaciones entre Washington y el resto del mundo cambiaron radicalmente. La idea de invadir Iraq y de remover con la fuerza a Saddam Hussein se basaba sobre un principio bautizado "doctrina de la guerra preventiva". Un documento que hacía presumir como autor inteletual al vicepresidente Dick Cheney.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas rechazó la idea de una invasión. La Unión Europea fue contraria a cualquier tipo de ataque, el Vaticano y todos los principales exponentes religiosos del mundo imploraron para que no lo haga. La opinión pública mundial y una parte americana lanzó un pedido de no poner en peligro la seguridad del mundo. Bush sin escuchar a nadie prosiguió en su marcha belicista. Después de años de guerra y sin saber cuándo terminará, los estadounidenses lloran la pérdida de casi cinco mil soldados.

También su política interna está llena de macroscópicos errores. Es el caso del huracán Katrina que destruyó buena parte de la ciudad de New Orleans. El gobierno federal subestimó el desastre natural, coordinando mal las actividades de emergencia y rescate encontrándose luego en medio al escándalo de millones de personas que se quedaron sin un techo por culpa de la pésima intervención del gobierno.

Otro ejemplo de la incompetencia de la administración de Bush ha sido el derrumbe de la economía arrollada por los préstamos. En este caso la responsabilidad es del gobierno de Washington que no ha sabido prevenir las señales de una crisis inminente, prefiriendo favorecer la deregulación.

Con el bienestar de los máximos exponentes de su team económico, los EE.UU. han construido un clamoroso castillo de cartas extendiendo préstamos por millones de dólares a personas que no estaban calificadas para recibir préstamos. El sistema ha sido llevado adelante hasta el límite máximo, para después derrumbarse cuando los bancos se han visto incapaces de hacer frente a sus propios intereses económicos y financieros por falta de capitales líquidos; después de que millones de americanos se han encontrado en la imposibilidad de pagar las cuotas mínimas con la consecuente pignoración de sus casas.

Bush dejará la Casa Blanca el 20 de enero del próximo año y esto es un hecho positivo, significa que no hará nuevos daños y esperamos que no vuelva a hablar porque cada vez que el presidente se dirigió al país por televisión tratando de tranquilizar alos mercados financieros, el efecto ha sido siempre contrario. En Wall Street cundía el pánico.

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