El cuento breve

Ramón Rocha Monroy

enero 28, 2008Publicado el: 3 min. + -

Últimamente vivimos el auge del cuento breve, que ya tiene críticos y estudiosos y, diríamos, un corpus teórico naturalmente, breve.

En el firmamento de los "brevistas" hay un santo venerado en mil idiomas. Es Chiang Tzu, con su célebre El sueño de la mariposa: Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu. Asimismo hay otro santo venerado en ambas orillas del Atlántico: es Augusto Monterroso, con un cuento enigmático de una línea: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí. Otro de no menor fama es Juan José Arreola, con: La mujer que yo amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.

En Bolivia, un fino cultor del género fue el finado Alfredo Medrano; y otro, afortunadamente vivo, es Homero Carvalho. Lástima que no pueda citarlos de memoria, pero tienen breves literalmente fabulosos.

Este servidor, más que cuentos breves comete boutades, frases a veces ingeniosas, que no reúnen las condiciones del género, como: Muerte, haz de cuenta que no existo. En El Padrino (1978) hay uno que cito de memoria: Acosado por el asma, Manuelito fue plantado en el jardín y creció como un eucalipto. Hoy no se podría decir que es un ser extraordinario. El Manuelito del cuento es mi hijo, que ya vive su dígito 3 y, a diferencia de su tocayo eucalipto, en muchos terrenos es un ser extraordinario.

Hay cultores ilustres en lengua castellana. Veamos algunos:

Anoche no soñé. Despierto, comprendí que estaba en el infierno y ustedes eran los demonios. José Emilio Pacheco

Violó la cripta a medianoche. Halló su propio cadáver en el sarcófago. José Emilio Pacheco

-Te devoraré -dijo la pantera.

-Peor para ti -dijo la espada. William Ospina

Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello. Gabriel Jiménez Emán

Siempre estuve acosado por el temor a los fantasmas, hasta que distraídamente pasé de una habitación a otra sin utilizar los medios comunes. René Avilés Fabila

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan. Jean Cocteau

Veamos, por último, esta joya del humor negro:

El señor Ga había sido tan asiduo, tan dócil y prolongado paciente del doctor Terapéutica que ahora ya era sólo un pie. Extirpados sucesivamente los dientes, las amígdalas, el estómago, un riñón, un pulmón, el bazo, el colon, ahora llegaba el valet del señor Ga a llamar al doctor Terapéutica para que atendiera el pie del señor Ga, que lo mandaba llamar.

El doctor Terapéutica examinó detenidamente el pie y "meneando con grave modo" la cabeza resolvió:

-Hay demasiado pie, con razón se siente mal: le trazaré el corte necesario, a un cirujano. Macedonio Fernández.

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