La Editorial El País presentó anoche en la Feria del Libro la obra de Adrián Waldmann "El hábitus camba. Estudio etnográfico sobre Santa Cruz de la Sierra", una etnografía valiosa por su método y contenido, pues utiliza el collage de charlas, basado en cientos de entrevistas en las cuales los cambas soltaron la lengua con la franqueza y locuacidad que los caracteriza.

El estudio muestra, entre muchos matices, la construcción de la identidad camba por oposición a lo colla, como expresión de alegría, carácter más próximo a la cigarra que a la hormiga, elocuencia, gracia, buen humor y, lo más importante, aspecto claro y no oscuro. "El oscuro es andino; el claro es cruceño".

La oposición a la laboriosidad colla, que se expresa en la capacidad de comercio, de ahorro, de práctica de los oficios con menor prestigio social, ayuda a afirmar el carácter camba, como un código de honor de hidalgos blancos que desdeñan el trabajo material y hacen algo parecido a una vida de Corte.

El autor muestra el linaje ya antiguo de esta concepción, pues Gabriel René Moreno describía a la sociedad cruceña como "la única población boliviana que no ha hablado nunca sino castellano"; la única "de pura raza española", que guarda "eterna ojeriza al colla (altoperuano) al camba (castas guaraníes de las provincias departamentales y del Beni) y al portugués (brasileños fronterizos y casi todos mulatos y zambos." El autor aclara que antes de los 50, lo camba se relacionaba con "los grupos excluidos de la clase alta de Santa Cruz."

Esto no sucede hoy, pues la sociedad de Santa Cruz de la Sierra ha concentrado en lo camba un conjunto de cualidades que, según los entrevistados, son positivas. Como muestra, una cita pintoresca: "Jaime.- El camba es más coqueto que el occidental (el colla), de lejos. (…) Por eso dicen que el camba le quita la corteja al colla cuando va a La Paz. ¡Ehh Flah! En un dos por tres…" El estudio de campo de Waldmann ha sido anterior a la escalada del movimiento "Nación Camba", que le ha dado carácter político a estas concepciones aisladas, y las ha convertido en el sustento cultural del movimiento autonómico. Veamos unas citas: "Pablo.- Al camba se lo reconoce por sus actitudes. Cuando vos vas por las calles y encontrás a un camba, ya al saludar te das cuenta que es un camba de pura cepa. (…) Christian.- La idea que yo tengo del camba es medio romántica. El camba tiene que ser una persona abierta, sencilla, hospitalaria y bohemia. Tiene que ser conquistador en todos los sentidos, tanto hablando de mujeres como hablando de miedo, porque el camba es valiente, el camba enfrenta las cosas… Julia..- Bochinchero, alegre, flojo, fiestero, intrépido… ¿Viste todas las comparsas de las elites? Se llaman: 'cambas flojonazos', 'cambas patrones', 'cambas sin plata', 'cambas haraganes'…"

El libro de Waldmann se lee de un tirón por su amenidad camba, no obstante su rigor científico; de modo que es importante para el lector común como para el experto.

Queda, sin embargo, en el tintero un asunto importante: decíamos que el estudio muestra la construcción de la identidad camba por oposición a lo colla, como expresión de alegría, carácter más próximo a la cigarra que a la hormiga, elocuencia, gracia, buen humor y, lo más importante, aspecto claro y no oscuro. "El oscuro es andino; el claro es cruceño".

Decíamos que Waldmann muestra el linaje antiguo de esta concepción, pues Gabriel René Moreno describía a la sociedad cruceña como "la única población boliviana que no ha hablado nunca sino castellano"; la única "de pura raza española", que guarda "eterna ojeriza al colla (altoperuano) al camba (castas guaraníes de las provincias departamentales y del Beni) y al portugués (brasileños fronterizos y casi todos mulatos y zambos."

En fin, recordamos que el autor aclara que antes de los 50, lo camba se relacionaba con "los grupos excluidos de la clase alta de Santa Cruz"; cosa que no ocurre hoy con las connotaciones autonómicas de la palabra camba. Lo curioso del asunto es que los cambas han construido una identidad usando una palabra de origen opuesto a los atributos que más les gusta, como los de ser blancos, hispanoparlantes y descendientes de españoles, porque la palabra camba, como propuse hace algunos meses, es de origen angolés, africano. Cito la fuente: kambá, en guaraní, significa "un negro o una negra", es decir, alguna persona de raza negra. Otra referencia encontramos en la Argentina, donde a Baltazar, el Rey Mago negro, le dicen familiarmente "El Santo Cambá". El poeta Guido Spano, al lamentarse de la guerra del Paraguay contra la Triple Alianza, registra este verso: "lo mataron los cambá / no pudiéndolo rendir; / él fue el último en salir / de Curuzú y Humaitá ­/ ¡Lo mataron los cambá!" Se refiere a los soldados brasileros.

Encontré el origen de la palabra "camba" en un libro fue escrito por el jesuita Pedro Días y publicado en 1697. La primera página dice: "Arte da lengua de Angola, oferecida a Virgen Señora N. do Rosario, Mäy, & Señora dos mesmos Pretos, Pelo P. Pedro Días Da Compañía de Jesú. Lisboa, Na Officina de Miguel Deslandes, Impresor de Sua Magestade, Com todas as licencas necesarias. Anno 1697. El jesuita se refiere a la lengua koiné, de la actual Angola.

En el vocabulario koiné del libro reconocí dos voces: la voz "palabra" es Malonga, y el plural, Milonga. La voz amigo es Camba, y el plural, Macamba. Mulungi es "guardador del verbo, de la palabra"; y Mulongui es maestro del verbo, el que enseña a hablar. Así se dice: Camba, eme ngandala culunda o milonga ya nzambi, eye cuandala cuilunda, que significa: Amigo, yo guardo los preceptos de Dios, mas tú no quieres guardarlos.

La unión de las consonantes m y b es frecuente en África, como Marimba, Macumba, Cumbiamba, Cumbancha, Rumba.

Lo apunto porque, a la hora de erigir un monumento al Camba desconocido, quizá tengamos que recordar al primer "camba" que llegó de Angola. Lo apunto de buena leche, sin la menor intención de jochear a mis buenos amigos cambas.